¿Quién no ha gozado del rock peruano de los 80? Nosotras, a pesar de haber nacido una década después, lo disfrutamos por influencia de nuestros padres y familiares. A la vez, reconocemos en esos temas musicales, el espíritu de los años más duros de nuestro país, de los cuales los millennials -aunque deberíamos- no estamos tan enterados. Jorge Carmona -director- y Miguel Valladares- gerente general de Tondero -, explican que la razón por la que decidieron llevar esta obra de teatro (dirigida por Giovanni Ciccia) al cine, fue dejar un archivo a futuro y transmitir a las generaciones más jóvenes una parte fundamental de la historia de su propio país, invitando a desarrollar conciencia. Esta especial motivación -vale decir- se ha dejado sentir en las diferencias que este nuevo film guarda con su antecesora teatral (que enfatiza menos en los puntos de reflexión).
La historia va sobre un grupo de jóvenes de clase privilegiada, que sueña con ser la mejor banda de rock peruano; ello, les obliga a salir de su burbuja, y arriesgarse a conocer la otra cara de la ciudad de un país en en conflicto; el conflicto armado más brutal de su historia.
El guión de la película -vale decirlo. está construido de una manera que aporta balance entre comedia y dramatismo, logrando que una refresque a la otra, y generando conexión con la audiencia a través del desarrollo de sus personajes. Carmona comentó que, al hacer una película, había ciertos puntos que cumplir debido a que ya existía una obra. Igualmente, recalcó que, en conjunto con el equipo creativo y los actores, se decidió incorporar el drama de distinta forma y en diferentes momentos de la película para así poder llegar a un buen desenlace.
Desde el comienzo nos pareció genial que se conservara, en su mayoría, a los actores de la obra de teatro, pues esto de entrada refuerza la conexión emocional con los espectadores que previamente vieron la versión teatral (vale decir que aquí también se ha pulido ciertos detalles de los personajes que no habían quedado tan bien en la obra).
En cuanto a la selección de canciones en base al tiempo de dirección, como lo había dicho el propio director: “si quisiera incluir todas las canciones buenas de esos años, tendríamos que hacer 15 horas de película”. El increíble soundtrack está bajo la dirección de Diego Dibós, incluyendo canciones como “Y es que sucede así” de Arena Hash y “Al colegio no voy mas” de Leuzemia. En paralelo, los números musicales son coreografiados por la igualmente increíble Vania Masías, quien tuvo las ganas de hacer que las mismas fluyan con la naturalidad clásica que corresponde al género.
Por otro lado, la dirección de arte es una de las mejores que hemos visto en el cine peruano de estos años. La construcción de ambientes y el uso de colores precisos nos transmite una vibra muy limeña y completamente retro; nos transporta.
De hecho, pensamos que tienen un gran y muy talentoso elenco, incluso quienes debutan por primera vez en cine, la rompen. Nos encantan todos los personajes y esperamos que Tondero nos siga trayendo sorpresas bonitas como ésta (honestamente, no somos tan fans de sus películas, con excepción de Magallanes).
No podemos olvidar, finalmente -y especialmente en estos momentos difíciles-, la importancia del mensaje que transmite la película, puesto que habla de unión y de la fuerza de nuestro país, resistente a épocas tan duras como los 80, con el auge de algo tan sórdido y brutal como el terrorismo y todo lo que acarreó -cosas que jamás deben repetirse-.
Ficha técnica Dirección; Jorge Carmona del Solar
Idea original: Giovanni Ciccia, Rasec Barragan, Diego Dibós (de su obra teatral Av. Larco: El musical)
Si tuviese que mencionar cuál fue mi primera “película favorita de toda mi vida”, sería La Bella y la Bestia, de Disney. Recuerdo que, allá por el año 91’, con 5 años de edad, me afané tanto con la película, que la habré visto unas diez veces seguidas… Siempre que me preguntaban qué película quería alquilar, yo decía “La Bella y la Bestia”. Por este motivo, cuando supe que la película tenía un live action, no pude hacer más que emocionarme, y más aún, al saber que la encantadora y admirable Emma Watson interpretaría el papel principal. ¿Quién podría ser más precisa para interpretar a la princesa intelectual, y una de las más independientes de Disney, sino la inspiradora Emma? Además, según fueron apareciendo los trailers -uno tras otro- creció la emoción al comprobar la fidelidad con que este live action habría sido concebido. Pude corroborar esta fidelidad corroborar por fin ayer, que tuve la oportunidad de ver este nuevo filme.
