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domingo, 8 de enero de 2017

Erotismo, represión y belleza rebelde




Por: Alexiel Vidam


Ayer volví a ver Mustang: Belleza Salvaje, una película que me enamoró desde que la descubrí, y que me provocó cierto filin familiar… y es que me recordaba un poco a otra película que también me gustó mucho cuando la vi, hace varios años, Vírgenes Suicidas, de Sofía Coppola. Sin embargo, no sé si por su carácter exótico o la frescura que me transmitieron sus personajes (sobre todo Lale, la narradora de la historia), que Mustang acabó gustándome más.


Aquí también tenemos a cinco hermanas entre la pubertad y la adolescencia, todas hermosas y dueñas de una sensualidad hipnotizante que sin embargo no peca de morbosa. Tenemos también un drama intenso; sin embargo, el contexto y las circunstancias son distintas, así como el carácter particular de cada protagonista, lo cual las vuelve especiales cada una a su manera.




Nos encontramos en Turquía. Las cinco muchachas en cuestión son (de mayor a menor): Sonay (Ilayda Akdogan), Selma (Tugba Sunguroglu), Ece (Elit Iscan), Nur (Doga Doguslu) y Lale (Günes Sensoy). El último día de clases, ellas corren a la playa a jugar con sus compañeros hombres. Inocentemente, inician un juego de lucha en el agua sobre los hombros de sus amigos y esto es malinterpretado por la vieja santurrona del pueblo, quien corre a informar a la abuela de las niñas. Una fuerte reprimenda les espera, pero nunca tan fuerte como las medidas que toma después su tío Erol (Ayberk Pekcan) para resguardar la virginidad de estas jóvenes que, hasta el momento, se han educado en relativa libertad.


Las chicas no tienen padres que las protejan. Los sermones de su abuela y sus tías parecen en el fondo un escudo para el violento acoso del tío. Muros y rejas se yerguen en torno a la casa, convertida en una verdadera cárcel juvenil. Las chicas no pueden salir de su habitación sin vigilancia y están obligadas a usar horribles túnicas marrones (túnicas “color mierda”, como menciona Lale). Pronto, su abuela comienza a arreglar matrimonios entre ellas, lo cual va generando diversas consecuencias y reacciones, desde las más trágicas hasta las más rebeldes.



Cada personaje tiene un encanto particular. Personalmente, me agrada Selma por su forma de ser tan tranquila, su mirada dulce y desencantada; sin embargo, su carácter tan apacible es también el que la condena a una vida gris, cargada de resignación. Sonay, por el contrario, consigue un final relativamente feliz gracias a su forma de ser emancipadora. Asimismo sucede con Lale, la más rebelde de todas y guía de la hermana que le sigue, Nur. Ece, por su parte, comienza con una actitud sumisa que se transforma progresivamente en una actitud peligrosa, lo cual la lleva hacia por el camino más desgarrador de todos.


En cuanto a la estética del filme, va muy de acuerdo con la ambientación histórica, geográfica y cultural. La historia nos acerca hacia el ángulo más conservador de Turquía; observamos sus tradiciones, sus bailes y también sus costumbres más arcaicas. La mirada es, pues, crítica, hacia el machismo, la brutalidad y el paternalismo. La atmósfera, sin embargo, está plagada de sensualidad y singularidad. Rasgos de una cultura que se nos presenta peculiarmente atractiva por ser ajena a occidente, y el erotismo que muestran las niñas al pasear en ropa ligera en su habitación, donde nadie las mira, donde aún preservan un poco de libertad.



Si tuviese que describirla en pocas palabras, diría que Mustang: Belleza Salvaje, hace honor a su nombre. Es una delicia audiovisual de sabor agridulce, con un mensaje que golpea y nos invita a la reflexión, pero a la vez enciende una llama de esperanza, de que las cosas se puedan transformar.



Ficha técnica

Dirección: Deniz Gamze Ergüven
Dirección artística: Serdar Yemisci
Producción: Charles Gillibert
Guión: Deniz Gamze Ergüven, Alice Winocour
Música: Warren Ellis
Fotografía: David Chizallet, Ersin Gok
Montaje: Mathilde Van de Moortel
Vestuario: Selin Sozen
Reparto: Güneş Şensoy, Doğa Doğuşlu, Elit İşcan, Tuğba Sunguroğlu, İlayda Akdoğan
Países: Francia, Turquía, Alemania
Idioma: Turco
Año: 2015
Género: Drama
Duración: 97 min.





*Para ver la película completa online, click aquí.


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martes, 25 de octubre de 2016

Choque de realidades

Por: Claudia Alfaro

Un documental que rompe paredes de indiferencia e ignorancia. En esta oportunidad, le tocó al Perú protagonizar un escenario lamentable y lleno de injusticias, una lucha por parte de los indígenas de Bagua, ante un Estado decidido a la extracción agresiva de petróleo y minerales del Amazonas.

