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domingo, 5 de agosto de 2012

Big Brother is watching you…



Por: Alexiel Vidam

Acabo de terminar de ver 1984, de Michael Radford, basada en el libro 1984 de George Orwell, que, dicho sea de paso, terminé de leer un día antes de volver a ver la película (la había visto hace varios años, pero admito que aquella vez me quedé dormida en algunas partes). Esta segunda vez, la película me gustó más, porque pude reconstruir aquellas escenas que ya había imaginado durante la lectura del libro. Debo decir que Winston y Julia están muy bien retratados en cuanto a su apariencia física y expresiones. Sin embargo, al momento en que decimos que la película no gustó tanto de manera independiente (vale decir, antes de leer el libro), reconocemos una serie de deficiencias por parte de la misma…

Un poco de historia

En el  universo de 1984, el mundo está dividido en tres grandes potencias: Oceanía, Eurasia, y Estasia (o Asia Oriental), que se encuentran en guerra permanente. La película se desarrolla en la nación de Oceanía, donde un gobierno totalitario controla la vida de las personas  mediante “telepantallas” a través de las cuales, el Gran Hermano, representante máximo Ingsoc (partido único), vigila cada una de sus acciones. Los ciudadanos, además, son continuamente expuestos a propaganda política que pretende encandilar su odio hacia los extranjeros y su amor y fe ciega en el Gran Hermano, y en  los designios del Partido.

El protagonista, Winston Smith (John Hurt), es un empleado del Ministerio de la Verdad, dedicado a alterar las noticias y libros de Historia a conveniencia del Partido. El gran dilema de Smith, consiste en su capacidad de reflexión… en su poder de discrepar, en silencio, con lo establecido. El poder de pensar, es considerado como el más grave delito en la sociedad de Oceanía, es el delito llamado “crimental” o “crimen del pensamiento”, por el cual uno es penalizado con la muerte y “vaporización” de todo vestigio de su existencia.

Distopía Literaria Vs. Distopía Fílmica

Logotipo y lema de Ingsoc (el Partido)
No soy de la idea de que el libro siempre supera a la película (a pesar de que mi pasión por la literatura le lleva unos cuantos puntos a mi pasión por el cine). Hay casos en los que eso es discutible, y casos en los que sí, pienso que la película supera a la obra literaria en varios aspectos. En el caso de La Naranja Mecánica, por ejemplo, me cuesta elegir, pero en el caso de La Máscara de la Muerte Roja, adaptación del cuento de Edgar Allan Poe, me atrevo a decir que la película supera a la versión literaria. Sin embargo, en este caso, sería una necedad no admitir que el libro se la lleva de encuentro. Éste no sólo engancha desde el principio, sino que nos brinda una serie de detalles que enriquecen el texto, y que muchas veces son necesarios para comprender a fondo la obra. Las ideas políticas de Ingsoc y de la resistencia, son ahondadas a fondo aquí, por el contrario de la película, donde todo lo que conocemos acerca de Ingsoc, es su política de control y sus tres lemas (que en ningún momento son ahondados): “LA GUERRA ES LA PAZ. LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD. LA IGNORANCIA ES LA FUERZA”.
Winston y Julia

Cuando vi el filme por primera vez, me pareció confuso. No me quedó muy claro cuál había sido el máximo crimen de Winston, pues nunca se explicó bien la naturaleza del crimental; lo único que quedó claro, es que él se había acostado con Julia (- Suzanna Hamilton- una miembro del Departamento de la Novela) y que eso no le gustaba al Partido (éste buscaba erradicar el orgasmo e imponer la reproducción In Vitro –el motivo no se da a conocer en esta versión-). Sabemos que Winston piensa distinto, sí, y que eso va en contra del Partido, pero nunca se llega a sentir el verdadero peso de este “crimen”; el miedo de Winston a la hora de escribir un diario no está bien representado, ni se explica cómo es que la telepantalla no lo descubre, estando tan cerca de él. En el libro, este miedo está muy bien descrito, así como las medidas que toma Winston para evitar ser descubierto; percibimos todo su nerviosismo, su terror, y a la vez sus ansias desesperadas por expresarse, por descargar toda su ira contra El Gran Hermano.