Una de las cosas más bonitas, ha sido -sin duda- revivir esa magia que sentí por primera vez al observar su versión animada. Los personajes han sido recreados con sumo cuidado, llegando a personificar -en todo el sentido de la palabra- a aquellos seres que nos encantaron con su gracia y expresividad en el clásico de 1991. Las adaptaciones que más me impresionaron, dentro de los personajes secundarios, fueron las de Din Don y Lumière, interpretados por los capísimos Ewan McGregor e Ian McKellen respectivamente. Sus versiones “objeto” son tan reales y a la vez tan expresivas, que, sin dejar de ser un reloj y un candelabro, se presentan como pequeñas personas ante nuestros ojos. Por otra parte, pasando a los protagonistas, Bella y Bestia no pueden estar mejor representados. Emma Watson cumple las expectativas de joven inteligente, curiosa e independiente, mientras que Bestia (Dan Stevens) es un ser monstruoso e intimidante de buenas a primeras… que poco a poco se va transformando, mostrando su lado sensible y adorable.
En cuanto al argumento, si bien es bastante apegado a la versión animada (manteniendo incluso la mayoría de canciones originales), trae consigo nuevos músicos y cantantes (John Legend y Ariana Grande son los nuevos intérpretes del tema Beauty and the Beast), así como escenas completamente nuevas que llenarán espacios dejados en blanco por su versión anterior. En esta película, por ejemplo, comprenderemos la ausencia de la madre de Bella, lo cual le dará mayor profundidad al personaje de esta última. También encontraremos una mayor participación por parte de la hechicera que maldijo al príncipe. De las escenas, las dos que más me impresionaron fueron la de la canción Nuestro huésped sea usted, en la que observamos a los objetos vivos del castillo luciéndose en su máxima expresión, y, por supuesto, la del esperado y mágico baile de La Bella y la Bestia.
Finalmente, cabe señalar que la magia de estas escenas (y de todo el filme en general), no habría sido posible de no ser por la cuidadosa dirección de arte y el excelente trabajo de vestuario y maquillaje. Se nota, además, que estos no se han basado exclusivamente en la película animada del 91’, sino que también, por ser una versión de “vida real”, ha tomado buscado apegarse más a la moda y estilo de la Francia histórica del S. XVIII; esto se nota claramente en los trajes, vestidos y pelucas. Esto me parece más que interesante, pues resalta el buen tino de los encargados de ver estos detalles, a la hora de equilibrar el realismo con el apego necesario al estilo del clásico animado.
100% recomendada. Véanla y prepárense para vibrar de nostalgia.
Ficha técnica
Dirección: Bill Condon
Producción: DavidHoberman, Todd Lieberman
Idea original: Jeanne-MarieLeprincedeBeaumont (cuento clásico La Bella y la Bestia), LindaWoolverton (película animada La Bella y la Bestiade 1991)
Guión: Bill Condon, Stephen Chbosky, Evan Spiliotopoulos
Sé que ya tuvimos un primer post dedicado aLa La Land… pero en aquel entonces la película estaba aún “calientita” y nos esforzamos al máximo en no spoilear y ser lo más imparciales posible. Este post tiene una finalidad distinta, y es que ante las primeras alabanzas, empezaron a surgir los comentarios reaccionarios que la tachaban de “sobrevalorada” y que otras personas empezaron a repetir -a mi parecer- por mera pose y sin tomarse el tiempo ni la paciencia de disfrutarla y ver más allá de “ah, es un musical romántico made in Hollywood”.
A mí me encantó La La Land y no tengo roche de decirlo. No me considero cursi, el musical no es mi género favorito dentro del cine, no estoy enamorada de Ryan Gosling (ni de Emma Stone), tampoco soy hincha de las películas románticas. Sin embargo, esta película me remeció las fibras y me metió unas tremendas y poco comunes ganas de ponerme a bailar de la nada. Con esto no pretendo reivindicar a La La Land como merecedora del Oscar a Mejor Película (eso es bastante discutible, y Moonlighttambién es una excelente película), pero sí resaltar los motivos por los cuales me gustó y pienso que su nominación a la categoría estaba más que justificada.
