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martes, 17 de marzo de 2020

Libro vs. película: ¿“El cielo enjaulado” o “Jojo Rabbit”?

Por: Alexiel Vidam

Anoche acabé de leer El cielo enjaulado, novela de Christine Leunens, después de haber visto Jojo Rabbit dos veces consecutivas (me encantó esa película). Para quienes no lo sabían, Jojo Rabbit se inspira en esta novela, tomando la idea original, el nombre del protagonista y varios pasajes.

Sin embargo, de ninguna manera podríamos decir que se trata de la misma historia, pues el modo en que se desarrollan las tramas y se colorean los distintos pasajes, marca una significativa diferencia; además, cada una cuenta con elementos propios que las hacen únicas, consiguiendo un impacto completamente distinto en cada caso.

Foto de la obra teatral basada en El Cielo Enjaulado,
escrita por Desiree Gezentsvey y dirigida por Andrew Foster.

Como ya hemos señalado, el punto de partida se mantiene, de modo que tenemos a Johannes Betzler (a quien llaman Jojo” únicamente en la película), un niño de diez años fascinado por Hitler, que ingresa a las Juventudes Hitlerianas (un grupo a lo boy scouts que se usó para adoctrinar a niños y jóvenes en la ideología nazi).

Tras un accidente, se ve obligado a pasar una temporada en casa, momento en el que descubre que su familia oculta a una joven judía de nombre Elsa Korr. Su presencia, genera en el protagonista un rechazo inicial que pronto se convierte en fascinación… y enamoramiento.


Y a partir de aquí comienzan las diferencias.

**ATENCIÓN A SPOILERS**

Mientras que en la novela, los hechos comienzan con la anexión de Austria —donde se desarrolla la historia— al Tercer Reich, en la película, nos situamos en Alemania (por ende, la nacionalidad del protagonista cambia). Jojo se mantiene con diez años, pues en la versión cinematográfica, todo transcurre en un año y medio; por su parte, el Johannes de la novela, empieza con diez años, pero la mayor parte de la historia se la pasa entre la adolescencia y la adultez, terminando de narrar, inclusive, cuando ya tiene canas encima.


La familia del protagonista, en la película, es básicamente la madre, pues la hermana ha muerto y el padre se encuentra ausente. En contraste, en la novela, Johannes vive con sus padres y su abuela; su hermana ha muerto de diabetes —en la película ha muerto de influenza— y el resto de personajes va desapareciendo progresivamente.


Otro detalle fundamental es el amigo imaginario de Jojo, Adolf Hitler, quien en la versión cinematográfica le hace las veces de padre y otras veces de vieja creencia; es quien representa sus conflictos y cuestionamientos acerca de lo que siempre ha creído y puede no ser verdad.

En la novela, este personaje es inexistente; casi tan inexistente como los conflictos ideológicos de Johannes. Johannes, en la novela, es un radical en todo sentido —no un niño ingenuo que sólo busca encajar—; es mucho más agresivo con sus creencias y, si bien de algún momento muestra decepción hacia Hitler, nunca llega a admitir que se había equivocado.


Pero lo más importante de todo, es lo dicho en un comienzo: el tono de la historia. El cielo enjaulado es un drama de amores tóxicos y egoístas; ahí, se confunde la intensidad del amor con la dependencia; el deseo de compañía con el apego egoísta que pasa por alto el deseo del otro.

Jojo Rabbit, es más bien una comedia dramática, donde se contrasta la caricaturización del fanatismo con la realidad cruda y desgarradora. Para Jojo, en un principio, todo parece un gran juego de aventuras, pero pronto se convierte en una tragedia donde reinan el hambre, la muerte y la soledad.


A mi parecer, Jojo Rabbit es un relato mucho más ligado a reflexionar sobre la Historia —a pesar de que, en este sentido, la novela brinde mucho más detalle—, ridiculizando el nazismo en primera instancia, y luego mostrándonos sus crueles consecuencias. La novela, por otro lado, se centra más en la obsesión del protagonista. 

