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martes, 14 de noviembre de 2017

¿Tablas o cine?: Marilyn Monroe con faldas y a lo loco… y su versión teatral



Por: Alexiel Vidam

Hace unos meses estuve en Buenos Aires, donde tuve la oportunidad de ver una obra teatral que, además de dejarme boquiabierta con su impresionante y muy cuidado trabajo de producción, no paró de hacerme reír por un solo segundo. Esta obra, era Sugar, musical de Broadway inspirado en la película Some like it hot (remake –a su vez- de la película francesa Fanfare d’amour), que en castellano es conocida como Una Eva y dos Adanes o Con faldas y a lo loco, protagonizada por Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon.

Luego de haber gozado tanto de la obra, se me antojó ver la película para hacer la respectiva comparación.


Imágenes de la obra Sugar en el teatro Lola Membrives (Buenos Aires)

La historia es la misma. Va acerca de dos músicos desempleados y en quiebra –un contrabajo y un saxofonista- que, para ponerle la cereza al pastel de su desgracia, se convierten en testigos involuntarios de un asesinato entre mafiosos. A partir de entonces, su vida corre peligro y no les queda otra que disfrazarase de mujeres para ingresar en una orquesta de señoritas que viaja de Chicago a Florida. A partir de ahí, somos testigos de los entretelones que se formulan ante las hormonas alborotadas de los caballeros frente a tanta fémina en traje corto (o en ropa interior). La estrella de la orquesta –para esto- es Sugar (Marilyn Monroe), una muchacha con problemas de alcohol, que sueña con casarse con un millonario y cambiar de vida. Sin siquiera planearlo, Sugar seduce a uno y enamora al otro, haciendo que la situación se vuelva cada vez más enredada.


Como pueden observar, en sí el argumento es bastante simple y hasta se encuentra algo desfasado para el mundo de hoy. Sugar no es precisamente la heroína feminista que identifica a la generación actual, sino una joven insegura, enamoradiza, voluble, y que se define como “poco inteligente” por sus elecciones en el amor; por si fuera poco, su máxima aspiración es cazar un ricachón que la saque de la vida de cenicienta viciosa. Sin embargo, si lo entendemos dentro de su contexto temporal y sociocultural, uno puede llegar a “disculpar” ciertas deficiencias del personaje y dejarse llevar por una trama sumamente entretenida (que finalmente –ya por concluir- le acaba otorgando una importante virtud a la propia Sugar: -paradójicamente- la del amor desinteresado).


De los personajes, el que más atrajo mi atención fue el de Jerry/Daphne (Jack Lemmon), por su picardía, sarcasmo y por las propias situaciones que le plantea el guión; la forma en que el personaje entra en conflicto con su propia masculinidad es sumamente jocosa, y también las resoluciones que saca para salvar el propio pellejo. En contraste, el papel que interpreta Tony Curtis (Joe/Josephine) es bastante menos logrado, pero se enriquece bastante de las interacciones con su compinche. Otro personaje que destaca, a mi parecer, es el del Osgood Fielding III (Joe E. Brown), un millonario viejo-verde que queda prendado de las “faldas equivocadas”; su presencia –de hecho- crea varias de las situaciones más graciosas del filme.


Ahora, haciendo honor a la verdad, debo admitir que la obra teatral me gustó mucho más. Tengo la impresión de que esta historia, por el ambiente en que se desarrolla y el perfil de sus personajes, estaba hecha para ser realizada como musical, y en un ambiente lleno de color y ornamentos (cosa que no se da en el filme, que no es musical y es en blanco y negro). Pienso también que el guión de Peter Stone (diálogos) y Bob Merrill (canciones) supera bastante en gracia el planteado por Billy Wilder (director y guionista de la película). Vale decir que esta combinación entre nueva narrativa y género, permiten también a los actores brillar mucho más; en especial a Nicolás Cabré y Federico D’Elía –Jerry/Violeta y Joe/Josephine en la versión argentina-, quienes deben ponerse a bailar en tacones. Cabe agregar que la actuación de Gustavo Monje (Osgood), me pareció muchísimo más divertida que la de Joe E. Brown. No obstante, Marilyn Monroe sigue siendo Marilyn Monroe, la mujer capaz de enamorar a la cámara con una sola mirada; ella, a mi parecer, sí permanece insuperable.