When Two Wolrds Collide (El choque de dos mundos), es un filme desarrollado durante 8 años y culminado con muchísimo esfuerzo. Realizado por Taira Akbar, Mathew Orzel y Heidi Brandenbur, ha sido ganador de distintos premios internacionales (Sundance, Madrid, Zúrich, entre otros).



El largometraje comienza en la intimidad de la selva, sumergiéndonos de inmediato en su grandeza. Colores resaltantes propios del escenario natural; admiramos la belleza dentro de encuadres largos y movimientos de cámara suaves; un ritmo lento y progresivo en su narrativa, que a lo largo del film nos sitúa poco a poco dentro del conflicto. Concentramos nuestra atención en sentimientos y emociones que nos embriagan de miedos, injusticias, cólera, impotencia, tristeza.

Una mirada imparcial y objetiva. Claramente podemos ver que el documental fue creado para que sea el mismo espectador quien decida juzgar. Los hechos se muestran desde una trayectoria larga, y distintas perspectivas. Para ello, se recurre a distintas fuentes: Alberto Pizangoun líder indígena, que busca justicia y respeto para su comunidad y tierras; por otro lado, Alan García, a quién solo le interesa “el desarrollo económico del Perú, sin importar el costo. Pero también se ve historias que ayudan a enriquecer el contexto de esta continua lucha, para que uno mismo tenga una visión mucho más clara y específica al momento de juzgar. La esposa viuda de un policía, un padre desconsolado por la muerte de su hijo (policía), las declaraciones de los políticos, y los medios comunicación.



Una historia real y envolvente, te sumerge dentro de un contexto no sólo político-social, sino también en un dilema de ética-moral; dentro de una verdadera lucha, podemos ver los valores que rigen a las personas de distintas realidades.

Dentro dentro de su propuesta estética, el documental busca mostrar el contraste entre la serenidad y el caos, la primera, utilizando encuadres largos y planos generales para mostrar grandeza, y planos cerrados para los detalles, y el segundo, representado por encuadres cortos y cámara en movimiento.



Existe un cambio notable en el tratamiento de la imagen al inicio del film, con colores cálidos, e imágenes limpias que acompañan el sonido ambiental, e invitan a ser parte de la tranquilidad de la selva antes de comenzar con la disputa. Conforme avanza la acción, observamos la diferencia del trato audiovisual, dada por las confrontaciones y -típico de documental- por la complicidad de la cámara.

Por todo esto, puedo concluir que El choque de dos mundos es una ventana para que observemos con otros ojos la realidad inevitable que vivimos, siendo parte de forma activa.

Ficha técnica:


Dirección: Heidi Brandenburg, Mathew Orzel
Estudios: Yachaywasi Films / Just Films
Guión: Heidi Brandenburg, Mathew Orzel
Música: H. Scott Salinas
Fotografía: Heidi Brandenburg, Matthew Orzel
Reparto: Alberto Pizango, Felipe Virgilio Bazan, Flor Montenegro, Ander Ordonez, Miguel Montenegro, Javier Velásquez Quesquén, Yehude Simon
Países: Reino Unido, Perú
Año: 2016
Género: Documental
Duración: 103 min.



sábado, 19 de marzo de 2016

“No Molestar”: escapismo del bueno



Por: Sergio Lescano

¿Cuándo fue la última vez que pudiste ver una película, escuchar un CD de principio a fin, o leer más de un par de capítulos del libro que comenzaste hace meses sin ser interrumpido por alguien o algo? Si no lo recuerdas, no te preocupes, no estás solo. De hecho, en tiempos actuales es común que muchas de nuestras actividades cotidianas (comer, por ejemplo) se vean constantemente interrumpidas ya sea por los gadgets que parecen gobernar nuestra vida, o por personas que han perdido la delicadeza de respetar lo que los gringos llaman me time o “tiempo para mí”. Sin embargo, en lugar de hacer una crítica densa a esta realidad que vivimos (en la que no podemos ni tomar una ducha sin que suene nuestro celular… el cual, por supuesto, llevamos hasta al baño), No Molestar hace exactamente lo contrario: satiriza dicha realidad hasta decir basta, con resultados satisfactoriamente positivos.



El título original de No Molestar es Une heure de tranquillité (“Una hora de tranquilidad”), título doblemente irónico, ya que Michel, el protagonista, no logra obtener ni siquiera un minuto de tranquilidad a lo largo de casi toda película. Por consiguiente, ofrece a los espectadores más de una hora llena no de tranquilidad, sino de risas.

