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martes, 6 de febrero de 2024

Hipólita (cuento)

Cuando desperté, Hipólita aún dormía a mi costado, con esos aires de diva que tenía siempre cada mañana en que yo me preguntaba si sería la última. Las piernas abiertas, el semblante relajado de quien se sabe dueña de tu vida entera, después de esa extraña comunión que parece más una guerra a muerte entre dos bestias salvajes dispuestas a arrancarse las entrañas.

    Compartíamos el mismo lecho desde hacía un año, cuando me mudé a la calle Saint Germain, al edificio 223, en ese vecindario lleno de extranjeros sin un centavo. Todos nos moríamos de hambre. Yo había llegado a ese lugar en uno de mis arranques de rebeldía; había dejado la casa paterna, donde la opulencia de la burguesía y sus falsos modales terminaban por hacerme vomitar bilis a borbotones. 

    Vivía en el piso 16, en un cuartucho que se caía a pedazos, el baño compartido con un viejo que tenía problemas de incontinencia y una mujer que, por alguna razón, siempre andaba en cagaleras. Pero tenía una gran ventana. Una gran ventana desde la cual me gustaba observar a la gente y tratar de adivinar sus pensamientos. Hipólita se burlaba de mí. Ella prefería jugar a hacer grandes bolas de saliva para luego aventárselas a la frente y esconderse mientras aquel desconocido le mentaba la madre al cielo, sin saber de dónde venía aquella tremenda masa de baba viscosa.

Yo no sabía bien por qué me gustaba Hipólita, si éramos tan diferentes… Yo, con todas mis extravagancias, pintaba como un sujeto refinado y citadino; ella más bien era un alma completamente rústica, libre de las normas típicas del mundo civilizado, como un animal salvaje, con el corazón fiero y llameante. Nos habíamos conocido en un bar de tapas mientras yo terminaba de releer las últimas hojas de Les Fleurs Du Mal. Ella se sentó sin preguntar y pidió un bocadillo a mi cuenta, sin saber que yo acababa de agotar mis últimas monedas. Aquella tarde salimos corriendo a pierna suelta; el dueño del local nos perseguía rojo de ira con un rodillo de amasar en las manos.


***

Hipólita… cada mañana despertaba aterrado por la fantasía de tu ausencia. Habías llegado tan repentinamente, y tan repentinamente podías volverte a ir… Podría decirse que nuestra unión era un capricho del destino… Tan caprichoso como caprichosa era la forma en que llegabas una noche y luego te ibas por dos, tres, cuatro días hasta que el deseo te trajera de nuevo a mis brazos y mi olfato tratase de descifrar si ese perfume de hombre que llevas encima es el que te dejé la última vez. Tú nunca decías una palabra, ni de dónde venías, ni de adónde ibas, ni sobre cómo ni sobre qué sentías… Nunca escuché esa frase de tus labios ni la escucharías de mí, pero siempre llegabas con un trozo de pan del que no tenías, para compartir con un fugitivo en el mundo de los menesterosos.


***

Yo le escribía poemas a tu cuerpo. Después de las doce, cuando nos quitábamos el letargo de encima, yo los enviaba a los diarios esperando una respuesta. La respuesta nunca llegaba, pero tú siempre aplaudías cada obscenidad nueva que surgía de entre mis líneas. Me gustaba tu sonrisa lujuriosa. Me gustaba plantarte un beso de media luna que resbalase lentamente por tu cuello desnudo, descendiendo lentamente por la redondez de tus pechos blancos y sedosos y cayendo luego desde tu abdomen hasta el orificio final, donde se origina la vida entera, y el máximo placer.


***

La única vez que coincidimos en la calle, además de la primera, fue aquella del teatro de Orange. Yo había entrado a la última función, la que acababa a las diez. Te descubrí entre las actrices interpretando a Ofelia y declarando tu amor a un Hamlet que mi corazón repudió con furia titánica.

Aquella noche lo hicimos como animales. Te azoté hasta que gritaste mil veces que me pertenecías, y me mordiste los labios hasta hacerlos sangrar, pero no lo conseguí. Nunca conseguí algo más que tus gritos de placer o tus abrazos de tristeza al escuchar el quejido de mis tripas vacías.

A la mañana siguiente, con el sol pálido en la ventana cegándome los ojos, y tú, como siempre, con el cuerpo semiabierto, como diosa romana, sintiéndote ama y señora de todo mi ser, me atreví a pronunciar aquella frase que hasta entonces era tácitamente prohibida entre los dos:

    “Me amas…”

    Te levantaste sin contestar. 

    No jugaste a lanzar escupitajos. No te burlaste de mi melancolía. 

    Ni siquiera te vi marchar. 

    Sólo dejaste una nota sobre la mesa… con tu firma y tu huella de labial.

ALEXIEL VIDAM

martes, 28 de noviembre de 2023

“Cadáver exquisito”: No existe un futuro más espeluznante

Por: Alexiel Vidam

Soy amante de las distopías; las consumo en grandes cantidades, y como alguien que ha explorado a fondo el género, sé reconocer sus debilidades: muchos de sus temas están bastante quemados: androides, gobiernos dictatoriales, escasez y experimentos retorcidos. Pocas son las que logran traer un tema nuevo, o refrescar los temas frecuentes de un modo en que se sienta novedoso. Por eso, cuando me encuentro con una distopía tan original (y macabra) como Cadáver exquisito (Premio Clarín 2017), simplemente me explota el cerebro.

