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lunes, 3 de abril de 2017

“Ghost in the Shell: La Vigilante del Futuro” (2017): Sencillamente alucinante



Por: Alexiel Vidam

Acabo de regresar de ver Ghost in the Shell: La Vigilante del Futuro (2017), y estoy más que emocionada. Hace tiempo que no veía una película que me dejase con la boca abierta de principio a fin…y con la frase “¡qué tal peliculón!” en los labios.

Había esperado con ansias esta pela. Deseaba compararla con la versión animada del 95’ (la que vimos por Locomotion), la cual planteaba muchos cuestionamientos interesantes acerca de la naturaleza humana, en medio de un futuro distópico, de estética cyberpunk... En otras palabras palabras, tres elementos que siempre me han fascinado. Cuando vi por primera vez el trailer del live action, quedé sorprendida por su calidad audiovisual y por las muchas similitudes que guardaba con la película original. No me la podía perder.


Ahora la pregunta del millón: ¿Tengo que haber seguido el manga o las diversas entregas del anime para ver el live action?


No. Quienes conozcan cero sobre Ghost in the Shell hasta el momento, pueden estar tranquilos. La película se entiende por sí sola; requiere atención (como todas las piezas de este universo) pero se deja entender perfectamente. Esta entrega no es una secuela de sus antecesoras. Por el contrario, lo que hace es replantear la historia respetando bastante bien las bases sentadas por el universo:

En un futuro no muy lejano, los humanos recurren a prótesis robóticas para mejorar su cuerpo y obtener nuevas habilidades. Existen aquellos que han cambiado tantas partes de su cuerpo que ya sólo les queda el tejido neuronal -y con ello, el “ghost” (alma)-, elemento fundamental y básico que les determina como seres humanos ante la sociedad. 

Sin embargo, así como aparecen las mejoras, aparecen también los nuevos tipos de crimen, como el hackeo del ghost o la trata de personas para involucrarlas en experimentos tecnológicos. En medio de este contexto, es que se plantea la nueva historia y se presenta a los personajes.


La Mayor Miria Killian -Motoko Kusanagi en el anime y manga- (Scarlett Johansson) padece de amnesia. Lo único que sabe es que sus padres fueron víctimas de un ataque terrorista, y que ella sobrevivió, aunque perdió su anatomía humana y su “ghost” fue trasladado a un cuerpo robótico. En “compensación” por su nueva prótesis, ella debe ejercer como agente de la sección Sección 9 de la Seguridad Pública -un departamento de inteligencia-, la cual se focaliza en delitos informáticos. 

El antagonista en un primer momento, es Kuze (Michael Pitt), un hacker que se adueña de las mentes de diversos cyborgs (humanos con prótesis robóticas) y les utiliza para sus propios fines. Por si fuera poco, implanta falsos recuerdos en las mentes de dichos cyborgs, alterando completamente su identidad. 



Hasta aquí, los que hayan visto la película del 95’, podrán notar las similitudes, pues no sólo la Mayor sigue siendo el soldado principal de la Sección 9, sino que además, Kuze, tiene bastantes puntos comunes con “El Titiritero” -antagonista de la primera película animada-; no obstante, las motivaciones y el background de Kuze y “El Titiritero” son distintas. “El Titiritero” es un personaje sin pasado, que busca crearse una identidad humana. 

Por su parte, Kuze no necesita afirmarse como humano, más bien busca reconstruir el pasado que sí posee y que no casi no recuerda. Este pasado, por cierto, se enlaza estratégicamente con los orígenes e identidad de la Mayor. A partir de aquí, la trama construye una serie de giros argumentales y sorpresas que a uno le dejan pegado en el asiento, pendiente del detalle, pues cada pequeña pieza termina por ser una revelación.



En cuanto al tratamiento estético, Ghost in the Shell: La Vigilante del Futuro, es un orgasmo audiovisual. Sorprende la forma fiel en que se ha conseguido recrear en imagen real la estética futurista, decadente y chillona de la saga original. Las calles infestadas de publicidad nos trasladan inmediatamente a una de las páginas del manga o de las escenas del anime. 

