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sábado, 9 de julio de 2016

“Kick-Ass”: El sueño de ser un superhéroe



Por: Alexiel Vidam

Definitivamente, le voy muchísimo más a los antihéroes que a los superhéroes. Hace unos meses me enamoré perdidamente de Deadpool, y ahora acabo corroborar mi preferencia por esta suerte de grandiosos “perdedores” viendo Kick-Ass (sí, recién la veo… no me peguen).

Si eres un neo-fan de los comics o sólo sigues las películas y recién te estás poniendo al día -como yo-, te comento que Kick-Ass -el personaje- surge de ese deseo que muchos cinéfilos geek -como yo- hemos tenido alguna vez: salvar el planeta. Así que, si de chibolo tu vieja evitó que te mates lanzándote por la ventana con tu capa (frazada) al cuello, si todavía tienes tus álbumes de Dragon Ball Z tirados por ahí, o si hasta viejo esperaste a que te recluten para los Power Rangers, FIJO te vas a sentir recontra identificado con Dave Lizewski, nuestro joven protagonista.

¡Con ustedes... Dave Lizewski, nuestro héroe!... ¿Qué?
¿Que no tiene pinta de superhéroe?... Síganme la cuerda nomás.

Dave, interpretado por un Aaron Taylor-Johnson bastante mocoso (todavía no figureteaba con los Avengers, ni salía chapando con Keira Knightley en Anna Karenina), es el típico adolescente “pavo”, flacuchento, con pinta de nerd, invisible a las chicas… y consumidor compulsivo de pornografía (siempre que no está fantaseando con su profesora de inglés). Al margen de todo esto, Dave es un tipo con un gran corazón, que se indigna ante las injusticias y tiene un impulso natural por ayudar a las personas. Es por ello que, inspirado en sus ídolos del comic, Dave decide convertirse en un superhéroe de la vida real, adoptando el nombre de Kick-Ass, e improvisando un traje con un wetsuit de color verde (bastante ridículo, por cierto).

Curiosamente, su primera “habilidad sobrenatural” la obtiene después de su primer y lamentable enfrentamiento, cuando, tras ser gravemente herido, los médicos le colocan unas placas de metal entre los huesos; además, ciertos nervios quedaron dañados, de tal modo que Kick-Ass es más resistente al dolor que un humano normal. Al margen de eso, podemos señalar que nos hallamos frente a un superhéroe sin poderes; algo así como Batman… sólo que sin fortuna, sin artes marciales y sin intuición de detective… #LOL



En su lucha contra el crimen, Kick-Ass recibe el apoyo ocasional de otros dos antihéroes bastante mejor entrenados y equipados que él: Big Daddy (Nicholas Cage) y la pequeña y letal Hit-Girl (Chloë Moretz). Padre e hija se cruzan casualmente en el camino de Kick-Ass y le salvan el trasero. Pronto, el destino de estos dos enmascarados se irá entrelazando más y más con el de Kick-Ass, en torno a un enemigo común: el mafioso Frank D’Amico.

Como historia, debo decir que Kick-Ass es sencilla pero muy entretenida. Te mantiene enganchado y te sorprende con su carácter irónico y con esos “pequeños” excesos de sangre que no esperamos encontrar en una peli de superhéroes (a no ser… que ya hayas visto Deadpool <3); de hecho, sentí, en las escenas de pelea, algunos toques de Tarantino, o de la estética de Robert Rodríguez en Sin City. La música -por supuesto- es un ingrediente importante aquí, pues ayuda a enfatizar el humor negro de las escenas.

Hit-Girl y Big Daddy

Cambiando de topic, resulta peculiar ver a Nicholas Cage interpretando a Big Daddy (quien -por cierto-, es un Batman sin HD), pues muchos recordamos que él estuvo a punto de ser Superman allá por los años 90 (en una película de Tim Burton que -afortunadamente- fue cancelada). En esta película, Nicholas Cage nos recuerda que puede ser un buen actor, a pesar de su bizarra facilidad para aceptar papeles que no le favorecen. Hit-Girl, por su parte, está magníficamente encarnada por Chloë Moretz; ella transmite a la perfección ese carácter lúdico que su personaje destila en todo momento -típico de su edad-, inclusive, y diría que sobre todo, a la hora de matar. Para completar el cuadro, Aaron Johnson encaja satisfactoriamente en el papel de "chibolo-monse-buen corazón" rebelándose ante su rol natural de "lorna".

¡No te metas con Hit-Girl!

A mi parecer, Kick-Ass es una excelente elección si lo que buscas es pasar el rato con una historia ágil y divertida. De todos sus elementos, me quedo con el humor irónico. Considero que no alcanza la brillantez de Deadpool (según yo, esta última se la come viva), pero consigue su fin de tenerte pegado y hacerte reír.