Julia, por su parte, queda como un personaje mediocre. Somos capaces de percibir su modo de actuar ambivalente. Primero la vemos aclamando al Gran Hermano, y lanzando injurias contra Goldstein (su prófugo opositor), y luego la vemos retozando con Winston y dando a entender –mediante comentarios breves- que son prófugos de la “justicia”. Aun así, el personaje es hueco, está relegado al papel de musa del protagonista. No percibimos, como en el libro, su grado de rebeldía, la astucia con que se las arregla para sacarle la vuelta al partido, ni todas sus estratagemas para encontrarse con Winston (porque sí, ella es el cerebro estratega de los dos).

Julia (Suzanna Hamilton) y Winston (Richard Hurt)

Algo similar ocurre con O’Brien (Richard Burton), aquel miembro del Ministerio del Interior que intriga a Winston desde el primer momento. Al principio de la película, observamos un intercambio de miradas entre ambos. En la novela, Winston se manda toda una reflexión acerca de este corto intercambio; él siente que es capaz de entenderse con aquel miembro del Partido, y sospecha que quizás tampoco siente verdadero amor por el Gran Hermano. Winston confía en O’Brien, y piensa en él como un salvador, como un miembro de aquella Hermandad que complota contra el poder totalitario. En la película, O’Brien no aparece en ninguna de las reflexiones de Winston (reflexiones que, además, se ven seriamente recortadas); únicamente aparece al principio del filme, y luego hacia el final, cuando le entrega el libro “hereje” a Winston, con los principios de la resistencia (principios en los cuales tampoco llegamos a explorar en el filme, lo que sí sucede, y con mucha profundidad, en la novela).

O'Brien (Richard Burton)

En general, la versión cinematográfica tiene bastantes cavos sueltos, que uno sólo puede llegar a resolver (y nunca del todo), observándola detenidamente, con mucha paciencia, y más de una vez… prestando suma atención en cada expresión de los personajes, en cada silencio; hay que encontrarle sentido a este silencio, interpretarlo minuciosamente, pues en la novela, estos “vacíos” están cubiertos por una honda explicación de los sentamientos y sensaciones de los personajes, así como de sus ideologías.

Winston capturado por cometer el crimental.

Lo que hay que resaltar como positivo, en contraste, es que el director ha sabido darle el rostro exacto a cada uno de ellos. Uno lee el libro, cierra los ojos, y ve al Winston de la película (o una imagen similar); lo mismo sucede con Julia y con O’Brien. Los ambientes también han sido muy bien construidos; para nada es una de esas producciones que abusan de efectos especiales para recalcar en su carácter futurista (tengo entendido que fue gracias a una exigencia de la viuda de George Orwell, antes de dar el permiso); de ese modo, uno se centra más en los aspectos psicológico y político, y siente mucho más cercano el tema de la distopía, cuya opresión se respira en el ritmo en que se desarrolla la trama, y en el cromatismo opaco de las imágenes.

miércoles, 28 de marzo de 2012

EdúKate


Los años de opulencia han llegado a su fin….
 
 
Por: Alexiel Vidam

Jule (Julia Jentsch) es camarera en un restaurante para ricos. Vive en un departamento que a duras penas consigue mantener. La mayor parte de su dinero, va a pagar una deuda de cien mil euros que tiene con un ricachón al que, casualmente, le chocó el Mercedes. Incapaz de seguir pagando el apartamento, debe mudarse momentáneamente con su novio Peter (Stipe Erceg), quien a su vez convive con su amigo Jan (Daniel Brühl). Jule piensa que Peter y Jan trabajan por las noches pegando carteles. No imagina que se infiltran en las casas de los millonarios para ocasionar desorden y hacerles saber que sus días de opulencia pronto terminarán.