Los planos generales vistos desde abajo están directamente inspirados en varias tomas de la película del 95’, así como varias escenas de acción (la Mayor saltando desde el edificio o alguna secuencia de pelea). 

Además, los efectos especiales están perfectamente utilizados; no caen en exageraciones, a pesar de que la atmósfera deshumanizante y estridente que observamos, depende directamente de ellos. Por el contrario, resultan precisos y completamente verosímiles para el género.



Por cierto, hay quienes erróneamente han tildado a Ghost in the Shell como “la nueva Matrix”. Déjenme decirles que es un craso error, pues no sólo el argumento como la puesta en escena de Ghost in the Shell es muy superior a las de Matrix, sino que además, la historia original (manga de 1989) y la primera entrega cinematográfica (1995) de la primera son mucho más antiguas que las de la segunda, que más bien -y esto ha sido admitido por las Wachowski- se inspiró bastante Ghost in the Shell tanto para el tratamiento visual de varias de sus escenas.


Para cerrar… véanla! 


Ficha técnica:


Dirección: Rupert Sanders
Producción: Avi Arad, Ari Arad, Steven Paul
Historia original: Masamune Shirow (del manga Ghost in the Shell)
Guión: Jamie Moss, Ehren Kruger
Música: Clint Mansell
Fotografía: Jess Hall
Vestuario: Bart Mueller, Kurt Swanson
Reparto: Scarlett Johansson, Michael Pitt, Pilou Asbæk, Chin Han, Juliette Binoche
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2017
Género: Ciencia ficción, drama psicológico, cyberpunk, thriller policial
Duración: 107 minutos





*Para ver la película completa online, clic aquí.

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sábado, 1 de abril de 2017

¿La máquina hecha humana o lo humano hecho máquina?: El universo “Ghost in the Shell”



Por: Jorge André Ruiz

Ya está en nuestras salas de cine Ghost in the Shell: Vigilante del futuro. Esta cinta ha sido muy esperada por el público geek desde que el estudio DreamWorks anunció, en el 2008, la adquisición de los derechos de la historia original (manga de Masamune Shirow), para la producción del respectivo live action.

Casi una década después, tenemos a Scarlett Johansson interpretando a la mayor Motoko Kusanagi (luego de que negociaciones con Margot Robbie quedasen estancadas). Para los cinéfilos “no-frikis”, esta película resulta nueva y desconocida, por lo que este artículo busca explicar un poco sobre el universo en el que está ambientada, a través de las presentaciones previas como manga, películas animadas, series de televisión y OVAs (películas para video).



Ghost in the Shell apareció, por primera vez en nuestra pantalla chica, gracias al canal Locomotion hace ya varios años. La primera película animada de esta franquicia (1995), nos presenta un Japón en el año 2029, luego de una gran guerra mundial. La tecnología ha logrado avanzar a grandes pasos y las personas cuentan con mejoras cibernéticas en un mundo interconectado de forma electrónica. El uso de prótesis puede variar, desde algunas pequeñas modificaciones hasta el de un cuerpo completamente prostético, en el que solo las neuronas son orgánicas. Esta simbiosis entre la tecnología y el ser humano promete muchas ventajas para las personas en diversos rubros de la vida cotidiana. Sin embargo, es el escenario en el que nuevos problemas y conflictos surgen con la amenaza constante de grupos terroristas, criminales cibernéticos, hackers, guerras comerciales, conspiraciones gubernamentales, entre otros. 



Por ello, en la ciudad de New Port, la sección 9 de la Seguridad Pública -un departamento de inteligencia-, trabaja como una rama del Ministerio de Asuntos Internos para combatir estas posibles amenazas. En sus filas, cuentan con un equipo de asalto dirigido por la mayor Motoko Kusanagi, quien, junto a Batou, Ishikawa y Togusa, es enviada a perseguir a un hacker extranjero apodado “El Titiritero", debido a un posible complot para asesinar dignatarios durante una reunión secreta. Este caso demuestra ser más complejo de lo que esperaban, al darse una serie de eventos extraños que la Mayor y sus compañeros desentrañan a medida que siguen la pista del escurridizo criminal.


