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domingo, 21 de enero de 2024

“Dune” es como dios; está en todas partes

Por: Alexiel Vidam

Warner Bross acaba de anunciar el estreno Dune Parte 2 –de Denis Villeneuve–, para el 1 de marzo de 2024, dando final a la odisea que inició en 2021, con el lanzamiento de la primera parte. Sin embargo, hoy no hablaremos de esta versión, sino de la que puso el germen del sueño de adaptar Dune, uno de los pilares de la literatura de ciencia ficción, a la gran pantalla.

Corría 1974. Con el movimiento hippie en la cúspide, un soñador chileno de origen judío-ucraniano, había encontrado en el cine el elemento perfecto para plasmar lo que él consideraba la salvación de las almas; ese soñador, era Alejandro Jodorowsky.

Atraído por el mundo esotérico, el psicoanálisis, la meditación y el uso de sustancias como forma de expandir la mente, había alcanzado el éxito con películas como El topo (1970) y La montaña sagrada (1973), caracterizadas por ser una más bizarra que la otra. Estos films habían triunfado en los festivales internacionales, ganándole al director admiradores de la talla del mismísimo John Lennon.

El Topo

La Montaña Sagrada

Sin embargo, el reconocimiento, más allá de aplacar la sed del artista, tiende a intensificarla, y eso es lo que pasó con Jodorowsky. Por eso, cuando el productor Michel Seydoux le dijo a “Jodo” que produciría cualquier película que él quisiera realizar, el ambicioso cineasta no podía elegir menos que una de las obras más icónicas e importantes de la ciencia ficción: Dune, de Frank Herbert.

Jodorowsky se había planteado crear un film cuya visualización imitase los efectos alucinógenos del LSD, y para él, una historia compleja y filosófica como Dune, era el terreno perfecto.

El argumento presentaba una dictadura espacial con un sistema de casas y feudos, en el que se desarrollaba una serie de intrigas y complots. El sistema, además, era sostenido por la extracción y comercialización de la sustancia más preciada del universo: la especia Melange, una droga capaz de expandir la mente, y que era absolutamente necesaria para los viajes espaciales. Esta droga sólo podía obtenerse de un único planeta de condiciones hostiles, oprimido –además– por la tiránica y corrupta casa de los Harkonnen: el planeta Arrakis, más conocido como Dune por su geografía desértica. En medio de este contexto, un mesías surgía para liberar Dune de la represión y devolverles a los nativos el control de la especia; el mesías, era Paul Atreides, heredero de la casa enemiga de los Harkonnen.

Esta premisa, pues, presentaba los elementos indicados para inspirar una película que, según Jodorowsky, fuese capaz de cambiar el mundo, de inspirar a la humanidad. Según su propia visión, lo que pretendía plasmar, era una película sagrada, una experiencia espiritual, y como tal, requería de guerreros espirituales.

“Guerreros espirituales”; así llamaba él a quienes iba reclutando para formar parte de su inspirado equipo. Tan ambicioso proyecto necesitaba un ejército igual de ambicioso, así que dicho ejército incluyó entre sus filas, ni más ni menos, que a Moebius, Mick Jagger, David Carradine, la banda Pink Floyd, el mismísimo y reconocidísimo Orson Welles, y el extravagante genio del surrealismo Salvador Dalí, quien tendría el cameo más costoso de la historia del cine, con honorarios de USD$1000 0000 por minuto.

Podríamos considerar que la etapa de preproducción, propiamente dicha, fue un viaje de transformación espiritual, pues Jodorowsky se recluyó en un castillo para escribir el guion, y fue convocando a sus guerreros a través de un discurso heroico que los dejaba hipnotizados. Por si fuese poco, se obsesionó con que el papel principal –el de Paul, el Mesías de Dune–, fuese para su propio hijo Brontis, a quien, durante dos años, sometió a un intenso entrenamiento mental y físico, que incluía seis horas diarias de preparación marcial durante siete días de la semana. Brontis Jodorowsky, quien entonces tenía 12 años, cuenta que su padre le dijo: “Tú vas a ser Paul, pero tendrás que prepararte como un guerrero. Aprenderás Karate, aprenderás a hacer acrobacias, debes desarrollar tu mente”. Literalmente, “Jodo”, quería preparar a Brontis tal y como el duque Leto Atreides habría entrenado a su hijo Paul.

Brontis Jodorowsky, quien ya había trabajado en El Topo, sería el encargado de dar vida a Paul Atreides.