La película está dirigida y adaptada al cine por Patrice Leconte, experimentado realizador parisino, famoso por comedias exitosas como Les bronzés, y dramas aclamados por la crítica como Monsieur Hire. La protagoniza Christian Clavier, uno de los actores franceses más carismáticos y reconocidos; además, cuenta con un reparto internacional de lujo, que incluye a la divertidísima Rossy de Palma, una “chica Almodóvar” que tiende a robarse cada escena en la que está presente.



Pero como dijo Jack el destripador, vamos por partes.

En No Molestar, Christian Clavier interpreta a Michel, un dentista amante del jazz de unos cincuenta años aproximadamente. Mientras camina despreocupadamente por un mercado de pulgas encuentra, para su alegre sorpresa, el vinilo de Me, Myself and I, que en sus palabras es nada menos que la obra máxima de Neil Youart y el referente por excelencia del buen jazz. Sin pensarlo dos veces lo compra por el precio que le piden (afirmando que hubiese pagado hasta el triple por él), y se dirige a su casa para escucharlo. De pronto, una tras otra, empiezan a sucederse diversas situaciones que lo van metiendo en entreverados líos, y que finalmente le impiden escuchar su amado Me, Myself and I. Sin mencionar spoilers, diré que los enredos en los que se envuelve Michel van desde lo cotidiano (un insistente y hablador vecino), hasta lo absurdo (una familia de inmigrantes coreanos que su hijo decide amparar en su casa). Dichas situaciones van in crescendo conforme avanza la película, haciendo que Michel entre en un estado de desesperación extremo, perdiendo totalmente la compostura cuando las cosas se salen absolutamente de control.


Desde su inicio, el filme se anuncia como una comedia ligera, que no exige pensar demasiado y con la que uno puede simplemente relajarse. Como tal, la película funciona y cumple su cometido de hacer reír, tomando como eje la genialidad de sus actuaciones. En primer lugar, por la interpretación de Clavier –el ancla de la película-, quien no sólo captura y encarna la desesperación creciente de forma realista y no por eso menos cómica; también logra obtener casi de inmediato la simpatía del espectador, a pesar de los flagrantes defectos de su personaje. Luego, por el trabajo de los demás actores, quienes les imprimen a sus personajes muchísimo humor y presencia.

Como mencioné antes, esta no es una película que sobresalga por su profundidad o por la complejidad de su trama. De la misma manera, vale mencionar que la gran mayoría de personajes son unidimensionales y no presentan mayor evolución a lo largo del film. En otras palabras, aparecen como elementos gratuitos exclusivamente diseñados para causar gracia. Roles de este tipo en actores menos talentosos y experimentados hubiesen caído en lo cliché, pero el elenco de No Molestar es tan bueno que cada aparición, por más corta que sea, genera risa y aporta al filme como un todo.


El segundo motivo por el cual la película resulta tan efectiva, es el ritmo; factor que muchas comedias descuidan y por el que no logran mantener la atención del espectador. Patrice Leconte opta por no dejar espacios largos entre los gags. Más bien, conforme avanza la historia, va hilando las distintas situaciones de forma trepidante, como si fueran piezas de dominó que, sin parar se empujan unas a otras. De esta forma, en vez de dejar que la trama retorne al ritmo apacible con el que comenzó, Leconte aprovecha el momentum cómico de la situación y lo lleva un paso más allá con la siguiente. A propósito, en cierta forma el ritmo de la película me recordó al de una montaña rusa. Es lenta en sus primeros instantes, pero no tarda en coger velocidad, y una vez que lo logra, no hace más que incrementarla cada vez más, para explosionar en un clímax tras el cual pensé. La sensación final fue la de la mencionada montaña rusa: “¿cómo es que pasó tan rápido?”, “¡quiero hacer (ver) eso de nuevo!”.



Ficha técnica

Dirección: Patrice Laconte
Idea original: Florian Zeller (de su novela homónima)
Guión: Patrice Laconte
Reparto: Christian Clavier, Carole Bouquet, Rossy de Palma, Stéphane De Groodt, Valérie Bonneton, Sébastien Castro
País: Francia
Año: 2014
Género: Comedia
Duración: 79 minutos





sábado, 10 de octubre de 2015

“Good Bye, Lenin!”, el derrumbe de un sistema y de una vida



Por: Oriana Salomón

Desde los primeros segundos en que inicia la película, Good Bye Lenin!, nos transporta a otra época; una época en la que el mundo estaba dividido, así como el Berlín en el que se desarrolla la historia. Ésta gira en torno a una familia de la República Democrática Alemana: Christiane, una mujer abandonada por su marido, socialista, fiel al Partido y a sus ideales; y sus dos hijos, Alex y Ariane. Todo se inicia en octubre de 1989. Christiane queda en coma tras ver a su hijo siendo arrestado en una marcha contra Erich Honecker, líder comunista y representante de todos los ideales de la mujer.




