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martes, 28 de noviembre de 2023

“Cadáver exquisito”: No existe un futuro más espeluznante

Por: Alexiel Vidam

Soy amante de las distopías; las consumo en grandes cantidades, y como alguien que ha explorado a fondo el género, sé reconocer sus debilidades: muchos de sus temas están bastante quemados: androides, gobiernos dictatoriales, escasez y experimentos retorcidos. Pocas son las que logran traer un tema nuevo, o refrescar los temas frecuentes de un modo en que se sienta novedoso. Por eso, cuando me encuentro con una distopía tan original (y macabra) como Cadáver exquisito (Premio Clarín 2017), simplemente me explota el cerebro.

El universo catastrófico planteado por la argentina Agustina Bazterrica es, probablemente, el más escalofriante en el podríamos caer (toquemos madera). Es un futuro cercano en el que un virus ha infectado a todos los animales, haciéndolos peligrosos para la humanidad. Desde las mascotas hasta las bestias salvajes deben ser sacrificadas, y el consumo de carne queda completamente imposibilitado. Tras un largo debate internacional, y de la ineficacia para suplir la proteína animal, los gobiernos se ven obligados a legalizar la cría y comercialización de personas (que a partir de ahora serán llamadas “cabezas”, “reses” o simplemente “carne”) para consumo humano. Es entonces cuando la sociedad queda dividida en dos grandes clases: los que comen y los que son comidos.

El protagonista, Marcos Tejo, trabaja en un frigorífico, y convive a diario con la rutina de faenar humanos. No le gusta su trabajo, pero no sabe hacer otra cosa, y necesita la paga para mantener a su padre, que está internado en un geriátrico. Está casado con Cecilia, quien se ha alejado de él a partir de la reciente pérdida de su hijo recién nacido. Marcos enfrenta el más doloroso de los duelos, a la par que empieza a sentirse cada vez más incómodo con la realidad. Su aversión hacia la carne va en aumento, cuando uno de sus proveedores le regala una hembra PGP (“Primera Generación Pura”, es decir, carne de alta gama), y no sabe qué hacer con ella. En este mundo está prohibido mirar a estos seres como humanos (el término “carne humana” es reemplazado por el más amigable “carne especial”), así como mencionar la palabra “canibalismo”. Por supuesto, estrechar lazos con “la res” es una aberración, cosa que Marcos sabe, y que no es capaz de evitar a medida que se va sintiendo más y más alienado.

La lectura es tan incómoda como envolvente; hace que la piel se te erice desde las primeras líneas:

«Media res. Aturdidor. Línea de sacrificio. Baño de aspersión. Esas palabras aparecen en su cabeza y lo golpean. Lo destrozan. Pero no son sólo palabras. Son la sangre, el olor denso, la automatización, el no pensar. Irrumpen en la noche, cuando está desprevenido. Se despierta con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos.»

Sin embargo, es interesante cómo la autora ha logrado equilibrar el lenguaje a un nivel en que perturba lo suficiente y lo necesario como para no distraer de la trama. El desarrollo del personaje central es uno de los aspectos más potentes, así como los dilemas morales y las incoherencias, tan típicas de toda sociedad, humanamente imperfecta.  El narrador nos muestra una mirada irónica y crítica, donde los mismos sujetos que se escandalizan del asesinato de unos, se muestran insensibles al mandar a otros al matadero. También nos lleva a reflexionar sobre cómo los humanos nos desconectamos del sufrimiento ajeno, con tal de conservar comodidades y placeres.

No nos encontramos frente a un libro “para todos”. Para leerlo hay que mentalizarse y tener estómago fuerte. Más de uno se detendrá a meditar acerca de la industria alimentaria, y es que todos, o la mayoría de los procesos descritos en el libro, se dan en la realidad, sólo que no los vivimos en carne propia. Al mismo tiempo, la autora realiza una metáfora sobre la “naturaleza caníbal” del individuo, que, sintiéndose en la cima de la pirámide, tiende a deshumanizar a los que están abajo.

En resumen, obra 100% recomendable para lectores recios, devoradores (valga la ironía) de historias de terror y ciencia ficción distópica.

sábado, 1 de octubre de 2022

“Hocus Pocus 2”: Todo lo bueno de “Hocus Pocus 1”, ¡y más!