El universo catastrófico planteado por la argentina Agustina Bazterrica es, probablemente, el más escalofriante en el podríamos caer (toquemos madera). Es un futuro cercano en el que un virus ha infectado a todos los animales, haciéndolos peligrosos para la humanidad. Desde las mascotas hasta las bestias salvajes deben ser sacrificadas, y el consumo de carne queda completamente imposibilitado. Tras un largo debate internacional, y de la ineficacia para suplir la proteína animal, los gobiernos se ven obligados a legalizar la cría y comercialización de personas (que a partir de ahora serán llamadas “cabezas”, “reses” o simplemente “carne”) para consumo humano. Es entonces cuando la sociedad queda dividida en dos grandes clases: los que comen y los que son comidos.

El protagonista, Marcos Tejo, trabaja en un frigorífico, y convive a diario con la rutina de faenar humanos. No le gusta su trabajo, pero no sabe hacer otra cosa, y necesita la paga para mantener a su padre, que está internado en un geriátrico. Está casado con Cecilia, quien se ha alejado de él a partir de la reciente pérdida de su hijo recién nacido. Marcos enfrenta el más doloroso de los duelos, a la par que empieza a sentirse cada vez más incómodo con la realidad. Su aversión hacia la carne va en aumento, cuando uno de sus proveedores le regala una hembra PGP (“Primera Generación Pura”, es decir, carne de alta gama), y no sabe qué hacer con ella. En este mundo está prohibido mirar a estos seres como humanos (el término “carne humana” es reemplazado por el más amigable “carne especial”), así como mencionar la palabra “canibalismo”. Por supuesto, estrechar lazos con “la res” es una aberración, cosa que Marcos sabe, y que no es capaz de evitar a medida que se va sintiendo más y más alienado.

La lectura es tan incómoda como envolvente; hace que la piel se te erice desde las primeras líneas:

«Media res. Aturdidor. Línea de sacrificio. Baño de aspersión. Esas palabras aparecen en su cabeza y lo golpean. Lo destrozan. Pero no son sólo palabras. Son la sangre, el olor denso, la automatización, el no pensar. Irrumpen en la noche, cuando está desprevenido. Se despierta con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos.»

Sin embargo, es interesante cómo la autora ha logrado equilibrar el lenguaje a un nivel en que perturba lo suficiente y lo necesario como para no distraer de la trama. El desarrollo del personaje central es uno de los aspectos más potentes, así como los dilemas morales y las incoherencias, tan típicas de toda sociedad, humanamente imperfecta.  El narrador nos muestra una mirada irónica y crítica, donde los mismos sujetos que se escandalizan del asesinato de unos, se muestran insensibles al mandar a otros al matadero. También nos lleva a reflexionar sobre cómo los humanos nos desconectamos del sufrimiento ajeno, con tal de conservar comodidades y placeres.

No nos encontramos frente a un libro “para todos”. Para leerlo hay que mentalizarse y tener estómago fuerte. Más de uno se detendrá a meditar acerca de la industria alimentaria, y es que todos, o la mayoría de los procesos descritos en el libro, se dan en la realidad, sólo que no los vivimos en carne propia. Al mismo tiempo, la autora realiza una metáfora sobre la “naturaleza caníbal” del individuo, que, sintiéndose en la cima de la pirámide, tiende a deshumanizar a los que están abajo.

En resumen, obra 100% recomendable para lectores recios, devoradores (valga la ironía) de historias de terror y ciencia ficción distópica.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Superhéroe (cuento)


Por: Alexiel Vidam

Boca arriba, sobre el suelo frío, veo luces blanquecinas que pretenden sacarme de este mundo al cual me aferro. Aparentemente he perdido la capacidad de gritar, porque abro la boca y hago un esfuerzo que surge desde el estómago, pero no sale más que un chillido ahogado y casi imperceptible. Aun así, sé que no puedo darme el lujo de perecer.

De niño, robé en una tienda de historietas. Cuando me encontraron, me dieron una paliza, y luego mi padre me dio otra paliza de aquellas que solía dar. Pero el número de colección Amazing Fantasy #15 brillaba en mis manos, y con él comprendí todo eso de que, a grandes poderes, grandes responsabilidades.

Por eso, cuando desperté mis habilidades, supe que mi supervivencia era más que imprescindible, y que tendría que resistir todas las veces que fuesen necesarias. Tal y como lo hago ahora.


***

A mi alrededor, escucho el sonido de las máquinas que pretenden revivirme. El Dr. Howard es el encargado de curar mis heridas, igual que siempre. Creo que en el fondo mi padre sabía que yo era especial, y por eso me presentó con él en mi décimo primer cumpleaños. Fue el cumpleaños más peculiar que tuve, pues me la pasé en la clínica. Si alguna vez en toda mi vida —incluso en mi oficio de vigilante—, sentí que realmente podía morir, fue en aquella ocasión en que no pude respirar y se me petrificaron las extremidades. Los médicos me pusieron una mascarilla de oxígeno e insistieron continuamente en que todo se resolvería si me concentraba en respirar profundo, pero yo les contestaba que no podía hacerlo. Me estaba ahogando y, lo que es peor, sentía que mis brazos y piernas, inmóviles bajo el efecto de alguna fuerza sobrenatural, eran estiradas con violencia, como si en cualquier momento se fuesen a desprender de mi tronco.