Su visión del mundo ha creado una morbosa fijación en torno a Elsa, sobre quien, además, se siente por encima y con todo derecho a ejercer control sobre el curso de su vida. Se entiende, pues, que Jojo y Johannes, aunque se llamen igual, son diferentes personajes, pues en Jojo predominan la inocencia y la bondad, mientras en Johannes predominan la rabia y el egoísmo.



Si bien en gustos se rompen esquemas y ambas obras tienen sus puntos interesantes, a mi parecer, la balanza se inclina a favor Jojo Rabbit, pues presenta un relato mucho más contundente y preciso. El mensaje la película, es la pérdida de la inocencia; la mirada mágica e infantil que se derrumba ante el descubrimiento de una realidad cruda y desgarradora.

Esto se consigue, sobre todo, gracias al excelente guion de Taika Waititi —lleno de frases memorables— y a las brillantes actuaciones, destacando a Roman Griffin Davis como el entrañable Jojo, al propio Waititi como el caricaturesco Hitler y a Archie Yates como el cándido y apachurrable Yorkie.


La novela, en contraste, se centra en el amor enfermizo que surge de la atracción hacia lo prohibido. Sin embargo, el problema principal de la obra literaria, consiste en el afán de abarcar demasiado.

La historia comienza con el inicio de la II Guerra Mundial y acaba extendiéndose hasta la Guerra Fría (en la película ya nos ubican hacia fines de la II Guerra Mundial y llegamos hasta la conclusión de la misma), de modo seguimos al protagonista haciéndose mayor y los cambios que se van dando en su familia.

Esto puede sonar interesante, pero a la vez provoca que el foco se desvíe de la relación con Elsa, la cual muchas veces permanece estancada. Llega un punto en el que sentimos que el vínculo entre ambos ha agotado posibilidades; el contexto histórico, inclusive, pierde interés con el fin de la guerra, lo cual conduce a que la mentira de Johannes se vuelva tediosa y los métodos de manipulación cada vez menos verosímiles.



*Para leer el libro en pdf, click aquí.

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sábado, 5 de marzo de 2016

A propósito de "Carol"… ¿El libro o la película?



Por: Alexiel Vidam

Después de enviciarme con Carol, de Todd Haynes, el siguiente paso era bastante predecible (o al menos para mí): leer la novela. Para quienes no lo sabían, esta película se inspiró en la novela homónima de Patricia Highsmith, que inicialmente se lanzó con el título El precio de la sal, y bajo el pseudónimo de Claire Morgan. No es la primera novela de Highsmith que se traslada al cine, dicho sea de paso. El pionero en llevar una de sus historias a la pantalla grande, fue Alfred Hitchcock, quien adaptó Dos extraños en un tren en 1951.

**ATENCIÓN A SPOILERS**

Algo que pude notar de entrada al empezar a leer, fue que en la novela, las descripciones eran mucho más sugestivas desde el primer momento, lo cual, por supuesto, vuelve mucho más evidentes los sentimientos de Therese. Mientras que en la película la tensión se maneja de manera más sutil mediante gestos, juegos de miradas y silencios, en el libro tenemos contacto directo con los pensamientos de Therese (que es la verdadera protagonista, o por lo menos la co-protagonista principal), de modo que llegamos a compenetrarnos con el personaje a un punto en que incluso nos ruborizamos cuando ella se siente al descubierto.

La forma en que ella y Carol se conocen, si bien ha sido tomada del libro, en el filme presenta ciertas diferencias: Para comenzar, Therese no es fotógrafa sino escenógrafa. Se conoce con Carol en la tienda de juguetes, pero Carol nunca olvida sus guantes, sino que Therese queda tan impactada con su presencia, que a la hora de enviarle su compra, añade una tarjeta de navidad. Es ése el motivo por el que Carol la invita a cenar.

