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viernes, 1 de septiembre de 2023

“Gattaca”: Genéticamente determinados

 Por: Alexiel Vidam

¿Y si tu destino estuviese escrito desde antes de tu nacimiento? Pero no, no estoy hablando de algún mandato divino, sino del terrenal deseo de tus padres y de los hombres de laboratorio.

En el futuro no tan lejano de Gattaca (1997), los seres humanos han dejado de reproducirse de manera natural, optando por la fecundación in vitro. Mediante este proceso, la ciencia permite diseñar bebés con determinadas características y eliminar la predisposición a enfermedades. Vincent (Ethan Hawke), sin embargo, pertenece a la minoría de “hijos de Dios”, seres humanos concebidos de manera natural, que ahora son identificados como una clase inferior. Vicent sueña con viajar al espacio, pero los de su categoría están destinados a ejercer únicamente como mano de obra no calificada. Por este motivo, cada día se acicala a profundidad y carga muestras ajenas de sangre, orina, cabello, etc. Con ellas, pretende burlar al sistema y alcanzar su objetivo.

Uno de los puntos más interesantes de esta película, es que cuestiona la ética de la ingeniería genética y las nuevas formas de discriminación que podrían surgir a partir de ella. Vincent no es sólo menospreciado por su entorno (y esto incluye a su propia familia), sino que incluso se convierte en principal sospechoso de un crimen únicamente por ser “inválido” (otra forma de llamar a los humanos concebidos naturalmente). Al mismo tiempo, destacan la tenacidad y determinación del protagonista en su lucha por vencer a una sociedad estructurada para no dejarle crecer. Vincent es, sin duda, la esperanza y la resiliencia hechas persona.

En el otro extremo del espectro se encuentra Jerome (Jude Law), el humano modificado y ex estrella de natación que le cede su identidad a Vincent. Jerome se encuentra paralítico tras un fallado intento de suicidio. A diferencia de Vincent, él tiene todas las oportunidades a sus pies, pero aun siendo hijo de la ciencia, no alcanza la perfección que desea, y eso lo está matando.

La química que surge entre Vincent y Jerome es interesante. Mientras Jerome es ácido y amargado, Vincent es entusiasta e idealista. Poco a poco, el espíritu del segundo va contagiando al primero, haciendo que se sienta parte del mismo sueño. De algún modo, Vincent y Jerome son las dos caras de una misma moneda: víctimas de una sociedad cruel y deshumanizante, que anula toda fe en la voluntad con su determinismo extremo. 

En cuanto a la parte estética, cabe destacar el simbolismo genético, especialmente en la escalera del apartamento de Jerome, en forma de estructura de ADN. El propio nombre Gattaca es una combinación de las letras que representan las cuatro bases nitrogenadas que componen la cadena de ADN: guanina (G), adenina (A), timina (T) y citosina (C). Este simbolismo se ve complementado con colores fríos, metálicos típicos de la ciencia ficción, combinados con sombras marcadas en situaciones de persecución y misterio que evocan mucho al cine negro (cine criminal). Esta última referencia se remarca con la presencia de Uma Thurman en un papel secundario pero no menos importante, encarnando a la femme fatale, personaje icónico del noir.

Como punto en contra, señalaría lo irónico de que una película acerca de la discriminación cuente con un reparto tan poco inclusivo. Considero que habría sido valioso observar –y especular– sobre la coexistencia del filtro genético con otros factores típicos de segregación.

Ficha técnica

Dirección: Andrew Niccol
Guion: Andrew Niccol
Producción: Danny DeVito, Michael Shamberg, Stacey Sher
Música: Michael Nyman
Fotografía: Slawomir Idziak
Montaje: Lisa Zeno Churgin
Reparto: Ethan Hawke, Jude Law, Uma Thurman, Alan Arkin
Género: Ciencia ficción, suspenso, noir, biopunk
País: Estados Unidos
Idioma:
Inglés
Año: 1997
Duración: 112 minutos

miércoles, 23 de mayo de 2018

Grandes esperanzas y amores desgarrados



Por: Alexiel Vidam

Grandes Esperanzas (1998) de Alfonso Cuarón, es una de esas películas que vale la pena repetir (debo haberla repetido unas cuantas miles de veces), y también de esas películas románticas que uno puede ver sin sentir un poco de vergüenza.

