Mostrando entradas con la etiqueta Patricia Highsmith. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patricia Highsmith. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de marzo de 2016

A propósito de "Carol"… ¿El libro o la película?



Por: Alexiel Vidam

Después de enviciarme con Carol, de Todd Haynes, el siguiente paso era bastante predecible (o al menos para mí): leer la novela. Para quienes no lo sabían, esta película se inspiró en la novela homónima de Patricia Highsmith, que inicialmente se lanzó con el título El precio de la sal, y bajo el pseudónimo de Claire Morgan. No es la primera novela de Highsmith que se traslada al cine, dicho sea de paso. El pionero en llevar una de sus historias a la pantalla grande, fue Alfred Hitchcock, quien adaptó Dos extraños en un tren en 1951.

**ATENCIÓN A SPOILERS**

Algo que pude notar de entrada al empezar a leer, fue que en la novela, las descripciones eran mucho más sugestivas desde el primer momento, lo cual, por supuesto, vuelve mucho más evidentes los sentimientos de Therese. Mientras que en la película la tensión se maneja de manera más sutil mediante gestos, juegos de miradas y silencios, en el libro tenemos contacto directo con los pensamientos de Therese (que es la verdadera protagonista, o por lo menos la co-protagonista principal), de modo que llegamos a compenetrarnos con el personaje a un punto en que incluso nos ruborizamos cuando ella se siente al descubierto.

La forma en que ella y Carol se conocen, si bien ha sido tomada del libro, en el filme presenta ciertas diferencias: Para comenzar, Therese no es fotógrafa sino escenógrafa. Se conoce con Carol en la tienda de juguetes, pero Carol nunca olvida sus guantes, sino que Therese queda tan impactada con su presencia, que a la hora de enviarle su compra, añade una tarjeta de navidad. Es ése el motivo por el que Carol la invita a cenar.

Como es de esperarse, debido a la mayor libertad de extensión que permite la literatura, en la novela los personajes están más desarrollados (incluso Richard, el novio de Therese). El preámbulo hacia el viaje que emprenden Carol y Therese también se hace más largo, y el viaje en sí, también está más lleno de paradas y descripciones; por ello, como lectores, nos sentimos más cerca de las protagonistas y vivimos más a fondo su romance.



El estilo que muestra el libro, de hecho, es bastante envolvente y encuentra su punto más fuere en la exploración psicológica de Therese; en la manera en que va descubriendo sus sentimientos y descifrando los de Carol en sus enigmáticas manifestaciones. Sin embargo, con todo y todo, éste es uno de los casos en los que un filme nos sorprende superando a su versión original.

Uno de los grandes goles de la película no sólo es haber elegido a las actrices precisas (a la hora de leer, es imposible no visualizar a Cate Blanchett y Rooney Mara, cuyas descripciones físicas y gestuales calzan a la perfección con las de la novela). Otro, es haber sabido extraer lo mejor de la obra, reordenarlo, completar los blancos (aquellos que se dan cuando seguimos la perspectiva de un sólo personaje), e incluso incrementar el dramatismo.



El mayor empleo de silencios en la película, aumenta la tensión. Ese jugueteo de expresiones contenidas, de comentarios a medias, ese tacto sutil y encaletado, nos van poco a poco atrapando y metiéndonos en la atmósfera condensada. Pronto nos sentimos tan ansiosos como Carol y Therese por llegar al clímax.

El cambio de profesión de Therese, a mi parecer, fue una cosa de practicidad. Era mucho más sencillo plasmar su sensibilidad artística en pantalla, mediante la captura de fotos, que mediante maquetas. De hecho, este detalle la acercó más a Carol, pues, de alguna forma, las imágenes capturadas por Therese son el claro reflejo de cómo la observa; de su propia mirada fascinada.