Como es de esperarse, debido a la mayor libertad de extensión que permite la literatura, en la novela los personajes están más desarrollados (incluso Richard, el novio de Therese). El preámbulo hacia el viaje que emprenden Carol y Therese también se hace más largo, y el viaje en sí, también está más lleno de paradas y descripciones; por ello, como lectores, nos sentimos más cerca de las protagonistas y vivimos más a fondo su romance.



El estilo que muestra el libro, de hecho, es bastante envolvente y encuentra su punto más fuere en la exploración psicológica de Therese; en la manera en que va descubriendo sus sentimientos y descifrando los de Carol en sus enigmáticas manifestaciones. Sin embargo, con todo y todo, éste es uno de los casos en los que un filme nos sorprende superando a su versión original.

Uno de los grandes goles de la película no sólo es haber elegido a las actrices precisas (a la hora de leer, es imposible no visualizar a Cate Blanchett y Rooney Mara, cuyas descripciones físicas y gestuales calzan a la perfección con las de la novela). Otro, es haber sabido extraer lo mejor de la obra, reordenarlo, completar los blancos (aquellos que se dan cuando seguimos la perspectiva de un sólo personaje), e incluso incrementar el dramatismo.



El mayor empleo de silencios en la película, aumenta la tensión. Ese jugueteo de expresiones contenidas, de comentarios a medias, ese tacto sutil y encaletado, nos van poco a poco atrapando y metiéndonos en la atmósfera condensada. Pronto nos sentimos tan ansiosos como Carol y Therese por llegar al clímax.

El cambio de profesión de Therese, a mi parecer, fue una cosa de practicidad. Era mucho más sencillo plasmar su sensibilidad artística en pantalla, mediante la captura de fotos, que mediante maquetas. De hecho, este detalle la acercó más a Carol, pues, de alguna forma, las imágenes capturadas por Therese son el claro reflejo de cómo la observa; de su propia mirada fascinada.


Otra cuestión que también se maneja mejor en la película, es el desarrollo del erotismo y del problema. Esto me sorprendió. Al leer a Patricia Highsmith durante la primera mitad del libro, y encontrarme en los zapatos de Therese, sentí que sucedería al contrario. Los descubrimientos de Therese nos tocan de manera íntima, de modo que uno espera que el momento cumbre-sexual y el momento cumbre-tragedia  nos lleven de la máxima excitación al máximo desgarro; pero no es así.

Después de un amplio preámbulo erótico, el primer encuentro sexual entre Therese y Carol tiene una descripción tan general, que uno llega a preguntarse inclusive si ocurrió (y lo confirma recién diálogos depués, cuando Therese le pregunta a Carol si había hecho “eso” antes). Los siguientes encuentros, de hecho, son apenas mencionados. Posiblemente, la autora se cortó por el pudor de la época (años 50), pero la cosa es que tanto preámbulo para ese “clímax”, nos deja un poco (bastante) frustrados. La película, en contraste, maneja la escena con la necesaria discreción para no caer en morbos, pero con mostrando lo suficiente para mantener la temperatura y que no quepa duda de lo que acaba de ocurrir.


En cuanto a la crisis, la película también nos “maltrata” más (en el buen sentido). Una vez que las protagonistas han consumado su amor, comienza el declive. Se revela el asunto del detective de manera abrupta, de modo que sentimos el tremendo cachetadón. La tragedia se desarrolla con rapidez, dejándonos en el lugar de una Therese completamente perdida, desencajada y hecha pedazos. La carta de Carol no da grandes explicaciones, pero dado que conocemos sus problemas, tampoco es necesario. Quizás, lo único que podemos criticarle, es que se haya largado así, de la nada, de pronto, sin lugar a discusiones ni a últimos abrazos.


En el libro, la cuestión es diferente. Su vínculo con su propia hija está bastante menos descrito (irónicamente, con todas sus descripciones, este punto está bastante descuidado). Carol menciona sus problemas con bastante superficialidad, y como no los vemos en pantalla, tampoco conectamos tanto con ellos. Sabemos que están, pero no los sentimos. De hecho, al tener el dato de una hija en pleito, ver a la madre chapar sus maletas y luego oponer mucha más resistencia que en el filme, por ratos nos puede chocar por irresponsable o por inverosímil (con todo y todo, se trata de una hija). La actitud de Carol nos resulta mucho más “random”, tanto cuando decide escapar de los problemas, como cuando decide darles cara o sencillamente rendirse.