Ficha técnica:

Dirección: Matthew Vaughn
Producción: Matthew Vaughn, Brad Pitt, Kris Thykier, Adam Bohling, Tarquin Pack, David Reid
Idea original: Mark Millar, John Romita Jr. (cómic homónimo)
Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn
Música: John Murphy, Henry Jackman, Marius de Vries, Ilan Eshkeri
Reparto: Aaron Taylor-Johnson, Chloë Grace Moretz, Nicolas Cage
Países: Reino Unido, Estados Unidos
Año: 2010
Idioma: Inglés
Género: Acción, superhéroes, comedia
Duración: 117 minutos





*Para ver la película completa online, click aquí.


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martes, 9 de abril de 2013

Anna Karenina: caretas y amores ilícitos



Por: Alexiel Vidam

Anna Karenina es la novela más importante Leon Tolstoi, una de las más representativas de la literatura rusa,  y también de los que más adaptaciones ha tenido en el género cinematográfico. En la primera adaptación, de 1935, Greta Garbo fue la encargada de interpretar a la protagonista, a quien siguió Vivien Leigh, otra diva hollywoodense, en la versión de 1948. En la más reciente adaptación, de 2012, Joe Wright eligió a Keira Knightly para protagonizar esta tragedia de pasión y máscaras.

Anna Arkadievna Karenina (Keira Knightly) es una mujer de la alta sociedad rusa en el S. XIX, casada con Alexei Alexandrovich Karenin (Jude Law), un alto funcionario del gobierno. Ella acude a Moscú en ayuda de su hermano Stephan Arkadievich (Matthew Macfadyen), quien le ha pedido que convenza a su esposa de no abandonarle tras descubrir su infidelidad. En el tren de llegada, conoce a la Condesa Vronskaya (Olivia Williams) y a su hijo Alexei Kirillovich Vronsky (Aaron Taylor-Johnson), oficial de la guardia, quien de inmediato se enamora de ella. Vronsky ha estado galanteando a la princesa Ekathérina  -“Kitty”- (Alicia Vikander), concuñada de Anna, pero luego de conocer a esta última, no duda en seguirla hasta a San Petersburgo.


Si bien Anna sigue el galanteo de Vronsky desde el inicio, al encontrárselo cara a cara en su ciudad, es consciente del dilema moral en que se encuentra. Opone resistencia, pero esta acaba siendo diluida por la pasión. Como es de esperarse, pronto su cercanía se vuelve poco disimulable y se convierte en el foco de chismes de la alta sociedad, llegando a su punto cumbre cuando Anna queda encinta y debe confesárselo todo a su marido.

Anna Karenina y Alexei Vronsky


Teatro de apariencias

Con su novela Anna Karenina, Tolstoi plantea la alta sociedad rusa del S. XIX como un gran teatro de apariencias, y el director Joe Wright, por ello, nos coloca de entrada frente a un telón que se levanta y nos muestra a los personajes actuando sus propias vidas. Con excepción de Lyovin (Domhnall Gleeson), el hombre sencillo y campestre de la historia, todos los personajes parecen llevar una doble vida: la “suya”, y la que deben mostrar. Se trata de un mundo lleno de hipocresías y chismorreos, donde prima el machismo y, antes que cualquier tipo de sentimiento, la posición social.

Las mujeres infieles se cubren y luego se acusan entre ellas. Ninguna es tan osada como Anna, ninguna es capaz de defender su amor hasta las últimas consecuencias, de modo que todas guardan un perfil más bajo y tienen la desfachatez de marginarla. Por su parte, los hombres se cubren las infidelidades y hasta se felicitan por ellas… siempre y cuando no trasciendan a un nivel que ensucie su reputación. Están permitidos los galanteos con las casadas, está permitido ir de una a otra con ligereza; lo que no está permitido es ese “encaprichamiento” llamado amor. Eso, en este escenario, rebaja al hombre.


Anna es una mujer que nunca ha engañado a su marido –a pesar de no amarle-, y que adora a su hijo Seriozha, pero que cae rendida ante un amor que le toma de sorpresa y al que se siente incapaz de renunciar. Está contrariada, a la vez, por sus sentimientos y responsabilidades maternales, incapaces, sin embargo, de frenar esa desesperación por mantenerse cerca de su amado. Una de las frases que mejor describen dicha contradicción, es la que pronuncia la propia Anna acerca de su hijo: “Moriría por él, pero no viviré así por él”, añadiendo que Seiozha le perdonaría cuando se enamore.

Alexei Karenin y Anna Karenina

Vronsky, por su parte, no la tiene tan difícil en el aspecto social. El hecho de ser hombre le a varias concesiones, como la de no ser mal visto por tener alguna amante. Su verdadero problema arranca cuando empieza a vivir con Anna, quien no logra conseguir el divorcio y empieza a entrar en crisis debido al fuerte rechazo social que recibe. No sólo debe enfrentar –ahora sí- la marginación de su clase social, que no acepta su convivencia con la mujer de otro, sino también la histeria de su amante, que ya no soporta ni el encierro ni el rechazo.



Anna y Vronsky son, pues, personajes enloquecidos por el amor. Sus coqueteos parecen arrancar como un jueguillo de egos sin grandes aspiraciones, y acaba en un romance descarnado y desenfrenado. Cada uno es la perfecta representación del héroe romántico, condenado a la tragedia por defender su individualidad más allá de los límites.