¿Por qué me encantó La La Land?
En primer lugar, porque me sentí identificada. Y no, no pienso que empezar por aquí me quite seriedad como crítica, pues toda crítica tiene un margen de subjetividad (de lo contrario, todas las opiniones de los críticos serían exactamente las mismas, y no suele ser así… incluso algunos cambian de opinión). Me identifiqué con los dos protagonistas porque me parece que reflejan bastante bien las frustraciones que vivimos todos los que nos dedicamos al arte: los familiares diciéndote que de eso no se vive, que tómalo como hobbie, que “tienes que madurar”, y tú -“necio”, fiel a lo único que te apasiona y te nace hacer-, prefieres vivir con un ermitaño y seguir guerreando por atrapar una oportunidad… antes que condenarte a hacer algo que te haga infeliz.
Ése diría que es mi gancho emocional más fuerte con la película; sin embargo, no es el único motivo por el cual me gusta o lo único que aprecio de ella.
La La Land te atrapa con sus ambientes coloridos, con sus guiños y recursos técnicos sacados -adrede- del cine clásico (como ese iris que se cierra o la nebulosa que se forma en el contorno de la pantalla, transmitiéndonos un filin muy de pelas como Casablanca o Cumbres Borrascosas). Es una película que describo -personalmente- como un orgasmo audiovisual: te pone el corazón a latir, te hace saltar del asiento y te invita a moverte. Su música en particular está muy bien hecha y colocada, precisa para construir esa atmósfera de ilusión/desilusión, donde saboreamos nuestros sueños y a la vez nos estrellamos cincuenta veces contra el piso. La caída, la resignación y el fracaso son -pues- un fantasma que persigue constantemente a los personajes, es el pozo que requiere que ambos se tomen de la mano para ser saltado.
Mia (Emma Stone) es a Sebastian (Ryan Gosling) lo que Sebastian es a Mia: una fuente de inspiración y motivación, un impulso y un soporte para sortear los obstáculos. Sebastian necesita ese cachetadón de Mia que le dice “¡hey, regresa aquí! ¿Dónde están los sueños que pretendías alcanzar?”, y Mia necesita que Sebastian la saque -casi a rastras- de su casa para llevarla a esa gran audición. La energía de ambos actores -por cierto- es desbordante; a Ryan Gosling le brillan los ojos al interpretar la pasión de su personaje, y Emma Stone es sencillamente encantadora.
La emoción que transmite Sebastian al hablar de Jazz es
desbordante y contagiosa
Reconozco que La La Land es una película que no está hecha para muchos(de hecho, pienso que -casi siempre- las alabanzas masivas se dan por repetición tanto como los abucheos masivos); si no te sientes compenetrado con el arte, es probable no conectes con los protagonistas ni comprendas del todo sus sufrimientos.
Si eres más de un estilo de narrativa clásica (inicio-nudo-desenlace, sin mucho “adorno”), probablemente la puesta en escena no te enamore. Si no te detienes a admirar los bailes ni lo bien construidos que están los escenarios, posiblemente no comprendas lo difícil que debe haber sido la elaboración de esta película. Repito: toda apreciación tiene un margen de subjetividad, así que si no te gustó, es válido.
Lo que no me parece válido es que se menosprecie una excelente producción que cuenta con: fotografía A1, muy buenas actuaciones, buena construcción de personajes, trama bien armada, excelente banda sonora, excelente dirección de arte (creación de escenarios) y un final inesperado y muy bien armado. Todos estos elementos hacen que -como producto culminado- La La Land se haya merecido su nominación -te guste o no-. Puedes decir que la película no era tu onda…pero a decir que “no pasa nada” y ponerte en plan de “hater”... hay que tener cuidado.
Redundo en la intención del inicio del post: no pretendo decir que La La Land sea mejor o peor que Moonlight; tampoco pretendo que a partir de ahora les toque el corazón; sólo pretendo hacer un poco de justicia y bajarle un toque las revolucionas a la gente que “se va de boca” y no tiene argumentos propios ni contundentes para respaldar su opinión.
*LA YAPA*
Te invito a ver nuestro post anteriory dejo por aquí un videín sobre los guiños de La La Land.
*Esta pela sigue en cartelera, así que -si no la has visto-, te aconsejo no escuchar a los haters y construir tu propia opinión.