Esta película animada es considerada una de las mejores del género y ha servido de inspiración para muchas otras cintas distópicas como la saga de "Matrix".


Esta película además, abre una discusión muy interesante a lo largo de la trama: ¿qué hace a un ser humano diferente de las máquinas? Dentro de la historia, la respuesta original parecer ser el “ghost”, la conciencia de la persona. Esta "actividad mental del propio sujeto que permite sentirse presente en el mundo y en la realidad" -definición del diccionario de la RAE- es la que determina la humanidad y la individualidad de los seres que habitan este universo. El término proviene de un ensayo elaborado por Arthur Koestler titulado The Ghost in the Machine, que sirvió como punto de inspiración para la elaboración de esta historia.


Esta respuesta funciona, ya que la inteligencia artificial es incapaz de generar un ghost propio y sólo la gente puede poseerlo, incluso cuando han perdido su cuerpo humano y son trasladados a uno prostético. Todo eso cambia cuando un cyborg parece haber desarrollado un ghost sin poseer un cibercerebro. Esto lleva a cuestionamientos de identidad por parte de algunos personajes que dudan de su propia existencia humana bajo una premisa de "la única garantía que tengo de poseer neuronas es lo que me dice el resto; yo no puedo verificarlas personalmente", debido a que no mantienen ninguna otra parte humana.


La discusión sobre la identidad también se ve reflejada en las aspiraciones de un ente nacido de la red de información de ser reconocido como una forma de vida, explicando que el está compuesto de datos así como el ser humano de ADN, y tiene la capacidad de pensar, decidir y sentir su existencia. Esto lleva a plantearse nuevamente -dejando el aspecto biológico de lado- “¿qué significa ser humano?”.

Además, El Titiritero opera infiltrándose en los ghost de sus víctimas. De esta manera, logra borrar recuerdos e implantar unos nuevos y condiciona a que sigan su voluntad. Así, se vuelven títeres suyos -de ahí el sobrenombre-, prestándole ayuda en sus atentados y ataques. La amenaza que presenta el ghost hacking es bastante grave, porque afecta a la identidad de cada persona a través de alterar la idea que tiene de sí misma. También, significa que cualquiera puede ser una herramienta del Titiritero -sin saberlo- o que puede estar infiltrado donde uno menos lo espera.



Este universo iniciado por el manga y muy bien representado en la película original, fue expandiéndose gracias a películas posteriores como Ghost in the Shell 2: Innocence (2004), Ghost in the Shell: Stand Alone Complex - Solid Society (2006) y Ghost in the Shell: The New Movie (2015). Cada una desarrolla una historia en particular y abren nuevas interrogantes en torno a los puntos básicos de la franquicia. En Innocence, basada en un capítulo del manga, se plantea el problema al copiar el ghost de una persona para implantarlo en un androide, mientras aborda un tema del presente: el tráfico de mujeres -en este caso para dotar de un ghost a robots sexuales. Esta película participó en festival de Cannes del año de su estreno y es la sexta película animada que ha participado allí.

Ghost in the Shell: Innocence

Stand Alone Complex -el manga, las novelas, la serie de televisión, las OVAs y la película-, desarrolla las temáticas de los copycat impulsados por la exposición mediática como un fenómeno, los problemas sociales originados como resultado de la enorme cantidad de refugiados durante las -aparentemente- tercera y cuarta guerras mundiales, y el secuestro y la desaparición de personas orquestada por ciberterroristas. Todo esto se da dentro de conspiraciones gubernamentales que muestran desde distintos aspectos como funciona la sociedad de este universo.