Sea como sea, esta película es recomendable para quienes disfruten del cine clásico y de una buena comedia ligera. Les comento, también, que la obra teatral sigue vigente en el teatro Lola Membrives, de la Calle Corrientes, para quienes tengan la suerte de estar por Buenos Aires durante este mes de noviembre.




Ficha técnica

Dirección: Billy Wilder
Producción: Billy Wilder
Idea original: Richard Pottier (de su película Fanfare d'amour)
Guión: Billy Wilder, I.A.L. Diamond, Robert Thoeren, Michael Logan (libreto original)
Música: Adolph Deutsch
Fotografía: Charles Lang
Montaje: Arthur P. Schmidt
Reparto: Marilyn Monroe, Tony Curtis, Jack Lemmon, Pat O'Brien, Joe E. Brown
País: Estados Unidos            
Idioma: Inglés
Año: 1959
Género: Comedia
Duración: 121 minutos





* Para ver la película completa online, click aquí.

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lunes, 8 de mayo de 2017

Los hombres las siguen prefiriendo rubias




Carisma, encanto, atracción, fascinación… Marilyn Monroe es símbolo de eso y más. La ganadora de tres globos de oro y mundialmente conocida Sex Symbol es más de lo que venden los medios.

Por: Samantha Mesía

Todos la identifican por su belleza, pero ¿Realmente la conocen? Norma Jean Baker -más conocida como Marilyn Monroe- fue más que una cara bonita y la fama que la acompaña; amante de la lectura, inteligente, emprendedora y además, muy buena cocinera. Muchos la consideraron la típica rubia tonta, un estereotipo que la sublevó, impidiendo que la tuviesen en cuenta para papeles más serios. Ella creó en poco tiempo un personaje que el público adora hasta el día de hoy, pero del que ella intentó librarse durante toda su carrera.


Hoy resucitamos a Marilyn Monroe, para que nos cuente acerca de su lucha contra el estereotipo que siempre la marcó.

*Nota: Ésta es una entrevista ficticia basada en distintas biografías, frases célebres y entrevistas reales brindadas por la actriz.



"Se necesita una castaña inteligente para interpretar a una rubia tonta."


Sé que tu imagen ha sido, a lo largo de tu carrera, la de la rubia tonta, ¿qué tan difícil te es sobrellevar esta situación?

Todo el mundo me veía como la rubia tonta... y los estudios no me querían dar otro tipo de papeles. Yo jamás he sido una tonta, ni nací rubia; sin embargo, querían verme de ese modo. Pero, se necesita a una castaña inteligente para actuar como una rubia tonta. Supongo que no podían venderme de otra manera. Y yo entendía que tenían que venderme. Porque entonces me desearían y amarían, y yo necesitaba que me amaran; el amor del público sustituía al que no tuve de niña, el que nunca había recibido, y eso era lo que buscaba como loca. Nadie me dijo que yo era bonita cuando era una niña. A todas las niñas se les debe decir que son guapas, aunque no lo sean.


Hay muchos, que hasta el día de hoy quieren ser como tú, que tú siempre lo tuviste todo...

¿Todo? Yo nunca sentí eso. Incluso al inicio creía ser un absoluto fracaso como actriz, ¡ni siquiera me veía tan bonita como todos me decían! Al ir al plató, me volvía la tartamudez infantil, me pasaba horas maquillándome en el camerino sólo para retrasar el momento de salir ante la cámara. No llegaba tarde al rodaje porque fuera arrogante, como todos creían, sino todo lo contrario: por inseguridad. Es un mundo que gira en torno a las máscaras, a la falsedad...