Es cierto que habla de amor romántico… un tipo de amor, que, por cierto, se encuentra bastante vetado/criticado en esta época moderna y progresista; sin embargo, ¿quién no podría identificarse con ella? ¿Quién no ha sentido ese amor desgraciado y sinsentido alguna vez en su vida? Creo que todos somos conscientes de que, lo que vemos en pantalla, no es lo que debería ser, ni el tipo de amor que desearíamos tener, pero no por ello dejamos de disfrutar de la historia y de la genialidad de la puesta en escena, ni de conectar con alguno de esos momentos que hoy preferíamos borrar de nuestras biografías.


Esta historia es, ni más ni menos, que una adaptación moderna de la novela homónima de Charles Dickens (1860). Cuenta la historia de Finnegan “Finn” Bell (Ethan Hawke), un joven que, desde su niñez, se encuentra locamente enamorado de Estella (Gwyneth Paltrow), una mujer manipuladora -y extremadamente seductora-, educada por su tía, la Sra. Dinsmoor (Anne Bancroft) para romper el corazón de los hombres.



Te destrozará el corazón. Dalo por hecho. Qué trágico. Ya estás enamorado. Y aún cuanto te garantice que esta muchacha te herirá terriblemente, la buscarás con afán. ¿No es grandioso el amor?

El primer obstáculo que percibe Finn, para alcanzar el corazón de Estella, es la diferencia social que existe entre ambos. Finn es un muchacho de clase media-baja, mientras Estella es la heredera de la adinerada y extravagante Sra. Dinsmoor. Sin embargo, repentinamente se abre para Finn una gran puerta de posibilidades (de “grandes esperanzas”): los dibujos que Finn hacía por afición, han llegado mágicamente a manos de una galerista que espera mostrar su trabajo en Nueva York. Todo indica que Finn cuenta con un patrocinador secreto, interesado en dar a conocer su arte al mundo.


Finn piensa que se trata de la señora Dinsmoor, quien pronto le revela que Estella –a quien él no veía por años- se encuentra en Nueva York. ¿Es que acaso la Sra. Dinsmoor estaba interesada en que él se reencuentre con Estella?

Lo que más me ha gustado de este filme, es, sin duda, la maestría con la que Cuarón ha conseguido adaptar un argumento tan clásico a los tiempos modernos. En la versión original, el protagonista sueña con convertirse en caballero; en la adaptación, busca convertirse en un pintor afamado y reconocido. El galanteo entre Estella y Finn también ha evolucionado a la época actual; ya no se trata de simples miradas, sonrisas, bailes e inocentes besos en la mejilla; la cosa se vuelve mucho más pasional y acorde con el romance contemporáneo.


De las interpretaciones, la que más me atrapó fue la de Anne Bancroft como esa anciana trastornada y obsesionada con atrapar al pobre Finn en la telaraña de la preciosa y nociva Estella. Este personaje, además, tiene la curiosidad de recordar en cierto modo al papel que años atrás se convirtiese en el más icónico de la actriz: la provocadora y neurótica Mrs. Robinson, de El Graduado. Mrs. Dinsmoor pues, pareciera ser una versión envejecida de Mrs. Robinson; como si ésta –años más tarde- hubiese llevado su neurosis al extremo límite.


Gwyneth Paltrow y Ethan Hawke, por su parte, interpretan bien el drama romántico de “gato y ratón”, donde el felino juguetea, divertido y sádico, con su presa antes de aplicar el zarpazo monrtal. Y de Robert De Niro… ni qué decir; sabe mostrar la excelencia que siempre le caracteriza hasta en el papel más pequeño. Él representa a esos “villanos muy simpáticos”, esos “tipos malos” que en muy en el fondo tienen buen corazón.



La fotografía y el arte son otros factores clave para completar la atmósfera del filme. El juego entre el verde, los rayos de sol que se cuelan, y las ramas secas en la casa de la Sra. Dinsmoor, construyen un ambiente excéntrico y extrañamente lúgubre, muy acorde con la atmósfera del personaje. Por otro lado, la lluvia en uno de los diálogos más dramáticos del filme recarga las frases de un desgarrado Finn de una intensidad conmovedora, capaz de atravesar al espectador.



Finalmente, y para cerrar con broche de oro, la música termina de construir ese ambiente místico y atrapante. Ella, sin mucho esfuerzo, es capaz de convertirnos en Finn, de identificarnos con sus anhelos y su amor tan apasionado e intenso, como irracional.