En Ghost in the Shell: Arise -serie y OVAs-, se muestran casos variados que combate la mayor Kusanagi junto con otros de los personajes de la franquicia en el año 2027 -antes de la formación de su escuadrón-. Esta parte de la franquicia sienta las bases para la aparición de un virus informático que afecta a los cibercerebros, y al traficante responsable de su propagación. Dicha temática es retomada en The New Movie. Esta última, funciona como una precuela para la película de 1995 y aborda la lucha entre los intereses corporativos y la soberanía del Estado. Pone en la mesa el debate de quién debería regular el crecimiento tecnológico en ese futuro: las empresas privadas o el gobierno. Por otro lado, muestra cómo las personas que no pueden mantenerse actualizadas con sus prótesis sufren y se van deteriorando lentamente -en particular en el caso de los soldados-. Todo ello repercute en el malestar social y en el teatro de conspiraciones realizadas por grupos de poder políticos y económicos.

Ghost in the Shell: Stand alone complex

En general, esta historia nos proporciona un análisis profundo de las ramificaciones del avance de la tecnología y las complicaciones que esto traería. Si consideramos que el manga fue publicado en 1989, comprendemos muy bien los retos y temores que presentaba la interconexión mundial a través del internet y las computadoras. No obstante, no se limita a las dificultades que puede deparar el futuro; se enfoca también en problemas actuales y los combina de forma armoniosa con esta realidad futurista ciberpunk. Encontramos personajes que luchan contra sus dudas personales, gobiernos que están implicados en conspiraciones, compañías privadas que buscan el lucro y la innovación a como dé lugar, redes criminales que trafican con personas y con tecnología en el mercado negro, terrorismo que amenaza con generar anarquía y hackers que pueden violentar la privacidad y seguridad de las personas y el Estado.


Este universo nos da una gran advertencia sobre los peligros a los que estamos expuestos y a la vez una promesa de que la humanidad logrará seguir adelante y superar -de una u otra forma- sus propias limitaciones. En palabras del director de la cinta de 1995, Mamoru Oshii: "Mi intuición me dijo que esta historia sobre un mundo futurista traía un mensaje inmediato para el mundo actual. Estoy también interesado en las computadoras debido a mi experiencia personal con ellas... Hay muy pocas películas, incluso en Hollywood, que claramente reflejen la influencia y poder de las computadoras" -material adicional en el DVD de Ghost in the Shell (1995)-.La humanidad posee innatamente el deseo de trascender y su curiosidad lo anima constantemente a avanzar por terreno desconocido.


Espero que el reciente estreno contribuya a enriquecer este universo. En los trailers, se ve el planteamiento de dudas de identidad -aunque con un matiz algo diferente-; también, se nos brinda la idea de una conspiración a gran escala que involucra delitos informáticos. En cuanto al aspecto estético, las tomas de la película reflejan muy bien la visión del manga y las animaciones. La caótica ciudad saturada con publicidad, con una estética que mezcla lo actual con lo futurista (inspirada en Hong Kong, según el director Mamoru Oshii), típica de la animación de 1995, regresa en esta nueva entrega. Y supongo que nuevamente nos preguntaremos: “¿Qué significa ser humano?” “¿Qué nos hace únicos como individuos?”. Por favor, dejen sus opiniones y comentarios.

martes, 21 de marzo de 2017

“La Bella y la Bestia”: la magia cobra vida real


Por: Alexiel Vidam


Si tuviese que mencionar cuál fue mi primera “película favorita de toda mi vida”, sería La Bella y la Bestia, de Disney. Recuerdo que, allá por el año 91’, con 5 años de edad, me afané tanto con la película, que la habré visto unas diez veces seguidas… Siempre que me preguntaban qué película quería alquilar, yo decía “La Bella y la Bestia”.

Por este motivo, cuando supe que la película tenía un live action, no pude hacer más que emocionarme, y más aún, al saber que la encantadora y admirable Emma Watson interpretaría el papel principal. ¿Quién podría ser más precisa para interpretar a la princesa intelectual, y una de las más independientes de Disney, sino la inspiradora Emma? Además, según fueron apareciendo los trailers -uno tras otro- creció la emoción al comprobar la fidelidad con que este live action habría sido concebido. Pude corroborar esta fidelidad corroborar por fin ayer, que tuve la oportunidad de ver este nuevo filme.