Yo le tenía mucho miedo a morir ahogado… de hecho, todavía me queda el trauma, a pesar de que soy un superhumano. Cuando tenía cuatro años estuve a punto de ahogarme en una piscina. No sé cuánto tardaron en darse cuenta de que me estaba muriendo. Luego mi padre me sacó. Por aquel entonces él todavía era un poco amable. Sin embargo, insisto en que él siempre confió en mí. De otro modo, nunca me habría presentado al Dr. Howard.

—Hola Kyle —me saludó muy sonriente aquella vez.

Yo era un muchacho bastante tímido. Recordemos además que yo estaba casi convulsionando y sin poder mover la mitad de mi cuerpo (para ese momento, la parálisis había avanzado y se había apoderado también del lado izquierdo de mi cara). No pude responder. Eso no evitó que la expresión que otros consideraban intimidante acabase por conquistarme. Después supe que el Dr. Howard tenía fama de ser el más frío en su profesión. “Incluso llegan a considerarme un sádico” —decía a menudo entre bromas—. “Aun así, mis clientes dependen demasiado de mí; saben que soy el mejor”.

El Dr. Howard se había graduado con honores de la escuela de medicina a los 21 años de edad. Tras culminar medicina general, decidió llevar no una, sino dos especialidades, convirtiéndose en el más afamado médico de la ciudad, capaz de restablecer cuerpos y mentes dañadas. 

“La cirugía es apasionante” —decía—, “pero no era capaz de llenarme totalmente, querido Kyle. Pronto descubrí que mi interés mayor estaba en la mente humana. Si eres capaz de comprender la mente, eres capaz de comprenderlo todo…”

Y tenía razón. Probablemente por ese dominio suyo sobre el cerebro humano, fue que el Dr. Howard consiguió penetrar en mi mente reprimida, y se quedó conmigo para siempre. Me contó que mi padre le estaba pagando una suma bastante jugosa para que se ocupase de mí. 

El Dr. Howard fue el único que pudo sacarme de ese estado de parálisis en el que me encontraba cuando lo conocí. Me devolvió a tierra y, desde entonces, sería el encargado de revivirme después de cada enfrentamiento con la muerte.


***

La siguiente idea me la dio el gato. Mientras recuerdo, siento el vértigo de la siguiente inyección. “Hay que operar de nuevo”, me dicen. Confirmo que realmente me han dañado más que nunca... pero yo siempre me acabo recuperando. Confío en Howard. Soy capaz de poner mi vida en sus manos. Recuerdo que cuando pasó lo del gato, también me salvó. Esa vez mi padre decidió atender la herida de inmediato, pues la cosa se veía bastante más seria.

El gato se llamaba Teseo. Realmente era el gato de mi madre, que había sido muy aficionada a la lectura y a la mitología. Se notaba que Teseo la echaba de menos, pues se la pasaba la mayor parte del tiempo sobre el techo de la habitación de mis padres, o de la biblioteca, donde mi madre también se hallaba buena parte del día. 

Un día lo estuve observando desde el jardín. Sobre el tejado, él me observaba fijamente, con sus enigmáticos ojos amarillos. Decidí que mi siguiente prueba sería trepar al tejado y saltar por los techos como lo hacía él.

Subí al ático, que tenía la ventana más elevada de la casa. Me asomé por la ventana, miré hacia abajo y por un momento me abordó esa sensación hipnotizante de saltar que provoca el vértigo. La casa que pertenecía a mi padre y ahora se encuentra a mi nombre, cuenta hasta hoy, nada menos que con tres pisos oficiales y una cuarta planta —el ático— que sigue siendo depósito de los cachivaches familiares (la casa había pasado por tres generaciones). Tragué saliva, respiré profundo y opté por mirar al lado contrario: hacia arriba, desde donde los ojos de Teseo se clavaron fijamente en los míos. Parecía que me estaba desafiando.

Sin pensarlo dos veces, acepté el reto. Me sujeté del  marco superior de la ventana e impulsé el cuerpo hacia el exterior. Luego tomé un nuevo empuje y subí una pierna y después —no sin tambalear un par de veces— la otra. Tuve que poner bastante fuerza en los dedos y en las muñecas para no caer de inmediato. La mirada retadora de Teseo no me permitió caer. Me aferré con fuerza y logré sacar el impulso necesario para terminar de subir el cuerpo al tejado. Teseo soltó un maullido apenas me vio subir. Yo me incorporé triunfante. 

En el fondo sentía envidia de él. Mi madre, en sus últimos momentos estaba completamente fuera del mundo. No nos reconocía a mi padre ni a mí, pero reconocía a Teseo. Teseo pareció develar mis sentimientos y corrió por el tejado como quien redobla el desafío. Me sentí inspirado por un torbellino de energía vital que me estremecía por dentro y me invitaba a probar mis habilidades ocultas, así que, sin pensarlo dos veces, perseguí al felino por ese terreno irregular y lleno de inclinaciones.  Nunca me había sentido tan poderoso. Era como si el vértigo, en lugar de amedrentarme, me alentara más. Teseo saltó y yo salté… una, dos, tres veces… y a la tercera mi pie se atascó con una teja. Y resbalé. Y en mi intento por mantenerme a salvo me sujeté de lo primero que encontré, sin percibir que se trataba de la cola del gato. Yo caí y Teseo cayó conmigo. Por alguna razón yo sobreviví, pero él no.


