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jueves, 24 de enero de 2019

“Spider-Man: Un nuevo universo” (animado)


Por: Michelle Frydlewski

En diciembre del año pasado se estrenó una película que, a un mes de su estreno, ya estaba arrasando en la temporada de premios del 2019. Spider-Man: Un nuevo universo (título original: Spider-Man: Into the Spider-Verse).

Después de ver que superó a cintas como Isla de perros de Wes Anderson y las dos apuestas de Disney (Los Increíbles 2 y Wifi Ralph), decidí que tenía que ver yo misma cuál era la emoción… y lo valió. Una trama interesante, personajes muy bien escogidos, un reparto bastante bueno y una animación, para mí, exquisita.

Vamos por partes…


Primero: la trama. Sin entrar en spoilers, la película nos presenta a Miles Morales, un adolescente que debe adaptarse a un nuevo internado para alumnos ejemplares. Miles, contrariado, decide acudir a su tío por un consejo y, para no fregarles la primera parte de la peli, por si no saben qué pasa, termina convirtiéndose en Spider-Man. Como bien vemos en el trailer, un villano trae a múltiples versiones de Spider-Man de universos paralelos.

Personalmente, hay partes de la trama que me parecen gratuitas: conflictos que se solucionan porque deben solucionarse, puntos que se cierran sólo por cerrar. Entiendo que quisieron mantener la película ligera para mantener la clasificación de “apta para todo público”, pero el desarrollo podría haber sido más profundo y estar mejor justificado.


Algo que me molestó MUCHÍSIMO de mi experiencia con esta película nada tiene que ver con la cinta, sino de la proyección en cines: en todo Lima, había UNA sola función de la película subtitulada. UNA. De entre las más de 40 que conté.

Gracias a la sede de San Miguel por tener una función subtitulada (y bien de noche), porque el elenco está increíble en idioma original. Spider-Man Noir lleva la voz de Nicholas Cage y ese solo hecho ya debería ser suficiente. Hailee Steinfeld, Liev Schreiber y Mahershala Ali (Moonlight, The Green Book) forman parte del elenco también.

Ahora… los personajes. Spider-Ham y Spider-Man Noir son los personajes que aportan la mayor dosis de humor. Dos estilos muy distintos de humor que se complementan muy bien entre ellos.

El Spider-Man de Miles Morales es lo que uno se imaginaría de un adolescente que de un momento a otro tiene super poderes y poco a poco va aprendiendo a dominarlos (puntos extras por mostrar su aprendizaje y no siendo maestro desde el primer momento).

Y ahí nomás lo dejo para no soplar todo… no sin antes declararme hincha de Gwanda y su traje.


Lo que más me ha gustado de toda la película, definitivamente es el estilo de animación. Por unos momentos se sentía stop-motion, por otros 100% animación digital (es animación computarizada, ya lo sé, no lo pongo en duda) y otros más, parecía que estaba observando un cómic tal cual.

El hecho de usar una base tan peculiar y terminarla con una sensación de historieta crea una animación que, en primer momento, puede resultar un poco incómodo… pero después de los primeros minutos te atrapa y te fascina por esta mescolanza artística que funciona tan bien en pantalla.

Las escenas a mitad y final de los créditos -¡por dios!- no sólo nos entregan una genial secuencia de créditos iniciales, sino que nos regalan una bellísima canción navideña cantada por el mismísimo Peter Parker, y la escena post créditos más graciosa de la historia de Marvel. Es un meme, literalmente. Nunca antes había estado tan feliz de quedarme hasta el final de los créditos de alguna película.


Un Golden Globe y un Critics Choice más que merecidos. Aunque Isla de perros y Los Increíbles 2 fueron de mis películas favoritas del año pasado, entiendo perfectamente por qué este film ha arrasado hasta ahora en la temporada de premios y en la taquilla.

Definitivamente recomiendo que la vean, especialmente, en idioma original. Los que ya la vieron, ¿qué opinan? ¿Les parece digna de los premios que ha ganado? ¿Les parece un fiasco y un robo a otra película? ¡Dejen sus comentarios!


Ficha técnica

Dirección: Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman
Producción: Christina Steinberg, Amy Pascal, Avi Arad, Matt Tolmach, Phil Lord
Guión: Chris Miller, Phil Lord
Idea original: Alex Hirsch, Phil Lord, Christopher Miller
Música: Daniel Pemberton
Reparto: Shameik Moore, Hailee Steinfeld, Mahershala Ali, Jake Johnson, Nicolas Cage, Liev Schreiber
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2018
Género: Animación, superhéroes, aventura
Duración: 120 minutos




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martes, 15 de diciembre de 2015

“Un gran dinosaurio”: Una aventura no tan para niños



Por: Nicole Barrera

¿Alguna vez te preguntaste qué hubiese pasado si el meteorito que acabó con los dinosaurios jamás se hubiese estrellado contra la Tierra? Si tu curiosidad es tan grande como la mía, no puedes dejar de ver Un gran dinosaurio, película de Disney-Pixar que parte de esta pregunta.

