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viernes, 30 de junio de 2017

Alien Covenant: Más allá de “Prometheus”



Por: Sergio Cueto

"Diez años atrás, arribamos aquí la Dra. Elizabeth y yo, los únicos sobrevivientes
de la Prometheus. La nave que nos trajo contenía un arma, un virus mortal.
La carga se liberó por accidente al aterrizar. En la confusión perdimos
el control de la nave... Ella murió al colisionar. "

Alien Covenant ha sido una grata la sorpresa este año. Se trata de una sólida película de ciencia-ficción con algunas pinceladas de terror y secuencias de acción bastante logradas. De hecho, es una secuela directa a Prometheus (2012), dirigida también por el mítico Ridley Scott.

¿De qué trata Alien: Covenant? Rumbo a un remoto planeta al otro extremo de la galaxia, la tripulación de la nave Covenant, compuesta por varias parejas además del androide Walter (Michael Fassbender), tiene como objetivo ser la primera misión colonizadora a gran escala.



Al aterrizar en un extraño lugar, encuentran un paraíso desconocido. Pronto, los integrantes de esta expedición descubren que no están solos. Su (pacífica) misión inicial acabará convirtiéndose en una lucha por su supervivencia, y es que, los temibles xenomofos –los aliens que todos conocemos- se encuentran al acecho.

Entonces, ¿qué pasó con la doctora Elizabeth Shaw y la cabeza del androide David al final de Prometheus? (*ALERTA SPOILER*)… y es que los únicos sobrevivientes de la expedición Prometheus de las industrias Weyland tuvieron un mortal desenlace, el mismo que se cuenta en el corto The Crossing, a modo de prólogo.

De regreso a Covenant, la película explora con gran acierto las paradojas de la creación -ya exploradas antes- y la necesidad de la humanidad en comprender su origen y su meta como especie. La Covenant es una nave colonial, de exploradores lanzados a la inmensidad del espacio en busca de un nuevo hogar. Pero, ¿merece el ser humano existir? ¿La creación debe rebelarse ante su creador? Tal vez la respuesta no nos gustará.



En cuanto al espíritu de la película, podemos decir que es mucho más fiel a Alien: el Octavo Pasajero. Covenant retoma elementos de la puesta en escena original que consiguen que sea coherente respecto a la propia mitología de la saga. La relación entre los personajes encuentra un tono fluido que permite que la película se desenvuelva a buen ritmo; sin embargo, siguen existiendo algunos huecos argumentales -como la excesiva ingenuidad de la tripulación- que le restan algo de verosimilitud.


"No creo en la suerte. No me interesa la suerte. Yo prefiero que haya más actitud y preparación que suerte. Observación, reflexión, fe y determinación. Solo así podremos navegar en el camino que se presente al frente. "

No es solo una cinta de aventuras y supervivencia; tiene un interesante trasfondo que nos mantiene en vilo. A pesar de ello, algunos de los problemas individuales de los protagonistas no terminan de conectar con el público, juega en contra la falta de información sobre los Ingenieros (cuyo desarrollo queda pendiente).



Tal como en su predecesora, los personajes de Alien: Covenant siguen resultando demasiado inocentes y bastante descuidados, para ser un grupo de élite del espacio. Sorprende en gran medida, la velocidad con la que mutan y se reproducen las siniestras criaturas. Todo se cuenta de forma algo precipitada y sin permitir que la historia "respire".

¿Lo mejor? En la campaña promocional nos prometieron xenomorfos en todas sus facetas. La película cumple a cabalidad. El trabajo de Michael Fassbender es soberbio y en mayúsculas. Con una interpretación increíble que nos hace sentir escalofríos ante lo que puede llegar a hacer una inteligencia artificial cuando se parece (demasiado) al ser humano.



Otro  punto a favor son los espectaculares efectos especiales. Estamos ante un correcto balance entre el CGI y técnicas tradicionales. Mención aparte tiene la secuencia inicial y es que… en el espacio nadie puede oír nuestros gritos.

En líneas generales, Alien: Covenant tiene una mayor carga filosófica y una mejor tensión narrativa, superior a Prometheus, evocando el espíritu original del primer film. La calificación R de la película y la dirección de Scott, nos demuestran, una vez más, que sabe cómo atraparnos.



