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lunes, 28 de septiembre de 2015

5 científicos dementes


Por: Alexiel Vidam

Bastante he hablado anteriormente sobre locos del cine… pero hoy he querido darle un espacio a un tipo particular de loco: el científico. Estos personajes ya son patrimonio un género en particular: el horror, mas no se limitan a él. Los tenemos presentes también en las películas de drama, suspenso, ciencia ficción… y hasta en disparatados musicales. Vamos con una lista de cinco científicos locos que deberías conocer.


Victor Frankenstein (Frankenstein de Mary Shelley – 1994)



El Dr. Victor Frankenstein es el científico loco de la ficción por excelencia. Concebido en 1818 por la mente de Mary Shelley, este personaje dio a luz al género de ciencia ficción. En el cine ha tenido múltiples encarnaciones, pero la que me ha parecido más interesante es la que encarna Kenneth Branagh en su propia película: Frankenstein de Mary Shelley. Este Frankenstein, es un antihéroe trágico, un romántico que busca salvar a la humanidad. Un sujeto noble y carismático, cuyo rechazo obsesivo al dolor y a la soledad, le acaban arrastrando hacia una total tragedia. Después de perder a su madre, Victor se obsesionó con vencer a la muerte… y lo logró. Sin embargo, el ser regresado de ultratumba no llenó sus expectativas. Horrorizado, el creador abandona a su creación, que acumula sentimientos de ira y odio. Las consecuencias serán brutales.


Rotwang (Metrópolis – 1927)



Ni más ni menos, que el inventor del primer robot de la historia de cine… o mejor dicho LA primera robot. María fue creada por Rotwang para vengarse de Joh Fredersehen, creador de la gran Metrópolis, quien le robó a la mujer que amaba. En su afán por arruinar a su rival, Rotwang le da a la robot la apariencia de la “santa” de los obreros, secuestrando a esta última y enviando a la androide a dar mensajes subversivos. Su objetivo es crear el caos y la destrucción de las dos clases sociales (los de “arriba” y los de “abajo”). Rotwang es el claro ejemplo de amor a nivel patológico… Él ha acumulado sentimientos de venganza por años, y no le importa quién tenga que morir con tal de lograr su revancha.


Robert Ledgard (La piel que habito – 2011)



Otro loco vengativo. Aunque al inicio de La piel que habito (de Pedro Almodóvar), nos identificamos con el dolor de Ledgard, luego sus radicales métodos acaban por identificarle como el “malo de la película”. Cuenta la leyenda que Robert era un cirujano que perdió a su mujer cuando ésta saltó por la ventana, luego de ver su rostro quemado por un accidente. Este acontecimiento fue observado por la hija de ambos, quien –ya trastornada- sería víctima de violación. Quedando solo en el mundo, Robert se encargaría de hacer que el violador pague (*ATENCIÓN A SPOILER*)… pero de una manera bastante particular: cambiándole de sexo, de rostro, de cuerpo… hasta transformarle en uno de los fantasmas de su propio pasado.


Seth Brundle (La Mosca– 1986)



Egocéntrico, narcisista, algo tímido al comienzo. Seth Brundle es un genio y lo sabe. Sabe que ha creado un objeto que revolucionará a la humanidad. Con su inteligencia, atrae a una guapa periodista, a quien arrastrará hacia el peligro con su locura. Seth quiere lograr la teletransportación de un ser vivo. Ya lo ha conseguido con objetos inanimados, pero con seres vivos algo sale siempre mal. Luego percibe que lo ha logrado y decide teletransportarse a sí mismo… pero no nota que una mosca se ha colado en la cápsula junto a él. Entonces Brundle se convierte, poco a poco, en “Brundle-mosca”, un ser que adquiere tanto el físico, como la actitud despreciable del insecto…


Frank-N-Furter (TheRocky Horror Picture Show – 1975)



La fusión del conde Drácula y el Dr. Frankenstein pero en versión travestida y extraterrestre. Por si fuera poco, tiene nombre de salchicha alemana. Este personaje sólo puede haber sido concebido en medio de ácidos. Y es que el Dr. Frank-N-Furter ha llegado a la Tierra desde el planeta Transexual en la galaxia Transilvania, con el aparente fin de pervertir a cuanta forma de vida se cruce en su camino, sea mujer, hombre o cocodrilo. Su máximo experimento consiste en un “hombre perfecto” (según él): rubio,  con cuerpo de físico culturista, ojos azules… y medio cerebro… obtenido de un delincuente. De buenas a primeras, puede que el doctor te conquiste con su disparatada forma de ser… pero luego vas descubriendo que, en su afán de obtener diversión, no tiene ningún límite: podría aniquilarte… o hacerte bailar en un cabaret y luego plantarte un beso.