Una de las cosas más bonitas, ha sido -sin duda- revivir esa magia que sentí por primera vez al observar su versión animada. Los personajes han sido recreados con sumo cuidado, llegando a personificar -en todo el sentido de la palabra- a aquellos seres que nos encantaron con su gracia y expresividad en el clásico de 1991. Las adaptaciones que más me impresionaron, dentro de los personajes secundarios, fueron las de Din Don y Lumière, interpretados por los capísimos Ewan McGregor e Ian McKellen respectivamente. Sus versiones “objeto” son tan reales y a la vez tan expresivas, que, sin dejar de ser un reloj y un candelabro, se presentan como pequeñas personas ante nuestros ojos. Por otra parte, pasando a los protagonistas, Bella y Bestia no pueden estar mejor representados. Emma Watson cumple las expectativas de joven inteligente, curiosa e independiente, mientras que Bestia (Dan Stevens) es un ser monstruoso e intimidante de buenas a primeras… que poco a poco se va transformando, mostrando su lado sensible y adorable.


En cuanto al argumento, si bien es bastante apegado a la versión animada (manteniendo incluso la mayoría de canciones originales), trae consigo nuevos músicos y cantantes (John Legend y Ariana Grande son los nuevos intérpretes del tema Beauty and the Beast), así como escenas completamente nuevas que llenarán espacios dejados en blanco por su versión anterior. En esta película, por ejemplo, comprenderemos la ausencia de la madre de Bella, lo cual le dará mayor profundidad al personaje de esta última. También encontraremos una mayor participación por parte de la hechicera que maldijo al príncipe.

De las escenas, las dos que más me impresionaron fueron la de la canción Nuestro huésped sea usted, en la que observamos a los objetos vivos del castillo luciéndose en su máxima expresión, y, por supuesto, la del esperado y mágico baile de La Bella y la Bestia.


Finalmente, cabe señalar que la magia de estas escenas (y de todo el filme en general), no habría sido posible de no ser por la cuidadosa dirección de arte y el excelente trabajo de vestuario y maquillaje. Se nota, además, que estos no se han basado exclusivamente en la película animada del 91’, sino que también, por ser una versión de “vida real”, ha tomado buscado apegarse más a la moda y estilo de la Francia histórica del S. XVIII; esto se nota claramente en los trajes, vestidos y pelucas. Esto me parece más que interesante, pues resalta el buen tino de los encargados de ver estos detalles, a la hora de equilibrar el realismo con el apego necesario al estilo del clásico animado.



100% recomendada. Véanla y prepárense para vibrar de nostalgia.


Ficha técnica


Dirección: Bill Condon
Producción: David Hoberman, Todd Lieberman
Idea original: Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (cuento clásico La Bella y la Bestia), Linda Woolverton (película animada La Bella y la Bestia de 1991)
Guión: Bill Condon, Stephen Chbosky, Evan Spiliotopoulos
Música: Alan Menken
Sonido: Adam Kirley
Maquillaje: Chris Lyons
Fotografía: Tobias A. Schliessler
Montaje: Virginia Katz
Vestuario: Richard Van Den Bergh
Reparto: Emma Watson, Dan Stevens, Luke Evans, Ewan McGregor, Ian McKellen
Países: Estados Unidos, Reino Unido
Idioma: Inglés
Año: 2017
Género: Romance, fantasía, musical
Duración: 129 minutos




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domingo, 10 de marzo de 2013

El Espadachín con la “X” en el rostro


Por: Alexiel Vidam

Kenshin Himura, también conocido como “Hitokiri Battousai” (“La Espada que Asesina”), es el samurái con la cicatriz en forma de “X” sobre el rostro, protagonista de dos largometrajes cinematográficos (uno animado y uno de acción real), dos series de video y una serie de anime para TV basada en una manga homónimo: Rurouni Kenshin. El personaje ficticio, a su vez, está inspirado en un personaje histórico, llamado Kawakami Gensai, uno de los cuatro “hitokiri” (“destajadores”) que lucharon para abolir el Shogunato e instaurar el gobierno Meiji en Japón.