Por: Alexiel Vidam

Cuando se trata de segundas partes, especialmente si llegan después de tanto, a veces nos da un poquito de miedo. Y es que, seamos sinceros, Disney ha metido la pata más de una vez intentando jugar a la nostalgia: los live action de El Rey León, Mulán y Pinocho han sido algunos de sus desaciertos. Así que, cuando se anunció una segunda parte de Hocus Pocus, la reacción natural de esta humilde servidora, fue una mezcla de sentimientos opuestos.

Pues bien, comencé a ver Hocus Pocus 2 al menos con el nerviosismo de que no llegue a ser la sombra de la primera.  Debo decir, que mi sorpresa fue grande y positiva, pues me topé no sólo con un digno homenaje, sino también, con una muy bien lograda secuela.

La película cuenta con una estructura similar a la de su precursora. Inicia con un flashback que nos traslada a Salem en la época en que las brujas eran perseguidas. Luego damos un gran salto hacia la época actual donde conocemos a Becca (Whitney Peak), Izzy (Belissa Escobedo) y Cassie (Lilia Buckingham), tres adolescentes aficionadas a la hechicería. Durante un ritual de cumpleaños, Becca enciende una vela sin saber que ésta contiene una mecha negra, y termina invocando, accidentalmente, a las hermanas Sanderson.

Esta vez las brujas han aprendido de sus tropiezos en el pasado, así que deciden dejar de lado su viejo brebaje de almas, e ir de lleno en la elaboración del Magicae Máxima, el hechizo que las volverá todopoderosas y completamente invulnerables. Becca y sus amigas tendrán que evitarlo.

Al igual que su predecesora, la trama de Hocus Pocus 2 no entra en grandes pretensiones. Lo que busca es engancharnos con el encanto de sus personajes y arrancarnos carcajadas con situaciones divertidas. El mérito principal del guion está en saber combinar el espíritu noventero con las fórmulas más actuales, logrando un equilibrio perfecto. Hocus Pocus 2 recurre de cuando en cuando a algún flashback o guiño que despierta el filin de la primera película; sin embargo, añade la necesaria dosis de originalidad, presentando un conflicto completamente nuevo y perfiles protagónicos distintos a los de la primera entrega.

 La premisa central de la historia, es el vínculo de hermandad. Para reforzar esta premisa, el guion rescata un elemento clave de la mitología de las brujas: el aquelarre (el “clan” de brujas). Las brujas necesitan de su aquelarre para hacerse más fuertes y asegurar su supervivencia. Esta información es introducida a través del discurso de un nuevo personaje a quien se identifica como “Madre” (Hannah Waddingham), una bruja desconocida que le regala el libro de hechizos a Winifred Sanderson cuando ésta cumple 16 años.

En este punto vale decir que la película aprovecha el flashback inicial para explorar el background de las hermanas Sanderson y cómo descubrieron su potencial de brujas a muy temprana edad. Esta introducción no sólo es interesante porque profundiza en la biografía de las antagonistas; además, nos presenta una brillante interpretación por parte de las tres niñas que interpretan a las jóvenes Winnie (Taylor Henderson), Mary (Nina Kitchen) y Sarah (Juju Journey Brener). Estas niñas SON la versión pequeña de Bette Midler, Kathy Najimi y Sarah Jessica Parker. Las tres están genialmente caracterizadas (punto para vestuario y maquillaje) y se nota que han observado y entrenado minuciosamente cada uno de los gestos, movimientos e incluso la entonación de voz de sus versiones adultas. Gran acierto del filme iniciar con esta jugada.

Por otra parte, nuestras tres villanas de siempre están impecables en sus papeles. De hecho, una de las cosas que más me gustaron de la película fue observar a las tres actrices sumamente cómodas en sus roles y pasándola bien. Se nota que las tres disfrutan lo que hacen, y algo que llama mucho la atención, es que, a pesar de los 29 años que han pasado entre este filme y su antecesor, las tres mantienen la esencia de sus personajes. Como punto a favor de la 2, el guion logra darle un poco más de peso a los personajes de Mary y Sarah, permitiendo que Kathy Najimi y Sarah Jessica Parker aporten más a la construcción de los mismos.