Nos trasladamos muchos siglos atrás, hacía la prehistoria, donde nos encontramos con una extraña evolución en los dinosaurios. La historia tiene como eje central a una familia de apatosaurios granjeros (sí, como leyeron, granjeros). Siendo herbívoros, cultivan su propia comida (a esto me refería con “extraña evolución”; También hay t-rex rancheros).


Toda la comida que es cosechada por la familia, es almacenada en una torre; el problema, es que tiende a desaparecer. Nuestro protagonista, Arlo, el más pequeño de los trillizos apatosaurios, y es tan miedoso, que hasta un pollo prehistórico le asusta. Cansado de vivir en la sombra de sus hermanos mayores Buck y Libby, Arlo decide atrapar a la criatura misteriosa que se come la comida que han cosechado para el invierno, para así probarse ante todos.

Sin embargo, un error por parte de Arlo al reconocer a su objetivo, trae consecuencias desgarradoras… El pequeño humano-perro “causante” de la tragedia empieza a proteger al dinosaurio a partir de entonces. Se siente agradecido de que le haya dejado con vida. Inevitablemente, y por el contrario de sus propias expectativas, Arlo acaba agarrándole cariño y nombrándole “Spot” (el nombre más común en los perros).


Vale decir que los padres han denominado a Un gran dinosaurio como “la peor película de Pixar”. A mi parecer, esta sentencia es equivocada. Los padres han hecho un escándalo debido a una escena de drogas, donde Arlo y Spot consumen frutas fermentadas que les hacen alucinar. Sin embargo, se olvidan de películas como Pinocho o Dumbo, donde los protagonistas tienen experiencias parecidas. Dumbo se intoxica con un vaso de vino, y Pinocho, luego de fumar mucho, cambia de colores. Esto sin olvidar, por supuesto, Alicia en el país de las maravillas (esa película es una pastrulada total…).

En lo personal, considero la trama un poco lenta, pero hubo momentos donde sentí que se me paraba el corazón. Es increíble cómo se puede transmitir tanto sin tener que hablar. Una de mis escenas favoritas es aquella en la que los personajes hablan sobre la muerte de sus seres queridos; no eres humano si no lagrimeas con este filme. En cuanto a los gráficos, me atrevo a decir que supera a todas sus antecesoras; son alucinantes, incluso hay partes en que parecen fotos.


Por otra parte, si bien la película se encuentra en un formato para niños (por el tipo de animación), diría que está más enfocado hacia un público adulto. No lo digo por la escena de drogas, sino porque pienso que madurar es algo difícil de entender para un niño, y tener en cuenta la muerte como quiebre para lograr este objetivo, es algo fuerte.

**ALERTA SPOILER**

La muerte del padre de Arlo me recordó mucho a El rey león. Ambos niños se tuvieron que hacer hombre tras la muerte de sus padres. La única diferencia, es que aquí vemos el viaje completo del joven dinosaurio: cada tropiezo, cada caída… y déjenme decir que son miles, hasta que finalmente se hace hombre. 


Un gran dinosaurio es un filme que conlleva varias lecciones: tener el valor para vencer nuestros miedos, sacrificarnos por la felicidad de otro, hacer lo correcto, y continuar nuestras vidas después de los golpes.

Salí de la sala de cine sintiéndome melacólica, pues es una película triste, pero entendí que su distinción radicaba en eso: en ser realista. La vida tiene cosas duras y es tiempo de que los niños lo sepan.

Un gran dinosaurio se encuentra actualmente en cartelera. Los invito a darle una mirada y sacar sus propias conclusiones.



Ficha Técnica:

Dirección: Peter Sohn
Producción: Denise Ream
Guión: Bob Peterson, Peter Sohn, Erik Benson, Meg LeFauve, Kelsey Mann
Música: Mychael Danna, Jeff Danna
Montaje: Meg LeFauve
Reparto: Raymond Ochoa, Jack Bright,  Sam Elliot, Anna Paquin
País: Estados Unidos
Año: 2015
Idioma: Inglés
Género: Animación