Mientras Christiane está inconsciente en el hospital, todo se transforma: junto con el muro, su mundo se derrumba; el capitalismo ha ingresado a Alemania Oriental. Así, las vidas de sus hijos se adaptan al nuevo contexto: Ariane deja la universidad y se dedica a trabajar en Burger King; Alex trabaja en una empresa instalando los nuevos servicios de televisión satelital, y se enamora de Lara, enfermera de su madre. Todo continúa su rumbo; sin embargo, luego ocho meses de caer en el coma, Christiane vuelve en sí.


Hasta el momento previo a que Christiane despierte, la película tiene un tono realista y casi documental. Con un narrador testigo –el propio Alex-, nos enteramos de la historia familiar de los protagonistas, a la par que de la historia política y social de la Alemania comunista. Personalmente, esta parte me resultó muy interesante, ya que soy de una época “post-muro de Berlín”. Es por esto que para mí, el comunismo siempre ha sido parte de la historia, mas no una realidad palpable (en esa época no era necesario vivir en un país del bloque comunista para tener presente la lucha de los dos gigantes por la hegemonía); sin embargo, la agilidad con la que Alex lo narra, además desde el punto de vista de su propia vida, hace que lo sintamos como propio y nos identifiquemos con su realidad.



Luego de que Christiane despierta, la película se desarrolla hacia su verdadera temática: el amor inmenso e incondicional de un hijo por su madre. Para evitar que ella vuelva a sufrir un infarto, ésta no puede enterarse de todos los cambios que han ocurrido en Alemania. Por ello, Alex construye un mundo de fantasía en el cual todavía existe el Comunismo: usa frascos antiguos que rellena con los nuevos productos importados, monta una cadena de noticias falsa con un amigo cineasta, le oculta los carteles y anuncios de las nuevas marcas que han ingresado a la economía. En resumen, hace de todo lo posible e imposible porque todos los ideales y metas que persiguió durante su vida no se destruyan.


La película me conmovió mucho, ya que en cada acción que realiza Alex, se transmite el amor que siente por Christianne, al punto de sacrificar su vida personal y transformar toda su realidad en un montaje para lograr la felicidad de ella. Además, la película es genial en su manejo del humor: muy sutilmente y sin caer en vulgaridades –como en mucho del cine hollywoodense al que estamos acostumbrados-, se muestra satíricamente una de las épocas de transición más importantes del siglo pasado. Para mucha gente, especialmente para los antiguos camaradas del partido socialista, como se ve en la película, este cambio fue terrible. Sin perder su humor la película nos hace llegar este mensaje: cuando vemos llorar a la amiga de Christiane a quien le dicta las cartas, no podemos evitar sentir empatía y compasión por la pobre anciana, que ya no tiene nada más por lo que creer o luchar en el mundo.


Un aspecto que me gustó especialmente de la película fue el manejo del sonido. La música como recurso expresivo no pierde precisión ni en una sola escena: en los momentos de tensión, como en la marcha de protesta donde apresan a Alex, nos pone alertas; en los momentos emotivos, como cuando la madre despierta, nos pone a la expectativa y luego transmite paz, entre muchos ejemplos que se podrían mencionar. Además, en los diálogos más importantes de la película, la música se apaga y nos hace centrar la atención en la acción desarrollada.

Alex (Daniel Brühl)

Es también preciso el uso de la cámara rápida en diversas escenas, ya que transmite una sensación de aceleración y paso del tiempo. Como la película transita entre dos realidades (el comunismo y el capitalismo; el pasado y el presente), este recurso nos pone conscientes de la rapidez con que se dieron los procesos (misma premura con la que debe trabajar Alex para reconstruir el pasado). Se trata de un cambio brusco en el cual el pasado (Christiane) y el presente, no se empatan.


La escena que más me tocó de la película, y por la cual se le ha dado el nombre de Good Bye Lenin!, es cuando Christiane sale a la calle y ve el helicóptero que está retirando la estatua de Lenin, que parece estarla saludando. Así, por fin se empata el pasado con el presente; Chrtistiane se da cuenta de que algo raro está ocurriendo, y que las cosas ya no son como ella las conocía. En conclusión, la película es una oda al amor de un hijo hacia su madre y una enseñanza para todos, que nos muestra que aun cuando todo nuestro mundo conocido se derrumba, si hay alguien que nos ama realmente, podremos continuar.



Ficha técnica:

Dirección: Wolfgang Becker
Producción: Stefan Arndt
Guión: Wolfgang Becker, Bernd Lichtenberg
Música: Yann Tiersen, Claire Pichet
Fotografía: Martin Kukula
Montaje: Peter R. Adam
Reparto: Daniel Brühl, Katrin Sass, Chulpan Khamatova, Alexander Beyer
País: Alemania
Año: 2003
Idioma: Alemán
Género: Drama, comedia