Aun así, hay que reconocerle a la obra original el mérito de ser –hasta donde se conoce-, la primera novela homosexual con final feliz (toda una revolución en su tiempo). Con todos sus pudores descriptivos y sus puntos débiles, la novela de Patricia Highsmith fue una novela rebelde. Es posible también que esa desconcertante actitud de Carol en el punto de quiebre de la trama, sea reflejo de la opresión vivida por los gays de la época (la represión lleva a la explosión).

Vale decir –como anécdota del caso- que la novela partió de una experiencia de la propia autora. Deprimida y preocupada por dinero, ingresó a trabajar en un almacén de juguetes, donde quedó deslumbrada por la aparición de una distinguida clienta, de rubios cabellos y paso imponente. La mujer desapareció del lugar, pero no de su memoria. Llegando a su casa –y aprovechando la cuarentena de un repentino brote de varicela- se dedicó a escribir la novela… 235 páginas de corrido. Bomba de inspiración.


 

Aquí les dejamos el link de descarga del libro. Que lo disfruten.


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domingo, 31 de enero de 2016

Las dos formas de la psicosis


Psicosis de Bloch Vs. Psicosis de Hitchcock


Por: Alexiel Vidam

Hace un par de meses, en un remate de libros, tuve la suerte de encontrar la obra en la que se inspiró una de mis pelas favoritas: Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock. En el acto, procedí a llevármela, y hace unos días me sumergí en la lectura. Libro terminado y pela vuelta a ver, toca hacer las comparaciones del caso. **ATENCIÓN A SPOILERS**


Confusiones de nombre: “Psychosis” en lugar de “Psycho”

Para comenzar, quiero señalar que tanto en la obra original de Robert Bloch como en la adaptación de Hitchcock, hay un problema bastante grande que puede confundir al lector/espectador, probablemente producto de falta de investigación, o del mal uso que se suele dar en el habla cotidiana a ciertos términos psicológicos. El título original, tanto de la obra, como de la película, es Psycho, que en inglés significa “psicopatía”. Este trastorno suele ser confundido con la psicosis en el lenguaje común, pero la verdad es que uno no tiene nada que ver con el otro. Como ya lo hemos señalado en algún post anterior, la psicopatía es un trastorno antisocial que consiste en la falta de empatía con el otro; vale decir, falta total de identificación con el dolor ajeno y, por lo tanto, ausencia de culpa (a pesar de que SÍ existe conciencia sobre el daño provocado). Por otra parte, la psicosis se refiere a algún tipo de confusión o desconexión del individuo con respecto de la realidad. Algunos ejemplos serían el esquizofrénico, el paranoico, el hipocondríaco o quien sufre de trastorno de personalidad múltiple. Quienes ya conocemos la historia, por lo tanto, podemos comprender que el título en español es correcto, mientras que el título en inglés debió ser “Psychosis” en lugar de “Psycho”.



Un Norman completamente distinto



Una de las primeras cosas que pude percibir al iniciar la lectura (yo vi la pela primero), fue que me encontraba ante un Norman físicamente distinto. Mientras el Norman de la película –interpretado por Anthony Perkins- es un muchacho alto, delgado y con rostro infantil, el Norman del libro es un tipo cuarentón, gordo, con poco pelo y corto de vista. Tuve la impresión de que el autor buscaba ridiculizarlo contrastando estas características tan marcadas como “adultas”, con una actitud retraída, tímida, sometida, temerosa. Por el contrario, Hichcock nos muestra a un Norman capaz de conmovernos, de convencernos con su cara de “yo no fui” y su apariencia frágil. Mientras que en un primer caso se juega con el contraste, en el segundo se juega con la armonía. Personalmente, me quedo con el encantador Norman cinematográfico. Me parece que conecta más fácil con el espectador, y que su aspecto ayuda a mantener la intriga hasta el final, a mantener oculta su verdadera identidad. De hecho, el rostro de Anthony Perkins me quedó tan conectado a la imagen de Norman después de ver Psicosis de Hitchcock, que aun con las descripciones del libro, había momentos en que no podía dejar de imaginar al protagonista con la cara del actor.