martes, 10 de noviembre de 2015

“Máxima Precisión”: una atípica visión de la guerra



Por: Sergio Lescano

Máxima precisión, dirigida por Andrew Niccol, es la antítesis de una película de guerra. Es más, si la ponemos al costado de Rescatando al soldado Ryan (Steven Spielberg), Apocalypse Now (Francis Ford Coppola) o Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood), sería la oveja negra del grupo sin lugar a dudas. Y es que Máxima Precisión presenta un lado de la guerra que no se ve muy seguido en el cine: el moral. Esta película, en vez de mostrarnos las vicisitudes que vive un grupo de soldados en terreno enemigo, ensordecernos con explosión tras explosión, o exacerbar la guerra y presentarla como algo victorioso y rimbombante, se preocupa por adentrarnos en la psique de su protagonista, Thomas Egan, interpretado por un casi irreconocible Ethan Hawke. Es la guerra interna que lucha Thomas contra sí mismo la que nos presenta Niccol… y vaya que es una confrontación interesante de presenciar. En este sentido, podríamos decir que Máxima Precisión está en el mismo grupo al que pertenecen la galardonada The Hurt Locker (Kathryn Bigelow)  y la menos conocida Brothers (Jim Sheridan).  Estas tres películas, incluso, podrían conformar una especie de trilogía no oficial, con la culpa experimentada a raíz de la guerra como eje central en las tres.


Thomas Egan, piloto de la fuerza aérea norteamericana, es transferido a la unidad UCAV (vehículos aéreos de combate no tripulados) cuando la demanda por aviones piloteados baja. Conforme avanza la película, Egan no solo trata de  adecuarse al ritmo de un piloto de drones, sino que se ve inmerso en situaciones que lo obligan a preguntarse por qué es que extraña tanto el combate directo, y a la vez, por qué recién ahora, que se encuentra alejado del campo de batalla, ha comenzado a sentir algo que antes le era totalmente esquivo: la culpa y el remordimiento. Aturdido por estos sentimientos, Egan examina, a lo largo de la película, sus verdaderas motivaciones, y experimenta cómo la guerra lo va disociando poco a poco de su vida familiar.



La película pinta un retrato sumamente sombrío de la guerra, y este es su mayor mérito. Una cinematografía sobria, opaca y tan cruda como la guerra misma, es el fondo perfecto para diálogos carentes de clichés y abundantes en realismo. Cuenta –además-, con actuaciones convincentes, lideradas por un asombroso Ethan Hawke –absolutamente distinto al Ethan del que muchos se enamoraron en Before Sunrise-. La acertada dirección de Niccol se evidencia más en las escenas en las que Egan y su equipo reciben órdenes de la CIA de lanzar misiles a espacios geográficos específicos. Viendo en la pantalla a aquellos que morirán, segundos después de apretar un botón desde su cómoda y muy bien ventilada cabina de control, Egan comienza a tener una crisis de moral, justo delante de nuestros ojos. Algo admirable de la película es que esta crisis sale de la pantalla y llega hasta el espectador mismo, tomándolo por sorpresa. Y es que cuando vemos películas de guerra, estamos acostumbrados a dejar colgada la conciencia y a “disfrutar” con el arsenal de explosiones y balazos que visualizamos. Estamos bastante desensibilizados en lo que respecta al dolor ajeno, y más a aquel presentado en las películas de guerras más “típicas”. Lo que Niccol logra en Máxima Precisión es justamente que sintamos de nuevo. Nos hace cuestionarnos y, sin caer en lo manipulativo, nos incita a tomar una posición frente a la realidad que vemos. Nos devuelve la sensibilidad, en otras palabras y es un viaje nada menos que fascinante el que nos hace tomar.


Por su originalidad; por la gran actuación de Hawke que ancla el film, y por el test de moral que viene adjunto a la película, Máxima Precisión es una muy buena opción para disfrutar en el cine. Eso sí; no esperen un Pearl Harbor, sino un relato que refleja el lado más oscuro de una de las más oscuras realidades de la humanidad. 



Ficha técnica


Dirección: Andrew Niccol
Producción: Andrew Niccol, Mark Amin, Nicolas Chartier, Zev Foreman
Guión: Andrew Niccol
Reparto: Ethan Hawke, January Jones, Zöe Kravitz
Música: Christophe Beck
Idioma: Inglés
Género: Drama bélico
Duración: 102 minutos


sábado, 26 de septiembre de 2015

Tan real, que incomoda

“Ella y Él”: un drama descarnado y extremadamente realista


Por: Alexiel Vidam

Salí de ver Ella y Él y me quedé pens­­ando: en la sensación perturbadora de las imágenes, en los huecos sin sonido y en un final que no parece final… o no, digamos “un final de película”.

Lo que parece pretender su autor, Frank Pérez-Garland, es crear precisamente eso: un retrato imperfecto de la realidad; de la realidad de las parejas. Nos engaña, sin embargo. Nos ilusiona con una entrada que, aunque un poco cliché (“chico conoce chica”), acaba siendo encantadora por el carisma de sus personajes, su espontaneidad e irreverencia. Ella y Él, interpretados por Vanessa Saba y Giovanni Ciccia, son adultos bordeando los 40, pero conservan un espíritu rebelde, un sarcasmo marcadamente juvenil, y un sentido irónico de la vida. Ambos están unidos por la desazón y la confusión, y eso es lo que genera el primer “crash”, el primer “impacto”.