Otra cuestión que también se maneja mejor en la película, es el desarrollo del erotismo y del problema. Esto me sorprendió. Al leer a Patricia Highsmith durante la primera mitad del libro, y encontrarme en los zapatos de Therese, sentí que sucedería al contrario. Los descubrimientos de Therese nos tocan de manera íntima, de modo que uno espera que el momento cumbre-sexual y el momento cumbre-tragedia  nos lleven de la máxima excitación al máximo desgarro; pero no es así.

Después de un amplio preámbulo erótico, el primer encuentro sexual entre Therese y Carol tiene una descripción tan general, que uno llega a preguntarse inclusive si ocurrió (y lo confirma recién diálogos depués, cuando Therese le pregunta a Carol si había hecho “eso” antes). Los siguientes encuentros, de hecho, son apenas mencionados. Posiblemente, la autora se cortó por el pudor de la época (años 50), pero la cosa es que tanto preámbulo para ese “clímax”, nos deja un poco (bastante) frustrados. La película, en contraste, maneja la escena con la necesaria discreción para no caer en morbos, pero con mostrando lo suficiente para mantener la temperatura y que no quepa duda de lo que acaba de ocurrir.


En cuanto a la crisis, la película también nos “maltrata” más (en el buen sentido). Una vez que las protagonistas han consumado su amor, comienza el declive. Se revela el asunto del detective de manera abrupta, de modo que sentimos el tremendo cachetadón. La tragedia se desarrolla con rapidez, dejándonos en el lugar de una Therese completamente perdida, desencajada y hecha pedazos. La carta de Carol no da grandes explicaciones, pero dado que conocemos sus problemas, tampoco es necesario. Quizás, lo único que podemos criticarle, es que se haya largado así, de la nada, de pronto, sin lugar a discusiones ni a últimos abrazos.


En el libro, la cuestión es diferente. Su vínculo con su propia hija está bastante menos descrito (irónicamente, con todas sus descripciones, este punto está bastante descuidado). Carol menciona sus problemas con bastante superficialidad, y como no los vemos en pantalla, tampoco conectamos tanto con ellos. Sabemos que están, pero no los sentimos. De hecho, al tener el dato de una hija en pleito, ver a la madre chapar sus maletas y luego oponer mucha más resistencia que en el filme, por ratos nos puede chocar por irresponsable o por inverosímil (con todo y todo, se trata de una hija). La actitud de Carol nos resulta mucho más “random”, tanto cuando decide escapar de los problemas, como cuando decide darles cara o sencillamente rendirse.



Aun así, hay que reconocerle a la obra original el mérito de ser –hasta donde se conoce-, la primera novela homosexual con final feliz (toda una revolución en su tiempo). Con todos sus pudores descriptivos y sus puntos débiles, la novela de Patricia Highsmith fue una novela rebelde. Es posible también que esa desconcertante actitud de Carol en el punto de quiebre de la trama, sea reflejo de la opresión vivida por los gays de la época (la represión lleva a la explosión).

Vale decir –como anécdota del caso- que la novela partió de una experiencia de la propia autora. Deprimida y preocupada por dinero, ingresó a trabajar en un almacén de juguetes, donde quedó deslumbrada por la aparición de una distinguida clienta, de rubios cabellos y paso imponente. La mujer desapareció del lugar, pero no de su memoria. Llegando a su casa –y aprovechando la cuarentena de un repentino brote de varicela- se dedicó a escribir la novela… 235 páginas de corrido. Bomba de inspiración.


 

Aquí les dejamos el link de descarga del libro. Que lo disfruten.


*También te puede interesar*

sábado, 27 de febrero de 2016

“Carol”: una historia de amor transgresor



Por: Alexiel Vidam

Carol, de Todd Haynes, es una película que remueve las fibras. Conmovedora hasta el tuétano y, por qué no decirlo… provocadora.

Protagonizada por Cate Blanchett y Rooney Mara, Carol presenta una historia de amor transgresora hasta hoy en día. Se trata del amor entre dos mujeres, en una época en la cual este tipo de amor resultaba aún mucho más escandaloso para la sociedad.

