Por: Alexiel Vidam
Hay veces en las que el escenario de una historia juega un
papel básico y fundamental en el desarrollo de la misma; en que se plantea como
“universo”, y actúa casi como un
personaje más de la trama. En otras ocasiones, las circunstancias sirven más
para reforzar una idea; para enfatizar en las sensaciones que el autor quiere
transmitir, que los personajes están experimentando. Me parece que American
Hustle es un ejemplo del tipo 2.
Escándalo Americano (como la tradujeron en Latinoamérica) no es
una historia de fraudes, o por lo menos, no en primer lugar. Es una historia de personalidades, de
pasiones y complicaciones. Diría que está más centrada en la “estafa del día a día”, en el conflicto
de los personajes por aparentar y
sobrevivir, que en el propio timo. Irving
Rosenfeld es un tipo que entendió, desde niño, que prefería ser de los que
se aprovechan en vez de que se aprovechen de él; sobre todo después de ver cómo
el mundo abusaba de su padre. Por eso se convirtió en estafador, en un
prestamista falso y un traficante de arte robado o falsificado.
Siente que encuentra el amor cuando conoce a Sidney Prosser, una mujer que ha dejado
el mundo del striptease para escalar más alto e inmediatamente se deja atrapar
por su elegancia y presuntuosidad. Al parecer, son la pareja perfecta. Ella
aprende rápidamente los trucos de desfalco y sus ingresos se multiplican, pero
existe un factor que conflictúa la relación: Rosalyn, la esposa de Irving. Ella no quiere darle el divorcio y le
chantajea constantemente con quitarle a su hijo.
Las cosas se complican más cuando son descubiertos por Richie DiMaso, un agente del FBI
obsesionado con el ascenso. Él consigue atraparlos y obligarlos a colaborar, a
fin de salir libres. Ahora Irving y Sidney deben participar en una estrategia
para atrapar a otros cuatro estafadores. La situación no sólo es estresante por
el hecho en sí, sino que se suman los problemas de pareja y las constantes
metidas de pata de Richie, quien por si fuera poco, no disimula su interés por
Sidney.
A diferencia de otras películas del género, American
Hustle no sorprende con un súper plan de asalto. Pienso que tampoco lo
busca. Por el contrario, se centra en caricaturizar a sus personajes, rompiendo
con el cliché de gangster o agente invulnerable. Nos encontramos ante sujetos
con ambiciones y debilidades; con sentimientos buenos y malos, y que, como todo
el mundo, cometen errores, a veces bastante tontos. Uno de los factores más
irónicos es el hecho de que el plan corra riesgo de caerse, no por algún fallo de
cálculo, sino por las intromisiones de la histérica Rosalyn.
Choque entre Amy Adams (Sidney) y Jennifer Lawrence (Rosalyn),
una de las escenas más sensuales y sorpresivas del filme.
una de las escenas más sensuales y sorpresivas del filme.
Vale decir que, si el guión cuenta con diálogos riquísimos (frases
que, a partir de un hecho no cotidiano nos llevan a reflexionar sobre la vida
misma), su genialidad no se vería reflejada de no ser por las actuaciones. El
filme cuenta con un reparto de lujo:
Christian Bale (Irving), con una
transformación física sorprendente; Amy
Adams (Sidney), sensual y avezada;
Bradley Cooper (Richie), demostrando otra vez que el papel de histriónico le va a
la medida; y la encantadora Jennifer
Lawrence, seduciendo en su papel de esposa insoportable (Rosalyn). Como para complacer al
paladar caprichoso, incluye también una pequeña paticipación del siempre magistral
Robert De Niro, como un escurridizo
capo de la mafia.
Sobre la construcción del ambiente, queda claro que estamos
en los 70s’. Nos lo dicen los autos,
el atuendo de los personajes, las calles, los peinados… pero creo que todo esto
se ve especialmente enfatizado por la
música. La música, en esta película, es fundamental. Quizás no sea parte tal
cual del argumento, pero sí del sentimiento que quiere emitir. Combina
inteligentemente géneros como el rock,
el disco y el jazz, haciéndoles actuar en el momento exacto para transmitir melancolía, tensión, sensualidad y comicidad con total precisión.
Personalmente, una película que nadie se puede perder y una
de mis favoritas para los Oscar.
Dirección: David O. Russell
Producción: Charles Roven, Richard Suckle, Megan
Ellison
Guión: David O. Russell, Eric
Warren Singer
Música: Danny Elfman
Fotografía: Linus Sandgren
Reparto: Christian Bale, Amy Adams,
Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy
Renner, Robert De Niro
País: Estados Unidos
Año: 2013
Género: Drama, comedia
Idioma: Inglés
Compañía Productora: Columbia Pictures













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