Al igual que en Hocus Pocus 1, en Hocus Pocus 2 las brujas se roban el show, opacando bastante a las protagonistas (¡es que estas brujas son demasiado carismáticas!). A pesar de ello, diría que, por la propia naturaleza de estos personajes, la nueva historia ha logrado que brillen un poco más que los protagonistas de la primera entrega. Además, el hecho de que Becca, Izzy y Cassie estén vinculadas con la magia desde el principio, las vuelve oponentes más interesantes y dignas de las hermanas Sanderson.

Personalmente, en lo que considero que Hocus Pocus 2 no consigue alcanzar a Hocus Pocus 1, es en el tema musical central. Era de esperarse que, si se buscaba mantener la esencia, la música fuese un elemento importante en esta segunda película. Se nota que la producción lo ha tomado en cuenta, pues la música de este filme está bien pensada, elaborada y colocada en las escenas; el tema central, cabe decir, está muy bien elegido. Lo que sucede es que tal vez ese I Put A Spell On You había dejado la valla demasiado alta; el nuevo tema se siente muy bien, pero queda la sensación de que I Put A Spell On You es insuperable.

A pesar de ello, debo decir que, si te gustó Hocus Pocus 1, es muy probable que Hocus Pocus 2 llene tus expectativas. Todos los elementos que te gustaron de la primera película están ahí, pero con los toques necesarios para que se mantenga la novedad y que todo no sea predecible. Prepara tu kleenex, pues hay algún giro conmovedor que puede que te sorprenda. Y no se te ocurra saltar los créditos, pues la escena posterior sugiere sorpresas a futuro.

 

Ficha técnica

Dirección: Anne Fletcher
Producción: Lynn Harris, David Kirschner, Steven Haft
Guion: Jen D'Angelo
Idea original: Mick Garris y David Kirschner
Música: John Debney
Fotografía: Elliot Davis
Reparto: Bette Midler, Sarah Jessica Parker, Kathy Najimy, Whitney Peak, Belissa Escobedo, Lilia Buckingham, Doug Jones, Tony Hale, Taylor Henderson, Nina Kitchen, Juju Journey Brener
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2022
Género: Fantasía, aventura, comedia, terror, infantil
Duración: 106 minutos

 


*Esta película se encuentra disponible en Disney+.


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sábado, 31 de octubre de 2020

El maestro del suspense: Alfred Hitchcock

“Mi amor por el cine es más grande que mi moral” - Alfred Hitchcock

Por: Mariana Loli

¿Qué mérito debe uno cumplir para ser reconocido como “maestro”? “Maestro” es aquel que aprende y comparte su aprendizaje, aquel que busca ir más allá, transformar mentes, evolucionar ideas y generar un pensamiento crítico en sus aprendices. Un maestro siempre dejará un legado.

El 13 de agosto de 1899 en Leyston, Inglaterra, nació Alfred Joseph Hitchcock, un niño de familia de clase media que se ganaba la vida gracias al comercio de verduras. Alfred estudió Ingeniería hasta 1914, año en el cual su padre falleció y debió dejar los estudios para trabajar. 

Fue recién en 1920 cuando consiguió su primer trabajo relacionado a la industria cinematográfica, diseñando rótulos para la famosa Paramount Pictures. Así como su pasión, poco a poco, pasó de ser un sueño a una realidad.

Desde los años 20 hasta los años 70, trabajó con diversos géneros cinematográficos, destacando el thriller y el policial, motivo por el cual se le conoce hasta hoy como “maestro de suspense”. Su estilo de narrativa visual inspiró a reconocidos directores de cine como Steven Spielberg, Guillermo del Toro, entre otros; generaciones de directores que, hasta la actualidad, sostienen a Hitchcock como referente del cine debido a sus aportes técnicos y narrativos.  

Su técnica

Para Hitchcock, el cine era un arte visual por encima de todo. Él decía que el diálogo podía complementar la historia, pero la verdadera trama se contaba a través de las imágenes; éstas llevaban el sentido de la historia. Esta preferencia por lo visual lo condujo a desarrollar distintas técnicas que, aun con el paso de los años, no han dejado de impresionar.