Hay películas que uno repite,
repite y repite una y otra vez sin cansarse… En mi caso, esa pela es Hedwig and
the Angry Inch, ópera prima de John Cameron Mitchell, quien luego de conquistar
Broadway, decidió llevar a su más entrañable personaje a la pantalla grande. Es
así como en 2001, estrena un colorido y desgarrador musical, capaz de estremecer
fibras y arrancar tanto lágrimas como risas. Hedwig and the Angry Inch, es un
filme tan estrambótico como enternecedor.
La película nos traslada hacia el
escenario, pero hacia el pequeño y decadente escenario de un bar de cualquier
parte, para presentarnos a la “mundialmente ignorada” cantautora Hedwig Schmidt, rockera transexual
procedente de la ex Alemania comunista.
“¿No
me conoces, Kansas-city? ¡Soy el nuevo muro de Berlín! ¡Intenta derrumbarme!”
Le acompaña su banda glam-rock “The Angry Inch” (la “Pulgada
Irritada”), de donde cabe destacar a su esposo Yitzhak, ex drag queen de origen judío, corista del grupo, en cuya
voz reconocemos a un transexual de mujer a hombre. Ellos se encuentran viajando
por distintos puntos de Estados Unidos, persiguiendo a la estrella de rock Tommy Gnosis, ex-pareja de Hedwig, quien le ha robado las
canciones presentándolas como suyas.
Tommy Gnosis, interpretado por Michael Pitt
De buenas a primeras el filme nos revela su naturaleza posmoderna: tenemos
a una peculiar pareja heterosexual (formada por una transexual de hombre a
mujer y uno de mujer a hombre –alemana y judío por si fuera poco-) en medio de un montón de “freaks” en traje
multicolor, menospreciados por todos y buscando el reconocimiento que se
merecen.
La reacción inicial del espectador
ante el despliegue visual puede ser de choque; más, si tomamos en cuenta que
Hedwig ingresa en la pantalla acompañado por un trueno de guitarra eléctrica.
Sin embargo, rápidamente esta pandilla
de perdedores logra ganarse un lugar en nuestro corazón. A través de letras
emotivas y melodías íntimas, burlescas o desgarradoras, Hedwig nos va contando
su propia historia; la historia de un chico que llegó a una tierra desconocida
prácticamente de casualidad –buscando el
amor-, y en el camino se perdió a sí mismo.
The Origin of Love, el tema más emotivo de la película
**ATENCIÓN A SPOILER**
Hanzel –ése era su verdadero nombre- cambió de sexo con más miedo
que convicción, a fin de poder amar a Luther, el marine norteamericano que le
ofreció sacarlo fuera del muro, hacia la libertad. Pero las cosas salieron
bastante más que desastrosas: Hedwig
posee una “pulgada irritada” producto de una mala operación, convirtiéndose en
un ser “a medio camino”, abandonado justo en el instante en que el hombre de
las noticias anuncia la reciente caída de la Unión Soviética…
Hanzel
****
Furioso, angustiado y aferrado a la supervivencia, Hanzel –ahora Hedwig-
plasma toda su frustración sobre su única amante fiel: la música, y es que
desde pequeño siempre amó a los clásicos del rock: Lou Reed, Iggy Pop, David
Bowie… Ahora ellos son los únicos capaces de salvarle.
En definitiva, un filme que conmueve con la humanidad de sus
personajes.Son seres sumamente “mezclados”,
llenos de defectos y matices, así como gestos tan emotivos que son capaces de
arrancar alguna lágrima en el espectador. Hedwig es alguien que se hace
querer, que al principio puede provocar cierto rechazo con su apariencia
bizarra, pero rápidamente nos conquista con sus relatos de infancia, y con las
duras experiencias que ha tenido que vivir desde aquel entonces. Al mismo
tiempo, está muy lejos de ser un personaje perfecto, pues somos testigos de
cómo sus conflictos con Yizhak son producto de sus propios complejos; Hedwig
desquita en Yitzhak el dolor que le provocaron otros.
