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lunes, 18 de abril de 2016

5 películas para amantes del rock



Por: Alexiel Vidam

¿Quién ama el rock? Yo estoy segura de que muchos cinéfilos que pasan por aquí aman el rock. Y no por nada… El rock es uno de esos géneros musicales que, con su aparición, marcó un antes y un después en la historia del mundo, y que sigue envolviendo a millones de fanáticos con sus distintos niveles de complejidad… pero sobre todo, con esa intensidad tan característica que le dota de un espíritu rebelde y encendido. Siempre he pensado que la música es un estado de ánimo (¿alguien se imagina una película sin música?... o mejor dicho, ¿alguien se imagina la VIDA sin música?), y de todos los tipos, el rock es uno de los que nos mantiene más VIVOS, con todo lo que ESTAR VIVO implica.

Por esto, y porque el rock me acompaña a todas partes, he decidido dedicarle un homenaje cinéfilo a mi género musical favorito. Con ustedes… mi lista de “películas que todo amante del rock debería ver”.


THE RUNWAYS 

Directora: Floria Sigismondi
Año: 2010




Ya había escuchado sobre The Runaways… que era la primera banda de rock femenina de la historia, y que de ahí había salido la famosa cantante Joan Jett (I love Rock n’ Roll), pero de su música o de su historia, sabía poco o nada, y con esta película, me volví fan. Toda la puesta en escena está tan bien construida, que es difícil no quedar envuelto dentro del mundo de luces y escenarios, y ponerse a vibrar con la música. El guión, por su parte, está escrito desde la perspectiva de Cherie Currie, vocalista de la banda, ya que el mismo se basó en la novela autobiográfica de la cantante, titulada Neon Angel: A Memoir of a Runaway. El argumento nos muestra cómo una joven de 15 años sin mucho que esperar del futuro, acaba convirtiéndose, de la noche de a la mañana, en una de las rock stars más aclamadas del momento. Muestra también el lado más oscuro del espectáculo: con sus vicios, excesos y dudas existenciales. Excelentes interpretaciones de Dakota Fanning y Kristen Stewart como Cherie Currie y Joan Jett, y de Michael Shannon como su manager, el estrambótico Kim Fowley. (Click aquí para leer la crítica de esta peli.)


PINK FLOYD THE WALL 

Director: Alan Parker
Año: 1982


Una película hecha para partirnos el cráneo en dos y triturarnos el cerebro en pedacitos. Pink Floyd The Wall es una pesadilla musicalizada. Es ese universo distópico y no tan paralelo en el que podríamos vivir (o hemos vivido más de una vez). Pink, el protagonista, es un hijo de la segunda posguerra. Un huérfano y testigo de la muerte. Es también el resultado de una educación sobreprotectora y castrante al mismo tiempo. Él lanza su grito de liberación a través de la música. ¿Pero qué pasa cuando el grito se pierde en medio de una sociedad brutal y violentamente homogenizada?... La “alienación” parece ser la única vía para salvarse, y el individuo construye su pared… ladrillo a ladrillo. (Click aquí para ir a la crítica completa.)


THE DOORS

Director: Oliver Stone
Año: 1991




Otra película para volverse fan y descubrir los temas más emblemáticos de una banda que marcó hito en la historia. Mucho se ha criticado esta película sobre la inexactitud en los detalles, y que se ha construido más en base a mitos y escándalos en vinculados a la banda, por lo cual no debería ser tomada como una biografía exacta. Sin embargo, el espíritu trasgresor y salvaje de sus personajes –en especial el de Morrison- no deja de despertar fascinación e intriga. Morrison (interpretado por un magnífico Val Kilmer) es un loco que asusta a la vez que encanta. Su genialidad va de la mano con una intensidad que alcanza niveles destructivos y que –paradójicamente- saca de ahí su poder de conmover, de tocar, de perforar y devorar almas.


ALMOST FAMOUS 

Director: Cameron Crowe
Año: 2000




Una seductora Kate Hudson y un encantador Patrick Fugit nos traen una película divertida, rebelde… pero sobre todo, muy conmovedora. Fugit, interpreta a William Miller, un muchacho de 15 años que vive su adolescencia durante los salvajes años 70, y debe lidiar con las burlas de sus compañeros y las restricciones de su conservadora madre. Sin embargo, sus habilidades como redactor periodístico atraen la atención de los directivos de la revista Rolling Stone, quienes le dan la oportunidad de su vida: viajar junto a la banda del momento y escribir un artículo. Nada más “cool” para un joven que necesita conseguir independencia y reafirmar su identidad mediante la música. Sin embargo, el camino de los reflectores puede estar también lleno de confusión y desamores… (Click aquí para leer la crítica.)