***


Despierto súbitamente. Mi frente es una roca volcánica recién formada: tiesa y muy caliente. Una mujer se acerca y me coloca un paño húmedo. Me exalto al no reconocerla.

—¿¡Dónde está el Dr. Howard!? —exclamo.

Ella luce intimidada. Percibo en su rostro el nerviosismo de la poca experiencia. 

—Tienes fiebre —contesta temblorosa—. Soy la nueva integrante del equipo especial del doctor.

Echo un vistazo al lugar intentando reconocer algún tipo de engaño. Efectivamente, me encuentro en el sótano de la casa, el que mi padre adaptase con toda su fortuna para convertirme en lo que soy hoy en día. De no ser por él y por Howard, yo no sería quien soy. Así que no puedo fallar y echarlo todo a perder. 

—¡Exijo ver a Howard! —insisto histérico.

Una energía descomunal se enciende dentro de mí. Levanto el tronco de la camilla con una fuerza desmesurada, nada acorde con mi estado. La mujer se apresura en tomar una jeringa.

—¡No lograrás hacerlo esta vez! —grito— ¿¡Quién se supone que eres ahora!? ¿¡Cómo llegaste hasta aquí!?

Mi fuerza siempre ha llegado cuando estoy furioso o eufórico. Soy un sujeto con picos de adrenalina que le hacen indestructible. La mujer se acerca temblorosa. Siento que mis ojos se encienden. Sin darle tiempo a inyectarme, la sostengo de los cabellos y la levanto. De pronto, una voz me interrumpe.

—Suéltala, Kyle.
La voz parece apagar mi energía instantáneamente. Caigo como una roca sobre la camilla. Suelto a la mujer bruscamente; ella impacta contra el suelo. Howard corre hacia ella.

—¿Se encuentra bien, señorita Sommers? —pregunta Howard a la enfermera.

Ella asiente temerosa y con gesto de dolor.

—Suele pasarle después de una batalla intensa —le dice él.

Yo me siento tan avergonzado que no puedo pronunciar palabra. De hecho, con las justas puedo respirar con normalidad. Mis poderes se van cada vez que me siento avergonzado o humillado. Es difícil dominar este tipo de habilidad. Por eso Howard debe medicarme periódicamente.

—Déjame adivinar… —dice Howard acercándose— ¿Otra vez la pesadilla del gato?

—Creí… que era Transmutador —contesto agitado.

 ***

Cierro los ojos. A veces la mejor manera de huir es, simple y sencillamente, cerrar los ojos. Recuerdo cuando por fin me convertí en Maniac Mask. 

Aunque pareciese necedad suicida, mis intentos por despertar mi habilidad oculta continuaron luego del accidente del tejado. Para entonces, mi padre ya había comenzado a ambientar el sótano. Lo primero, fue crear la sala de atención médica: un consultorio con una pequeña sala de operaciones sólo para mí. La guarida como tal se iría construyendo año tras año. Entre tanto, yo me las ingeniaba para saltar a los techos vecinos, enterrarme de cuerpo completo en el jardín, comer vidrio, meter el brazo en una fogata y otros tantos retos que para otros serían una completa locura. Previa a cada intento, sentía esa emoción descomunal. Veía en mi mente los ojos de Teseo otra vez y el miedo desaparecía. Entonces, parecía volverme inmortal… o al menos mientras durase la hazaña.

Luego de realizarla y de observar mis progresos, caía en una profunda depresión durante tres o cuatro días. Observaba en mi cuerpo las nuevas cicatrices y recordaba los órganos reventados en el cuerpo inerte de Teseo. Me quedaba encerrado en el cuarto y sólo Howard me consolaba.


Continuará...


Lee el cuento completo aquí.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Galatea (cuento)

Nos encontramos en un mundo devastado, después de la revolución de los androides. El estado declara ilegal la posesión de estos seres cibernéticos. Sin embargo, un solitario cazarrecompensas recoge a Galatea de un basurero, y le coloca el corazón de su esposa muerta.

Galatea, es una fábula de desamor en medio de un contexto postapocalíptico

- Alexiel Vidam


Clic aquí para leer la historia.

domingo, 16 de julio de 2023

La melancolía premonitoria de unas Crónicas Marcianas

Por: Alexiel Vidam

Terminar de leer Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury, genera un inevitable sentimiento de melancolía… y algo de frustración. El mensaje del libro es claro: a pesar de tantos años de Historia, no aprendemos nada.

Ray Bradbury fue contemporáneo a la II Guerra Mundial, y el impacto que le dejó la foto de una casa vacía posterior a la bomba atómica, inspiró directamente uno de los cuentos de su libro (titulado Vendrán lluvias suaves). En él, una casa inteligente, cuyos habitantes han muerto en contexto de guerra, lucha por “mantenerse viva”. Pero el mundo se acaba.

Y este pensamiento apocalíptico fue, precisamente, el que impulsó la carrera espacial entre 1955 y 1988. Estados Unidos y la URSS, temerosos de acabar con la Tierra a raíz de sus propios juguetes bélicos, comenzaron a buscar nuevos lugares en los que la humanidad pudiese sobrevivir, y sus respectivas banderas colonizar. En esa búsqueda fue que llegamos al espacio en 1961, y específicamente a la Luna, en 1969.