Hedwig (John Cameron Mitchell) y Yizhak (Miriam Shor)
Por si fuera poco, no podemos
dejar de mencionar el excelente trabajo visual y la exquisita banda sonora. Hedwig
and the Angry Inchagudiza y
multiplica la carga emocional de sus distintas escenas en un preciso trabajo de
iluminación y color (momentos tristes o remembranzas repotenciados en azul
y altos contrastes… momentos de risa, mofa y escenario, en un derroche de
colores cálidos y luz dura: reflectores, rojos intensos, amarillos, verdes y
naranjas encendidos); éste se ve plasmado en la construcción y exposición de decorados y sobretodo, en la excelente
elección del vestuario (de estética claramente
underground).
Por otra parte, la música en su
totalidad es una verdadera delicia; transmite perfectamente el sentimiento del
narrador. Posee una intensidad insuperable, especialmente en temas como The Origin of Love, Wicked Little Town en sus dos versiones, y Midnight Radio, dándole un desenlace triunfal a la película. Vale
decir que todos los temas fueron compuestos por Stephen Trask –quien interpreta a uno de los integrantes de la
banda- en conjunto con el propio John
Cameron Mitchell, encargado de interpretar a la propia Hedwig.
Quizás lo único que se hizo
extrañar por parte de quienes pudimos echarle un vistazo a la obra de Broadway,
fue la presencia del tema The Long Grift;
desde mi perspectiva, uno de los mejores del soundtrack. Fue retirado posiblemente porque no aportaba al
argumento, siendo sumamente difícil hacerle encajar –a diferencia de lo que
sucede en el teatro-; sin embargo, es posible escucharlo en el álbum de la
película… el cual dejamos por aquí:
Ficha técnica:
Dirección:
John Cameron Mitchell
Dirección
artística: Nancey Pankiw
Producción:Christine Vachon
Guión:John Cameron Mitchell, Stephen Trask
Música: Stephen Trask
Vestuario:
Arianne Phillips
Reparto: John Cameron Mitchell, Michael Pitt, Miriam Shor, Stephen Trask
Países: Canadá, Estados Unidos
Año: 2001
Género: Drama, musical
Idioma: Inglés
Duración: 95 minutos
*Para ver la película completa y subtitulada, click aquí.*
Pink Floyd The Wall (de Alan Parker), es algo así como el teatro
musicalizado de nuestras pesadillas. Por él desfilan las marionetas “educadoras”
del sistema, y enormes jueces con cara de culo que hablan por el ano y tienen
barbilla de escroto. No somos tan distintos a la generación de la posguerra. Aún
compramos lo que nos dice la TV, coleccionamos juguetes caros para llenar el
vacío de nuestras “vidas”. Compramos sexo, drogas, alcohol… y expulsamos
rugidos de libertad a través de la música.
A través del rock
progresivo, escenas cargadas de violencia y perturbadoras animaciones, somos
testigos de la vida de un cantante llamado Pink
(Bob Geldof), nacido en los años 40, marcado por la ausencia de su
padre, soldado británico que falleciera durante una explosión en la II Guerra Mundial. Observamos sus años
de infancia, buscando figura paterna en los hombres que fuesen al parque con
sus hijos, jugando con el uniforme de soldado de su padre fallecido, con las
balas, recogiendo ratas en el campo, sobreviviendo a su madre castradora, y a
un sistema educativo opresor, esforzado en moldearle igual que a todos,
anulando su creatividad, su individualidad.
Años después, ese niño se convierte en un rockero deprimido, esclavo de los
reflectores, de su manager, asqueado de las groupies, de su matrimonio echado a
perder, de los adornos de su apartamento y de la televisión. Viajamos con la
música, vamos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, explorando sus sueños
atormentados, sus miedos, sus deseos cada vez más desteñidos. Todas esas cosas
que lo convierten en un “alien” de la
sociedad y le encapsulan, que sumadas una tras otra, construyen una inmensa
pared protectora del mundo… The
Wall.
Hastiado de todo, Pink
se deja enloquecer. Observamos a través de sus ojos, entramos en su mente y
somos testigos de su alucinación más
escalofriante: Verse a sí mismo convertirse en la antítesis de su propia
esencia… un fascista de cejas rapadas que envía a una legión de seguidores sin
rostro tomar las calles, a provocar la violencia sexual, la destrucción y la
muerte, a acabar con los homosexuales, los negros, los judíos, los hippies, a
destrozar las casas, provocar incendios y ultrajar mujeres… El horror lo
despierta de golpe y grita “¡¡¡BASTA!!!”.