HEDWIG AND THE ANGRY INCH

Director: John Cameron Mitchell
Año: 2001




Una de las películas más conmovedoras de la vida y una de esas pelas que puedo ver cien veces sin aburrirme. Con una magistral banda sonora y una riquísima puesta en escena, John Cameron Mitchell nos presenta a su personaje más entrañable: la “mundialmente ignorada” cantautora Hedwig Schmidt, rockera transexual procedente de la ex Alemania comunista. Le acompaña una banda de estrambóticos personajes, integrantes de su banda de glam-rock “The Angry Inch” (la “Pulgada Irritada”), entre los cuales cabe destacar a su esposo Yitzhak (ex drag queen de origen judío, corista del grupo, y transexual de mujer a hombre). Ellos se encuentran de gira por distintos puntos de Estados Unidos, persiguiendo a la estrella de rock Tommy Gnosis, ex-pareja de Hedwig, quien le ha robado las canciones presentándolas como suyas. Mientras luchan por alcanzar el reconocimiento, Hedwig y su grupo de perdedores “cachuelean” de bar en bar, y entre canción y canción, nos van revelando el desgarrador pasado de Hedwig. (Click aquí para leer la crítica.)


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martes, 5 de febrero de 2013

Música que hace Cine


Pink Floyd y su conexión con el Séptimo Arte


Por: Carlos Maza*

En cuanto leí el post de Cinematosis sobre Pink Floyd The Wall, la película de 1982, eché a andar el disco de Pink Floyd The Wall de 1979. Y recordé que Alexiel siempre me invita a escribir.

Disco Dark Side of The Moon
Recordé el momento en que sucedió. Cuando la mítica película se estrenó yo tenía 18 años, y me sabía, desde al menos un año antes, cada palabra del Long Play doble donde Roger Waters daba rienda suelta a su dislocada imaginación de postguerra con aderezos de diván. Pink Floyd ya era, para quienes disfrutábamos la música en serio, un hito del desarrollo de la música pop. Una vez estuve en Los Angeles, en 1979, y me traje el Dark Side of the Moon en edición completa, con pósters de la banda tocando y de las pirámides de Egipto en duotono azul, y stickers del prisma fabuloso. Pink Floyd era todo.


The Wall, el álbum, nos tomó por sorpresa un par de años antes del estreno de la película, y tres o cuatro antes de que se exhibiera por primera vez, en una premiere chiquita y subterránea de Ciudad Satélite, suburbio del DF, para la que esperamos larguísimas horas sentados en la vereda. Con la música y las canciones teníamos ya suficiente universo; el hit We don't need no education (Another brick on the Wall II) había dado vuelta y revuelta al mundo y Confortably Numb era nuestro misterio más entrañable, por no hablar del miedo, y las búsquedas en la nada de los años ochenta.
Waters y los muchachos se habían encargado de dotarnos también de imágenes en la parte interior del gran álbum. Ya estaban ahí los personajes grotescos de la historia alucinada que cobrarían forma y movimiento en la película. Así, para quienes nos sabíamos la música, la película aportó un estupendo videoclip de nuestra vida cotidiana. Pero la música, la versión original de Mother, la cadencia de la ópera que nos imaginábamos no estaba en el video. Sobraban sugerencias, sobraban respuestas a preguntas para las que ya nuestra imaginación tenía universos, se perdía el mito dibujado por las notas y solos de guitarra de David Gilmour, y la inteligencia de las letras, “Mother, do you think she's dangerous to me?”.

Obscured Clouds, disco de Pink Floyd
que musicalizó la película El Valle.
Sin embargo, la relación de Pink Floyd y el cine ya tenía una larga historia en 1982. Había comenzado más de 15 años antes con imagen en movimiento. Como acto de Art Rock, Pink Floyd propone desde fines de los 60, material para cine o TV, para inclinarse después hacia el álbum. Graban locuras (Umma Gumma) y experimentaciones electrónicas (Echoes) y de intervención de sonido ambiente (Atom Heart Mother, Wish You Were Here), como en el cine. Entonces Pink Floyd se orienta hacia la poética de un show multimedia de gran envergadura, del que se han hecho famosos los chanchos voladores de Animals.


Para cuando The Wall fue realizada, la banda ya tenía un historial de soundtracks, entre los que destacan More y Obscured by Clouds, películas que todos nos sabíamos cantadas pero que nadie había visto, y algunas otras, como la sorpresa de ver una película rumana de antes de la caída del muro, que cuenta La Divina Comedia en adaptación libre y cierra con una canción hippy de Pink Floyd 1969.

Se podría decir que, desde el punto de vista de un músico, Pink Floyd ha influenciado al cine, ha creado. También que, como obra cinematográfica, Alan Parker no obtiene de ella sino la fama que le extiende el mito de la música, porque su cine se sostiene solo (Midnight Express, Mississippi Burning, Birdy con música de Peter Gabriel, etc.) y The Wall es un raro musical, uno en que la música precede y sucede a la imagen, como un disco más, un remix, de Pink Floyd.

Quizá fuera necesario mencionar, detrás de la puesta en escena, al mismo gran Roger Waters –que a Cinematosis se le olvidó, excepto por el crédito de guión en la ficha del filme–, pues es el creador de esa ópera totalizante y ha seguido el curso de sus años más recientes recreándola. Entre la versión de Comfortably Numb de la película y la del concierto de Waters con Gilmour en Londres, el 2 de mayo de 2011, ¡me quedo con la última!

