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sábado, 29 de julio de 2023

“Maus”: cruda, sincera y emotiva

Por: Jean Piero Camarena Sanabria
(Staff del círculo de anime de la ULima)

Leer Maus, de Art Spiegelman, es un viaje muy personal e íntimo hacia las memorias del protagonista. Y hago énfasis en “personal”, porque Vladek (nuestro personaje principal), es el padre del autor, quien vivió en carne propia uno de los más trágicos momentos de la historia: La Segunda Guerra Mundial. Por esto, y con información de primera mano, Spiegelman es capaz de reconstruir la cara más cruda, humana y realista de esta época, y en especial, humana, del oscuro episodio del Holocausto

El autor construye una novela gráfica basada en entrevistas a su propio padre: Vladek Spiegelman, un judío polaco. Su objetivo: explorar a profundidad las vivencias de su familia durante uno de los más atroces episodios de la humanidad.

Cuando se comenzó a publicar en 1980, el cómic no era tomado como un medio de expresión lo suficientemente serio como para representar este tipo de temáticas, por lo que Art tuvo que innovar en la narración de su obra. Su forma de hacerlo fue utilizando animales y su comportamiento en la cultura popular para representar a cada grupo de personas con una especie distinta. Así, los judíos son ratones, los nazis son gatos, los estadounidenses son perros, etc. Cada animal escogido cumple un rol durante los hechos de la Guerra, los ratones son cazados por los gatos, pero ellos son perseguidos por los perros.

La elección de los animales también fue realizada como crítica hacia los países y su accionar durante la guerra, esto provocó que su obra fuera prohibida durante algunos años en varios de ellos (como en Polonia, donde sus habitantes fueron representados como cerdos), ya que se sintieron ofendidos por su representación. La novela gráfica se dividió en dos tomos: Mi padre sangra historia (publicado en 1986) y Allí empezaron mis problemas (1991), relatando respectivamente la vida de su padre como judío antes y durante la guerra y su posterior traslado a Auschwitz (uno de los campos de concentración nazi más hórridamente famosos).

Esta obra no solo es el primer comic en ganar un premio Pulitzer (1992), sino que fue (y sigue siendo) una experiencia narrativa fuera de lo normal. Con cierta frecuencia, los medios de comunicación nos muestra a los protagonistas de estos relatos de manera idílica, remarcando especialmente en su nobleza y sus actos heróicos. Por el contrario, Maus es un golpe de realidad; el autor desde un inicio no muestra la mínima intención de idealizar la figura de su padre o la de su familia.

Esto lo observamos durante el desarrollo de la historia, donde se narra simultáneamente dos líneas temporales: las vivencias de su padre durante los años de la Guerra (1930-1945), y la relación que tenía con su padre durante la concepción y creación de la obra (1977-1979). Usando estas líneas narrativas, Art nos presenta a una “persona real”, señalando los defectos y virtudes de su padre antes, durante y después de la Guerra.

Vladek es un personaje atípico; durante la mayor parte del tiempo puede llegar a caernos bastante mal, dado que es tacaño, interesado y bastante prejuicioso. Sin embargo, es imposible no conectar con él durante los horribles pasajes de la guerra: el hambre, la enfermedad, el maltrato, la pérdida de amigos, parientes… hijos. Una serie de calamidades tan atroces que dejan huellas profundas en los supervivientes aún muchos años después.

Lo que sentimos hacia Vladek durante esos pasajes es sincero, cada momento de angustia, terror y felicidad que le sucede, podemos sentirlo como si fuésemos él. Porque en Vladek vemos a un padre, esposo, hijo o amigo; y aunque sepamos desde el comienzo de la historia que él sobrevivió, realmente queremos conocer los detalles de lo que tuvo que pasar para llegar a contarnos su historia. En este punto, la obra nos lleva a preguntarnos si nosotros, quienes la leemos, hubiésemos tenido su fortaleza o voluntad para vivir un día más. 

Todo lo anterior se amplifica en el final de la novela gráfica, que consigue un efecto diferente en cada persona: tristeza, alegría, desesperanza o una profunda reflexión. Es posible que leer Maus sea “denso” por todas las emociones que nos hace sentir mientras nos adentramos en su historia, pero es precisamente que se convierte en una lectura imprescindible. 

martes, 17 de marzo de 2020

Libro vs. película: ¿“El cielo enjaulado” o “Jojo Rabbit”?