¿Que pensabas al leer y escuchar todo lo que se especulaba en torno a tu vida?

Chismes, engaños, calumnias... Me enteraba de cosas acerca de mi vida que jamás habían pasado. Desde el inicio, mi nombre artístico me parecía falso, tan distante a mí; mi pelo rubio, artificial y sin sentido ¿Por qué no recibía la misma atención con el pelo más oscuro? Odiaba hasta esa ropa de mujer fatal; pero cuando salía a la calle, todo era devoción, me silbaban, aplaudían, se detenía el tráfico, la policía me escoltaba... Los hombres decían que me amaban, sí, pero... ¿a quién amaban? A Marilyn, no a mí. Para tener éxito, tenía que fingir ser otra. 


A pesar de tu éxito atravesaste una etapa, de depresión debido a este tema…

En realidad, fui incapaz de disfrutar de mi éxito. Las cosas nunca son lo que parecen, me veían como una ganadora, pero realidad me sentía como una fracasada. Me repetía constantemente “¿Por qué estás viva?” “¿Por qué no te mueres?”. Entonces, los médicos de los estudios te recetaban medicamentos para todo: para dormir, para sonreír, para actuar...


¿Cual consideras que fue tu momento más crucial en ese sentido?

Creo que toqué fondo cuando la Fox me despidió por haber ido a cantar a Nueva York, al cumpleaños del presidente Kennedy, mientras estaba de baja en el rodaje. Me hundí totalmente; ya no sólo era la presión del estereotipo en el que estaba enjaulada, me había quedado sin trabajo. Afortunadamente, la balanza se inclinó a mi favor y me volvieron a llamar… aunque no duró tanto tiempo.


¿Con qué directores te hubiese gustado trabajar de haber sido tu elección?

Admiro mucho a David Lean, Alfred Hitchcock y Billy Wilder. Me hubiese encantado trabajar con ellos y creo que me hubiesen dado papeles muy distintos a los que solía interpretar.


¿Cómo crees que lo habría tomado la prensa?

Habría generado mucha crítica, ellos querían que siempre fuera esa rubia tonta que tanto adoraban. Pero como siempre digo, me gustan las buenas historias y los buenos directores. Soy una actriz seria y me hubiese gustado probarlo.


¿Cuál consideras como tu meta máxima en la vida?

Estoy intentando encontrarme a mí como persona, a veces eso no es fácil de hacer. Millones de personas viven toda su vida sin encontrarse. Si hay algo que aprendí de todo esto, es que siempre debes recordar: mantener la cabeza arriba, la barbilla en alto, y lo más importante, mantener tu sonrisa, porque la vida es una cosa hermosa y hay mucho por lo cual sonreír.




Hay que resaltar que Marilyn Monroe fue la segunda mujer en Hollywood en tener su propia compañía productora, Marilyn Monroe Productions Inc.


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jueves, 4 de abril de 2013

Los caballeros las prefieren brutas: Tras los clichés de Marilyn Monroe


“En Hollywood te pagan mil dólares por un beso
y cincuenta centavos por tu alma.”
- Marilyn Monroe


Por: Raquel Niego

 Es uno de los más grandes íconos de nuestra era, además del arquetipo yankee de mujer ideal en las fantasías del típico consumidor de Hollywood, nuestra instituida fábrica de sueños. Todo lo que tuvo que hacer para atrasar a las famosas chicas cráneo, fue, irónicamente, no serlo con estilo. Hablando del personaje, claro está, mas no la persona… porque ella, como buena Pachamama de una mentalidad y estilo de vida, de tonta, no tenía un pelo.

Con ustedes, la famosa más encantadoramente desubicada de la historia: Marilyn Monroe.


Érase una vez Norma Jean

Una niña de Los Ángeles (EEUU) que vivió con una, dos, tres, cuatro familias adoptivas más la suya propia. Gladys Pearl Baker había tenido todas las intenciones de criar a su hija pese a la “fuga” del noruego Edward Mortenson (razón por la que fue firmada bajo otro apellido), pero las presiones sociales y económicas de 1926 para una madre soltera en los EEUU, fueron demasiado fuertes. Dio el brazo a torcer y cedió la tenencia legal de la niña a la familia adoptiva de Albert e Ida Bolender.