Comfortably Numb. Concierto de Roger Waters & David Gilmour.
Londres - 2 de Mayo de 2011



*Músico, sociólogo, escritor y editor nacido en México DF. Reside en Lima-Perú. Autor del libro Cuentos del Mal Dormir, publicado en 2012. Para leer más posts de Carlos Maza, te recomendamos visitar su blog Neptuno en la Callehttp://calleneptuno.wordpress.com/

Another brick in The Wall



Por: Alexiel Vidam

Pink Floyd The Wall (de Alan Parker), es algo así como el teatro musicalizado de nuestras pesadillas. Por él desfilan las marionetas “educadoras” del sistema, y enormes jueces con cara de culo que hablan por el ano y tienen barbilla de escroto. No somos tan distintos a la generación de la posguerra. Aún compramos lo que nos dice la TV, coleccionamos juguetes caros para llenar el vacío de nuestras “vidas”. Compramos sexo, drogas, alcohol… y expulsamos rugidos de libertad a través de la música.

A través del rock progresivo, escenas cargadas de violencia y perturbadoras animaciones, somos testigos de la vida de un cantante llamado Pink (Bob Geldof), nacido en los años 40, marcado por la ausencia de su padre, soldado británico que falleciera durante una explosión en la II Guerra Mundial. Observamos sus años de infancia, buscando figura paterna en los hombres que fuesen al parque con sus hijos, jugando con el uniforme de soldado de su padre fallecido, con las balas, recogiendo ratas en el campo, sobreviviendo a su madre castradora, y a un sistema educativo opresor, esforzado en moldearle igual que a todos, anulando su creatividad, su individualidad.

Años después, ese niño se convierte en un rockero deprimido, esclavo de los reflectores, de su manager, asqueado de las groupies, de su matrimonio echado a perder, de los adornos de su apartamento y de la televisión. Viajamos con la música, vamos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, explorando sus sueños atormentados, sus miedos, sus deseos cada vez más desteñidos. Todas esas cosas que lo convierten en un “alien” de la sociedad y le encapsulan, que sumadas una tras otra, construyen una inmensa pared protectora del mundoThe Wall.

Hastiado de todo, Pink se deja enloquecer. Observamos a través de sus ojos, entramos en su mente y somos testigos de su alucinación más escalofriante: Verse a sí mismo convertirse en la antítesis de su propia esencia… un fascista de cejas rapadas que envía a una legión de seguidores sin rostro tomar las calles, a provocar la violencia sexual, la destrucción y la muerte, a acabar con los homosexuales, los negros, los judíos, los hippies, a destrozar las casas, provocar incendios y ultrajar mujeres… El horror lo despierta de golpe y grita “¡¡¡BASTA!!!”.



Viaje psicodélico

Pink Floyd The Wall es una película que te atrapa por la música, por la intensidad de las imágenes y la manera rítmica en que se conjugan ambos elementos, pero no es por eso, un filme sencillo de entender desde el inicio. Lo más probable es que a la primera visualización uno sólo se deje llevar por las sensaciones que produce, que van desde el vacío hasta la más desgarradora angustia, pasando por el horror y la sensación de claustrofobia.

No es un filme para observar a la ligera y arrojar palomitas con los compinches; es un filme para sentir la música, apreciar la estética de lo grotesco y sensibilizarse con las desgracias que el propio hombre es capaz de causar (con su deshumanización, con sus fanatismos, con sus ansias de poder…). Pink Floyd The Wall es una película que a la primera te revienta a rodillazos, y a la segunda y a la tercera te conmueve y te pone a pensar.

Me atrevería a decir que a cada visualización se suman interpretaciones y se añade sentido a los símbolos; porque además, nos encontramos ante un filme riquísimo en figuras: la escuela como una fábrica; el maestro mostrado como una marioneta que da órdenes, y que a su vez es apaleado por una inmensa mujer gorda (el Estado); el juez planteado como un culo gigantesco, con casco nazi, que expulsa palabras podridas por el ano, con dientes afilados, y una barbilla que es el escroto; la madre y la ex esposa son testigos del juicio que condenan al hombre a derrumbar su pared… el humano mismo es un muñeco de trapo, sin ropa, sin rostro, tirado en el suelo y pateado por los soldados.


La película se acaba y la pared se derrumba. El hombre debe exponerse al mundo. Vemos niños jugando entre los escombros… ¿A dónde se ha ido Pink? Alan Parker nos deja el final abierto.


Ficha técnica

Dirección: Alan Parker
Producción: Alan Marshall
Guión: Roger Waters (primer vocalista de y uno de los fundadores de la banda Pink Floyd)
Música: Pink Floyd
Sonido: Eddy Joseph
Fotografía: Peter Biziou
Montaje: Gerry Hambling
Efectos especiales: Martin Gutteridge y Graham Longhurst
Reparto: Bob Geldof, Christine Hargreaves, Eleanor David, Alex McAvoy.



(Un regalito de lujo: Pink Floyd The Wall, la película completa)