Viaje psicodélico
Pink Floyd The Wall es una película que te atrapa por la música, por la intensidad de las imágenes y la manera
rítmica en que se conjugan ambos elementos, pero no es por eso, un filme
sencillo de entender desde el inicio. Lo más probable es que a la primera
visualización uno sólo se deje llevar por las sensaciones que produce, que van
desde el vacío hasta la más desgarradora angustia, pasando por el horror y la
sensación de claustrofobia.
No es un filme para observar a la ligera y arrojar palomitas
con los compinches; es un filme para sentir la música, apreciar la estética de
lo grotesco y sensibilizarse con las desgracias que el propio hombre es capaz
de causar (con su deshumanización, con sus fanatismos, con sus ansias de poder…).
Pink
Floyd The Walles una película
que a la primera te revienta a rodillazos, y a la segunda y a la tercera te
conmueve y te pone a pensar.
Me atrevería a decir que a cada visualización se suman
interpretaciones y se añade sentido a los símbolos; porque además, nos
encontramos ante un filme riquísimo en figuras: la escuela como una fábrica; el
maestro mostrado como una marioneta que da órdenes, y que a su vez es apaleado
por una inmensa mujer gorda (el Estado); el juez planteado como un culo
gigantesco, con casco nazi, que expulsa palabras podridas por el ano, con
dientes afilados, y una barbilla que es el escroto; la madre y la ex esposa son
testigos del juicio que condenan al hombre a derrumbar su pared… el humano
mismo es un muñeco de trapo, sin ropa, sin rostro, tirado en el suelo y pateado
por los soldados.
La película se acaba y la pared se derrumba. El hombre debe
exponerse al mundo. Vemos niños jugando entre los escombros… ¿A dónde se ha ido
Pink? Alan Parker nos deja el final abierto.
Ficha técnica
Dirección:Alan Parker
Producción:Alan Marshall
Guión: Roger Waters (primer vocalista de y uno de los fundadores de la banda Pink
Floyd)
Música: Pink Floyd
Sonido: Eddy Joseph
Fotografía:Peter Biziou
Montaje: Gerry Hambling
Efectos
especiales: Martin Gutteridge y Graham Longhurst
Reparto:Bob Geldof, Christine Hargreaves, Eleanor David, Alex McAvoy.
(Un regalito de lujo: Pink Floyd The Wall, la película completa)
En el Londres victoriano, en la calle Fleet, en el segundo piso de la peor pastelería de Londres, ejerce su oficio, un oscuro personaje llamado Sweeney Todd, distinguido como el mejor barbero de la ciudad. Atraídos por su fama, muchos hombres desearán ser atendidos por este lúgubre artista de la navaja, sin imaginar que su primera visita al local de Sweeney Todd, sería también la última. El barbero demoníaco y sus encarnaciones
Sweeney Todd está basado en un personaje de leyenda urbana. Un barbero del cual se dice que allá, por la era victoriana, degolló a sus clientes con la navaja de afeitar. Al parecer, estaba en complicidad con la dueña de la pastelería de primer piso del edificio, la Sra. Lovett, quien era la encargada de esconder los cadáveres. Cuenta la leyenda, que más tarde, Sweeney Todd fue ajusticiado en la horca. Esa historia se iría enriqueciendo de boca a boca, dando origen al mito de los tenebrosos pasteles de carne que la Sra. Lovett preparaba con los cuerpos de las víctimas, y acabando por construir la trama principal en la que se inspiró la primera versión cinematográfica de “Sweeney Todd, el asesino demoníaco de la calle Fleet”, en 1936, dirigida por George King, y protagonizada por Tod Slaughter. Esta primera película sirvió de base al musical de Brodway del mismo nombre (dirigido por Stephen Sondhein), en el cual luego fue adaptado a una segunda versión fílmica, en el año 2007, por Tim Burton, y con Johnny Depp en el papel principal.
La historia del personaje Benjamin Barker era un hombre de bien, barbero reconocido, esposo, y padre de una hija recién nacida. Sus días transcurrían tranquilos hasta que un juez corrupto,Turpin, le puso el ojo a su mujer y, para adueñarse de ella, envió al barbero a un injusto exilio. Años más tarde, el barbero regresa a Londres, bajo el nombre de Sweeney Todd, con el objetivo de reencontrar a su familia, y vengarse de Turpin.