Aparentemente las familias adoptivas que tendrían siempre a Norma veían en su lugar una jugosa pensión del Estado. Nunca tuvo fama de “chica problema”, más bien de poseer tímido hablar y serenidad, además de haber sido abusada sexualmente hasta en dos ocasiones, en tanto pasaba de familia en familia.

Cuando Gladys consiguió casa propia recuperó a su hija, hasta que, cerca de un año más tarde, una fuerte crisis psíquica hizo que se le resbale otra vez, y esta vez para siempre. Ella fue “deportada” a un manicomio hasta el último de sus días, mientras que su hija pasó a diversas comunidades agrícolas siempre equipadas con una discreta sala de cine, que ofrecía promesas a mujeres que prestaran sensualidad por poder y popularidad.

A estas alturas de su vida –más vale tarde que nunca -, a Norma se le apareció la bien constituida familia de la mejor amiga de su madre, Grace McKee, y también la adolescencia. Pero, oh, problema, la oruga se había convertido en mariposa, y a continuación, la mariposa se daba cuenta de que sus hermosos colores atraían más que la miel a las abejas.

Así, antes de que ella misma soñara siquiera con cambiar de nombre, había descubierto de qué herramienta podía servirse para llegar a ser una Marilyn Monroe. Nah, su físico fue el chinche en el corcho, frívolos; el martillo habría de ser su sed frenética, obsesiva, insaciable de atención…


Entonces pasó que la familia Brunings-McKee se preocupó. No quiso lidiar en plena Segunda Guerra Mundial con la responsabilidad de cuidar de una adolescente con una cola de pretendientes, y al año de haberse instalado en la familia, los jefes del hogar le dijeron a James Dougherty –el vecino policía de 21 años-, que, o se casaba con Marilyn, o ella iría a un orfanato.


Dougherty describe a Marilyn como una feliz ama de casa y buena cocinera. El matrimonio duró un año. Antes de que el joven partiera a la guerra, Marilyn deseó tener un hijo suyo, pero él discrepó debido a su corta edad (16 años). Ella se mudó a donde su suegra para unírsele en una fábrica de municiones.


Mrs. Lanzallamas

Cierto día, un fotógrafo publicista la retrató en su puesto de trabajo –todavía con pelo castaño medio largo y cachetes rosados – y la imagen, para sorpresa de ambos, se propagó como la peste. Ella se las agenció para servir de modelo saltando de revista en revista, y sin esfuerzo alcanzó portadas que desearon hombres y envidiaron mujeres de toda su región en los EEUU.

A Dougherty no le hizo gracia el tipo de fama que su esposa estaba generando, y no esperó a voler a casa para –por cartas- presionarla a elegir entre el futuro asegurado de una madre de familia, o jugársela de actriz.

Firmó su copia del acta de divorcio como Marilyn Monroe, tomando el segundo nombre de su abuela y el apellido de soltera de su madre. Aquí una acotación de cierta curiosidad… kármica: Mrs. Monroe se había jugado la vida al mudarse de su ciudad natal a Los Angeles soñando con convertirse en actriz o cantante hollywoodense, razón por la que terminó ganándose la vida en una empresa cinematográfica… archivando negativos.

Aun así, le quedó chico al nombre la categoría de “artístico”, por lo que Marilyn se dio a conocer en los medios como La Señorita Lanzallamas (Mrs. Flamethrower; suena horrible, ¿no?). Para todos los EEUU estaba riquísima, y con este sello convenció a una empresa de modelaje fotográfico de que le consiguiera una prueba de actuación en 20th Century Fox, donde firmó un contrato por 120 dólares semanales. Sin embargo, mayoría de sus escenas acabaron en el tacho de basura.