Por: Alexiel Vidam

Anoche acabé de leer El cielo enjaulado, novela de Christine Leunens, después de haber visto Jojo Rabbit dos veces consecutivas (me encantó esa película). Para quienes no lo sabían, Jojo Rabbit se inspira en esta novela, tomando la idea original, el nombre del protagonista y varios pasajes.

Sin embargo, de ninguna manera podríamos decir que se trata de la misma historia, pues el modo en que se desarrollan las tramas y se colorean los distintos pasajes, marca una significativa diferencia; además, cada una cuenta con elementos propios que las hacen únicas, consiguiendo un impacto completamente distinto en cada caso.

Foto de la obra teatral basada en El Cielo Enjaulado,
escrita por Desiree Gezentsvey y dirigida por Andrew Foster.

Como ya hemos señalado, el punto de partida se mantiene, de modo que tenemos a Johannes Betzler (a quien llaman “Jojo” únicamente en la película), un niño de diez años fascinado por Hitler, que ingresa a las Juventudes Hitlerianas (un grupo a lo boy scouts que se usó para adoctrinar a niños y jóvenes en la ideología nazi).

Tras un accidente, se ve obligado a pasar una temporada en casa, momento en el que descubre que su familia oculta a una joven judía de nombre Elsa Korr. Su presencia, genera en el protagonista un rechazo inicial que pronto se convierte en fascinación… y enamoramiento.


Y a partir de aquí comienzan las diferencias.

**ATENCIÓN A SPOILERS**

Mientras que en la novela, los hechos comienzan con la anexión de Austria —donde se desarrolla la historia— al Tercer Reich, en la película, nos situamos en Alemania (por ende, la nacionalidad del protagonista cambia). Jojo se mantiene con diez años, pues en la versión cinematográfica, todo transcurre en un año y medio; por su parte, el Johannes de la novela, empieza con diez años, pero la mayor parte de la historia se la pasa entre la adolescencia y la adultez, terminando de narrar, inclusive, cuando ya tiene canas encima.


La familia del protagonista, en la película, es básicamente la madre, pues la hermana ha muerto y el padre se encuentra ausente. En contraste, en la novela, Johannes vive con sus padres y su abuela; su hermana ha muerto de diabetes —en la película ha muerto de influenza— y el resto de personajes va desapareciendo progresivamente.


Otro detalle fundamental es el amigo imaginario de Jojo, Adolf Hitler, quien en la versión cinematográfica le hace las veces de padre y otras veces de vieja creencia; es quien representa sus conflictos y cuestionamientos acerca de lo que siempre ha creído y puede no ser verdad.

En la novela, este personaje es inexistente; casi tan inexistente como los conflictos ideológicos de Johannes. Johannes, en la novela, es un radical en todo sentido —no un niño ingenuo que sólo busca encajar—; es mucho más agresivo con sus creencias y, si bien de algún momento muestra decepción hacia Hitler, nunca llega a admitir que se había equivocado.


Pero lo más importante de todo, es lo dicho en un comienzo: el tono de la historia. El cielo enjaulado es un drama de amores tóxicos y egoístas; ahí, se confunde la intensidad del amor con la dependencia; el deseo de compañía con el apego egoísta que pasa por alto el deseo del otro.

Jojo Rabbit, es más bien una comedia dramática, donde se contrasta la caricaturización del fanatismo con la realidad cruda y desgarradora. Para Jojo, en un principio, todo parece un gran juego de aventuras, pero pronto se convierte en una tragedia donde reinan el hambre, la muerte y la soledad.


A mi parecer, Jojo Rabbit es un relato mucho más ligado a reflexionar sobre la Historia —a pesar de que, en este sentido, la novela brinde mucho más detalle—, ridiculizando el nazismo en primera instancia, y luego mostrándonos sus crueles consecuencias. La novela, por otro lado, se centra más en la obsesión del protagonista. 

Su visión del mundo ha creado una morbosa fijación en torno a Elsa, sobre quien, además, se siente por encima y con todo derecho a ejercer control sobre el curso de su vida. Se entiende, pues, que Jojo y Johannes, aunque se llamen igual, son diferentes personajes, pues en Jojo predominan la inocencia y la bondad, mientras en Johannes predominan la rabia y el egoísmo.



Si bien en gustos se rompen esquemas y ambas obras tienen sus puntos interesantes, a mi parecer, la balanza se inclina a favor Jojo Rabbit, pues presenta un relato mucho más contundente y preciso. El mensaje la película, es la pérdida de la inocencia; la mirada mágica e infantil que se derrumba ante el descubrimiento de una realidad cruda y desgarradora.

