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jueves, 8 de mayo de 2014

Reflexiones sobre el cine peruano



Por: Alexiel Vidam

“Leí tu artículo de la cinta A los 40... ¿Por qué empiezas titubeante?  Un crítico escribe directo al grano... Si titubeas pierdes el respeto de los lectores, porque tu cimiento como redactora está por los suelos”.

Esto me lo dijo una colega a la que admiro bastante, Rosana López Cubas (de Lima en Escena). La crítica fue dura, pero acertada en gran medida. Entendí de qué iba.

Como decimos cuando nos “ampayan”, diré que: “Todo tiene una explicación”.

A los 40

No se trata de un titubeo de “disculpas”, porque en verdad no soy de la gente que pide disculpas por gusto. Quienes me conocen de cerca, sabrán que tengo el ego lo bastante elevado como para andar derrochando perdones injustificados. Se trata más bien de un sentimiento de desazón, de “sentimientos encontrados”, como señalé en mi post anterior.

Por una parte, nunca he estado de acuerdo con aquellos “críticos” que se dedican a destruir películas. Siempre he pensado que una buena crítica es constructiva. Que presenta un balance de puntos fuertes y puntos débiles,  y aporta. Pienso también que toda opinión debe estar justificada, presentar argumentos claros, y no decir simplemente que “me parece porque me parece” o “ES así porque soy YO”. Tampoco hay que dejar de lado que en toda forma de pensar influye la propia inclinación: tus intereses, tus sentimientos, todo lo que se relaciona a ti. Creo que a veces el crítico comete el error de sentirse dueño de la verdad; olvida que, con todos sus estudios académicos, cartones y demás, en su opinión, siempre habrá un poco de su propio gusto. Nadie es completa y absolutamente imparcial.

Loco Cielo de Abril

Por otra parte, siento que general es un buen momento para el cine peruano. Hacía ya buen tiempo que no se hacían tantas películas. En general, además, las películas nacionales no eran bien recibidas por el público y contaban apoyo escaso de las salas comerciales (casi siempre se les retiraba a la semana). La gente estaba cansada de los redundantes argumentos sobre terrorismo o chabacanería (“lisuras y calatas”), y también es verdad que, desde el fin de las coproducciones con España (la “buena época de Lombardi”), la calidad de los filmes tuvo un fuerte “bajón”.

Caídos del Cielo, de Francisco Lombardi.

Hoy contamos no sólo con una producción mucho más constante (y mejor recepción), sino que la variedad de temas es mucho más amplia. Está el cine de autor, como el de Claudia Llosa o Rosario García-Montero, el cine social, como el de Josué Méndez, el cine vanguardista -con destacados directores jóvenes como Fernando Montenegro-, y por supuesto, el cine de género, un fenómeno bastante reciente en nuestro país, protagonizado por las películas de Big Bang Films, Tondero Films, y los trabajos recientes de Frank Pérez Garland.

La Teta Asustada, de Claudia Llosa.

Ustedes dirán: “pero eso no significa que los trabajos sean buenos”. Es verdad, la cosa es heterogénea (hay de "lo bueno, lo malo y lo feo"), pero sigo pensando que el aumento de producción es positivo, y que la calidad suele ir de la mano a la práctica (como en todo arte). La gente tiende a olvidarlo. Muchas veces asiste al cine con la idea de encontrarle el mínimo defecto a una película, con un empeño particular que no pondría al observar una de esas “comedias gringas estúpidas” que tantas veces ocupan espacio en los multicines. Recuerdo, e este momento, las “críticas” cizañeras que recibió la película Rocanrol 68 (de Gonzalo Benavente), donde se notaba una clara intención de atacar a los actores, e incluso se habló de errores garrafales como mostrar el logotipo de la Municipalidad del Callao (logotipo que, por cierto, nunca encontré… y vaya que lo estuve buscando tras leer el post).

Rocanrol 68

Personalmente creo que es injusto el ensañamiento con el cine nacional, especialmente si tomamos en cuenta que maestros tan reconocidos como Almodóvar –director español-, empezaron también de manera rudimentaria. Recordemos que sus primeras películas fueron tachadas de “bodrios” por la crítica especializada, y hoy son consideradas de culto. La oportunidad que le dio el público, y su propia “necedad”, le llevaron a mejorar la técnica y, por ende, la calidad audiovisual de sus filmes.

Pero volviendo al punto de inicial… ser periodista y cinéfila a la vez, te crea ciertos dilemas. Tengo el afán de apoyar a la producción de películas aquí, pero mantengo el compromiso irrompible de transmitir lo que pienso (y por qué lo pienso).

La Malas Intenciones, de Rosario García-Montero.

Cuando fui a ver A los 40, lo hice con los mejores ánimos, pero la película no llenó mis expectativas, y aunque siempre cumplo con señalar los puntos buenos y malos de un filme, en esta ocasión encontré muchísimos más puntos flacos que fuertes. Esto me provocó una fuerte decepción –que puede notarse claramente en el inicio de mi post. No obstante, cabe resaltar, mi compromiso principal es con el público (y con mi propio criterio), de modo que no podía dejar ser "benevolente"… y de ahí el encabezado del post: “Apreciaciones Incómodas”.

martes, 5 de noviembre de 2013

Al ritmo del Rock



 
Por: Alexiel Vidam

Fui a ver Rocanrol 68 sin mucha expectativa, luego de leer varias críticas en las que simple y sencillamente, se le hacía puré. Mi sorpresa fue más que grata, al encontrarme ante una película sumamente entretenida, que me arrancó varias carcajadas y mantuvo mi atención de inicio a fin.  