Un trofeo de guerra

Hasta aquí el cómo, dónde, cuándo y por qué surgió Monroe. Ha llegado el momento de repensar al personaje y su significancia en un mundo donde el carácter único y especial de pueblos y naciones empezaba a romperse para ser remplazado por un puñado de bloques de tierra con seis o siete maneras de existir. 

Con el éxito de la actriz llegó la Guerra Fría. El capitalismo neoliberal y el comunismo eran entonces (y lo siguen siendo) mucho más que planteamientos económicos que se batían por adueñarse del mundo, y Norma Jean, una chica despistada y sonriente había pasado abruptamente de ir por la vida con una mano delante y la otra atrás, a ser el sex symbol del sueño americano.

¿Qué es eso del sueño americano? Forrar una casa y cerca blanca, esposa rubia, tres hijos, iglesia y perro, de una gruesa capa de dinero protectora de cualquier objeto que se mueva al país entero a la redonda. Monroe, una potencial esposa perfecta de EEUU, quiere mucho más que eso y pierde en el camino más de la mitad de las ventajas prácticas de aquella vida, a cambio de pasar al mundo de los sueños de todos aquellos hombres que podían habérselas brindado. Un poco como hacer un pacto con el diablo…


Era un sueño no sólo por ser quien era, sino porque en el mundo sensible, como una esposa de carne y hueso de estos sujetos, su aparición no habría resultado. Marilyn no era fiel, recatada, y ahora nada serena. Además, pese a sus enormes esfuerzos por tener hijos (una de las grandes torturas psicológicas de su vida), por algún motivo, a todos los perdía.

En contraparte, tenía un tipo de belleza y sensualidad que quedaban a medio camino entre la candidez infantil y el erotismo glamoroso, los cuales armonizaban con su temperamento, fácil, distraído, soñador, tierno, risueño, que provocaba proteger…

¿Qué otra cosa podía pedir un gringo? Se había vuelto una bomba sexual revolucionaria para el espíritu protestante americano, representante idóneo de cómo el emprendimiento es igual a la eficacia de su sistema, pero que mantenía la docilidad esperable de cualquier mujer de su tiempo. De ahí que se le exhibiera como la bomba rubia a los cuatro vientos a países amigos y enemigos. Pero como cualquier símbolo sexual –segunda tortura psicológica a mencionar-, como actriz y persona, solía toparse con gente que no la tomaba en serio.


20th Century Fox no estaba interesado en asignarle otra cosa que papeles de rubia tonta ni en dejarle al libro albedrío de disponer de su vida privada, porque de eso también dependían mucho sus cifras. Marilyn – explotada como mina de Cajamarca – no tenía el carácter para detenerlo. Sus matrimonios fracasados, adicción a las pastillas, brutal ritmo de trabajo, bajo salario para ser quien era y hasta su asesinato, resultaron ser bellos símbolos grises de aquello por lo que apostó su vida: un sistema donde absolutamente todo(s) se compra y se vende.


¿No que se había suicidado?

Esa es la hipótesis más difundida, pero yo soy de los que piensan que Marilyn sabía demasiado. Es fácil: No tiene ningún sentido tomarse una sobredosis de barbitúricos y que en la autopsia no encuentren nada. No tiene sentido que todas las víctimas por envenenamiento con las pastillas queden en posición fetal como parte del trastorno químico en el cuerpo, y ella estuviera tan plácidamente tendida en cama.

Marilyn no había tenido mejor idea que hacer un escándalo durante el fin de semana en que fue encontrada muerta. Había anunciado que el mismo lunes por la mañana daría información confidencial sobre los hermanos Kennedy. Que está claro que ya obtuvieron de mí lo que querían y ahora me dejan, que tengo a todos los medios detrás de mí buscando la historia, que me la van a pagar caro.