Esto se consigue, sobre todo, gracias al excelente guion de Taika Waititi —lleno de frases memorables— y a las brillantes actuaciones, destacando a Roman Griffin Davis como el entrañable Jojo, al propio Waititi como el caricaturesco Hitler y a Archie Yates como el cándido y apachurrable Yorkie.


La novela, en contraste, se centra en el amor enfermizo que surge de la atracción hacia lo prohibido. Sin embargo, el problema principal de la obra literaria, consiste en el afán de abarcar demasiado.

La historia comienza con el inicio de la II Guerra Mundial y acaba extendiéndose hasta la Guerra Fría (en la película ya nos ubican hacia fines de la II Guerra Mundial y llegamos hasta la conclusión de la misma), de modo seguimos al protagonista haciéndose mayor y los cambios que se van dando en su familia.

Esto puede sonar interesante, pero a la vez provoca que el foco se desvíe de la relación con Elsa, la cual muchas veces permanece estancada. Llega un punto en el que sentimos que el vínculo entre ambos ha agotado posibilidades; el contexto histórico, inclusive, pierde interés con el fin de la guerra, lo cual conduce a que la mentira de Johannes se vuelva tediosa y los métodos de manipulación cada vez menos verosímiles.



*Para leer el libro en pdf, click aquí.

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viernes, 6 de marzo de 2020

Personaje de la semana: Jojo, “el Conejo”



Por: Alexiel Vidam

Una de las cosas que más destacan de Jojo Rabbit, de Taika Waititi, es el matiz. El matiz de mostrar el lado vulnerable y cuestionador de una Alemania normalmente definida como el villano. El matiz de personas que tal vez tuvieron que aceptar algo por imposición, o de jóvenes cuya inocencia fue corrompida desde temprano, a fin de crear fantasmas que no existían allí.


El representante máximo de esa inocencia perdida, es el pequeño Johannes Betzler, también conocido como “Jojo” (​Roman Griffin Davis); un niño alemán emocionado por su reciente ingreso a las Juventudes Hitlerianas (un grupo juvenil obligatorio en el que se mezclaba el adoctrinamiento con campamentos de verano y actividades a lo boy scouts).

Como típico niño de su contexto, Jojo es fan de Hitler, con quien mantiene extensas —y satíricas— pláticas imaginarias. Hitler (Taika Waititi), en su imaginación, cumple el rol de mejor amigo y figura paterna al  mismo tiempo, pues su verdadero padre no está; su madre, Rosie (Scarlett Johansson), le ha dicho que está peleando en el frente.


Para Jojo, hasta este punto, el mundo es sencillo: se divide en “buenos” y “malos”. Los alemanes, por supuesto, son los buenos, mientras que los judíos —esos monstruos con cuernos y escamas, que duermen boca abajo como murciélagos— son los malos, así como todos los enemigos de Alemania… Hasta que Jojo descubre a Elsa (Thomasin McKenzie), la niña que su madre esconde en el ático.


Elsa es judía, y se convierte en la revolución mental del protagonista, cuando poco a poco se va acercando a ella, develando mitos y descubriendo sus propios sentimientos. Jojo está en un dilema: ¿Cómo podría querer a un ser que supuestamente es demoníaco y se come a los niños nazis? ¿Cómo es que su madre podría haberla estado escondiendo? Entonces ya nada es tan claro y Jojo comienza a cuestionar sus propias creencias. 

Al mismo tiempo, comienzan las discusiones cada vez más frecuentes con su demandante amigo imaginario, quien intenta constantemente devolverle al camino nazi. Esa representación caricaturesca de Hitler, no es más que la vieja creencia ciega de Jojo, que se resiste a caer por completo.



Jojo, pues, a pesar de su corta edad, es un personaje completo y con una evolución bastante intensa. Es apenas un niño, pero desde un inicio se le impulsa a incubar ideas radicales acerca de la guerra y dar la vida por el partido.

Sin embargo, tanto su propia sensibilidad como su capacidad para evaluar las cosas que van pasando a su alrededor —con toda su brutalidad— le van llevado a cuestionar el pensamiento que se le había impuesto. Jojo tiene sólo 10 años, pero ha vivido más de la cuenta.



Finalmente, cabe resaltar la sorprendente expresividad de este personaje (interpretado con brillantez por Roman Griffin Davis, quien hace aquí su debut cinematográfico). El pequeño Jojo nos roba el corazón apenas con una mirada, un gesto, una de sus sonrisas de conejo que le terminan de colocar el apodo (“Jojo, el conejo”, es el apodo que le ponen los bullies de las Juventudes Hitlerianos cuando no puede realizar una cruel tarea que le imponen).