Es una atracción indiscutible, que se desborda, que se siente escapar de la pantalla. Los personajes se desean, parecen comenzar a quererse… parece… o es que quizás la cosa es muchísimo más compleja –aquí, y en la vida real-, de lo que queremos ver usualmente.

La emoción es una montaña rusa, y todo pico conlleva un declive… Mientras más alto el pico, más estruendosa es la caída. Ella y Él no se comprenden. Cada uno parece encerrado en su propio universo, en su propio ego, en su propio pasado. Ninguno es capaz de ser lo suficientemente sincero o transparente. Ella piensa en hacerle feliz a SU manera, de las formas en que ella cree –según su perspectiva- se puede hacer feliz a una persona; según lo que a ella misma le haría feliz. Él, por su parte, es un tipo no menos egoísta y sí más agresivo. Incapaz de ver los esfuerzos de ella, Él nunca está contento, él nunca baja guardia. Parece siempre llevar un escudo… un escudo con malla eléctrica además, donde cada intento de acercarse es una explosión.


Por alguna razón, ellos siguen ahí. Y por alguna razón, los quiebres y giros empiezan a darse, como una metáfora del real sinsentido en que vivimos, al cual buscamos sobrevivir. Ella y Él se transforman. Ella y Él se acomodan, Ella y Él siguen un camino que no saben, ni sabemos con certeza, a qué llevará.

Y es que esa sensación fuerte es la que nos deja finalmente la película: incertidumbre, vacío, incomodidad… y sin embargo, nos sentimos remecidos por dentro. Queda un deseo de haber visto más, un ansia frustrada de querer llegar a alguna conclusión determinante; buena o mala, pero determinante; no como en la película; no como en la vida.


Pienso que ahí radica el encanto de Ella y Él. Ahí también está la justificación de su simpleza en el manejo técnico. Los ambientes son cotidianos: las calles de Miraflores, el malecón, el departamento del propio director inclusive se convierte en escenario. Todo muy sencillo, muy normal, muy cercano.

La música es escasa, pero precisa; los temas bien elegidos de acuerdo a la emotividad de cada escena. Imposible no sonreír un poco con la parte en que Vanessa Saba empieza a despotricar contra el mundo a través de El Asesino de la Ilusión de Ni Voz Ni Voto (cover de Leuzemia). Precisa también la canción No me imagino, originalmente de la banda española Los Secretos, pero aquí interpretada por Vanessa Saba en una versión más lenta y descarnada.


Las actuaciones fluyen con naturalidad. Los personajes están llenos de matices y las interpretaciones saben plasmar esa ambigüedad, complejidad. El personaje de Giovanni Ciccia comienza siendo muy simpático, luego pasa por momentos insoportables que desencajan al espectador, y finalmente baja su intensidad, para alcanzar una armonía que en realidad siempre estuvo a su lado. Vanessa no cambia tanto, pero se muestra compleja de inicio a fin, revelando poco a poco los motivos que la han llevado a desligarse de su pasado y de sus raíces.

Tal vez, lo único que aporta cierta “anormalidad” al filme, son los cortes bruscos; los pantallazos negros entre secuencia y secuencia que siempre parece incompleta, que siempre deja ese golpe seco y vacío, que te quita el aire. Viéndolo de esa forma, Ella y Él es también un entretejido de pequeñas historias inconclusas sobre la relación entre dos personajes.


Una película para sentir. Véanla.


Ficha técnica:

Dirección: Frank Pérez-Garland
Producción: Gustavo Sánchez
Guión: Vanessa Saba, Frank Pérez-Garland
Dirección fotográfica: Roberto Maceda Kohatsu
Dirección artística: Hiromi Shimabukuro
Música: José Manuel Barrios
Montaje: Ángela Vera Temoche
Reparto: Vanessa Saba, Giovanni Ciccia, Gianella Neyra, Alejandra Saba, Lucho Cáceres, Rodrigo Palacios, Claudia Berninzon
País: Perú
Año: 2015
Género: Drama
Duración: 100 minutos




martes, 21 de julio de 2015

Bomba lacrimógena neurocientífica en paquete animado… o más conocida como “Intensa-Mente”



Por: Alexiel Vidam

Intensamente profunda, intensamente compleja, intensamente emotiva, intensamente exquisita… A Intensa-Mente (Inside Out) no le podía caer más a pelo el nombre. Y es que si bien con los años somos testigos de la complejidad que van ganando las películas “para niños”, en esta ocasión, Pete Docker y los estudios Disney-Pixar, se mandaron a conmovernos con un sofisticado estudio de la mente humana.


¿De qué va esto?


Básicamente, de las emociones.

Riley es una niña de Minnesota. Con 11 años de edad y en plena etapa de cambio (paso de la
niñez a la adolescencia), sus padres deciden mudarse a San Francisco. El ambiente distinto, la nueva escuela y las nuevas caras no le sientan bien, pero hace lo posible por adaptarse. Después de todo, siempre ha sido una niña feliz y no quiere que sus padres se sientan tristes.