Pienso que como digna amante, Marilyn se convirtió en un peligro público. Pero hablar de cómo murió es para mí solo una excusa para terminar este post regresando a la inocencia con la que se paseó su vida entera entre comunistas y capitalistas, ricos y pobres, burgueses y marginales, toda sonriente ella, uniéndolos misma obra de arte sea en un "...wow...", o en un "¡oh...!", en una búsqueda mortal del amor.

Todos estamos aquí de paso, pero hacerlo sin dejar de sentir en el intento, es el único mérito que para mí te hace eterno.

Qué cursi. ¡Gracias por su tiempo! Chau.


*Nota: Si quieres leer más post de Raquel, te recomendamos visitar su blog Botella de Cocacola: http://botelladecocacola.blogspot.com

viernes, 29 de junio de 2012

Retratando a Marilyn



Por: Eva Maria Corbella Pérez

Los biopics son terrenos pantanosos donde muchos cineastas triunfan o son vilipendiados hasta extremos poco comunes. El debutante Simon Curtis realiza Mi Semana con Marylin, una briosa película sin aparente coherencia rítmica, que, sin embargo, resulta agradable al espectador por lo inocente y ligera de su propuesta.

Con la premisa del rodaje de El Príncipe y la Corista, protagonizada por Laurence Olivier y Marilyn Monroe, Curtis rescata a Kenneth Branagh para un formidable papel que bien le ha valido una nominación al mejor actor de reparto. Su recreación de la complicada personalidad del gran intérprete inglés resulta más que notable confeccionando uno de los mejores papeles del metraje. Sin embargo, y como contrapunto a priori perfecto, encontramos a una Michelle Williams que se deja la piel en el intento de emular a un mito sexual de los años 50; pero he de reconocer que soy uno de esos escépticos que no consiguen creerse su recreación en la película.

Williams es una gran actriz, una de las jóvenes promesas que Hollywood debe tener presente en los próximos años de Historia del Cine. Sus interpretaciones en, por ejemplo, Brokeback Mountain o Blue Valentine la han catapultado a convertirse en una intérprete de calidad y potencial extraordinarios. Sin embargo, emular a Marilyn Monroe es una tarea compleja que nadie debería haber elegido jamás. Michelle Williams no guarda ningún parecido, siquiera lejano, con la diva, aunque, para hacer la debida justicia, he de afirmar que el intento de Williams es ampliamente destacable tanto en el aspecto físico como, sobre todo, en el psicológico. Con este papel, la actriz amplia su registro interpretativo y se catapulta a un puesto en el estrellato de la industria cinematográfica estadounidense.


Lo que sí se manifiesta en el filme, es aquello de lo que numerosos actores y directores se quejaron al trabajar con Marilyn: su inutilidad para memorizar los guiones y sus continuas poses perfectas hartaron a cineastas como Billy Wilder, y enfurecieron a intérpretes como Tony Curtis o el propio Laurence Olivier. La importante presencia que tenía Marilyn Monroe en la gran pantalla, las fotografías o las premieres, se quedaba vacía cuando pisaba un plató y debía memorizar las líneas de sus papeles, casi siempre protagonistas.

Simon Curtis utiliza el viejo recurso del “cine dentro de cine” para contar una trama que se centra en un joven asistente de dirección que es testigo de aquello de lo que todos los aficionados al cine queremos ver alguna vez en nuestras vidas: las tensiones en un rodaje, las lecturas de guión, el rodaje. La intrahistoria del cine es casi más importante que la propia película; es ahí donde radica la magia de Mi Semana con Marilyn. La historia, basada en el libro escrito por el propio protagonista de la película, Colin Clark, rescata una época del cine en la que las estrellas del celuloide brillaban con luz propia indiferentemente de los problemas internos detrás de las cámaras, algo de lo que en la actualidad estamos harto enterados.

Mi Semana Con Marilyn es una película interesante, poco intensa en cuanto al ritmo de la acción, pero un buen documento para acercarnos a dos auténticas estrellas de la época dorada del cine: Olivier y Monroe, Monroe y Olivier, dos personalidades con trayectorias diferentes que juntaron sus destinos tal y como se refleja aquí.