Cambio brutal en la perspectiva y en la narrativa: ¿uno o dos psicóticos?

Ya que mencionamos la palabra “protagonista”. Quienes ya vieron la pela, habrán notado que, atípicamente, tiene dos protagonistas. Todo comienza con Marion y el robo de los 40 mil dólares. La seguimos en toda su tensión (la cual experimentamos en carne propia), y, recién después de su desaparición, Norman pasa a ser el protagonista.

Marion Crane

En el libro no sucede así. En el libro, Norman es el único protagonista desde un inicio; es con él que arranca la historia, y Mary Crane (Marion Crane en el filme) tiene apenas una breve aparición, que da solamente la excusa para investigar a Norman. Este detalle afecta significativamente a la narrativa, que en el caso de la película es bastante lineal, mientras que en el libro utiliza flashbacks. Norman recuerda la relación de su madre con el “tío Joe”, mientras que Mary Crane recuerda las circunstancias en las cuales tomó el dinero. Al mismo tiempo, cada tipo de narración tiene una justificación distinta de acuerdo con los intereses del autor. Bloch busca desarrolla más a fondo la personalidad de Norman, destacar su inestabilidad y el tipo de relación patológica que existe entre él y su madre.

Norman Bates, interpretado por Anthony Perkins

Por otra parte, Hitchcock pone más énfasis en el tema de la psicosis desde un inicio, sólo que no la centra únicamente en Norman. Si prestamos atención a las emociones que transmite la película, y conocemos previamente el concepto de la patología, reconocemos la psicosis también presente en el personaje de Marion. Ella experimenta una paranoia constante que se presenta como voces en su cabeza: voces que le “informan” sobre lo que estará pasando en su oficina mientras ella escapa, o sobre cuál sería la reacción de su novio al verla. Aquí tenemos, pues, otro tipo de psicosis. La película, entonces, tiene como protagonistas a dos psicóticos, mientras que el libro sólo tiene a uno.



Las negligencias de Hitchcock

Si bien hay que reconocer que Hitchcock es un genio manteniendo la tensión en todo momento, y se le añade el haber recreado a un Norman mucho más convincente, hay cuestiones en el desarrollo de la historia que se le escapan; que están mucho mejor dibujadas y resultan más verosímiles en la novela.

Las intenciones de Mary con respecto al dinero están más explicadas en el libro. Se entiende que ella en ningún momento lo tomó para sí misma, se desarrollan más las frustraciones de su vida, y se enfatiza también más en el arrepentimiento que experimenta. En la película, estos detalles están un poco pasados por agua tibia, y si bien la cuestión se sugiere, no queda del todo claro cuál fue el motivo real que llevó a Marion a cometer el delito, ni marcado el deseo de enmendarlo.

Marion y Sam

Sin embargo, me parece que el punto más importante que se le pasó a Hichcock, y que le resta credibilidad a la narración, es la forma en la que Sam y Lila (novio y hermana de Mary/Marion respectivamente) se desenvuelven en la habitación del asesinato. En el libro, ellos descubren la habitación donde la hermana/novia estuvo hospedada, reconociendo la letra de la misma en el registro del hotel. Es entonces cuando Lila exige a Norman que le de esa habitación pues “el número 6 es nuestro número de la suerte”, alegando también que representaba la fecha en la que ella y Sam se habían casado (información falsa, obviamente). Habiendo acorralado a Norman, a éste no le queda otra que darles la habitación, confiado de haber eliminado toda evidencia. Es en ese momento que Lila y Sam descubren el pendiente ensangrentado de Mary (detalle que a Norman se le había escapado); entonces, Lila engaña a Sam diciendo que buscará al Sheriff para ir a inspeccionar la casa de Bates (cosa que no hace, prefiriendo ir a indagar de una vez ella misma).

