Por: Estefanía Mas Amorós
“This film is not of today or of the future.
It tells of no place.
It serves no tendency, party or class.
It has a moral that grows on the pilar of understanding:
“The mediator between the brain and muscle must be the heart.”
Es lo primero que nos muestra Fritz Lang para introducir Metrópolis (considerada por algunos como la primera película de ciencia ficción en la historia del cine), y a lo largo de la misma veo un enfrentamiento de posiciones que no es consistente a esta proclama de neutralidad. En verdad, tratándose de cine expresionista uno espera encontrar una esencia de lo más subjetiva posible... y al ser así, el mismo film no se puede auto denominar neutral a su contexto -por atractivo que esto sea-.

Creo que la subjetividad y ese miedo de la sociedad es más que claro en la película; ésta grafica cuán insostenible sería un triunfo completo de la Revolución Industrial, cuán frías y crueles serían las relaciones humanas en ese imaginario para aquella época. Recuerdo la escena en que María (la heroína de la clase obrera), huye de Rotwang (el científico desquiciado), por las cavernas de la ciudad subterránea, y la linterna la persigue en la oscuridad, una escena que siento haber visto tantas otras veces, pero que en ésta oportunidad tiene algo extra, ese suspenso real... no el de una secuencia cómica y predecible en la que generalmente veo ese recurso.

Belleza escenográfica
Me encantó, especialmente la ciudad subterránea. De ella sólo vemos las máquinas y la “Plaza”, pero sus formas curvas (opuestas a los ángulos y las estructuras rectas y magníficas de la ciudad de arriba) y sus fuertes contrastes, capturan la vista.

La dualidad en los personajes
Son más profundos de lo que aparentan a simple vista. Todos tienen, al menos, dos dimensiones que se enfrentan entre sí.
El padre Fredersen –el protagonista-, es un magnate que debe ocuparse de la supervivencia de Metrópolis, y que no sabe balancear este rol con el rol de padre amoroso que tanto desea desempeñar. No sabe cómo manejar su propio plan político en medio de la preocupación que le genera la desaparición de su hijo (“Mañana habrán miles de ¿dónde está mi hijo?”). Rotwang, por su parte, es un filósofo resentido con la humanidad, que lucha con esa parte de sí mismo que ya no responde a la calidez humana. En el caso de María, la dualidad se presenta no sólo al interior del personaje, sino que se materializa en la robot que crea Rotwag para suplantarla.

Algo que quisiera destacar de la película, es cómo Lang presenta a los obreros con sus máquinas, en una extraña dependencia. La máquinas los oprimen, los privan de humanidad, de personalidad, las máquinas los absorben al punto que los obreros dependen de ellas para ser. Y esta dependencia es presentada de manera armniosa. Al mostrar a los obreros ocupados en sus labores, Lang no muestra sus rostros o alguna característica que los diferencie como individuos; los muestra en conjunto, uniformados y moviéndose al ritmo de la máquina que operan, como si fuesen parte de ella.



*Nota: También puedes encontrar este artículo en el blog de su autora. Te recomendamos darle una ojeada: http://leeloalfinal.blogspot.com/2008/06/metrpolis-de-fritz-lang.html
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