Hasta ahí, la situación es bastante cotidiana y familiar, pero no especialmente novedosa o compleja. Lo que convierte a Intensa-Mente una verdadera obra de arte, es lo que sucede en el interior de Riley.

En su cabeza, habitan cinco carismáticos y dispares personajes: Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia. Cada uno de ellos, aunque distintos entre sí, son necesarios de algún modo para que Riley se encuentre segura y feliz. A su vez, son los encargados de monitorear las “islas de la personalidad”, que –valga la redundancia- forjan la personalidad de Riley.


De izquierda a derecha: Furia, Desagrado, Alegría, Temor y Tristeza.

A partir de la mudanza y del paso a la pubertad, aparece la crisis. Tristeza, involuntariamente, empieza a tocar los pensamientos de Riley, quien se siente sumergida en un estado melancólico. Alegría, preocupada, hace lo posible por recuperar el control, obligando a Tristeza a mantenerse lejos del tablero de mando. Pero Tristeza es torpe, se deja arrastrar constantemente por su estado bucólico y provoca derrumbes dondequiera que esté; de modo que los intentos de Alegría, por el contrario de arreglar la situación, acaban arrastrando a las dos hacia la memoria a largo plazo; bastante lejos del centro de control de la mente.



Por su parte, y mientras Tristeza y Alegría luchan por regresar, Furia, Desagrado y Temor, deben seguir controlando el mando. A menudo ellos intentan actuar como Alegría –su indiscutible líder-, pero, al no ser parte de su naturaleza, no lo consiguen. Sus fallidos intentos, por el contrario, provocan una serie de choques emocionales tan pero tan desastrosos, que sólo pueden acarrear hacia el bloqueo mental.



Retratando emociones

Uno de los puntos más fuertes de película, es lo bien que están reflejadas las emociones, así como todo el proceso de entrada y salida de la depresión (porque sí, aunque suene duro para este tipo de filmes, se trata de depresión).

Por lógica, Alegría es la más optimista, Furia es un reclamón, Desagrado es sarcástica, Temor es asustadizo, y Tristeza es exageradamente lánguida. Lo interesante, es que hay momentos específicos en los que, estas mismas emociones, muestran matices de otros estados anímicos (cuando Alegría llora, por ejemplo). Esto, por una parte, es un recurso para conectar con el público (la emociones han sido convertidas en personajes), pero funciona también como metáfora de la realidad, donde ningún estado anímico es puro, sino que interactúa y se entremezcla con otros estados emocionales.



No por cualquier cosa, además, es que la Alegría y la Tristeza son co-protagonistas de la aventura en la mente de Riley. Estas emociones son opuestas, pero a la vez son co-dependientes, pues en la praxis sería imposible distinguir a una sin conocer a la otra. Al mismo tiempo, el enfrentamiento y el extravío de estos dos sentimientos, alude a lo que sucede en la depresión: Primero, niegas lo que te afecta e intentas seguir con tu vida normal. Pretendes estar feliz y haces lo imposible por mantener la tristeza a raya. No obstante, ésta va ganando terreno hasta que te colapsas; eres incapaz de reír pero estás muy cansado para llorar. En ese momento aparece el temor a la incertidumbre; la incomodidad-impotencia-desagrado ante la situación desemboca en estallidos de furia. Finalmente, tus emociones se estrellan tanto entre sí, que se “apagan”, originando apatía.


Cabe anotar, que esto guarda estrecha relación con la forma progresiva en que van derrumbándose las islas: Primero se apaga la Isla de las Bobadas (pierdes tu sentido del humor), luego la de la Amistad (te aislas), después la del Hockey (te sientes tan frustrado, que abandonas lo que te gusta), le sigue la de la Honestidad (la confusión provoca desconfianza… y fallas), y por último, se apaga la Isla de la Familia (en líneas generales, la familia es siempre la última en apartarse).


La importancia de la tristeza

Si bien es evidente que Alegría es la líder de la campaña, la protagonista del filme acaba siendo Tristeza.

La tristeza es una emoción que con frecuencia tratamos de evadir, bloquear, o incluso erradicar –como si fuese posible-. Sin embargo, la tristeza es la emoción que nos permite sentir empatía hacia otras personas; la que nos conmueve y nos vuelve solidarios. Es, pues, la emoción que fortalece los lazos de amistad, ya que cuando ella surge, los amigos te devuelven la sonrisa (la tristeza, acaba generando alegría –y aquí otra correlación-).



Cuando entendemos esto último, es que damos un paso más en la propia maduración. En la película, Alegría comprende la importancia de Tristeza como parte de la vida de Riley; es ahí que se reactivan sus Islas de Personalidad, y aparecen varias otras, correspondientes a otra etapa más compleja y con nuevas dimensiones.