Lila y Sam

En la película, las cosas se dan de modo diferente. Marion estaba hospedada en la habitación número 1. Sam y Lila toman una habitación cualquiera y, cuando notan la ausencia de Norman, deciden hurgar en las otras habitaciones, comenzando por la número 1. ¡Oh sorpresa!, la puerta del cuarto estaba abierta. Para esto, a Norman se le había olvidado recolocar la cortina de la ducha (que se había caído durante el crimen). Lila descubre también un papel roto con anotaciones de su hermana. En ese momento, ella decide ir a interrogar a la señora Bates y se lo comunica a Sam, cosa que él asume con naturalidad (sin advertir a Lila sobre posibles riesgos). Hasta ahí, ninguno de ellos parece imaginar que Marion podría estar muerta, lo cual es bastante extraño por el modo en que se han desarrollado los hechos hasta ese instante (incluyendo la desaparición del detective Arbogast)… A mi parecer, demasiado descuido por parte del director.


El detective Arbogast


Apreciaciones finales


Disfruté bastante, tanto con la lectura del libro, como viendo la película. La lectura de la novela resultó bastante ágil y envolvente, mientras que el filme te mantiene en tensión constante. Considero que ambas historias tienen sus puntos fuertes y débiles. A mi parecer, el equilibrio perfecto se da respetando la narrativa del libro –ahondando mucho más en Norman-, pero colocándole mentalmente en el cuerpo y el rostro de Anthony Perkins. 

viernes, 25 de abril de 2014

La Muerte Roja en Serie B

Corman y la obra de Poe


Por: Alexiel Vidam

Roger Corman, “el amo de la serie B”, nos trae esta adaptación de La Máscara de la Muerte Roja, cuento original de Edgar Allan Poe. Corman no solía demorar más que unos días para realizar sus largometrajes, pero para esta ocasión, se tomó la molestia de viajar a Inglaterra a fin de conseguir la ambientación adecuada, y le dedicó dos semanas enteras al rodaje. Actualmente, la película está catalogada como un clásico del cine de horror de los 60’ y una de las obras más representativas del director.

La verdad es que nunca fui muy afanada a Poe como cuentista (sí, les sonará raro, pero yo lo prefiero como poeta… de hecho, en ese rubro, me encanta), pero hace poco, mientras revisaba mi libro de Las 1001 películas que hay que ver antes de morir (libro que todo cinéfilo debería tener), llamó mi atención el título de un film que llevaba el nombre de uno de sus cuentos: La Máscara de la Muerte Roja (1964). Así que, como buena pirata cibernética, procedí a descargarla de puro curiosa.


De qué va esto

La historia se desarrolla con bastante fidelidad al cuento original, con excepción de algunas salvedades que ya nos encargaremos de mencionar.

Próspero, interpretado por Vincent Price.

Próspero (Vincent Price) es el príncipe de una tierra ficticia, según el film, ubicada en Italia. Se trata de un soberano torturador, extravagante, manipulador y sádico; un libertino por donde se le mire. Tiene el poder de intimidar, oprimir y someter tanto a ricos como a pobres, a aldeanos o nobles poderosos. Es, además, el líder de un culto de adoración a Satanás, “el asesino de Dios”.



Él se divierte en su castillo, lanzando diamantes y perlas a sus amigos. Éstos se ridiculizan actuando como animales y participando de ritos obscenos. Mientras tanto, el pueblo espera con ansias el momento de la liberación, anunciada por un “Santo” misterioso. Paradójicamente, en ese momento la “Muerte Roja” acecha. Es un terrible virus que no tiene piedad ni de los niños.



Próspero no se inmuta; él y sus invitados se encuentran resguardados en su fortaleza, lejos de la enfermedad. Una noche decide realizar una mascarada para divertir a sus súbditos. Todos deben aparecer disfrazados de lo les plazca, pero los atuendos rojos están prohibidos.