Un elemento fundamental para la creación del suspenso en sus cintas fue el “tiempo artificial”, que consiste en alterar la secuencia de las tomas para extender el tiempo real a la vista del espectador. Por otro lado, los argumentos usados en las filmaciones no eran demasiado complejos, puesto, que como se mencionó anteriormente, para Hitchcock la riqueza se encontraba en la imagen. 

No era muy común prestar tanta atención a los recursos audiovisuales en dicha época; esto llevó a que la crítica tildara más de uno de sus proyectos de “inconsistentes”, provocándole números bajos en taquilla.

Según Hitchcock, el verdadero mensaje debía transmitirlo el actor a través de sus gestos faciales y acciones. Otro elemento fundamental para él, era el sonido (considerando la música y los efectos, mas no los diálogos): así como las imágenes se encargaban de transmitir el argumento, el sonido debía generar emoción y conectar al espectador con la historia. 

Paso por la pantalla chica

Entre 1955 y 1965 se emitió la serie de televisión americana La hora de Alfred Hitchcock, presentada por el director mismo. Fiel a su estilo, el género principal fue el suspense; sin embargo, trabajó también con una mezcla de drama, terror psicológico y misterio. 

La serie fue creada y producida por él mismo y está compuesta de una recopilación de pequeñas historias bastante particulares, acompañadas siempre del característico humor negro de Hitchcock. 

Al comienzo de cada episodio se presentaba frente a los espectadores con un “buenas noches”, y reaparecía en la escena final del episodio para brindar su interpretación personal de la historia.

Inicialmente la serie llevaba el nombre de Alfred Hitchcock presenta, pero luego cambió a La hora de Alfred Hitchcock por el tiempo de duración de los episodios. En total se emitieron 10 temporadas: 7 de Alfred Hitchcock presenta y 3 de La hora de Alfred Hitchcock, y si bien Hitchcock presentaba cada uno de los episodios, solo llegó a dirigir 18, ya que al mismo tiempo dirigía otros proyectos.

Para un director, realizar diferentes proyectos simultáneamente no es cosa sencilla. Ésta es una sólida prueba del talento, las habilidades y capacidades de Hitchcock como gran referente de la industria del cine. 

Su filmografía

Alfred Hitchcock durante el rodaje de Psicosis (1960).

Dentro de sus películas más destacadas se encuentra la famosa Psicosis, película de horror psicológico moderno estrenada en 1960, innovadora en su manejo de la violencia y la sexualidad cosa atípica en una época marcada por la censura. Psicosis, además, sentó las raíces para un género que se asentó por fin en 1978 ─con el estreno de Halloween─: el slasher, subgénero del terror con violencia explícita y contenido sexual, protagonizado por un asesino psicópata y un grupo de adolescentes. 

Tal fue el éxito de esta película (tuvo 4 nominaciones al Oscar), que tuvo dos secuelas de distintos directores y en 2013 se estrenó la serie de televisión Bates Motel, a modo de precuela.

Escena más recordada de Psicosis (1960)

Rebecca (1940) es su largometraje más atípico y el primero que realizó en Estados Unidos. Basada en la novela folletinesca Rebecca, escrita por Daphne du Maurier, este filme cuenta con un estilo de narración y filmación mucho más lineal que el resto de sus obras. Aun así, al estilo romántico y gótico de la novela, se añade el suspense característico del director, convirtiéndose en un clásico de su filmografía y uno de sus largometrajes más reconocidos.

Rebecca (1940)


A esta lista podemos añadir Vértigo (1958), que en su momento fue un fracaso de taquilla debido a su trama no convencional, centrada en la masculinidad y la obsesión. Sin embargo, el tiempo la reivindicado como una de las mejores películas de la historia del cine. 

Vértigo se caracteriza por su narrativa audiovisual, destacando el juego con los espejos, las persecuciones, los planos picados y la escena del campanario. Considerada, técnicamente, una obra maestra.

