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viernes, 24 de abril de 2020

“Milagro en la celda 7”: de todas maneras, vas a llorar



Por: Luisella Palacios

Ya me habían advertido que lloraría, así que me preparé… pero fue inevitable.

Milagro en la celda 7 (2019) remake de su homónima coreana de 2013 es una de esas películas que no puedes "des-mirar". Es de aquellas que te marcan, que hacen que te replantees cosas y veas todo lo “invisible” que tienes. Su simplicidad de narración hace que sientas que te están contando un cuento, como si tu abuela te estuviese narrando una escena de antaño. A lo mejor esa sencillez facilita que, desde un principio, le abramos el corazón a esta gran historia.


Nuestro protagonista, Mehmet/Memo (Aras Bulut İynemli), es un padre abnegado y amoroso, de los que dan la vida por sus hijos; sólo que tiene una diferencia con el común denominador: una discapacidad intelectual que no le permite comunicarse ni razonar con completa claridad; su edad mental es la misma —o incluso menor— que la de su hija Ova (Nisa Sofiya Aksongur).

Con Memo conectamos de entrada. Nos da ganas de apachurrarlo y jugar con él y sus ovejas. Su inocencia y buen corazón te remiten a tus tempranos años de edad, cuando veías el mundo como un campo de juego infinito. Creo que es justo por ello que nos golpea tanto verle atrapado en la situación que le toca vivir: indefenso, ingenuo, aterrado, sin tener idea de lo que sucede realmente y sin poder ni saber defenderse.



La película nos narra cómo la vida de esta familia de 3 —Memo, Ova y la abuela Fatma (Celile Toyon)— se desgarra repentinamente, al ser Memo acusado (sin ninguna prueba justificante) de la muerte de la hija del coronel del ejército (Ilker Aksum). Este hombre, lleno de rabia, decide arruinar su vida y la de su madre e hija, queriendo a toda costa que se le considere culpable, que se gane el odio del pueblo, y que se le dé la pena de muerte, ¡todo sin la investigación correspondiente!


Memo es encarcelado y condenado a muerte después de firmar, tras engaños y muchos abusos, una declaración totalmente falsa, que lo deja en el peor estado. Minuto a minuto, nos indignamos más y más con el trato que se le da; se le considera una abominación humana tanto fuera como dentro de la cárcel, donde sus compañeros conocen únicamente la versión “oficial” de la historia. ¡Sólo queremos gritarles a todos que de una vez por todas lo dejen en paz!


Sorprendentemente, no todo es tragedia. Llegan momentos que nos llenan de esperanza y deseamos —más que nunca— que se den los giros redentores, pero entre tanto, la trama nos mantiene en una montaña rusa de emociones: por un lado nos inunda de ternura, luego nos hace irrumpir en rabia, logra que nos colguemos con uñas, corazón y dientes de los destellos de optimismo para luego hacernos desbordar en lágrimas; todo en el orden que a la historia le pega la gana.


Personalmente, pienso que las actuaciones son como pólvora para hacer explosionar tal historia. Cada personaje te pone en su propia piel, sea cual sea su edad física o mental. Entiendes el pensar, sentir y accionar de cada uno (menos el del despiadado, insensible e injusto antagonista, claro está).

La trama conmueve —e indigna— con la profunda injusticia que se vive en este pueblo de Turquía, el desinterés por atender como se debe estos casos tan fuertes y trágicos para algunos, y el poder absoluto e incuestionable de un ser despreciable a quien le importa más su reputación —y que le vean siempre como superior—, que la vida de un inocente bondadoso y el destino de su familia.

Así se nos abre los ojos a una realidad que posiblemente está mucho más cerca que Turquía —tal vez a la vuelta de la esquina—, pero en la que no nos habíamos detenido hasta el  momento.


Uno de los elementos más envolventes de esta peli, aparte del argumento y la trama, es la música. Cada pieza de la banda sonora colorea y remarca muy bien cada uno de los acontecimientos y picos emocionales de la historia.

Otra cosa que llama mucho mi atención, es la manera peculiar en que el director Mehmet Ada Öztekin organiza las imágenes que decide mostrarnos. Nosotros, los occidentales, estamos acostumbrados al manejo de encuadres (imágenes en pantalla) del cine hollywoodense, un cine en el cual, cada emoción está remarcada por el primer plano del gesto del personaje.

Este film, por el contrario, juega con muchos planos abiertos, en los cuales no se observa de forma cercana los rostros de los personajes ni sus reacciones, y aun así se obtiene el efecto de cercanía y conexión emocional con la situación. Incluso, como dije líneas arriba, la narración atrapa con su manera particular de envolver cual si fuese un cuento.


En resumen, Milagro en la celda 7 es una película que apunta directo al corazón y lo emociona al mil por ciento. Recomendación: mírala con mucho kleenex y buena compañía, que seguro acabarán moqueando (bien abrazaditos).