De izquierda a derecha: Jan (Daniel Brühl), Jule (Julia Jetsch),
y Peter (Stipe Erceg).
¿De qué va esto?

Peter y Jan, son Los EduKadores, dos jóvenes rebeldes al sistema capitalista, que vigilan las casas de los ricos por las noches, investigan sus sistemas de seguridad, y las salidas de sus dueños. Se cubren el rostro e ingresan en ellas cuando no hay nadie. No roban nada, pero dejan todo hecho un caos, y una nota con alguna frase del tipo “sus días de opulencia pronto terminarán” o “tienen demasiado dinero”, y firman con su pseudónimo. Su objetivo es causar terror psicológico en quienes acumulan egoístamente en lugar de ayudar a otros.

Jule, la novia de Peter, vive día a día la explotación y el estrés de las deudas. Casi todo el dinero que gana trabajando como camarera, se destina a pagarle el Mercedes a un ricachón con quien chocó accidentalmente. Por si fuera poco, el dueño de su apartamento la echa por su retraso en las rentas.

Quedando sin domicilio, Jule se muda a vivir con Peter. Ambos habían planeado visitar Barcelona (todo por cuenta de Peter), pero Jule debe quedarse a desalojar el departamento, y Peter termina viajando solo (por insistencia de ella). Jan, el amigo de Peter, la ayuda a hacer la mudanza, la apoya cuando pierde el trabajo, la acompaña a cenar, y ambos empiezan a tener largas e interesantes conversaciones acerca de las injusticias del sistema. Es entonces cuando Jan le rebela a Jule que él y Peter son Los EduKadores (hasta el momento, ella pensaba que trabajaban pegando carteles por las noches).

Impresionada por la noticia, Jule le pide a Jan entrar juntos en la casa de Hardenberg (Burghart Klaußner), el sujeto con el que se encuentra endeudada. Jan inicialmente se niega, pero termina cediendo a las insistencias de Jule. Disfrazados como Los EduKadores, ingresan en la casa (luego de anular las alarmas), y hacen la labor de siempre (bueno, esta vez se afanaron un poquito más de la cuenta, por tratarse de un caso personal). Luego huyen rápidamente, y todo parece haber salido a la perfección. Repito: PARECE.

A la mañana siguiente, Peter llega de Barcelona. Jule llama a Jan aparte y le dice que ha olvidado su celular en la casa del ricachón. Tienen que regresar, y esta vez la suerte los agarra salados. Hadenberg vuelve antes de lo planeado, y los encuentra con las manos en la masa. Jan consigue knockearlo momentáneamente, pero al no encontrar solución inmediata, no les queda otra que llamar a Peter para que les eche una mano.


Reunidos los tres, y en un momento de descuido, Hardenberg marca a la policía, por lo cual los tres EduKadores terminan huyendo despavoridos y secuestrando a Hardenberg para que no abra la bocota.

Ahora están en un verdadero lío… Han secuestrado a un pez gordo y no saben qué hacer con él. Además, para echarle un poquito más de picante al asunto, se arma un tremendo conflicto sentimental, pues en medio de todo el rollo, Jule se ha enamorado de los dos chicos.