Ficha técnica

Dirección: Ridley Scott
Producción: Ridley Scott, Mark Huffam, Michael Schaefer, David Giler, Walter Hill
Guión: John Logan, Dante Harper
Basada en: los personajes creados por Dan O'Bannon y Ronald Shusett
Música: Jed Kurzel
Fotografía: Dariusz Wolski
Montaje: Pietro Scalia
Protagonistas: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Danny McBride, Demián Bichir
País: Estados Unidos
Año: 2017
Género: Ciencia Ficción, Terror
Duración: 122 min.

martes, 24 de julio de 2012

Ridley Scott contraataca


Prometheus y el universo Alien


Por: José Abelardo Güich
(Escritor)

Mucho ruido y quizá no tantas nueces como presumíamos desató Prometheus, el esperado nuevo filme de Ridley Scott, quien en 1979 fijó con Alien una serie de hitos inamovibles en el género de la ciencia ficción, en su vertiente de “horror espacial”. Ha corrido agua bajo el puente desde que la pantalla mostró por primera vez a la famosa criatura extraterrestre, perfecta máquina de matar que da cuenta rápida de toda una tripulación de curtidos navegantes. La película inauguró una saga extendida hasta Alien: Resurrección. Pero ninguno de estos productos superó al original, cuya estima se ha incrementado durante los treinta años transcurridos desde el estreno.

Alien no brindaba muchas pistas sobre cómo se originó el casi indestructible ser; apenas unas huellas que el espectador procesa, pero no se convierten en un eje primordial, pues toda la historia gira en torno de la desesperada lucha de los tripulantes de la nave de carga “Nostromo” por eliminar al organismo invasor. El llamado space jockey, cuyo gigantesco esqueleto llama la atención de los exploradores, y por otro lado, el depósito de huevos de donde emergen los  fertilizadores; son las únicas marcas  fehacientes que conectan más o menos a las dos producciones,

Prometheus no es, en realidad, parte del ciclo, como ya lo ha sostenido Scott en varias entrevistas anteriores al lanzamiento. No se trata de una “precuela” (vaya palabra), sino de un relato autónomo con respecto al universo que la primera película establecía. Quien esperaba una nueva batalla contra el babeante espécimen puede, en cierta medida, salir defraudado y hasta pensando en la devolución del dinero.

La perspectiva está enfocada desde la inquietud de unos investigadores por descifrar un misterio (la existencia  de  muchas civilizaciones coincidentes en la representación de humanoides de gran estatura que señalan un grupo de estrellas en el firmamento). Con el apoyo obviamente interesado de la corporación Weyland (nombre que ya figura en Alien, y que se asume como el consorcio dueño del “Nostromo”), la nave “Prometheus” -clara alusión al mito griego del titán que obsequió el fuego divino a los seres humanos y por ende, es castigado por sus pares- emprende su viaje hacia el planeta que podría ser la clave para la solución del enigma a propósito del origen de la humanidad.

A partir del conflicto entre las inquietudes de los científicos y las motivaciones empresariales, los hechos se suceden con fluidez hasta aproximadamente la mitad de la película; luego, sobreviene un enrarecimiento que hace más lentas las acciones, en contraste con el ritmo eficazmente administrado por Scott hasta ese instante. Ése es el punto débil, pues esa disminución de la velocidad no llega a calzar con las intenciones filosóficas o especulativas que parece querer insuflarle el realizador. Esto genera desconcierto en quien seguramente ansiaba un panorama de sorpresas permanentes y de apariciones súbitas de criaturas que salen de cualquier parte para abrirles el cráneo a sus víctimas atónitas y paralizadas de terror.


Se aprecian las concesiones a la industria que Scott, un buen artesano, ha debido hacer, si su primera mirada fue en realidad una aventura plagada de veladas trascendencias en medio de un despliegue tecnológico y visual subyugantes que son, al fin y al cabo, las “fortalezas” de Prometheus. La ambientación tanto del planeta como de las naves y su parafernalia, llenan los ojos, siguiendo los clásicos dictados del space opera.


El filme recupera algo del vigor inicial en la segunda parte, cuando se van aclarando elementos narrativos, sobre todo en cuanto a la identidad de la raza extraterrestre, “los ingenieros” (el space jockey es uno de ellos), que diseñaron a nuestra especie y la sembraron en la Tierra. No está ausente el efectismo tan asociado a la saga y el manejo de la angustia (hay un correlato entre el terror de Ripley –protagonista de la saga anterior- en su último encuentro con la criatura, y la escena de la arqueóloga buscando liberarse del feto alienígena que lleva en su interior), así como una advertencia sobre los riesgos de la manipulación genética y de los experimentos que salen de rumbo y  no pueden ser controlados por sus ejecutores.


Prometheus no está a la altura de su ilustre predecesora, pero sabe mantener la atención del espectador a pesar de sus abruptas aceleraciones y retardos.  Deja varios cabos sueltos vinculados con  “los ingenieros” y sus objetivos reales; en la conclusión, estos no son mostrados como una sociedad nada benéfica, sino todo lo contrario. La siguiente entrega debería profundizar en ese aspecto, más allá de tentáculos y cuerpos que se abren de parte a parte (festín siempre bienvenido en todo lo que implique la criatura del envidiable exoesqueleto).