Sin embargo, Bradbury escribió Crónicas Marcianas entre 1945 y 1950. La carrera espacial aún no había empezado; este hombre la visualizó. Nuestra supervivencia la pedía a gritos. Así que, tal vez a modo de advertencia, tal vez por mero placer artístico, plasmó en cada página, desde la premonición de futuras guerras (hoy, con el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania, este libro no deja de estar vigente), hasta el efecto invernadero, cuyas consecuencias son cada vez más innegables. En el primer cuento de la antología, titulado El verano del cohete, se habla ya de temperaturas climáticas muy por encima del estándar.

Otro detalle sobremanera interesante, es la estructura propia del libro. Cuenta con 28 relatos ubicados entre 1999 y 2026 (aunque la versión en inglés de 1997 traslada la acción, 31 años más adelante, entre 2030 y 2057), iniciando las primeras exploraciones humanas en el Planeta Rojo y continuando con la migración progresiva de quienes persiguen un nuevo “sueño americano”. Aunque los cuentos funcionan a la perfección de manera independiente, todos pertenecen a un mismo contexto y línea cronológica, de modo que lo más adecuado es leerlos en orden secuencial (hay personajes que vuelven a ser mencionados, por cierto).

En esta versión futurista del “encuentro entre dos mundos”, los seres humanos pasamos a ser los invasores, y los marcianos los invadidos. Ellos pertenecen a una sociedad más evolucionada que la nuestra. Han desarrollado poderes telepáticos y han aprendido a vivir en armonía, logrando compatibilizar incluso conceptos a simple vista discordantes, como ciencia, arte y religión. ¿Su único pecado? Olvidarse de la guerra, y de que los peores enemigos siempre son invisibles.

El ser humano, por su parte, aunque primitivo, actúa como una plaga que infesta todo y genera decadencia. Destruye lo clásico para imponer lo propio (“porque es mejor”), lleva sus vicios al espacio exterior y olvida que los mismos fueron los causantes de su propio éxodo. Así, un virus humano toma por sorpresa a los nativos, y los va extinguiendo hasta que nos hacemos dueños del planeta, hasta que nos volvemos los nuevos marcianos.

No obstante, nuestra Historia persiste en ser una paradoja, y así como llegamos, nos vamos, y así como creamos, abandonamos. La guerra llama a los soldados a casa, y también a los melancólicos que, atraídos por la curiosidad, prefieren morir en tierra conocida, junto a gente conocida. Tras la destrucción de su cultura ancestral, Marte será abandonado… hasta que acabemos con lo que queda de la Tierra, y nos veamos obligados a volver marchar, esta vez sin retorno.

martes, 17 de marzo de 2020

Libro vs. película: ¿“El cielo enjaulado” o “Jojo Rabbit”?

Por: Alexiel Vidam

Anoche acabé de leer El cielo enjaulado, novela de Christine Leunens, después de haber visto Jojo Rabbit dos veces consecutivas (me encantó esa película). Para quienes no lo sabían, Jojo Rabbit se inspira en esta novela, tomando la idea original, el nombre del protagonista y varios pasajes.

Sin embargo, de ninguna manera podríamos decir que se trata de la misma historia, pues el modo en que se desarrollan las tramas y se colorean los distintos pasajes, marca una significativa diferencia; además, cada una cuenta con elementos propios que las hacen únicas, consiguiendo un impacto completamente distinto en cada caso.

Foto de la obra teatral basada en El Cielo Enjaulado,
escrita por Desiree Gezentsvey y dirigida por Andrew Foster.

Como ya hemos señalado, el punto de partida se mantiene, de modo que tenemos a Johannes Betzler (a quien llaman Jojo” únicamente en la película), un niño de diez años fascinado por Hitler, que ingresa a las Juventudes Hitlerianas (un grupo a lo boy scouts que se usó para adoctrinar a niños y jóvenes en la ideología nazi).

Tras un accidente, se ve obligado a pasar una temporada en casa, momento en el que descubre que su familia oculta a una joven judía de nombre Elsa Korr. Su presencia, genera en el protagonista un rechazo inicial que pronto se convierte en fascinación… y enamoramiento.


Y a partir de aquí comienzan las diferencias.

**ATENCIÓN A SPOILERS**

Mientras que en la novela, los hechos comienzan con la anexión de Austria —donde se desarrolla la historia— al Tercer Reich, en la película, nos situamos en Alemania (por ende, la nacionalidad del protagonista cambia). Jojo se mantiene con diez años, pues en la versión cinematográfica, todo transcurre en un año y medio; por su parte, el Johannes de la novela, empieza con diez años, pero la mayor parte de la historia se la pasa entre la adolescencia y la adultez, terminando de narrar, inclusive, cuando ya tiene canas encima.


La familia del protagonista, en la película, es básicamente la madre, pues la hermana ha muerto y el padre se encuentra ausente. En contraste, en la novela, Johannes vive con sus padres y su abuela; su hermana ha muerto de diabetes —en la película ha muerto de influenza— y el resto de personajes va desapareciendo progresivamente.


Otro detalle fundamental es el amigo imaginario de Jojo, Adolf Hitler, quien en la versión cinematográfica le hace las veces de padre y otras veces de vieja creencia; es quien representa sus conflictos y cuestionamientos acerca de lo que siempre ha creído y puede no ser verdad.