Kenshin Himura es un personaje tan cautivador como interesante, debido a su carácter gentil que contrasta con esa frialdad y precisión al empuñar la espada. Se trata de un sujeto dual, pues lleva dentro de sí tanto al joven protector y de nobles sentimientos, como al terrible destajador que asesinó a miles de hombres durante la guerra civil.

Aprendió el arte de la espada desde niño, del hombre que le salvó de morir a manos de unos bandidos, Seijurou Hiko, maestro del estilo Hiten Mitsurgi, quien además de enseñarle, le hizo de una suerte de padre, pues él había perdido a sus padres a causa del cólera, y había sido vendido a la caravana que fue exterminada por los maleantes. Antes de ser adoptado por Hiko, se llamaba “Shinta” (“Corazón Noble”), pero al ser elegido como aprendiz de Samurái, se le dio un nombre más fuerte: “Kenshin”, que significa “Corazón de Espada”.

En un principio, Kenshin estaba destinado a aprender la técnica Hiten Mitsurugi para actuar como un defensor errante de los más débiles, pero los disturbios en el Japón de aquel entonces, le impulsaron a abandonar a su maestro y tomar un bando en la guerra civil. Él optó por unirse a las filas del Meiji Ishin, el grupo revolucionario que pretendía derrocar al Shogun y devolverle el poder político al Emperador. Debido su tremenda habilidad con la espada, el joven Samurái de 14 años es elegido para el triste oficio de “destajador”, de asesino de las sombras, encargándose de eliminar a importantes cargos políticos y militares del Bakumatsu (Shogunato). Kenshin asume este rol hasta los 19 años, cuando la muerte de una joven llamada Tomoe Yukishiro le marca la vida, y le completa la cicatriz en forma de “X” sobre la mejilla izquierda.


 La muerte de Tomoe, marcó para siempre la vida de Kenshin, quien, tras la caída del Bakumatsu y la instauración del gobierno Meiji, abandonó para siempre su rol de “hitokiri” (destajador) y adoptó la vida de “rurouni” (vagabundo), invirtiendo el filo de su espada en señal de su promesa de no volver a matar.


La “X” sobre el rostro

Durante su época de destajador, la única persona capaz de funcionar como “funda de la espada” de Kenshin, fue una joven llamada Tomoe Yukishiro. Ella inicialmente actuaba en conjunto con el grupo de los Oniwabanshu (ninjas al servicio del Bakufu) en un complot contra Hitokiri Battousai (Kenshin). ¿Su motivo? El destajador había asesinado a quien sería su futuro marido: Kiyosato Akira, miembro del Mimawarigumi (tropa de samuráis fieles al Shogun). La función de Tomoe fue mantenerse cerca del destajador bajo la máscara de mujer desprotegida, y averiguar su punto débil para que los Oniwabanshu pudiesen atacar. Sin embargo, al mantenerse cerca de Kenshin, Tomoe descubrió que en el fondo tenía buen corazón, y se enamoró de él. En un enfrentamiento entre el líder Oniwabanshu y Kenshin, Tomoe se interpone para defender a Battousai y es herida de muerte. Antes de fallecer en los brazos de su amado, dibujó con su daga el tajo que le faltaba a la “X” de Kenshin (la primera cicatriz había sido provocada por Kiyosato). Tomoe fue la razón que motivó a Kenshin a cambiar de vida una vez terminada la guerra civil.