No obstante, la estrella más brillante también se apaga, y ésta se encendió con tanta fuerza, que se apagó demasiado pronto. A pesar del asombroso diseño de producción plasmado en un libro que es una inmensa joya, Hollywood rechazó el proyecto. Lo encontraron demasiado riesgoso, demasiado distinto, demasiado metafísico, demasiado costoso, demasiado raro… “demasiado, demasiado, demasiado”. Todos reconocían el talento y la genialidad en el papel, pero nadie pretendía mojarse. Y así fue como Dune, de Alejandro Jodorowsky, quedó truncada.

La ironía está en que, así como su mesías se convirtió en un ente cósmico presente en todos y cada ser de su universo, Dune, la que nunca se hizo, se ha convertido en un ente inspirador para cada película del género. Su huella permanece en películas de ciencia ficción emblemáticas, como la saga de Star Wars, Alien, Prometheus, Blade Runner, The Matrix, Terminator, Contact… y, por qué no decirlo, en la posterior y fallida adaptación de Lynch, cuyo presupuesto frustró la genialidad del director que, al menos conceptualmente, hizo lo suyo por retratar el sueño de Jodorowsky. ¿Logrará Villeneuve, con la segunda entrega de su Dune, fascinarnos tanto como este proyecto jamás realizado, con el que los amantes de la ciencia ficción seguimos soñando? Sea como sea, Dune, de Jodorowsky, alcanzó la divinidad: es invisible, pero está en todas partes. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

“Dune”: el clásico de ciencia ficción del que reniega David Lynch



Por: Alexiel Vidam

Hace ya algún tiempo, uno de mis amigos hinchas de la ciencia ficción, me comentó acerca de este clásico del sci-fi llamado Dune (1984), basado en el bestseller homónimo de Frank Herbert. Resulta que hace unos meses, andaba yo de viaje, y me encontré la película en una tienda de pelis clásicas (si se dan una vuelta por Buenos Aires, presten atención a la calle Corrientes; no recuerdo el nombre de la tienda, pero su contenido es bastante llamativo a la vista).  


Sé que en general los fanáticos de la saga literaria no estuvieron muy contentos con la película. Curiosamente, su director, el reconocido David Lynch, tampoco lo estuvo, y evita –sobre todas las cosas- profundizar con respecto a ella. El director contaba con 8 horas de rodaje que él mismo decidió recortar a 5 para su exhibición en el cine.

Como ya se imaginarán, los productores obligaron a Lynch a reducir mucho más el material, dejando como resultado una cinta de 137 minutos, hecho que provocó diferencias marcadas con respecto del original, y bastante frustración en el director. Cabe anotar, por cierto, que luego se lanzaron versiones extendidas de alrededor de 3 horas de duración (incluso hay un final alternativo); sin embargo- Lynch no se siente más identificado con estas otras versiones.


A pesar todo, puedo decir que encontré bastante encanto en este fallido  filme. No he leído aún la novela (pero ya la tengo en lista), de modo que mis apreciaciones y críticas se limitarán netamente a la adaptación cinematográfica.

Para comenzar…  ¿De qué va esto?



Es el año 10 191 y nos encontramos en algo así como un “futuro espacial distópico”. El ser humano ha conquistado el espacio, pero al mismo tiempo, se percibe un retroceso importante en cuanto a estructuras políticas e incluso a ciertos aspectos tecnológicos.

Hemos regresado a la era feudal. El universo conocido es gobernado por tres casas: Atreides -encabezada por el Duque Leto Atreides-, Harkonnen -dirigida por el Barón Vladimir Harkonnen-, y Corrino, siendo esta última la casa principal por ser a la que pertenece gobernante supremo del universo: el Emperador Shaddam IV.


Casa Atreides
Casa Harkonnen

En esta nueva era, el material más preciado, es la “Especia Melange”, una sustancia que expande la mente de los seres humanos, haciendo que puedan vivir muchos más años, e incluso obtener habilidades psíquicas. Existen, para esto, dos hermandades especializadas en desarrollar la mente a partir de la especia: Bene Gesserit y La Cofradía. 

La primera, únicamente integrada por mujeres, desarrolla la clarividencia, la lectura y el control de la mente de otras personas, e incluso la observación de la propia memoria genética; esta hermandad busca –sobre todas las cosas- la mejora del linaje a fin de traer al mundo a un Kwisatz Haderach (un macho Bene Gesserit capaz de llegar adonde ellas no llegan). 

La Cofradía Espacial, por su parte, es capaz de cruzar el espacio sin desplazarse, siendo capaces de discernir las rutas más seguras para los navegantes. Dado al tremendo poder que les confieren sus propias habilidades, estas dos hermandades son capaces de manipular el poder político desde las sombras.


