martes, 15 de agosto de 2017

“Mandingo”: una atípica –y especialmente incómoda- película sobre la esclavitud


Por: Alexiel Vidam

Desde hace ya algún tiempo tenía el ojo colocado sobre un filme llamado  Mandingo (1975) -Richard Fleischer-, el cual –cuenta la leyenda-, sirvió de inspiración a Quentin Tarantino para varias escenas de Django Unchained (2012).


Mandingo (1975)
Django Unchained (2012)
Mandingo, como tantas otras películas sobre la esclavitud, toca el tema de la vida en la plantación y del maltrato hacia los esclavos afroamericanos. Sin embargo, ésta se distingue de otras por el tono irónico que la caracteriza, por los incómodos sentimientos encontrados que provocan sus personajes, y por lo extrema/explícita que llega a ser la representación de las humillaciones, sin que ésta impliquen –necesariamente- derramamiento de sangre.

Observamos pues, cómo el gran señor de la plantación -el “amo Maxwell” (James Mason)- pone sus pies sobre el pecho desnudo de un niño negro para curar su reumatismo (pasándoselo al niño); cómo Mede –el negro mandingo (Ken Norton)- es obligado a bañarse en agua hirviendo para endurecer su piel y luego enfrentar en una lucha a muerte a otro negro mandingo; observamos cómo Hammond Maxwell –heredero de la plantación (Perry King)- engendra hijos con las esclavas y luego no tiene ningún cuidado en venderlos, pues –parafraseando a su padre- no tienen sangre humana.


Lo curioso es que, a diferencia de otras películas sobre esclavistas que había observado, aquí los blancos no se dividen en “los psicópatas maltratadores” y los “pocos blancos piadosos que se enfrentan a la sociedad psicopática”, sino que características de estos dos estereotipos están mezcladas y entrelazadas en personajes que generan instantes de carisma y momentos de total repudio (he ahí los incómodos sentimientos encontrados).

Hammond Maxwell es el personaje más complejo y redondo, pero también –desde mi perspectiva- el más detestable. Hammond es el hijo que siempre obedece a papá (este último controla la mayoría de sus decisiones, lo cual incluye inclusive su vida sexual), es un sujeto con cara de niño y modales de chico bueno –a simple vista- que se sensibiliza con los negros… por lo  menos a comparación de su padre. Mientras que Warren Maxwell –su padre- considera en dejar tuerto a un negro o arrancarle la piel, Hammond le convence de que “no es necesario” y de que con “unos cuántos azotes” será suficiente. En un principio, hasta pareciera que Hammond no está de acuerdo con su padre, pero está lo suficientemente sometido como para aceptar sus decisiones.  Luego, va dejando desencadenar detestables reacciones motivadas por la ira, que lo llegan a convertir en un sujeto tan detestable como su progenitor… o incluso peor… pues es igual a él, sólo que en cobarde.


Otro personaje importante y complejo, es el de Blanche (Susan George), prima y esposa de Hammond. En un inicio se pinta como una joven ingenua, pero rápidamente descubrimos su lado más sórdido y oscuro. Blanche es una mujer sumamente manipuladora, que guarda un oscuro secreto en torno a un familiar cercano. Por ocultarlo y mantener a su marido cerca de ella (lejos de todas esas “putas negras” con las que él se acuesta), ella es capaz de absolutamente todo: amenazar, acostarse con quien fuese e incluso asesinar a su propia estirpe. Lo interesante de Blanche, es que, por encima de toda su maldad, es una mujer débil, cuya máxima humillación es el desdén con que la trata su marido. Eso la angustia, la deprime y la saca de sus casillas… despertando también el lado más despiadado que guarda dentro de sí.


En contraste, debo decir que los personajes de los esclavos negros están bastante menos desarrollados; sobre todo las mujeres. Las esclavas son sumisas y caen rendidas –o resignadas- ante el encanto –o el poder- de Hammond Maxwell. Sus personalidades causan tanta lástima como rechazo, al contar con un ego completamente triturado y sin mostrar un ápice de rebeldía/dignidad. Entre los hombres sí hay algún personaje un poco más interesante. Está Cicero (Ji-Tu Cumbuka), el esclavo que enseña a leer y enseña a otros a leer; el que siempre intenta escapar y encara a los esclavos sumisos. Está también Agammenon (Richard Ward), el esclavo que incita a sus compañeros de trabajo pero siempre sonríe al patrón. Por otro lado, está Mede (el ya mencionado Ken Norton), quien cree –casi hasta el final- que el amo Hammond era “mejor que un hombre blanco” (fatal error).



En cuanto a la historia, debo decir que no cuenta con un solo hilo argumental, pues si bien, en su mayoría, apunta a Hammond como protagonista, se sigue, en distintos momentos, la vida y los problemas de otros personajes, como Blanche, Mede o Ellen –la esclava “favorita” de Hammond (Brenda Sykes)-. Esto, de alguna manera, nos vuelve cómplices con las desgracias vividas o las trampas ejercidas por cada uno de ellos, haciéndonos sentir, más de una vez, avergonzados o culpables.


Finalmente, debo decir que la parte técnica está muy bien cuidada. El vestuario, la escenografía y cada uno de sus elementos, nos trasladan completamente a la época anterior a la Guerra de Secesión, una época y un contexto en los que la violencia, el racismo, el machismo y la deshumanización formaban parte de la normatividad. La música, por su lado, típica del género blaxplotation, transmite a la perfección ese sentimiento entre deprimido y resignado de esos hombres que –día a día- tienen, como máxima aspiración, únicamente sobrevivir.


Ficha técnica

Dirección: Richard Fleischer
Producción: Dino De Laurentiis
Idea original: Kyle Onstott (de su novela Mandingo)
Guión: Norman Weler
Dirección fotográfica: Richard H. Kline
Música: Maurice Jarre, Hi Tide Harris, Muddy Waters
Reparto: James Manson, Susan George, Perry King, Brenda Sykes
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 1975
Género: Drama
Duración: 127 minutos





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