En la novela, este personaje es inexistente; casi tan inexistente como los conflictos ideológicos de Johannes. Johannes, en la novela, es un radical en todo sentido —no un niño ingenuo que sólo busca encajar—; es mucho más agresivo con sus creencias y, si bien de algún momento muestra decepción hacia Hitler, nunca llega a admitir que se había equivocado.


Pero lo más importante de todo, es lo dicho en un comienzo: el tono de la historia. El cielo enjaulado es un drama de amores tóxicos y egoístas; ahí, se confunde la intensidad del amor con la dependencia; el deseo de compañía con el apego egoísta que pasa por alto el deseo del otro.

Jojo Rabbit, es más bien una comedia dramática, donde se contrasta la caricaturización del fanatismo con la realidad cruda y desgarradora. Para Jojo, en un principio, todo parece un gran juego de aventuras, pero pronto se convierte en una tragedia donde reinan el hambre, la muerte y la soledad.


A mi parecer, Jojo Rabbit es un relato mucho más ligado a reflexionar sobre la Historia —a pesar de que, en este sentido, la novela brinde mucho más detalle—, ridiculizando el nazismo en primera instancia, y luego mostrándonos sus crueles consecuencias. La novela, por otro lado, se centra más en la obsesión del protagonista. 

Su visión del mundo ha creado una morbosa fijación en torno a Elsa, sobre quien, además, se siente por encima y con todo derecho a ejercer control sobre el curso de su vida. Se entiende, pues, que Jojo y Johannes, aunque se llamen igual, son diferentes personajes, pues en Jojo predominan la inocencia y la bondad, mientras en Johannes predominan la rabia y el egoísmo.



Si bien en gustos se rompen esquemas y ambas obras tienen sus puntos interesantes, a mi parecer, la balanza se inclina a favor Jojo Rabbit, pues presenta un relato mucho más contundente y preciso. El mensaje la película, es la pérdida de la inocencia; la mirada mágica e infantil que se derrumba ante el descubrimiento de una realidad cruda y desgarradora.

Esto se consigue, sobre todo, gracias al excelente guion de Taika Waititi —lleno de frases memorables— y a las brillantes actuaciones, destacando a Roman Griffin Davis como el entrañable Jojo, al propio Waititi como el caricaturesco Hitler y a Archie Yates como el cándido y apachurrable Yorkie.


La novela, en contraste, se centra en el amor enfermizo que surge de la atracción hacia lo prohibido. Sin embargo, el problema principal de la obra literaria, consiste en el afán de abarcar demasiado.

La historia comienza con el inicio de la II Guerra Mundial y acaba extendiéndose hasta la Guerra Fría (en la película ya nos ubican hacia fines de la II Guerra Mundial y llegamos hasta la conclusión de la misma), de modo seguimos al protagonista haciéndose mayor y los cambios que se van dando en su familia.

Esto puede sonar interesante, pero a la vez provoca que el foco se desvíe de la relación con Elsa, la cual muchas veces permanece estancada. Llega un punto en el que sentimos que el vínculo entre ambos ha agotado posibilidades; el contexto histórico, inclusive, pierde interés con el fin de la guerra, lo cual conduce a que la mentira de Johannes se vuelva tediosa y los métodos de manipulación cada vez menos verosímiles.



*Para leer el libro en pdf, click aquí.

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jueves, 24 de marzo de 2016

A una semana de los Premios Cinemafic



El concurso de relatos sobre cine llegó a su fin y se prepara para anunciar a sus ganadores en una celebración inspirada en la entrega del Oscar.

“Habrá sketchs, música en vivo, cortos, trailers y otras sorpresas”, así lo han anunciado Cinematosis y Libros Delivery, organizadores del evento. Vale decir, que esta premiación corresponde al concurso previamente organizado, en el cual los participantes debían tomar dos o tres películas de una lista señalada en las bases, mezclarlas dentro de un mismo universo, y crear un relato escrito.

En esta ocasión, el animador de la noche será el actor Gian Morales, egresado de la escuela D’Art y de la escuela de Canto de Broadway Perú, quien ha participado en destacados montajes profesionales como Los Locos Addams, Grease, Rent y Mandrágora. Entre los números, se contará con la presencia del grupo Le Gang, que interpretará los mejores temas peliculeros versionados al estilo soul. Se expondrá el cortometraje animado Pétalos, ganador del premio de financiamiento Cortos de Vista 2015, además de los más recientes trailers de los próximos estrenos de Marvel, Pixar y Disney Studios.



Para sorprender aún más a los asistentes, se contará con una pasarela de los más emblemáticos personajes del cine, número a cargo de Cosplay Perú. Por si fuera poco, el elenco original de la película La Venganza del Fachoy  -primera comedia peruana de Artes Marciales- realizará un sketch relacionado al filme e interactuará con el público.

Por supuesto, no podía faltar la presentación de los grandes ganadores de los paquetes de premios y del viaje Lima-Iquitos-Lima con estadía pagada en el Hotel Emperador Terraza, quienes participarán de un brindis de honor junto a todos los asistentes.


Al igual que en la edición anterior, el jurado ha estado compuesto por cuatro representativas figuras del cine y la literatura peruana: José Abelardo Güich (escritor de Los Espectros Nacionales, El Misterio de la Loma Amarilla, entre otros) y Alberto Schroth Prilika (ganador de la competencia Lucha Libro 2013, autor de Sala de Montaje y Cuentos a Tajo Limpio) y los directores y guionistas de cine Fernando Montenegro (Cada Viernes Sangre, Entonces Ruth) y Jesús Álvarez Betancourt (Quizás Mañana, Japy Ending).