Vértigo (1958)


La soga
(1948) es otra de sus películas más ricas en suspense. Nos cuenta la historia de dos estudiantes que estrangulan a un compañero de la universidad y posteriormente organizan una fiesta, a la cual invitan a los familiares del muerto. Generó mucha controversia en dicha época por su representación tan real de la muerte y la suposición de que ambos protagonistas eran homosexuales. 

La película se considera un “experimento” del director, ya que deja de lado el rodaje clásico para desarrollar escenas largas y continuas (cada escena dura 10 minutos sin interrupciones). Además, el filme casi en su totalidad, se desarrolla en un sólo escenario (con excepción del exterior mostrado en la aparición de los créditos).

La soga (1948)


Por último, Con la muerte en los talones (1959) destaca como una de sus películas más originales, al fusionar el thriller con el humor. Aquí se intercala secuencias de acción y giros argumentales, consiguiendo un ritmo ágil y disfrutable. Fue la película más cara que hizo Hitchcock, pero también un éxito de taquilla con 3 nominaciones al Oscar. 

Con la muerte en los talones (1959)

Su legado

Hitchcock tiene más que merecido el apelativo de “maestro del suspense, pues su principal aporte a la industria, además de su rica y extensa filmografía, es su estilo audiovisual, que perdura a lo largo de décadas y convierte su travesía por el mundo del cine en un legado.

Existen 4 factores principales que conforman la filmografía de Hitchcock: perturbación, narrativa, innovación e influencia; todo esto en conjunto conforma su estilo único, alejado de los esquemas tradicionales de la época. 

Además, introducir el factor psicológico ha sido determinante para generar un horror diferencial en el público. Éste, mezclado con su manejo de la intriga, tan característico, asegura un producto sumamente disfrutable.

Hitchcock merece ser recordado con merecida admiración. Su innovación y su técnica pusieron a prueba el pensamiento crítico y la capacidad de análisis de sus espectadores, marcando la huella a generaciones posteriores de cineastas.

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viernes, 7 de junio de 2019

“Brightburn”: Impulsando el género del supervillano



Por: André Horruitiner

No es usual ver películas de superhéroes donde el personaje central resulta ser en realidad el que consideraríamos el “antagonista” de la historia, es decir, el villano. Algunas excepciones serían Mi Villano Favorito o Mega Mente, donde los malos terminan volviéndose “buenos” a su estilo.

Pero aquí tenemos una propuesta muy original que viene de la mano de James Gunn, director de las dos entregas de Guardianes de la Galaxia y de la próxima Suicide Squad ante su repentina y corta separación de Marvel. 

Esta vez, Gunn toma el volante de la producción, mientras Brian Gunn y Mark Gunn -su hermano y su primo respectivamente- se hacen cargo del guion. La dirección corre al mando de David Yarovesky, quien actuara con James Gunn como Devastador Gótico en Guardianes de la Galaxia.



Con una historia de origen muy similar a cierto superhéroe emblemático de capa roja y vestimenta azul, Brightburn nos presenta a los Breyer, una pareja de granjeros que encuentra a un bebé caído de otro mundo y decide adoptarlo como si fuera suyo. 

Con el tiempo, el niño empieza a desarrollar poderes… pero no los usa precisamente para el bien. Es en este punto que sus padres tratan de hacerle entrar en razón o -en el peor de los casos-, detenerlo antes de que ponga en peligro a la humanidad.

La premisa es, básicamente, “¿qué pasaría si Superman hubiese sido malo desde el inicio?”. Es cierto que esta temática ya ha sido abordada unas cuantas veces en videojuegos -como la saga Injustice-, cómics como Irremediable, y unas cuantas películas de DC Comics. 

Sin embargo, la novedad es que esta vez quien encarna a la versión malvada de Superman es un niño, protagonista de un filme de acción real del género de terror.  



Ahora viene la pregunta del millón: ¿Logra este inusual experimento cumplir con las expectativas? Las actuaciones, para ser francos, no son muy buenas, con algunas excepciones. Una de estas últimas es la del protagonista y villano de la historia: Brandon Breyer (interpretado por Jackson A. Dunn) un niño que comienza siendo dulce, inocente y emocionalmente cercano a su familia… para luego dar un giro radical al sentirse demasiado poderoso y, en consecuencia, despiadado. 