En medio de la danza, un osado intruso penetra en el castillo. Viste capucha roja y antifaz.


Cuento VS. Película

Descarga el cuento original
Seguramente muchos seguidores de Poe se indignarán por esto, pero me quedo con la película.

Sí, es de bajo presupuesto y  puede que haya dejado de dar miedo en estos días (de hecho, la actuación de Jane Asher como Francesca tampoco me convenció). Sin embargo, me parece que la historia se presenta de manera mucho más rica, compleja y completa que en el cuento original.

Los cuentos de Poe siempre me han dejado un sabor a descontento al final. Siento que arrancan bien, que enganchan, pero luego se llenan de “huecos” y los giros se vuelven tan bruscos que pierden verosimilitud. Sus personajes se me hacen flojos; no tienen personalidad muy trabajada, lo cual, a mi parecer, se tira abajo el argumento.


Roger Corman, curiosamente, siendo de aquellos directores que quieren ahorrase hasta el café, supo completar esos vacíos de la narración. Los personajes están muy bien dibujados (especialmente Próspero, representado con maestría por Vincent Price –actor fetiche de Corman-); se ahonda en ellos y se plantea todo un contexto tenebroso que justifica y explica aquellos rasgos de carácter que parecen sin motivo en el cuento original.


Próspero (Vincent Price) y Francesca (Jane Asher)

Los escenarios son recargados y coloridos. En ellos se revuelcan como monos, burros y gusanos, un montón de nobles de rostro grosero. Están sometidos al poder de Próspero. Le alaban ciegamente a cambio de protección y frivolidad. Irónicamente, él no tiene reparo en matar a sus invitados. Pero la codicia es cegadora. Nadie cuestiona si acaso Próspero no es peor que la propia peste.




El film, además, se toma la libertad de introducir nuevos personajes y significados a la historia de Poe. Cabe resaltar el tema de la “liberación”, mencionado desde el comienzo de la película: El pueblo oprimido se regocija ante la idea de escapar al poder del monarca, pero no cuenta con la condena de que lo único capaz de “liberarlo”, es otra amenaza mortal. Un mensaje de fondo bastante burlón y pesimista.


viernes, 10 de enero de 2014

“Los Juegos del Hambre”: Libros vs. Películas

Hacia el fin de la saga circense


Por: Alexiel Vidam

Por fin acabé de leer los tres libros que componen Los Juegos del Hambre, la saga futurista del norteamericana Suzanne Collins. Como ya he comentado anteriormente, no tengo un paladar muy bestsellero, pero luego de ver las dos primeras películas, me hincó el bichito de leer la obra original y comparar.

Me atrevo a decir que entre la primera novela y la primera adaptación no hay gran diferencia, salvo lo ya mencionado en nuestro post anterior de “Libro vs. Película”: mientras que en la novela tenemos por narradora a Katniss, en la película observamos todo desde tercera persona. Partiendo de aquí, el libro explora más las motivaciones y conflictos de la protagonista, mientras que la película muestra jugadas políticas que en el libro sólo podemos intuir. Cabe remarcar también que en el libro las muertes y heridas son descritas con mayor crudeza, y que se nota más el esfuerzo de la protagonista por posar ante una cámara  (según avanza en el “juego”, ella va deduciendo lo que ven los espectadores y modifica sus acciones o gestos).

En el libro se nota mucho más la necesidad de
forzar el romance para la cámara.

La segunda película, en cambio, tiene ciertas modificaciones en el guión. Algunas le hacen gran favor a la historia, como el hecho de suavizar considerablemente el nivel de cursilería en el que cae Peeta. En la primera parte, él es un sujeto astuto, que sabe exactamente cuándo y cómo debe actuar para la audiencia. En la segunda, enfatiza tanto en su amor incondicional por Katniss y en su afán de sacrificarse por ella, que cae constantemente en el patetismo. En la película también notamos con mayor claridad los sentimientos del personaje (que en la 1 están disfrazados de conveniente actuación), pero nunca lo pintan tan edulcorado como en el libro. Otro punto que se ha modificado es la cantidad de información con que contaba Katniss sobre los rebeldes. En la novela, ella ya tenía cierta sospecha sobre la existencia del Distrito 13 antes de asistir al Vasallaje de los 25; en la película, en cambio, ella ni siquiera lo imaginaba, de modo que para nosotros, los espectadores, descubrirlo fue tan sorprendente como para ella.  