Ficha técnica:

Dirección: Pete Docter
Producción: Jonas Rivera
Idea original: Pete Docter
Guión: Michael Arndt
Música: Michael Giacchino
Montaje: Kevin Nolting
Reparto: Amy Poehler, Phyllis Smith, Richard Kind, Bill Hader, Lewis Black, Mindy Kaling, Kaitlyn Dias, Diane Lane, Kyle MacLachlan
País: Estados Unidos
Año: 2015
Género: Animación, Comedia
Duración: 103 minutos
Idioma: Inglés
Distribución: Walt Disney Pictures, Pixar



martes, 7 de julio de 2015

De vuelta a las raíces

Terminator Genisys o el nuevo inicio del inicio




Por: Alexiel Vidam

Hace unos días fui a ver Terminator Genisys, un poco con entusiasmo, un poco con el miedo típico que se suele tener al prepararse para ver una secuela. Si bien me considero hincha del universo Terminator, hay que admitir que entre película y película, ha habido alguna que otra caída fuerte. Y es que por regla general todos amamos los filmes que nos dio James Cameron (The Terminator y Terminator: Judgment Day), pero hemos sentido cierta desazón al observar las secuelas posteriores (Terminator: Rise of the Machines y Terminator: Salvation).

Con Terminator Genisys me llevé una buena sorpresa. No sólo despierta el filin de las primeras Terminator; de por sí la película mantiene la emoción en todo momento, con un equilibrado empleo de escenas de acción, toques de humor, y nuevos bucles temporales que nos llevan a remembrar y conectar con las partes anteriores.

Vale decir, entonces, que esta última versión no podría considerarse del todo un reboot, pues toma en cuenta elementos de toda la saga.


Nuevos bucles y viajes en el tiempo

Kyle Reese
En esta nueva versión, viajamos nuevamente a 1984, reviviendo la llegada de Kyle a ese año en The Terminator. Sin embargo, por el contrario de lo que recordamos de esa película, aquí nos encontramos con una Sarah Connor que conoce perfectamente su destino -ser la madre la madre de John Connor- y todo lo que eso implica.

Sucede que tantos viajes y alteraciones en el tiempo, han acabado por revelarle a Skynet su posible derrota en el año 2029, de modo que, en lugar de enviar su primer androide al año 1984, opta por mandar un T-1000 al año 1973, para eliminar a Sarah Connor cuando aún es niña. Afortunadamente, un reprogramado T-800 logra rescatarla tiempo y revelarle lo que le deviene el futuro.  


Este hecho es crucial no sólo en la temprana preparación de Sarah Connor para todo lo que le espera, sino también en las siguientes acciones de Skynet, que optará por recrearse a sí mismo bajo la forma de un programa computacional en línea llamado “Genisys”,  deparado recién para el 2017.

Sarah Connor y su "guardián" el T-800
Como es de esperarse, se arma una maroma de paradojas que traslada la acción hacia cuatro distintos años: 2029 (año en que John Connor envía a Kyle Reese al pasado), 1984 (año al que viaja Kyle Reese), 1973 (recuerdos de la infancia de Sarah Connor y su interacción con los terminators), y 2017 (año al que viajan Sarah y Kyle finalmente para detener a Skynet).


Directa al “filin”


Personalmente, lo más resaltante de la película, es capacidad para transmitir emoción y el ingenio con el que maneja el asunto de los viajes temporales. Si bien de buenas a primeras el tema parece complejo, el filme sabe manejarlo de manera inteligente, explicándolo paso a paso y sin sacrificar por ello el ritmo narrativo.

Los personajes, están actualizados, refrescados a un tiempo más moderno, pero conservan la esencia de sus antecesores del mismo nombre. La nueva Sarah Connor (Emilia Clarke) recuerda, por su vestimenta y actitud aguerrida, a la Sarah Connor que interpretó Linda Hamilton en Terminator: Judgment Day, sólo que con una actitud bastante más relajada y ademanes parecidos a los que tenía el personaje de John Connor en esa misma película (en este nuevo filme, es ella quien se encarga de “humanizar” a su Terminator). De hecho, la rudeza de la protagonista choca con la personalidad de Kyle Reese (Jai Courtney), quien suponía haber ido al pasado para rescatar a una joven insegura e indefensa.

"¡Ven conmigo si quieres vivir!"

Por otra parte, volver a ver a Schwarzenegger en el papel del T-800 es un lujo de la película, una marca particular que se había dejado extrañar Terminator: Salvation. El papel que interpreta Arnie en esta ocasión, es similar al que observamos Terminator: Judgment Day y Terminator: Rise of the Machines: un amigo y un protector, una máquina que demuestra sentimientos muy a pesar de su naturaleza robótica, y que tiene esos toques infantiles al tratar de imitar la expresividad humana.