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jueves, 19 de enero de 2012

Expresionismo y ciencia ficción

Metrópolis, un filme lleno de dualidades


Por: Estefanía Mas Amorós

“This film is not of today or of the future.
It tells of no place.
It serves no tendency, party or class.
It has a moral that grows on the pilar of understanding:
“The mediator between the brain and muscle must be the heart.”

Es lo primero que nos muestra Fritz Lang para introducir Metrópolis (considerada por algunos como la primera película de ciencia ficción en la historia del cine), y a lo largo de la misma veo un enfrentamiento de posiciones que no es consistente a esta proclama de neutralidad. En verdad, tratándose de cine expresionista uno espera encontrar una esencia de lo más subjetiva posible... y al ser así, el mismo film no se puede auto denominar neutral a su contexto -por atractivo que esto sea-.

El enfrentamiento es como sigue: el dolor de la clase obrera que alimenta el sistema de la clase alta y la necesidad de la clase alta para darle luz a los obreros que no saben lo que necesitan, versus la capacidad de la clase obrera de auto educarse en la armonía.

Creo que la subjetividad y ese miedo de la sociedad es más que claro en la película; ésta grafica cuán insostenible sería un triunfo completo de la Revolución Industrial, cuán frías y crueles serían las relaciones humanas en ese imaginario para aquella época. Recuerdo la escena en que María (la heroína de la clase obrera), huye de Rotwang (el científico desquiciado), por las cavernas de la ciudad subterránea, y la linterna la persigue en la oscuridad, una escena que siento haber visto tantas otras veces, pero que en ésta oportunidad tiene algo extra, ese suspenso real... no el de una secuencia cómica y predecible en la que generalmente veo ese recurso.


Belleza escenográfica

Me encantó, especialmente la ciudad subterránea. De ella sólo vemos las máquinas y la “Plaza”, pero sus formas curvas (opuestas a los ángulos y las estructuras rectas y magníficas de la ciudad de arriba) y sus fuertes contrastes, capturan la vista.


La dualidad en los personajes

Son más profundos de lo que aparentan a simple vista. Todos tienen, al menos, dos dimensiones que se enfrentan entre sí.

El padre Fredersen –el protagonista-, es un magnate que debe ocuparse de la supervivencia de Metrópolis, y que no sabe balancear este rol con el rol de padre amoroso que tanto desea desempeñar. No sabe cómo manejar su propio plan político en medio de la preocupación que le genera la desaparición de su hijo (“Mañana habrán miles de ¿dónde está mi hijo?”). Rotwang, por su parte, es un filósofo resentido con la humanidad, que lucha con esa parte de sí mismo que ya no responde a la calidez humana. En el caso de María, la dualidad se presenta no sólo al interior del personaje, sino que se materializa en la robot que crea Rotwag para suplantarla.


Algo que quisiera destacar de la película, es cómo Lang presenta a los obreros con sus máquinas, en una extraña dependencia. La máquinas los oprimen, los privan de humanidad, de personalidad, las máquinas los absorben al punto que los obreros dependen de ellas para ser. Y esta dependencia es presentada de manera armniosa. Al mostrar a los obreros ocupados en sus labores, Lang no muestra sus rostros o alguna característica que los diferencie como individuos; los muestra en conjunto, uniformados y moviéndose al ritmo de la máquina que operan, como si fuesen parte de ella.

La frase según la cual gira las trama de la película –“Entre la mano y el cerebro debe actuar el mediador”- presenta una evidente disconformidad y a la vez propone una solución armoniosa e idealista... una transformación positiva de la sociedad, que en la película se personifica en el hijo del regidor de Metrópolis, quien será el enlace entre "los de arriba" y "los de abajo".

La secuencia de la torre de Babel me gustó particularmente porque, además de reajustar una historia milenaria al contexto de la película, Lang grafica el estado de Alemania de la República de Weimar: una torre derrumbada por un conflicto de comunicación entre los planificadores y los constructores, el sueño de algunos se convierte en la maldición de muchos.

En sí, Metrópolis es un excelente ejemplo de cómo el expresionismo graficaba el temor social y lo personificaba, cómo lo presentaba y cómo creaba así una esperanza... El expresionismo pretendía que la gente comprendiera las diferentes dimensiones de las personas y las situaciones en las que se podían encontrar. Evidentemente, eran tiempos oscuros, pero siempre se tenía en cuenta que el sol brillaría otra vez más cerca de ellos.



*Nota: También puedes encontrar este artículo en el blog de su autora. Te recomendamos darle una ojeada: http://leeloalfinal.blogspot.com/2008/06/metrpolis-de-fritz-lang.html