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miércoles, 1 de marzo de 2017

Un poco de justicia para "La La Land"



Por: Alexiel Vidam

Sé que ya tuvimos un primer post dedicado a La La Land… pero en aquel entonces la película estaba aún “calientita” y nos esforzamos al máximo en no spoilear y ser lo más imparciales posible. Este post tiene una finalidad distinta, y es que ante las primeras alabanzas, empezaron a surgir los comentarios reaccionarios que la tachaban de “sobrevalorada” y que otras personas empezaron a repetir -a mi parecer- por mera pose y sin tomarse el tiempo ni la paciencia de disfrutarla y ver más allá de “ah, es un musical romántico made in Hollywood”.

A mí me encantó La La Land y no tengo roche de decirlo. No me considero cursi, el musical no es mi género favorito dentro del cine, no estoy enamorada de Ryan Gosling (ni de Emma Stone), tampoco soy hincha de las películas románticas. Sin embargo, esta película me remeció las fibras y me metió unas tremendas y poco comunes ganas de ponerme a bailar de la nada. Con esto no pretendo reivindicar a La La Land como merecedora del Oscar a Mejor Película (eso es bastante discutible, y Moonlight también es una excelente película), pero sí resaltar los motivos por los cuales me gustó y pienso que su nominación a la categoría estaba más que justificada.


¿Por qué me encantó La La Land

En primer lugar, porque me sentí identificada. Y no, no pienso que empezar por aquí me quite seriedad como crítica, pues toda crítica tiene un margen de subjetividad (de lo contrario, todas las opiniones de los críticos serían exactamente las mismas, y no suele ser así… incluso algunos cambian de opinión). Me identifiqué con los dos protagonistas porque me parece que reflejan bastante bien las frustraciones que vivimos todos los que nos dedicamos al arte: los familiares diciéndote que de eso no se vive, que tómalo como hobbie, que “tienes que madurar”, y tú -“necio”, fiel a lo único que te apasiona y te nace hacer-, prefieres vivir con un ermitaño y seguir guerreando por atrapar una oportunidad… antes que condenarte a hacer algo que te haga infeliz.

Ése diría que es mi gancho emocional más fuerte con la película; sin embargo, no es el único motivo por el cual me gusta o lo único que aprecio de ella.


La La Land te atrapa con sus ambientes coloridos, con sus guiños y recursos técnicos sacados -adrede- del cine clásico (como ese iris que se cierra o la nebulosa que se forma en el contorno de la pantalla, transmitiéndonos un filin muy de pelas como Casablanca o Cumbres Borrascosas). Es una película que describo -personalmente- como un orgasmo audiovisual: te pone el corazón a latir, te hace saltar del asiento y te invita a moverte.

Su música en particular está muy bien hecha y colocada, precisa para construir esa atmósfera de ilusión/desilusión, donde saboreamos nuestros sueños y a la vez nos estrellamos cincuenta veces contra el piso. La caída, la resignación y el fracaso son -pues- un fantasma que persigue constantemente a los personajes, es el pozo que requiere que ambos se tomen de la mano para ser saltado.


Mia (Emma Stone) es a Sebastian (Ryan Gosling) lo que Sebastian es a Mia: una fuente de inspiración y motivación, un impulso y un soporte para sortear los obstáculos. Sebastian necesita ese cachetadón de Mia que le dice “¡hey, regresa aquí! ¿Dónde están los sueños que pretendías alcanzar?”, y Mia necesita que Sebastian la saque -casi a rastras- de su casa para llevarla a esa gran audición.

La energía de ambos actores -por cierto- es desbordante; a Ryan Gosling le brillan los ojos al interpretar la pasión de su personaje, y Emma Stone es sencillamente encantadora.

La emoción que transmite Sebastian al hablar de Jazz es
desbordante y contagiosa

Reconozco que La La Land es una película que no está hecha para muchos (de hecho, pienso que -casi siempre- las alabanzas masivas se dan por repetición tanto como los abucheos masivos); si no te sientes compenetrado con el arte, es probable no conectes con los protagonistas ni comprendas del todo sus sufrimientos.

Si eres más de un estilo de narrativa clásica (inicio-nudo-desenlace, sin mucho “adorno”), probablemente la puesta en escena no te enamore. Si no te detienes a admirar los bailes ni lo bien construidos que están los escenarios, posiblemente no comprendas lo difícil que debe haber sido la elaboración de esta película. Repito: toda apreciación tiene un margen de subjetividad, así que si no te gustó, es válido.

Lo que no me parece válido es que se menosprecie una excelente producción que cuenta con: fotografía A1, muy buenas actuaciones, buena construcción de personajes, trama bien armada, excelente banda sonora, excelente dirección de arte (creación de escenarios) y un final inesperado y muy bien armado. Todos estos elementos hacen que -como producto culminado- La La Land se haya merecido su nominación -te guste o no-. Puedes decir que la película no era tu onda…pero a decir que “no pasa nada” y ponerte en plan de “hater”... hay que tener cuidado.