La cita se llevará a cabo el día jueves 31 de marzo, a las 7 p.m. en el auditorio de la biblioteca del ICPNA de Miraflores (Av. Angamos Oeste 160, Miraflores 15074 – Cruce de Av. Angamos con Av. Arequipa). Ingreso libre (capacidad limitada). Para ir al evento en facebook, click aquí.

Gracias al fan club Marvelitas Now! por este banner promocional

El evento es posible también gracias al apoyo de Viajes Beauce, Cinecolor Films, Editorial Altazor, Editorial Animal de Invierno, Editora Vuk, Alhuen Store, Clean&Clean, Juguetes Insanos, Zona Geek, Distribuidora Gary, Voz Actual, Revista Dedomedio, El Buen Librero, Piscosour.com, Tridamia, XTN!, Alhuen Store y Revista Ventana Indiscreta.

lunes, 7 de marzo de 2016

Show de premiación de Cinemafic 2015-16 ya tiene fecha y lugar

Será una celebración especial llena de diversión y representaciones artísticas


Culminado el concurso Cinemafic, de relatos sobre cine, Cinematosis y Libros Delivery se preparan para anunciar y premiar a sus ganadores.

La premiación contará con un show especial de agasajo, donde la literatura y el cine tendrán papel protagónico. Se contará con la animación del actor Gian Morales, egresado de la escuela D’Art y de la escuela de Canto de Broadway Perú, quien ha participado en destacados montajes profesionales como Los Locos Addams, Grease, Rent y Mandrágora. Entre los números de la noche, se contará con la presencia del grupo Le Gang, que interpretará los mejores temas peliculeros versionados al estilo soul. Se expondrá el cortometraje animado Pétalos, ganador del premio de financiamiento Cortos de Vista 2015, además de los más recientes trailers de los próximos estrenos de Marvel, Pixar y Disney Studios.


 

Para sorprender aún más a los asistentes, se contará con una pasarela de los más emblemáticos personajes del cine, número a cargo de Cosplay Perú. Como si fuese poco, el elenco original de la película La Venganza del Fachoy -primera comedia peruana de artes marciales- realizará un sketch relacionado al filme e interactuará con el público.

Vale decir, que al igual que en la edición anterior, el jurado ha estado compuesto por cuatro representativas figuras del cine y la literatura peruana: José Abelardo Güich (escritor de Los Espectros Nacionales, El Misterio de la Loma Amarilla, entre otros) y Alberto Schroth Prilika (ganador de la competencia Lucha Libro 2013, autor de Sala de Montaje y Cuentos a Tajo Limpio) y los directores y guionistas de cine Fernando Montenegro (Cada Viernes Sangre, Entonces Ruth) y Jesús Álvarez Betancourt (Quizás Mañana, Japy Ending).


La cita se llevará a cabo el día jueves 31 de marzo, a las 7 p.m. en el auditorio de la biblioteca del ICPNA de Miraflores (Av. Angamos Oeste 160, Miraflores 15074 – Cruce de Av. Angamos con Av. Arequipa). Ingreso libre (capacidad limitada).

El evento es posible también gracias al apoyo de Viajes Beauce, Cinecolor Films, Editorial Altazor, Editorial Animal de Invierno, Editora Vuk, Alhuen Store, Clean&Clean, Guardarropa 360, Zona Geek, Distribuidora Gary, Voz Actual, Revista Dedomedio, El Buen Librero, Piscosour.com, Tridamia, XTN! y Alhuen Store.

sábado, 5 de marzo de 2016

A propósito de "Carol"… ¿El libro o la película?



Por: Alexiel Vidam

Después de enviciarme con Carol, de Todd Haynes, el siguiente paso era bastante predecible (o al menos para mí): leer la novela. Para quienes no lo sabían, esta película se inspiró en la novela homónima de Patricia Highsmith, que inicialmente se lanzó con el título El precio de la sal, y bajo el pseudónimo de Claire Morgan. No es la primera novela de Highsmith que se traslada al cine, dicho sea de paso. El pionero en llevar una de sus historias a la pantalla grande, fue Alfred Hitchcock, quien adaptó Dos extraños en un tren en 1951.

**ATENCIÓN A SPOILERS**

Algo que pude notar de entrada al empezar a leer, fue que en la novela, las descripciones eran mucho más sugestivas desde el primer momento, lo cual, por supuesto, vuelve mucho más evidentes los sentimientos de Therese. Mientras que en la película la tensión se maneja de manera más sutil mediante gestos, juegos de miradas y silencios, en el libro tenemos contacto directo con los pensamientos de Therese (que es la verdadera protagonista, o por lo menos la co-protagonista principal), de modo que llegamos a compenetrarnos con el personaje a un punto en que incluso nos ruborizamos cuando ella se siente al descubierto.

La forma en que ella y Carol se conocen, si bien ha sido tomada del libro, en el filme presenta ciertas diferencias: Para comenzar, Therese no es fotógrafa sino escenógrafa. Se conoce con Carol en la tienda de juguetes, pero Carol nunca olvida sus guantes, sino que Therese queda tan impactada con su presencia, que a la hora de enviarle su compra, añade una tarjeta de navidad. Es ése el motivo por el que Carol la invita a cenar.