Una joyita del soundtrack: "Hallelujah", interpretado por Jeff Buckley


De derechas, izquierdas, singularidades y clichés

Los EduKadores (en alemán Die fetten Jahre sind vorbei –“Los años de abundancia han pasado”-) es uno de esos filmes que he visto como cinco veces. No me parece lo que se diría “UN PELICULÓN”, pero es una película que atrapa por su espíritu juvenil y rebelde, que critica al sistema y a la sociedad de una manera bastante original. No nos presenta a un grupo violentista, ni peca de convertir a sus protagonistas en criminales comunes. Los EduKadores no pretenden ser Robin Hood ni el Che Guevara. Ellos no colocan bombas ni roban a los ricos para dar a los pobres. Su modo de hacer las cosas es más sofisticado y original. Los EduKadores trabajan con el miedo, pero también, con la reflexión. Ellos quieren que sus “víctimas” tiemblen al saber que alguien los observa, pero también quieren que sean conscientes de que, a pesar de que conocen perfectamente cada rincón de su casa, han sido incapaces de llevarse alguna de sus cosas o de agredir a quienes la habitan. Éste es, para mí, el punto más rico del filme.

En cuanto a la estética, podemos destacar el afán del director por transmitir realismo. No es una película de marcados efectos especiales ni juegos de tiempo. La historia se narra de manera lineal (salvo por los diálogos que sí mencionan eventos pasados, como el choque del auto de Jule con el Mercedes de Hardenberg), y sin embargo, el ritmo es bastante ágil. Se puede apreciar por ahí algún corte brusco entre toma y toma, como si, en lugar de tratarse de una filmación, se tratase de una grabación casera captando la cotidianidad. Estos cortes, no casualmente, se reducen en aquellas escenas en que ocurren sucesos excepcionales, como la actuación de Los EduKadores, el secuestro, y las consecuencias del mismo. La música entra de manera muy disimulada, y sólo para enfatizar la intensidad o el dramatismo de ciertas escenas (cabe destacar el tema “Hallelujah”, interpretado por Jeff Buckley, una joyita de la banda sonora); en otros casos, la música de fondo coincide convenientemente con la que están escuchando los protagonistas en la radio. Las actuaciones, por su parte, son bastante naturales; uno tiene la impresión de que, fuera de su rol revolucionario, bien podríamos encontrarnos con cualquiera de los EduKadores por la calle.

Lo que sí quisiera criticarle al filme, es la aparición de ciertos clichés demasiado marcados que le quitan verosimilitud al relato, como los diálogos recargados de romanticismo e idealismo, hasta el extremo de caer en lo cursi. Esto va de la mano con una idealización de los valores de la izquierda, y una satanización del estilo de vida de la derecha. Los de la izquierda son los “buenos”, los solidarios, los sensibles, los soñadores, los justos… los de la derecha son los “malos”, los egoístas, los abusivos, los explotadores, los despilfarradores, y, sobre todo, los hipócritas; los que de jóvenes creyeron fervientemente en un ideal, y de viejos se vendieron al sistema. Ésta no es una crítica a la postura del filme; el autor puede darle a la historia el punto de vista que quiera, y reflejar sus ideas políticas como prefiera; la crítica va por el lado de que la representación en escena, sumada a los diálogos, llega a parecer tan exagerada o parcial (sólo se muestra un lado de cada postura política), que pierde credibilidad.
Ficha técnica:

Título original: Die fetten Jahre sind vorbei (Los años de abundancia han pasado)
Título traducido: The EduKators/Los EduKadores
Dirección: Hans Weingartner
Guión: Katharina Held, Hans Weingartner
Música: Andreas Wodraschke
Protagonistas: Daniel Brühl, Julia Jentsch, Stipe Erceg
País: Alemania-Austria
Año: 2004
Duración: 127 min.



Un regalito especial de Cinematosis: The EduKators, la película completa.

miércoles, 25 de enero de 2012

Humor (negro) Cinéfilo: "El Señor con el Pijama de Rayas"

La mirada crítica y el humor ácido del dibujante y diseñador Carlos Lavida, nos traen este regalito gráfico que parodia una de las escenas de "El Niño con el Pijama de Rayas" (impactante película sobre el Holocausto), llevándonos, mediante la risa, a la reflexión sobre la actualidad política en el Perú.

(Si quieres conocer más de cerca el trabajo de Carlos Lavida, no dejes de visitar su blog: http://carloslavida.blogspot.com/)