Otro caso notable es el de Caitlyn (Emmie Hunter), compañera de clase de Brandon a la cual visualizamos también como potencial pareja de él… hasta que se convierte en una de sus primeras víctimas.



Los jóvenes, entonces, no carecen de expresividad; los que flaquean, son los adultos. A estos se les percibe sobreactuados o flojos en sus pequeños diálogos. Así sucede con los padres de Brandon discutiendo sobre los cambios del muchacho y lo que deberían hacer con él, o con las sospechas del sheriff del pueblo acerca del pequeño supervillano. 

No hay mucha emoción en estos personajes; solamente hablan para que la historia avance; por ello, no sentimos ni un ápice de pena cuando empiezan a convertirse en víctimas.

En cuanto a efectos especiales, hay que destacar la creatividad empleada por el director Yarovesky y su equipo, ya que se puede observar claramente que el presupuesto no fue tan alto como en las típicas películas de superhéroes que conocemos. 

Se utiliza escenas muy rápidas e incluso ciertas tomas donde no se muestra al villano, pero te insinúan su presencia y ayudan a enfatizar el miedo a lo desconocido. La velocidad ya mencionada, además, se vincula con el poder descomunal de Brandon, a quien percibimos levantando vehículos con gran facilidad, rompiendo extremidades de quienes se crucen en su camino, o despedazando cuerpos cruelmente.



La música es poco usada. Sólo se encuentra presente en escenas de alta tensión o momentos dramáticos, especialmente los que tiene Brandon con sus padres. Yarovesky quiere, más bien que el espectador se sienta testigo directo de lo que está pasando, de modo que prioriza sonidos ambientales como los de los alrededores del bosque, la granja, la escuela o el restaurante. 

Se podría decir que la canción más destacada de todo el largometraje es Bad Guy de Billie Eilish que cierra la historia para darnos a entender el destino final de Brightburn.

Los planos que se emplean son, sobre todo, generales; no sólo para describir escenarios, sino también para mostrar la magnitud de los poderes de Brandon; estos son combinados especialmente con ángulos contrapicados, destinados a imponer la frialdad y superioridad del villano.



La luz también cuenta con una evolución interesante: comenzando con tonos más cálidos para reflejar paz y armonía, y volviéndose cada vez más fríos y tenebrosos, para mostrarnos la caída del protagonista hacia la oscuridad. El color rojo resulta ser uno de los tonos primordiales en el largometraje: refleja ira, peligro, violencia y pasión.

Otro punto a destacar dentro de la puesta en escena, es el empleo inteligente del terror. Brightburn no recurre al típico y aburrido jumpascare (el sorpresivo “¡bú!”) del que ha abusado tanto el género; tampoco recurre al gore para intimidar al espectador. Gunn y Yarovesky, por el contrario, recurren al terror psicológico; logran provocar el miedo con su sola e imponente presencia.



Para concluir, Brightburn es una propuesta original que combina el terror con la moda actual de los superhéroes. Sin embargo, se pudo hacer un mejor trabajo en la narrativa -llena de agujeros- y mucho más en la dirección de actores. 

A pesar de darnos un final interesante que abre paso a una secuela, es poco probable que volvamos a ver a este pequeño y temible villano, dado que, ni ha recibido tan buena recepción por parte del público, ni por parte de la crítica especializada.



Ficha técnica


Dirección: David Yarovesky
Producción: James Gunn, Kenneth Huang, Mark Gunn, Brian Gunn, Dan Clifton, Simon Hatt, Nic Crawley
Guion: Brian Gunn, Mark Gunn
Fotografía: Michael Dallatorre
Montaje: Andrew S. Eisen
Reparto: Elizabeth Banks, David Denman, Jackson A. Dunn, Matt Jones, Meredith Hagner
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2019
Género: Terror, superhéroes

jueves, 25 de abril de 2019

"Cementerio de mascotas": Stephen King en su punto




Por: Nicole Giuffra

Cuando surge un nuevo remake lo primero que uno hace es mirar hacia atrás y comparar. En el caso de Pet Sematary (Cementerio Maldito) existían grandes zapatos que llenar pues, la versión de Mary Lambert, es una de las adaptaciones mejor recordadas de las clásicas adaptaciones de los libros del genio del terror: Stephen King.