Años 50, Estados Unidos. Una joven de aspiraciones artísticas, con una vida bastante monótona y más de una duda existencial en la cabeza, conoce a una intrigante mujer de treinta y tantos.  La mujer, en proceso de divorcio, carga con los problemas típicos de este tipo de episodio. Sus preocupaciones más grandes: las intimidaciones del ex marido y mantener la custodia de su pequeña hija. De pronto, la joven que nunca sabe adónde ir, parece encontrar su lugar seguro y libre de fantasmas junto a esta contrariada mujer. Ambas emprenden un viaje que fluye cual metáfora de la profunda transformación que experimentan en su interior; de una sublime revolución emocional.





Uno de los puntos más interesantes de Carol, es que rompe con los clichés típicos de las películas de género lésbico, donde los personajes por lo general son bastante planos y estereotipados; donde todo el problema gira en torno al romance, y la calidad estética es bastante descuidada. Lamentablemente –y con pocas excepciones- se trata de películas huecas, hechas para el consumo de un nicho que tiende a conformarse con baja calidad por necesidad de identificación. Carol, por el contario, rompe con todos esos esquemas y brilla por su calidad artística.



Presenta personajes complejos y cercanos a la realidad; el argumento gira en torno a más de un problema y sin caer en cursilerías; da el peso correspondiente al romance como eje central, pero no deja de lado las dificultades humanas que presenta cada protagonista de acuerdo a su propio universo, forjado antes de que comience el romance. Para esto, las actuaciones son precisas. Cate Blanchett es Carol; es la encarnación perfecta de esta mujer sofisticada, que ha ganado su madurez a punta de puñetazos. Carol no es neurótica abusiva e irracional; tampoco es una típica mujer confundida. Por el contrario, somos conscientes de cuáles son los motivos reales de sus temores y somos capaces de comprender sus acciones por dolorosas sean. Rooney Mara, en contraste, nos muestra claramente y sin tapujos la transformación de Therese, como esa muchacha insegura que en el fondo sabe lo que quiere y lo que necesita, pero se siente atrapada por los prejuicios de su tiempo y las expectativas de quienes la rodean.  

Cate Blanchett, como Carol (nominada al Oscar a Mejor Actriz)

Rooney Mara, como Therese (nominada al Oscar a Mejor Actriz de Reparto)

La fotografía, es otro de los platos fuertes de la película, así como la música, que completa los ambientes o nos antepone los momentos de tensión (vale decir que la película cuenta con seis nominaciones al Oscar, entre ellas Mejor Guión Adaptado, Mejor Fotografía, Mejor Música Original y Mejor Vestuario). Ambos elementos acompañan perfectamente el desarrollo armónico de un argumento que fluye a ritmo ligero. La tensión va llegando de a pocos y nos prepara progresivamente para el momento cumbre. La explosión emocional y el erotismo llegan con suma naturalidad, sin aceleraciones ni exageraciones morbosas. Todo coloreado con una atmósfera emocional que estremece por dentro.


Me atrevería a decir que Carol no sólo resalta por su riqueza audiovisual y su originalidad dentro de la temática que aborda. También por el hecho de que, su estructura narrativa consigue conectar con el espectador a un nivel tan profundo, que uno por un momento se olvida de que se encuentra ante una historia homosexual. Lo único que existe en la pantalla, es una historia humana; una historia de amor real con todos sus problemas y sus divinidades. Es, digámoslo así, también una invitación a terminar de romper con los prejuicios que corrompen a nuestra sociedad.

Definitivamente recomendada. Corran a verla.



Ficha técnica

Dirección: Todd Haynes
Producción: Elizabeth Karlsen, Tessa Rosa, Christine Vachon, Stephen Woolley
Guión: Phyllis Nagy
Idea original: Patricia Highsmith (autora de la novela homónima)
Música: Carter Burwell
Fotografía: Edward Lachman
Reparto: Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler
Países: Reino Unido, Estados Unidos
Año: 2015
Género: Drama, romance