Kenshin animado VS. Kenshin de imagen real

Kenshin vio por primera vez la luz en el papel, en las hojas en blanco y negro del manga dibujado por Nobuhiro Watsuki, responsable también de la idea original y guión. La serie de anime tuvo su primera emisión en 1996 y su primer largometraje cinematográfico fue lanzado a fines de 1997. El Kenshin animado respeta bastante las características del Kenshin original (salvo por la dosis de agresividad que suele ser suavizada para las adaptaciones a la pantalla de TV); un tipo de temperamento tranquilo y con ciertos matices cómicos salvo cuando se trata del momento de pelear, cuando su mirada se transforma en la del asesino que habita dentro de él. Si bien su apariencia física es frágil (característica que adopta de Kawakami Gensai, personaje histórico en el que se inspiró), se trata de un hombre de carácter firme, cualidad que refleja en la solidez de sus palabras, su postura los ojos intimidantes en los momentos de seriedad. Estas características, lamentablemente, se ven debilitadas, sino completamente disueltas, en la adaptación del personaje a una figura de carne y hueso.

A mi parecer, el actor Takeru Sato no alcanza la talla que requiere el personaje. Le falta esa solidez en los discursos del samurái, que le dotan todo el tiempo de esa fuerza y masculinidad que contrastan con su apariencia delicada. Kenshin en la cotidianidad es amable y un poco cándido, pero a la vez está lleno de humor, mientras que el “Kenshin” que nos presenta Sato, cae en unos niveles de candidez que pecan de patetismo, y en su faceta de battousai, resulta completamente inverosímil; no intimida, parece más un cantante de boy band japonesa disfrazado para un concurso de cosplay*. No podemos negar que sus coreografías de lucha quedaron bastante bien, pero eso no es suficiente para ser un battousai; ser Hitokiri Battousai no es solamente pelear bonito y hacer unas cuantas acrobacias, ser Hitokiri Battousai comienza por un vistazo capaz de congelar al enemigo.

Honestamente, ese “Kenshin” se me hace lamentable desde la interpretación hasta la forma en que ha sido construido físicamente. Creo que al director Keishi Otomo se le olvidó completamente que Rurouni Kenshin es una animación de época, vale decir, ambientada en un tiempo histórico real, y que, si bien al formato animado se le permiten ciertas libertades en el diseño (como, por ejemplo, el cabello rojizo del protagonista), el argumento es lo suficientemente realista como para haber ocurrido en la vida misma, por lo tanto, la adaptación cinematográfica debió ser, igualmente, de carácter realista, realizando los retoques necesarios para que cuaje como tal. Todos sabemos que los japoneses tienen –por fenotipo- el cabello negro, y que en aquel entonces no existía el tinte ni el gel, de modo que la aparición de personajes con el cabello rojo, rubio, o los peinados estilo “punk” le restan bastante verosimilitud a la trama; eso sin contar con que los diálogos son tan exagerados –al seguir cánones que sí se le permiten a la animación-, que muchos de los personajes parecen más bien caricaturas de sí mismos.

Lo peor de todo, es que al parecer los productores no se dan cuenta de la barrabasada que han cometido, pues piensan continuar con esta pésima versión en un segundo y tercer largometraje. Esperemos a que por lo menos las actuaciones superen en calidad a su antecesora, ya que Himura Kenshin es, originalmente, un personaje tan rico y apasionante, que causa pena verle encarnado en tan lamentable caracterización.


Kawakami Gensai, el Kenshin histórico

Kawakami Gensai, personaje histórico que Nobuhiro Watsuki observó para crear a Kenshin, fue, inicialmente, un samurái al servicio del Shogun, hasta que el Comodoro Perry llegó a Japón en 1853 y le forzó a abrir el país a las potencias extranjeras, hecho al que siguió una serie de tratados desfavorables para Japón.

Gensai se convirtió en un fiel servidor del emperador y perteneció al grupo Ishin Shishi, fuerza que combatía contra el shogunato. Gracias a su dominio del estilo Furanai Kenjutsu (“Relámpago Veloz”), se convirtió en uno de los Cuatro Hitokiri del Bakumatsu, un grupo élite de samuráis asesinos que se encargaban de “limpiar el camino” para la nueva era.

Acerca de su temperamento, se sabe que era capaz de mostrar calma y frialdad en momentos de mucha tensión. Existe una historia que cuenta que pudo controlar un incendio y se convirtió en héroe local. Físicamente, se sabe que era de rasgos finos y cabello largo, y que a distancia podía confundírsele con una mujer o un adolescente.

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