Como es de esperarse, debido a la mayor libertad de extensión que permite la literatura, en la novela los personajes están más desarrollados (incluso Richard, el novio de Therese). El preámbulo hacia el viaje que emprenden Carol y Therese también se hace más largo, y el viaje en sí, también está más lleno de paradas y descripciones; por ello, como lectores, nos sentimos más cerca de las protagonistas y vivimos más a fondo su romance.



El estilo que muestra el libro, de hecho, es bastante envolvente y encuentra su punto más fuere en la exploración psicológica de Therese; en la manera en que va descubriendo sus sentimientos y descifrando los de Carol en sus enigmáticas manifestaciones. Sin embargo, con todo y todo, éste es uno de los casos en los que un filme nos sorprende superando a su versión original.

Uno de los grandes goles de la película no sólo es haber elegido a las actrices precisas (a la hora de leer, es imposible no visualizar a Cate Blanchett y Rooney Mara, cuyas descripciones físicas y gestuales calzan a la perfección con las de la novela). Otro, es haber sabido extraer lo mejor de la obra, reordenarlo, completar los blancos (aquellos que se dan cuando seguimos la perspectiva de un sólo personaje), e incluso incrementar el dramatismo.



El mayor empleo de silencios en la película, aumenta la tensión. Ese jugueteo de expresiones contenidas, de comentarios a medias, ese tacto sutil y encaletado, nos van poco a poco atrapando y metiéndonos en la atmósfera condensada. Pronto nos sentimos tan ansiosos como Carol y Therese por llegar al clímax.

El cambio de profesión de Therese, a mi parecer, fue una cosa de practicidad. Era mucho más sencillo plasmar su sensibilidad artística en pantalla, mediante la captura de fotos, que mediante maquetas. De hecho, este detalle la acercó más a Carol, pues, de alguna forma, las imágenes capturadas por Therese son el claro reflejo de cómo la observa; de su propia mirada fascinada.


Otra cuestión que también se maneja mejor en la película, es el desarrollo del erotismo y del problema. Esto me sorprendió. Al leer a Patricia Highsmith durante la primera mitad del libro, y encontrarme en los zapatos de Therese, sentí que sucedería al contrario. Los descubrimientos de Therese nos tocan de manera íntima, de modo que uno espera que el momento cumbre-sexual y el momento cumbre-tragedia  nos lleven de la máxima excitación al máximo desgarro; pero no es así.

Después de un amplio preámbulo erótico, el primer encuentro sexual entre Therese y Carol tiene una descripción tan general, que uno llega a preguntarse inclusive si ocurrió (y lo confirma recién diálogos depués, cuando Therese le pregunta a Carol si había hecho “eso” antes). Los siguientes encuentros, de hecho, son apenas mencionados. Posiblemente, la autora se cortó por el pudor de la época (años 50), pero la cosa es que tanto preámbulo para ese “clímax”, nos deja un poco (bastante) frustrados. La película, en contraste, maneja la escena con la necesaria discreción para no caer en morbos, pero con mostrando lo suficiente para mantener la temperatura y que no quepa duda de lo que acaba de ocurrir.


En cuanto a la crisis, la película también nos “maltrata” más (en el buen sentido). Una vez que las protagonistas han consumado su amor, comienza el declive. Se revela el asunto del detective de manera abrupta, de modo que sentimos el tremendo cachetadón. La tragedia se desarrolla con rapidez, dejándonos en el lugar de una Therese completamente perdida, desencajada y hecha pedazos. La carta de Carol no da grandes explicaciones, pero dado que conocemos sus problemas, tampoco es necesario. Quizás, lo único que podemos criticarle, es que se haya largado así, de la nada, de pronto, sin lugar a discusiones ni a últimos abrazos.


En el libro, la cuestión es diferente. Su vínculo con su propia hija está bastante menos descrito (irónicamente, con todas sus descripciones, este punto está bastante descuidado). Carol menciona sus problemas con bastante superficialidad, y como no los vemos en pantalla, tampoco conectamos tanto con ellos. Sabemos que están, pero no los sentimos. De hecho, al tener el dato de una hija en pleito, ver a la madre chapar sus maletas y luego oponer mucha más resistencia que en el filme, por ratos nos puede chocar por irresponsable o por inverosímil (con todo y todo, se trata de una hija). La actitud de Carol nos resulta mucho más “random”, tanto cuando decide escapar de los problemas, como cuando decide darles cara o sencillamente rendirse.



Aun así, hay que reconocerle a la obra original el mérito de ser –hasta donde se conoce-, la primera novela homosexual con final feliz (toda una revolución en su tiempo). Con todos sus pudores descriptivos y sus puntos débiles, la novela de Patricia Highsmith fue una novela rebelde. Es posible también que esa desconcertante actitud de Carol en el punto de quiebre de la trama, sea reflejo de la opresión vivida por los gays de la época (la represión lleva a la explosión).

Vale decir –como anécdota del caso- que la novela partió de una experiencia de la propia autora. Deprimida y preocupada por dinero, ingresó a trabajar en un almacén de juguetes, donde quedó deslumbrada por la aparición de una distinguida clienta, de rubios cabellos y paso imponente. La mujer desapareció del lugar, pero no de su memoria. Llegando a su casa –y aprovechando la cuarentena de un repentino brote de varicela- se dedicó a escribir la novela… 235 páginas de corrido. Bomba de inspiración.


 

Aquí les dejamos el link de descarga del libro. Que lo disfruten.


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