Bene Gesserit
Cofradía Espacial

Cabe anotar también, que la especia se obtiene únicamente de un planeta llamado Arrakis, al cual, debido a su condición desértica, se conoce vulgarmente como “Dune”. En este planeta, habitado por una tribu llamada “Fremen”, existe la leyenda de un mesías, que llegará para producir la “Guerra Santa” y salvarlos de la oscuridad.

En este contexto, la casa Atreides, es víctima de un complot por parte del Emperador, quien se siente amenazado por la creciente popularidad del Duque. El plan del Emperador consiste en conceder al Duque el poder absoluto Arrakis –y sobre la extracción de la Especia- con el fin de generar una reacción violenta por parte de los Harkonnen y que éstos se encarguen de eliminar a los Atreides.

Paul Atreides

El protagonista, es Paul Atrides, hijo del Duque Leto Atreides, quien, víctima de las circunstancias, quedará solo en compañía de su madre –la Bene Gesserit Lady Jessica- en el planeta Dune, donde unirá fuerzas con los Fremen para derrotar a los Harkonnen y al Emperador.


Paul y Jessica


Encantos y puntos débiles del filme

Creo que el principal atractivo de la película, es la forma en que se presenta este universo completamente nuevo, misterioso y complejo. La oscuridad de los ambientes y el aspecto estrambótico de sus personajes genera intriga a la vez que rechazo; se construye una atmósfera tan perturbadora como fascinante, despertando con morbo el espíritu explorador del espectador.


La trama, al mismo tiempo, está bastante bien construida a pesar de los huecos que resultaron de los múltiples cortes. La tensión se mantiene de inicio a fin, provocando el deseo constante de querer saber más. Los personajes, a su vez, están dotados de un aura enigmática, como si –de un momento a otro- nos fuesen a revelar un gran secreto. Esto –a mi parecer- se da especialmente en las Bene Gesserit, mujeres intimidantes por su capacidad para dominar las mentes. 

La segunda voz que utilizan para ejercer su poder sobre otros es, en una sola palabra, escalofriante; similar al sonido hipnotizante de las serpientes. Si tengo que elegir a un personaje, me quedo con Jessica, quien, a pesar de su rol secundario consigue demostrar su inteligencia, audacia y temperamento, que la hacen dueña de sus propias decisiones (por encima de los deseos de su hermandad).

Jessica
Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam (Bene Gesserit)

Por otra parte, el punto débil de la película consiste en que, la cantidad de personajes –y la escasez de metraje- impide la posibilidad de un desarrollo profundo de cada uno. Incluso hay varios detalles sobre el propio universo que desconocemos por completo si no tenemos el background de las novelas (o un wikipediazo previo para saber de qué van). 

En las versiones extendidas se llega a explicar cómo surgen las hermandades y cuál es su verdadera importancia –cosa que en la versión oficial comprende de manera vaga-; sin embargo, se nos cuenta también otros detalles que quedan totalmente el aire, como la existencia de máquinas inteligentes que luego fueron derrocadas del poder por el ser humano (y de las cuales nunca más llegamos a saber nada).

Dr. Yueh

Personalmente, me quedé con ganas de saber cuál fue el verdadero destino que corrió la esposa del Doctor Yueh, cuál fue el origen de la enfermedad del Barón Harkonnen y qué representaba ese cerebro gigante que lideraba a los miembros de la Cofradía (podríamos intuir que se trata de un cerebro humano que ha llegado a independizarse del cuerpo gracias a la Especia, pero esto tampoco llega a precisarse en algún momento). 

También siento que las motivaciones de la Reverenda Madre, Gaius Helen Mohiam, quedan en el aire, ya que en un momento se le ve poniendo a prueba al joven Paul Atreides, y en otros se le ve apoyando al Emperador.

La Cofradía
Barón Vladimir Harkonnen

Si bien estos huecos se ven completados al buscar información correspondiente a la saga literaria, nos queda claro que una adaptación cinematográfica debería funcionar como producto en sí mismo, de modo que la sensación de vacío no se justifica en lo absoluto.

Puedo concluir entonces, que Dune es una película imperfecta que –a pesar de su pésimo recorte- revela la existencia de un buen proyecto detrás. Una película que brilla por su excelente trabajo de producción y por la complejidad del universo que presenta, pero que a su vez genera descontento por la cantidad de cabos que deja en el aire.


Ficha técnica

Dirección: David Lynch
Producción: Raffaella De Laurentiis
Idea original: Frank Herbert (de su novela homónima)
Guión: David Lynch
Música: Toto
Fotografía: Freddie Francis
Montaje: Antony Gibbs
Reparto: Kyle MacLachlan, Francesca Annis, Sting, Sean Young, José Ferrer, Max Von Sydow
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 1984
Género: Ciencia ficción
Duración: 137 min, 190 min (edición especial), 177 min (versión extendida)  










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