Esta es la historia de tres “señoritos” de la clase media-alta limeña en el año 68’. Ellos viven en La Punta, y tienen algunos retos para fin de verano: ir a un concierto de rock y, el más importante, tener enamorada. Si bien los protagonistas pertenecen a un contexto similar (clase relativamente adinerada, valores religiosos, padres conservadores), sus personalidades incluyen varios contrastes que conforman un matiz interesante: Manolo, el protagonista, es el más sensible, tímido y soñador; le gustaría ser director de cine, pero se siente presionado por su madre, quien lo induce a ser administrador. Bobby, por su parte, se las da de conquistador, pero es sumamente torpe para acercarse a las chicas; para preocupado por “salir de pito” y por demostrar ser el más macho de los tres. Finalmente, Guille, es el más “normal” del grupo, salvo por su pasión desenfrenada hacia el Rock, y en especial hacia Los Rolling Stones.

Siguiendo sus historias, nos remontamos tanto a momentos que remueven el “filin” de quienes vivieron la época (costumbres cotidianas, cambios de mentalidad, etc.), como la de aquellos que sentimos pasión por la música, el cine, y aspectos de la cultura pop. Yo particularmente disfruté aquellos diálogos en los que se hizo referencia a varios íconos cinematográficos, como la escena en que Emma, la vecina “hippy” de Manolo, hace alusión a la mentalidad cuadrada de los chicos, formando el mismo rectángulo que dibujó Uma Thurman a Travolta en la película Pulp Fiction. Hay muchas referencias también a Chaplin (con  mención especial a Tiempos Modernos), y a otros clásicos del cine de horror y ciencia ficción, como Metrópolis de Fritz Lang, y El Bebé de Rosemary, de Roman Polánski. En cuanto a las estrellas rocanroleras mencionadas se encuentran The Doors, Janis Joplin, Los Beatles, Los Rolling Stones, Jimmy Hendrix… y del rock nacional de la época, Los Yorks, Los Saicos, entre otros. De hecho, la canción que más identifica la película es, de estos últimos, el tema Demolición (1965), que va perfecto con las peripecias de estos jóvenes queriendo dárselas de “malos”; es imposible no identificarla, por ejemplo, con la escena en que Guille se roba el teléfono de la estación.


Demolición, de Los Saicos (1965), tema principal de la película.

Algunos señalan que las actuaciones son el punto más deficiente de la película, y que se perciben varios errores de script, como la aparición del logo de la Municipalidad del Callao. Considero que quien haya percibido el logo en mención, ha de haber hecho un análisis milimétrico de cada toma, ya que yo estuve atenta al instante preciso en que este error se hiciera presente, y en ningún momento lo encontré. En cuanto a las actuaciones, es cierto que son caricaturescas, pero no me parece que sea motivo de crítica, pues es eso precisamente lo que se busca en este tipo de historias. Hay que tener en cuenta que Rocanrol 68 es una reconstrucción anecdótica de los que pudieron ser recuerdos de personas de la época. Vendría a ser algo así como la puesta en escena de una serie de memorias peculiares y amenas contadas a un grupo de amigos.  De este modo, Rocanrol 68 busca, arrancar risas, y sacudir nostalgias, objetivo que, bajo mi criterio, es muy bien logrado. 

Escena que hace clara alución a Pulp Fiction, de Quentin Tarantino.

Tratando de ser imparciales, es cierto que al cine peruano todavía le queda bastante por desarrollar. Hay escenas algo flojas, como la de la ensoñación de Manolo estilo película musical. La coreografía dejó bastante que desear; quizás se pudo prescindir de ella o plantearla de un modo diferente. Faltó también dar un poco más de contenido a algunos diálogos o mostrar algún tema de los íconos de Rock extranjeros (aquí entra a tallar el tema de presupuestos, talón de Aquiles del cine nacional desde siempre). Aun así, pienso que muchas de las críticas presentadas a este filme hasta el momento se han pasado de venenosas, y tenido un afán especial por destrozarla.


De este modo, tras ver la película y disfrutarla, me sentí, no sólo en la obligación de rescatar sus aspectos positivos, sino además de recomendarla. Creo que en general se la van a pasar muy bien viéndola, y me alegra ver que el cine nacional va agarrando cada vez más vuelo y acogida en el público.



Ficha técnica:
Dirección: Gonzalo Benavente Secco
Producción: Augusto Tamayo, Nathalie Hendricks, Gonzalo Benavente Secco
Guión: Gonzalo Benavente Secco
Música: Paracutá
Sonido: Rosa María Oliart
Fotografía: Roberto Maceda Kohatsu
Vestuario: Leslie Hinojosa
Reparto: Sergio Gjurinovic (Manolo), Mariananda Schempp (Emma), Jesús Alzamora (Guille), Manuel Gold (Bobby), Gisela Ponce de León (Beatriz), Pablo Saldarriaga (Pablo), Lesli Shaw (Male).