Ficha técnica

Dirección: Alfonso Cuarón
Producción: Art Linson
Idea original: Charles Dickens (de su novela Grandes Esperanzas)
Guión: Mitch Glazer
Música: Patrick Doyle
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Montaje: Steven Weisberg
Reparto: Ethan Hawke, Gwyneth Paltrow, Anne Bancroft, Robert De Niro
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 1998
Género: Drama romántico

martes, 10 de noviembre de 2015

“Máxima Precisión”: una atípica visión de la guerra



Por: Sergio Lescano

Máxima precisión, dirigida por Andrew Niccol, es la antítesis de una película de guerra. Es más, si la ponemos al costado de Rescatando al soldado Ryan (Steven Spielberg), Apocalypse Now (Francis Ford Coppola) o Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood), sería la oveja negra del grupo sin lugar a dudas. Y es que Máxima Precisión presenta un lado de la guerra que no se ve muy seguido en el cine: el moral. Esta película, en vez de mostrarnos las vicisitudes que vive un grupo de soldados en terreno enemigo, ensordecernos con explosión tras explosión, o exacerbar la guerra y presentarla como algo victorioso y rimbombante, se preocupa por adentrarnos en la psique de su protagonista, Thomas Egan, interpretado por un casi irreconocible Ethan Hawke. Es la guerra interna que lucha Thomas contra sí mismo la que nos presenta Niccol… y vaya que es una confrontación interesante de presenciar. En este sentido, podríamos decir que Máxima Precisión está en el mismo grupo al que pertenecen la galardonada The Hurt Locker (Kathryn Bigelow)  y la menos conocida Brothers (Jim Sheridan).  Estas tres películas, incluso, podrían conformar una especie de trilogía no oficial, con la culpa experimentada a raíz de la guerra como eje central en las tres.


Thomas Egan, piloto de la fuerza aérea norteamericana, es transferido a la unidad UCAV (vehículos aéreos de combate no tripulados) cuando la demanda por aviones piloteados baja. Conforme avanza la película, Egan no solo trata de  adecuarse al ritmo de un piloto de drones, sino que se ve inmerso en situaciones que lo obligan a preguntarse por qué es que extraña tanto el combate directo, y a la vez, por qué recién ahora, que se encuentra alejado del campo de batalla, ha comenzado a sentir algo que antes le era totalmente esquivo: la culpa y el remordimiento. Aturdido por estos sentimientos, Egan examina, a lo largo de la película, sus verdaderas motivaciones, y experimenta cómo la guerra lo va disociando poco a poco de su vida familiar.



La película pinta un retrato sumamente sombrío de la guerra, y este es su mayor mérito. Una cinematografía sobria, opaca y tan cruda como la guerra misma, es el fondo perfecto para diálogos carentes de clichés y abundantes en realismo. Cuenta –además-, con actuaciones convincentes, lideradas por un asombroso Ethan Hawke –absolutamente distinto al Ethan del que muchos se enamoraron en Before Sunrise-. La acertada dirección de Niccol se evidencia más en las escenas en las que Egan y su equipo reciben órdenes de la CIA de lanzar misiles a espacios geográficos específicos. Viendo en la pantalla a aquellos que morirán, segundos después de apretar un botón desde su cómoda y muy bien ventilada cabina de control, Egan comienza a tener una crisis de moral, justo delante de nuestros ojos. Algo admirable de la película es que esta crisis sale de la pantalla y llega hasta el espectador mismo, tomándolo por sorpresa. Y es que cuando vemos películas de guerra, estamos acostumbrados a dejar colgada la conciencia y a “disfrutar” con el arsenal de explosiones y balazos que visualizamos. Estamos bastante desensibilizados en lo que respecta al dolor ajeno, y más a aquel presentado en las películas de guerras más “típicas”. Lo que Niccol logra en Máxima Precisión es justamente que sintamos de nuevo. Nos hace cuestionarnos y, sin caer en lo manipulativo, nos incita a tomar una posición frente a la realidad que vemos. Nos devuelve la sensibilidad, en otras palabras y es un viaje nada menos que fascinante el que nos hace tomar.


Por su originalidad; por la gran actuación de Hawke que ancla el film, y por el test de moral que viene adjunto a la película, Máxima Precisión es una muy buena opción para disfrutar en el cine. Eso sí; no esperen un Pearl Harbor, sino un relato que refleja el lado más oscuro de una de las más oscuras realidades de la humanidad. 



Ficha técnica


Dirección: Andrew Niccol
Producción: Andrew Niccol, Mark Amin, Nicolas Chartier, Zev Foreman
Guión: Andrew Niccol
Reparto: Ethan Hawke, January Jones, Zöe Kravitz
Música: Christophe Beck
Idioma: Inglés
Género: Drama bélico
Duración: 102 minutos