Sweeney Todd no es más el ingenuo Barker. Se ha convertido en un hombre de apariencia mortecina, cargado de odio y frustración. Aparece en su antiguo lugar de trabajo, y no encuentra a su esposa ni a su hija esperándole, sino a la Sra. Lovett, hacedora de los pasteles más nauseabundos de la ciudad, quien le explica que luego de ser ultrajada por el juez, su esposa, Lucy, se envenenó con arsénico, y que su hija Johanna permanece bajo custodia del propio Turpin.
Sweeney Todd monta en ira. Enfurecido, renegado de la ineficiente justicia de Dios, decide tomarla por sus propias manos, o, mejor dicho, por el filo de su propia navaja.
Ahora, desde su nueva silla de barbero, se dedicará a “limpiar” la ciudad de la inmundicia humana, rebanándole la garganta a cada uno de sus clientes, y esperando con ansias la llegada del juez para una “afeitada”.
(Historia de Benjamin Barker y de su transformación en Sweeney Todd)
El Sweeney Todd de Tim Burton Sin duda, la adaptación más conocida que tenemos del personaje, es la que interpreta Johnny Depp en la versión de2007. Es un Sweeney Todd musical, al igual que el de Broadway, pero también un Sweeney Todd muy “creepy”, como todo buen personaje de Burton.
En un ensayo de la revista Gordard!, leí que lo consideraban una especie de Edward Scissorhands(uno de los primeros y más conmovedores personajes del director,“El Joven Manos de Tijeras”) en versión vengadora, un Edward que habría regresado para saldar cuentas con aquellos que lo maltrataron y lo alejaron de la mujer que amaba. Me pareció una comparación interesante puesto que, en ambos casos, el personaje es interpretado por Johnny Depp, y no se pueden negar ciertos rasgos físicos en común: la apariencia lúgubre y desgarbada, la piel pálida, el rostro ojeroso, el cabello despeinado y negro… y esa sensación gélida que transmiten con su presencia. Sin embargo, pienso que las escencia de cada uno y sus historias, sí distan bastante. Edward fue siempre un buen chico, un niño de cuerpo grande, inocente del propio poder de sus extremidades, ingenuo y puro hasta el final, tan noble que aceptó su propio retiro, para evitarle preocupaciones a su amada. Sweeney Todd, en contraste, es un hombre que se ha dejado corromper por el rencor, por el sentimiento de venganza. Es un hombre asqueado de todo lo que ve, enceguecido por el dolor, un asesino a sangre fría que ya no distingue rostros humanos, salvo el de aquel a quien más odia,Turpin (Alan Rickman), y el de su despreciable cómplice, el alguacil Bamford (Timothy Spall). Para Sweeney Todd, todos los humanos son como ratas asquerosas, y por eso todos merecen morir. Además, mientras Edward Scissorhands es un personaje inspirado fundamentalmente por el amor, Sweeney Todd es un personaje movido por el odio. Si bien ha perdido a la mujer que amó, en el sentido romántico de la palabra, su hija sigue viva, y él desea rescatarla, pero ése no es el motor principal de su existencia. Le preocupa que su hija escape, pero el preocupación es mínima a comparación del ansia que tiene de asesinar a Turpin, al punto en que, aun teniendo a Johanna frente a frente, disfrazada, sí, pero aun con ese rostro tan parecido al de su madre, es incapaz de reconocerla, y se halla casi al borde de asesinarla. Si tuviese que describir al Sweeney Todd de Tim Burton en pocas líneas, y compararlo con otro personaje del Cine o la Literatura, lo compararía con El Conde de Montecristo (el de Alejandro Dumas, o su versión anime, bastante fiel al personaje original, no los de tantas tristes adaptaciones cinematográficas). Ambos son seres descarnados, marcados por el dolor y el rencor. Ambos han regresado de la “muerte”, con el aspecto tenebroso y la piel pálida del vampiro. Ambos son personajes trágicos y sedientos de venganza.
Sweeney Todd es, pues, para mí, una versión bastante más marginal y rústica de El Conde de Montecristo. Mucho menos refinado en sus métodos, más impulsivo y menos manipulador, pero con un fondo bastante similar, y las mismas motivaciones.
(Sweeney Todd en su primer encuentro con la Sra. Lovett, la peor pastelera de Londres.)