Ficha técnica

Título Original: 7. Yedinci Kogustaki Mucize
Dirección: Mehmet Ada Öztekin
Guion: Özge Efendioglu, Kubilay Tat
Reparto: Aras Bulut Iynemli, Nisa Sofiya Aksongur, Deniz Baysal, Celile Toyon Uysal, Ilker Aksum
Fotografía: Torben Forsberg
Música: Hasan Ozsut
País: Turquía
Productora: Emitida por Netflix; O3 Turkey Medya
Año: 2019
Género: Drama
Duración: 132 min.





*Esta película se encuentra disponible en Netflix.

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domingo, 8 de enero de 2017

Erotismo, represión y belleza rebelde




Por: Alexiel Vidam


Ayer volví a ver Mustang: Belleza Salvaje, una película que me enamoró desde que la descubrí, y que me provocó cierto filin familiar… y es que me recordaba un poco a otra película que también me gustó mucho cuando la vi, hace varios años, Vírgenes Suicidas, de Sofía Coppola. Sin embargo, no sé si por su carácter exótico o la frescura que me transmitieron sus personajes (sobre todo Lale, la narradora de la historia), que Mustang acabó gustándome más.


Aquí también tenemos a cinco hermanas entre la pubertad y la adolescencia, todas hermosas y dueñas de una sensualidad hipnotizante que sin embargo no peca de morbosa. Tenemos también un drama intenso; sin embargo, el contexto y las circunstancias son distintas, así como el carácter particular de cada protagonista, lo cual las vuelve especiales cada una a su manera.




Nos encontramos en Turquía. Las cinco muchachas en cuestión son (de mayor a menor): Sonay (Ilayda Akdogan), Selma (Tugba Sunguroglu), Ece (Elit Iscan), Nur (Doga Doguslu) y Lale (Günes Sensoy). El último día de clases, ellas corren a la playa a jugar con sus compañeros hombres. Inocentemente, inician un juego de lucha en el agua sobre los hombros de sus amigos y esto es malinterpretado por la vieja santurrona del pueblo, quien corre a informar a la abuela de las niñas. Una fuerte reprimenda les espera, pero nunca tan fuerte como las medidas que toma después su tío Erol (Ayberk Pekcan) para resguardar la virginidad de estas jóvenes que, hasta el momento, se han educado en relativa libertad.


Las chicas no tienen padres que las protejan. Los sermones de su abuela y sus tías parecen en el fondo un escudo para el violento acoso del tío. Muros y rejas se yerguen en torno a la casa, convertida en una verdadera cárcel juvenil. Las chicas no pueden salir de su habitación sin vigilancia y están obligadas a usar horribles túnicas marrones (túnicas “color mierda”, como menciona Lale). Pronto, su abuela comienza a arreglar matrimonios entre ellas, lo cual va generando diversas consecuencias y reacciones, desde las más trágicas hasta las más rebeldes.



Cada personaje tiene un encanto particular. Personalmente, me agrada Selma por su forma de ser tan tranquila, su mirada dulce y desencantada; sin embargo, su carácter tan apacible es también el que la condena a una vida gris, cargada de resignación. Sonay, por el contrario, consigue un final relativamente feliz gracias a su forma de ser emancipadora. Asimismo sucede con Lale, la más rebelde de todas y guía de la hermana que le sigue, Nur. Ece, por su parte, comienza con una actitud sumisa que se transforma progresivamente en una actitud peligrosa, lo cual la lleva hacia por el camino más desgarrador de todos.


En cuanto a la estética del filme, va muy de acuerdo con la ambientación histórica, geográfica y cultural. La historia nos acerca hacia el ángulo más conservador de Turquía; observamos sus tradiciones, sus bailes y también sus costumbres más arcaicas. La mirada es, pues, crítica, hacia el machismo, la brutalidad y el paternalismo. La atmósfera, sin embargo, está plagada de sensualidad y singularidad. Rasgos de una cultura que se nos presenta peculiarmente atractiva por ser ajena a occidente, y el erotismo que muestran las niñas al pasear en ropa ligera en su habitación, donde nadie las mira, donde aún preservan un poco de libertad.



Si tuviese que describirla en pocas palabras, diría que Mustang: Belleza Salvaje, hace honor a su nombre. Es una delicia audiovisual de sabor agridulce, con un mensaje que golpea y nos invita a la reflexión, pero a la vez enciende una llama de esperanza, de que las cosas se puedan transformar.



Ficha técnica

Dirección: Deniz Gamze Ergüven
Dirección artística: Serdar Yemisci
Producción: Charles Gillibert
Guión: Deniz Gamze Ergüven, Alice Winocour
Música: Warren Ellis
Fotografía: David Chizallet, Ersin Gok
Montaje: Mathilde Van de Moortel
Vestuario: Selin Sozen
Reparto: Güneş Şensoy, Doğa Doğuşlu, Elit İşcan, Tuğba Sunguroğlu, İlayda Akdoğan
Países: Francia, Turquía, Alemania
Idioma: Turco
Año: 2015
Género: Drama
Duración: 97 min.





*Para ver la película completa online, click aquí.


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