El entrañable T-800

El aspecto visual también está muy bien trabajado. Los efectos nos trasladan al lugar de la acción sino y nos hacen vivir la adrenalina. Es riquísimo, además, apreciar todos los guiños a las películas anteriores, tanto con la repetición de frases célebres (“¡Ven conmigo si quieres vivir!”) como con la construcción de escenas similares (el enfrentamiento con el T-3000 en la corporación Cyberdine recuerda muchísimo a la escena de Terminator: Judgment Day en la cual Sarah, John y el T-800 se enfrentan al T-1000 en Cyberdine Systems). Tomando en cuenta, además, que volvemos a ser testigos de la llegada de Kyle a 1984, apreciamos también la aparición del primer T-800 y una nostálgica reconstrucción de la escena en que asalta a un grupo de punks para quitarles sus ropas.


Particularmente disfruté mucho viendo esta película, hecha el fan de Terminator. Precisa para quien guste de los filmes de acción y toques futuristas, pero haya tenido también la oportunidad de ver las precuelas. Esto último importante, ya que de no ser así, no contará con los antecedentes argumentales necesarios para entender la historia, ni sentirán esa emoción melancólica del seguidor de la saga, al recordar antiguas escenas.




Ficha técnica

Dirección: Alan Taylor
Producción: David Ellison, Dana Goldenberg
Guión: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier
Música: Christophe Beck
Fotografía: Kramer Morgenthau
Montaje: Roger Barton
Reparto: Arnold Schwarzenegger, Emilia Clarke, Jason Clarke, Jai Courtney, J.K. Simmons
País: Estados Unidos
Año: 2015
Género: Ciencia ficción, Acción, Aventura
Idioma: Inglés



sábado, 30 de mayo de 2015

Estrellada en la carretera

… O por qué NO me gustó Mad Max: Fury Road…



Por: Alexiel Vidam

He visto Mad Max: Fury Road (George Miller - 2015) dos veces… Una vez en el cine –por el entusiasmo de un amigo hincha de la saga setentera-, y otra vez  en mi computadora, por un esfuerzo personal de encontrarle la genialidad… o de corroborar mi mala impresión de la primera vez.

Siendo sincera, no he podido comprender el motivo por el cual la crítica le ha reventado tantos cohetes a esta película, ni por qué hasta el momento no he encontrado una sola crítica por lo menos equilibrada sobre sus puntos a favor y en contra. Así que, bajo el riesgo de convertirme en blanco de bullying virtual, explicaré por qué motivos Mad Max: Fury Road, me ha parecido uno de los filmes más aburridos e insípidos que he visto en bastante tiempo.



*ATENCIÓN A SPOILERS*


Para comenzar, una trama floja, plana, prácticamente sin puntos de climax. La narrativa es extremadamente lineal y el argumento simplista: Estamos en un futuro postapocalíptico. Las guerras nucleares han convertido el mundo en un desierto donde los objetos más preciados son el agua y la gasolina.


Hasta aquí vamos bien, hay que admitirlo. La forma de presentar este futuro es distinta a la de otros universos distópicos; algo así como un retorno a la Edad Media, pero con vehículos gasolineros (vale decir también, que el concepto es el mismo de los Mad Max de los 70s, de modo que hasta ahí, lo que tenemos es solamente un respeto a las raíces).

Sin embargo, el inicio entusiasta se queda en ello: en el inicio. Tras ello la historia se desinfla rápidamente, en gran medida, por la falta de profundidad de sus personajes.

Max
Primero tenemos a Max (Tom Hardy), el protagonista. Él nos explica rápidamente lo que le ha sucedido al mundo, y añade que actualmente le acosan los fantasmas del pasado: los recuerdos de aquellos a quienes no pudo proteger. Ahora sólo le interesa sobrevivir. Después de eso, a decir verdad, Max no tiene un sólo diálogo interesante. De hecho, casi no habla. Su personaje es inexpresivo y plano. No es más que un sujeto duro con muchas ganas de escapar y patear traseros. Sus alucinaciones también desaparecen por completo hasta el final de la película; alucinaciones que, por cierto, son prácticamente las mismas del inicio, de modo que no aportan alguna información extra del personaje. La sensación que queda al culminar el filme, es de que no sabemos absolutamente nada acerca de su “héroe” (o antihéroe), y se supone que esta entrega debería comprenderse en sí misma, al margen de haber o no visto la trilogía setentera.

Luego, está Furiosa, interpretada por Charlize Theron.

Todas las críticas que he leído hasta el momento (bastantes), se han detenido a elogiar al personaje, dado que –según ellas- representa la encarnación del feminismo en pantalla. ¿A qué se debe esto? Lo único que se me ocurre, es que se refieren a que ella le roba bastante cámara al protagonista. Si bien la película pertenece al universo de Mad Max (remarcando el nombre de Max en el título de la saga), el verdadero foco parece ser Furiosa. Ella ha sido una de las secuaces de Immortan Joe (el tirano de turno) y, por alguna razón inexplicable, justo ahora –después de años de sumisión-, ha decidido huir y rescatar de paso a tres “reproductoras” (esclavas bonitas con cero materia gris que le dan hijos a Immortan Joe).