La crudeza de la guerra, de ese mundo de ilusiones que se resquebraja con un fuerte bombardeo de realidad, también es observada a través de sus ojos, que, de manera progresiva, aunque bastante drástica, pierden por completo la ingenuidad.




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martes, 8 de agosto de 2017

"Dunkirk": Tiempos de guerra según Christopher Nolan



Por: Sergio Cueto

"Hombres de mi edad dirigen esta guerra. ¿Por qué
permitimos enviar a nuestros hijos a combatirla?"

Autor de películas de culto como Insomnia, Memento, Inception y The Prestige, la carrera de Christopher Nolan está cargada de títulos inolvidables. Es un reconocido y envidiado director - algunos dicen sobrevalorado- que ha causado revuelo en los medios desde que se anunciara el rodaje de este trabajo, a raíz de unas declaraciones en las que afirmaba que Netflix era una moda pasajera y que poco le importaba para el desarrollo de su quehacer profesional. La polémica estaba servida.


Controversia aparte, Nolan nos regala, sin lugar a dudas, una película increíble, que no se parece a ninguna otra de su filmografía: Interpretaciones sobresalientes, banda sonora impecable y un montaje sensacional que hacen de Dunkirk (Dunkerque en salas latinoamericanas) una experiencia única que será recordada como un hito del cine bélico, difícil de olvidar.

Tiene como marco, un hecho histórico real afrontado desde distintos puntos de vista: un grupo de soldados en tierra, un pescador inglés con su padre y un amigo en altamar, un  intrépido piloto militar… Todo ello para llevarnos al corazón de una guerra desde tres flancos distintos -tierra,  mar y aire- en busca de un mismo objetivo: sobrevivir.


¿La historia? En plena II Guerra Mundial, miles de británicos y tropas aliadas se encuentran rodeados por las fuerzas enemigas en la ciudad francesa de Dunkerque. Atrapados y con el mar a sus espaldas, estos valientes se enfrentan a una situación imposible mientras el ejército contrario se acerca.


Así, formamos parte de la llamada Operación Dynamo, conocida como "El milagro de Dunkirk", una complicada operación de evacuación del destacamento aliado a finales de mayo de 1940. Esta operación permitió el rescate de más de 200.000 soldados británicos y más de 100.000 franceses y belgas.


Comandante Bolton: Casi puedes verlo desde aquí.
Capitán Winnant: ¿Qué?
Comandante Bolton: Nuestro hogar.

El guión cuenta con poco diálogo, creando suspenso a través de los detalles. La grabación inició en mayo de 2016 en Francia, y terminó en los EE.UU., donde se realizó la post-producción. Dunkirk se grabó en IMAX de gran formato y requirió de efectos altamente realistas, empleando más de 6000 extras, la construcción de botes y el uso de aeronaves de la época para las secuencias aéreas. Toda una proeza fílmica, muy al estilo grandilocuente del director de la trilogía de The Dark Knight e Interstellar.

Y ya que hablamos del formato, está claro que Nolan es un innovador por el modo en que concibe sus películas; así lo demuestra exprimiendo al máximo todas las características formales del formato –audio, definición y nitidez– a su favor. Es más, nos atrevemos a decir que la "experiencia completa" solo se puede conseguir en una sala IMAX (y como película de 35 y 70 milímetros), tal como recomendó el director.


Nolan ha expresado en repetidas ocasiones que Dunkirk no es su proyecto más personal, pero es evidente que la simple elección de la temática bélica conlleva una mayor carga emocional si tenemos en cuenta su origen británico. La cinta es, además, una producción entre Países Bajos, el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos.

¿Lo mejor? Tensión de principio a fin. No nos da tiempo de respirar. Además, al no haber largas conversaciones, prima aquí el lenguaje audiovisual que va de la mano con la utilización de una banda sonora excepcional, marca personal de Hans Zimmer, habitual cómplice fílmico de Nolan. Atención al cameo de voz del gran Michael Caine al inicio de la película. ¿Lo notaron?


Estamos entonces ante una historia épica muy íntima, con personajes llenos de luz, sombras y un viaje particular para conectarlas en un marco de tensión invisible, difícil de igualar. De momento y de modo particular, es lo mejor que hemos visto de este año y que ha recaudado más de 269 millones de dólares en la taquilla mundial durante sus primeros 15 días en cartelera.