Redundo en la intención del inicio del post: no pretendo decir que La La Land sea mejor o peor que Moonlight; tampoco pretendo que a partir de ahora les toque el corazón; sólo pretendo hacer un poco de justicia y bajarle un toque las revolucionas a la gente que “se va de boca” y no tiene argumentos propios ni contundentes para respaldar su opinión.


*LA YAPA*

Te invito a ver nuestro post anterior y dejo por aquí un videín sobre los guiños de La La Land.




*Esta pela sigue en cartelera, así que -si no la has visto-, te aconsejo no escuchar a los haters y construir tu propia opinión.


lunes, 6 de febrero de 2017

¿“La La Land” o Ciudad del Bla bla bla?

Es un 2017 que ha empezado con fuerza con opciones interesantes en la cartelera cinematográfica limeña. Uno de los títulos más voceados para ganar muchos Oscars es la nueva película de Damien Chazelle -si viste Whisplash, él es su padre-: La La Land, Ciudad de Sueños.
La historia va sobre Mia Dolan (Emma Stone), una joven barista que trabaja en una cafetería de los estudios Warner. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista que ama el jazz y odia que menosprecien dicho género musical y su propio talento. Ambos parecen no tener ningún vínculo en común; inevitablemente, se conocen y surge un amor tan puro y correspondido como difícil de llevar.

Es entonces que su amada ciudad de sueños es testigo del duro camino donde ambos tendrán que luchar por conservar su relación y al mismo tiempo cumplir sus metas.
En las últimas semanas, se ha abierto un intenso debate sobre si se trata de un film glorioso o sobrevalorado. Como no queremos seguir metiendo mucha labia, mencionamos algunos puntos considerables a su favor y otros en contra:

  • Este musical le rinde tributo a todos los musicales buenos -mejor dicho, magníficos- como Grease, West Side Story y la emblemática Singing in the Rain. Cada cuadro tiene algo que nos recuerda a los anteriores y a otros más. Y para quienes aman las historias cantadas y bailadas, esto es un verdadero manjar.
  • Ryan Gosling luce más sus habilidades para los instrumentos musicales, el canto y el baile. Ha sido comparado con cantantes como Frank Sinatra por su registro bajo y melodioso. Ni qué decir de su performance, que evoluciona favorablemente y lo conoces en dos horas y media de película.
  • La música es simplemente emocionante: sientes ganas de soñar y de seguir haciéndolo. Te remece hasta la fibra más escondida, porque todos alguna vez hemos dejado de pelear por lo que queremos por el temor al rechazo habitual.
  • Es más realista que otras películas del género. No es la típica historia súper feliz y “fresa” que hemos estado acostumbrados a ver en otros musicales. Te reconforta y te estrella contra un pavimento inevitable.

  • Si J.K. Simmons es tu gurú de vida, vamos avisando que tiene una memorable aparición en el filme.
  • La dirección de arte pareciera sacada de las mejores revistas de moda de los setentas y ochentas. Le brinda temperamento a los personajes y nos queda claro qué rol cumplen en la sociedad.
  • Canciones como City of Stars o Lovely Night quedarán en el recuerdo. Absorben perfectamente el imaginario artístico de muchos.
  • Los efectos especiales complementan todos los puntos anteriormente mencionados. No son merecedores quizás a algún galardón, pero tampoco son pobres o deficientes.
Es entonces que a tanta maravilla explicada, se le contrapone aspectos que no convencen a muchos expertos:
Emma Stone no es una mala actriz. Su voz no es mala y baila muy pulcramente. Pero no es una superdotada para los musicales. Además, el papel de chica tierna que sufre y que tiene que enfrentar sus demonios para lograr algo bueno está tan explotado, que no es nada del otro mundo.

Si bien la historia nos muestra los sueños que la pareja persigue, se centran mucho en Sebastian y no tanto en Mia. Poco podemos ver de su talento.

Si son de los románticos que creen que el amor puede más que cualquier cosa, pues esta NO es su película. Es algo así como un “pincha globos”. Lo dejaremos ahí porque de otra forma, sería un terrible spoiler.


¿Ganará a Mejor Película, Mejor Actor y Actriz y Mejor Director? ¿O será la gran fracasada como otras tantas películas ovacionadas que al final terminaron con sólo 3 premios secundarios? El 26 de febrero lo sabremos.

Ficha técnica

Dirección: Damien Chazelle
Producción: Fred Berger, Jordan Horowitz, Gary Gilbert, Marc Platt
Guión: Damien Chazelle
Música: Justin Hurwitz
Fotografía: Linus Sandgren
Montaje: Tom Cross
Vestuario: Mary Zophres
Reparto: Ryan Gosling, Emma Stone, J.K. Simmons
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2016
Género: Musical, romance, comedia dramática
Duración: 128 minutos





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