En el segundo libro, Katniss se luce bastante más como guerrera que
en la segunda película.

¿En qué punto supera ampliamente el libro a la película? Una vez más, en la forma en que se explora a la protagonista. En la versión cinematográfica nos cuesta entender sus sentimientos; no sabemos exactamente lo que está pensando, y nos resulta raro verla primero besando a Gale y luego besando a Peeta sin previa introducción (hablando en cristiano, nos da la impresión de que Katniss está “trampeando” mal). En el libro, en cambio, conseguimos un nivel de cercanía con ella que nos lleva a seguirla en su confusión. Katniss analiza su amistad de años con Gale y la manera en que se necesitaban el uno al otro para sobrevivir en el 12, y la compara con su relación con Peeta, surgida de una situación trágica que sólo ellos dos pueden comprender. A la vez, entendemos que por momentos actúa más llevada por la resignación o que busca desconectarse de sus propios sentimientos desesperadamente. Muchas veces, incluso, concluye en que no tiene tiempo para detenerse a cuestionar lo que siente, ya que sus acciones deben estar centradas únicamente en conservar la vida de los que ama.

La larga amistad entre Katniss y Gale también
más explorada en los libros.

Ahora, a diferencia de lo que me sucedió con el episodio anterior, donde luego de comparar concluí en que el libro me gustaba más que la película, aquí me cuesta elegir. No sólo el hecho de que Peeta sea mucho más carismático en el filme, pesa bastante (en el libro se va volviendo cada vez más pateable); hay otros dos elementos que también suben varios puntos a la adaptación: las actuaciones de Lynn Cohen (Mags) y Philip Seymour-Hoffman (Plutarch). Cohen, en su corta participación, demuestra ser una actriz magistral, ya que no requiere pronunciar una sola palabra para tocarnos el corazón. Con un par de gestos, esta señora logra transmitirnos su preocupación, su dulzura, su sabiduría, pero sobre todo… su nobleza. Philip Seymour-Hoffman, por su parte, no es un actor para desperdiciar, de modo que el guión le cede mucho más diálogos y movimientos importantes ligados al Vasallaje y al castigo de los rebeldes. En el libro, el personaje se ve un poco desconectado; apenas aparece al principio y luego al final. De hecho, la idea de enviar a Katniss de vuelta a los juegos nunca fue suya (ni siquiera para confundir a Snow). La mentalidad maquiavélica de este personaje, en la versión escrita, es explotada recién a partir del tercer libro.

Mags y Finnick

Sinsajo, la tercera entrega, pone la valla bastante alta para su adaptación cinematográfica (que será presentada en dos partes; una a estrenarse este año, y la otra en el 2015). No me atrevería a decir que es la mejor de las tres novelas, pero sí la más estremecedora. Si en la segunda parte, ya vemos a los personajes desgarrados, al inicio de ésta los tenemos totalmente desechos. Tras perder su hogar y más de un ser querido, Katniss debe levantarse de entre los escombros y asumir su papel de Sinsajo, símbolo de la rebelión. Su tarea no será fácil; hay demasiada muerte a su alrededor, demasiada culpabilidad. Por si fuera poco, aparecen nuevos conflictos mentales, ya que sus nuevos líderes (rebeldes) utilizan varios métodos similares a los del Capitolio: manipulación, sacrificio de vidas, tortura, información alterada, propaganda.


Veamos, pues, qué nos trae esta saga el 2014.


Un regalito:

Descarga en PDF las novelas En Llamas y Sinsajo, de Suzanne Collins dando click en las imágenes.

          

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