Furiosa

Vale. Hay que reconocer que Furiosa crea el “problema”; da el giro y, por lo tanto, crea el nudo de la historia. Aun así, me parece que es sobrevalorar excesivamente al personaje, decir que gracias a ella el filme aporta algún mensaje feminista. Furiosa es una mujer ruda y con ciertos rasgos de valentía, pero esta valentía, la intuimos únicamente de su acto de rebelión. Entendemos que, para oponerse a Immortan Joe, ella tiene que ser valiente. No obstante, tampoco conocemos ni de lejos al personaje. Sólo sabemos que fue secuestrada y obligada a convertirse en comandante. Nunca suelta alguna frase memorable; tampoco presenta matices, y en realidad lo único que la convierte en foco de la historia, es el hecho de saber pelear y que conduce la camioneta la mayoría del tiempo. Fuera de eso, no hace nada interesante. Y de las otras féminas que la acompañan, ni qué decir… De esas tres se nota que sólo han servido para procrear, porque ni siquiera demuestran la convicción suficiente en el deseo de ser libres. Prácticamente, Furiosa las arrastra.


Otro personaje al que podríamos considerar “importante” (ninguno hace más que pelar, huir y manejar autos), es Nux (Nicholas Hoult), un “warboy” (en cristiano perucho, un “carne de cañón y chupamedias del tirano”). Este warboy presenta carácter más voluble que el de una quinceañera, pues al principio le vemos vitoreando y defendiendo a capa y espada a Inmortan Joe, con un fanatismo casi religioso; sin embargo, de un momento a otro (“de la nada”, me atrevería a decir), decide que Immortan Joe le aterra y que podría quitarle la vida. ¿Qué hace entonces? Unirse al bando de los “buenos”. Ahí, inexplicablemente es recibido con tanta cordialidad, que hasta una de las huequísimas reproductoras –olvidando completamente que Nux era su enemigo-, le sujeta en brazos y le besa (*kill me right now*).

Nux y reproductora

Y en la otra esquina, está el villano: Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), un tirano cuyo único rasgo de autoridad es, verdaderamente, su repugnante apariencia física. Además de su figura grotesca y sus formas vulgares, no hay nada en él que provoque temor o transmita superioridad. Tampoco sucede, como en las historias de terror o suspenso, que nos sintamos acosados por la presencia de un antagonista que parece omnipresente. Por el contrario, Immortan Joe casi no tiene presencia en el filme. Le vemos aparecer en la introducción de la película (quizás el único momento en que refleja cierto poderío); luego tiene alguna entrada y salida insignificante en el medio (manejando autos –como todos los demás personajes-, o haciendo algún berrinche porque se le han escapado sus mujeres), y reaparece otra vez recién al final, en una patética caída. Por donde se le mire, un villano sin peso.


Immortan Joe y sus waboys

La forma en que se presentan los hechos tampoco es –en absoluto-, verosímil; es más bien sosa e incluso absurda dentro (de su propio contexto).

Los personajes sabotean un plan de Immortan Joe y emprenden la huida. Son seis insignificantes gatos huyendo por el desierto (de los cuales tres son las reproductoras, cuya inutilidad es total para el combate). Después se les unen dos viejas que también están casi de adorno, pues lo único que hacen es redundar en que el mundo se ha ido al demonio, y en que no hay escapatoria (todo de forma muy rápida y sin entrar en detalles que aporten al menos un poco de dramatismo). Tras esto, resulta que, luego de la corredera de casi dos horas por el desierto, los ahora siete gatos (cae uno) tienen que volver al punto inicial, para tomar la ciudadela de Immortan Joe. O sea, que no sólo la corredera ha sido en vano, sino que ahora se espera que nosotros –espectadores-, nos traguemos que los siete gatos que al principio huían asustados, vayan a poder vencer –ahora sí, como si nada- a Immortan Joe y tomar el mando de la ciudadela entera (donde, por supuesto, Immortan Joe tiene muchísimos fieles). Ridículo.




Por si fuera poco, las peleas casi  ni se aprecian. Todo es explosión y choque de autos (sin mucho detalle) o masas de cuerpos indistinguibles; no hay adorno ni apreciación clara de combates uno a uno. Tampoco hay identificación con los personajes, de modo que, cuando uno muere, el espectador no se siente afectado.

Los únicos puntos rescatables que he encontrado, son la fotografía y la música. Hay que admitir que estos últimos sí son puntos fuertes, pero, por lástima, por mejores que sean, no consiguen rescatar un guión extremadamente flojo y sin picos. 



...Honestamente, el trailer vende mucho para lo que en verdad es...
#Fin