Ficha técnica

Dirección: Christopher Nolan
Producción: Emma Thomas, Christopher Nolan, Greg Silverman
Guión: Christopher Nolan
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Montaje: Lee Smith
Reparto: Fionn Whitehead, Cillian Murphy, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Aneurin Barnard, Jack Lowden, Harry Styles
País(es): Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Países Bajos
Año: 2017
Género: Bélico

martes, 10 de marzo de 2015

En memoria de Alan Turing

A propósito de Código Enigma



Por: Alexiel Vidam

El caso de Alan Turing es quizás uno de los más injustos de la historia. ¿Cómo es que un héroe de guerra llega a convertirse en un criminal? Para quienes no vieron aún The Imitation Game  (Código Enigma en Latinoamérica), les comento que no fue que el héroe luego se convirtiese en asaltante de bancos, narcotraficante o político corrupto. No. Sucede que este destacado profesor de Cambridge, dueño de una de las mentes científicas más prodigiosas que han existido hasta la actualidad… era homosexual.

El verdadero Alan Turing
Por si no lo sabías hasta este momento, Alan Turing es el creador de ese objeto al que te has vuelto tan adicto desde hace ya varios años: la computadora; ésa que no sólo tienes en casa, sino que llevas en el maletín o incluso en una versión miniatura en tu celular.

Ok. Tal vez la máquina de Turing no era como la conoces hoy en día. No tenía pantalla, ni todos los elementos internos o externos que eres capaz de manipular ahora, pero el invento de Turing fue el primer aparato con la capacidad de codificar y decodificar. O sea que sin él -posiblemente- no existirían los programas; seguiríamos usando máquinas de escribir y todas las comunicaciones a distancia serían por teléfono o carta (nada de Whatsapp ni Facebook, señores; tendrían que llamar por teléfono, tal cual hacían cuando todos usaban “ladrillos”). Turing fue, además, el primero en plantear la posibilidad de que las máquinas posean un tipo de inteligencia… lo que hoy conocemos como “Inteligencia Artificial” (así que también es el precursor de Terminator,  Blade Runner, Matrix, entre otros).

La Máquina de Turing

Ahora, el contexto en el cual creó su prodigiosa máquina, es todavía más admirable. Sucede que durante la II Guerra Mundial, los alemanes contaban con un artilugio llamado Enigma, mediante el dirigían y monitoreaban sus avances militares. El tema es que Enigma enviaba todos los mensajes en códigos que duraban sólo 24 horas. Pasado este lapso de tiempo, los códigos cambiaban y el trabajo de los criptógrafos ingleses -que interceptaban los mensajes- debía iniciar de cero. Turing, a cargo de la sección Hut 8, inventó no una simple réplica de Enigma, sino un mecanismo capaz de verificar metódicamente todas las configuraciones de ésta hasta romper su código. Para esto -a diferencia de lo mostrado en The Imitation Game, donde el aparato funciona prácticamente solo-, era necesario que el usuario introduzca valores específicos de manera analógica, de modo que la máquina pudiese ponerse a buscar patrones. Era pues, dada su capacidad de seguir comandos (órdenes), un modo rudimentario de software.

Enigma, la máquina de los nazis.

Gracias a Turing, no sólo fue posible detectar los próximos avances alemanes, sino que se crearon estrategias para acortar la guerra, sin que los nazis noten haber sido descubiertos. Los especialistas calculan que esto permitió reducir el enfrentamiento en dos años. A pesar de ello, Turing no recibiría el reconocimiento correspondiente hasta 2013, cuando la reina Isabel II le concedió el “perdón real” por “una sentencia que ahora se consideraría injusta y discriminatoria”. En su momento más bien fue víctima de una ley retrógrada que le condenó a la castración química (inyecciones de estrógenos) por “indecencia”. Como resultado, Turing sufrió cuadros severos de inestabilidad emocional, aumentó exageradamente de peso y desarrolló unos prominentes pechos. Al año siguiente, se suicidó ingiriendo un trozo de manzana con cianuro.


Turing y The Imitation Game

He leído por ahí que varios seguidores de Turing anteriores al estreno de la película se han rasgado  las vestiduras con la adaptación realizada por Morten Tyldum. “Ése no es Alan Turing”, señalan, y añaden que el personaje interpretado por Benedict Cumberbatch se parece más a su papel en la serie Shelock Holmes, fusionado con Sheldon Cooper, de The Big Bang Theory.