Cementerio de mascotas (1989) es un clásico de clásicos para los amantes del terror; tanto así que le perdonamos contenga clichés tan esperados en el género como el del “antiguo cementerio indio”. De hecho, es una película tan oscura y retorcida que le perdonaríamos absolutamente todo, para que permanezca en nuestra colección de clásicos de horror sin la mayor vergüenza.



Esta película, aparte de tener una historia perturbadora, se lleva puntos por usar, de la mejor forma posible, los efectos especiales que se tenía a la mano en la época; se puede notar el esfuerzo por lograr una sensación de realidad y estremecimiento en el espectador.

Y la historia va así: la familia Creed acababa de mudarse a una adorable casa en algún lugar del estado de Maine. El sitio era tan hogareño que realmente no importaba que no tuviese cercas para los niños y su gato, a pesar de estar a un paso de una carretera, transitada únicamente por enormes camiones a toda velocidad.



Como era de esperarse, el gato muere atropellado apenas terminan de desempacar. El vecino, Judd (Fred Gwynne), le revela a Louis Creed (Dale Midkiff) la solución al problema: hay un cementerio indio con poderes mágicos no tan lejos de ahí, donde los niños locales suelen despedir a sus compañeros, y se dice que, si entierras a tu mascota ahí, al día siguiente irá a buscarte.

El método funciona, sólo que el gato pasó de ser una tierna mascota familiar a un engendro vicioso, la real encarnación del demonio versión gatuna. Así que a partir de acá empezamos a dudar del criterio de Louis cuando entierra a su hijo Gage (quien corrió la misma suerte que el gato), en el cementerio de mascotas.



Cementerio Maldito es así, una historia fuera de lo común porque, a pesar de su premisa en tonos fantásticos, tiene personajes que se tiñen de un realismo inquietante. Se me eriza la piel al pensar que las peores partes de la película, en mi opinión, están ligadas a una enfermedad que existe en la vida real: meningitis espinal.

Lo realmente macabro de este film son los niños. Se ve niños endemoniados, enfermos y en cualquier otra situación incómoda en la que te puedas imaginar. Lo suficiente como para dudar si el sueño de la familia americana es para ti.


El personaje del pequeño Gage (Miko Hughes) está diseñado especialmente para dejar una profunda huella en el espectador: supera cualquier expectativa. Primero es atropellado por un tráiler, luego resucita como zombie y al ser sepultado por su padre en el cementerio, despierta como un bebé psicópata con navaja en mano. 

Después es asesinado de nuevo, lo cual nos lleva a pensar. “¿Quién es la madre de este niño actor y qué incluyó en el contrato de rodaje?”


Todo sobre este cementerio “maldito” es absolutamente perfecto para mí. La macabra historia es una de las mejores creaciones de King; las actuaciones son genuinamente aterradoras, y las situaciones no temen meterse en tabúes de vez en cuando.

Esta es, probablemente, una de las adaptaciones cinematográficas más precisas de cualquiera de sus obras. Es más, fue el mismísimo Stephen King quien escribió el guion y, no contento con eso, decidió probar sus dotes actorales como el ministro que oficia el entierro de uno de los personajes.



Definitivamente vale la pena verla, en especial porque, si a niños malditos se refiere, no hay nada que te aferre más al plan anticonceptivo como ver a Miko Hughes en acción. Podría atreverme a decir que ni siquiera Harvey Stephens como Damien de 1976 en The Omen (La Profecía) lo ha logrado.

Ficha técnica

Dirección: Mary Lambert
Producción: Richard P. Rubinstein
Guion: Stephen King
Idea original: Stephen King (De su novela Cementerio de mascotas)
Música: Elliot Goldenthal
Fotografía: Peter Stein
Montaje: Michael Hill, Daniel Hanley
Vestuario: M. Stewart
Reparto: Dale Midkiff, Fred Gwynne, Denise Crosby, Brad Greenquist, Stephen King
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 1989
Género: Terror
Duración: 98 minutos


*Para ver la película completa online, click aquí.

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