El Turing de Cumberbatch es un sujeto arrogante, taciturno, solitario, semi-autista (nótese su  incapacidad para entender las indirectas) y con un sentido del humor que brilla por su ausencia. Vive su homosexualidad en secreto y podríamos decir que se siente culpable por ella. Por el contrario, las biografías y testimonios de sus conocidos, le revelan como un sujeto que, aunque tímido y excéntrico (solía llevar piyama debajo del terno), era bastante tratable, fácil de querer y predispuesto a trabajar en equipo. Se sabe también que no ocultaba su homosexualidad, sino que la mostraba de manera natural y abierta, aunque no tenía mucha suerte en las cuestiones amorosas. No se le describe como Asperger, pero sí como un sujeto algo nervioso que en ocasiones tartamudeaba.

El Turing de la ficción ya integrado a su equipo de trabajo.

En este sentido es cierto que el Turing presentado por Tyldum discrepa bastante de la realidad. Se le ha edulcorado además con una historia de bullying sobre la cual no hay registros, y se añadió el detalle dulzón de ponerle “Christopher” -como el amor adolescente de Turing- a la primera máquina del inventor (llamada en verdad “Victoria”, en honor al artificio polaco que tomó de base). Sin embargo, yo creo que la película, así como el personaje, cuenta con más puntos a favor que en contra.

Benedict Cumberbatch como Alan Turing.

Antes del estreno de la película, yo tenía una idea general sobre los orígenes del computador (recordando mis clases universitarias de Historia de la Comunicación…), pero no recordaba ni vagamente el nombre de Alan Turing. O acaso no lo escuché antes, o acaso mi memoria fue ingrata con este señor; lo cierto, es que su nombre no sonaba por lo menos entre el común de mortales. Él, al igual que otros tantos genios, ha sido rescatado gracias a la ficción del cine, la TV y los medios en general (seguro que antes de ver Jobs o The Big Bang Theory, tampoco conocías a Steve Wozniak y pensabas que el genio creador era Jobs). Puede que esta versión Hollywood esté adaptada a una sociedad consumista que necesita de algunos buenos y malos; o puede también que la masa no hubiese asistido al cine -así como fue- si presentaban de plano a un homosexual sin tapujos. No obstante, The Imitation Game no sólo es un filme que saca a la luz el nombre de Turing y despierta curiosidad sobre él (de no ser por eso, no estarían leyendo este post), sino que además denuncia la injusticia de las mentes rancias que condenaron a este hombre, arrastrándole hacia la muerte.

Hacia el final de la historia. Turing en su momento más dramático.

Es verdad que el filme se toma varias libertades. Por ahí reclaman que él no se conoció muy de cerca con Hugh Alexander, y que jamás se cruzó con John Carincross. A mí me parecen críticas un poco exageradas, pues no hablamos de un documental y los personajes mencionados son secundarios. No dan giros fatales a la historia, sino que añaden algo de emoción sin alterar e argumento central. La presencia de Hugh pretende crearle una imagen rival a Turing y representa las negativas que suele recibir un genio al presentar una idea demasiado original. Por otra parte, la presencia de Cairncross busca es poner a Turing en aprietos con respecto a su homosexualidad, así como reflejar claramente el afecto que sentía él por Joan Clarke.

Alan Turing y Joan Clarke en la ficción.

Es curioso que en la mayoría de críticas negativas que he leído, se dé mucha importancia a la forma que se presenta el “romance” entre Clarke y Turing, cuando en realidad es una de las partes mejor adaptadas. Por el contrario de forzar un enamoramiento, la película busca mostrar la frustración de Turing, al no poder reflejar sentimientos que no existían. Ello se dio también en la realidad: Turing trabajó junto a Clarke y tuvieron una amistad bastante cercana; salían incluso al cine o a pasear juntos. Un día él la sorprendió pidiéndole matrimonio y dándole un beso, pero luego sintió que la cuestión no funcionaría debido a sus inclinaciones y continuaron siendo amigos.

El comandante Denniston y Alan Turing de The Imitation Game.

En verdad, la única denuncia que me parece realmente justificable, es la que ha dado la familia Denniston, molestos porque el filme convierta a su pariente en el villano que nunca fue. Al margen de eso, creo que el personaje construido por Tyldum e interpretado por Cumberbatch no sólo logra calar e intrigar al espectador, sino le sensibiliza ante una cuestión que genera controversia. La escena final con Turing destrozado por el tratamiento hormonal es desgarradora y nos lleva a reflexionar sobre los crímenes de la intolerancia.