Mostrando entradas con la etiqueta Magaly Solier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Magaly Solier. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de junio de 2019

“Retablo”, retratando la diversidad



Por: Nicole Giuffra

Aprovechamos el mes del orgullo para mencionar la obra maestra de Álvaro Delgado Aparicio: Retablo. Cinta que ha ganado prestigiosos (y bien merecidos) premios en diferentes festivales de Europa y Estados Unidos. El cine de temática andina siempre despierta nuevas miradas, Retablo te invita a un micromundo con situaciones reales y retratadas sin tapujos.

La historia se desarrolla alrededor de la relación entre Segundo (Junior Béjar Roca), un adolescente de Ayacucho bastante allegado a su familia, y su padre Noé (Amiel Cayo), retablista reconocido en el pueblo. Los dos viven bajo el cuidado de la matriarca de la familia: Antonia (Magaly Solier), quien mantiene la unidad de la familia.



Segundo está destinado a tomar el puesto de su padre y seguir con la tradición familiar de retablistas. Se enfatiza el honor de esta labor con la frase de su madre: “tú no vas a ser un campesino”.

La película muestra el folklore de la comunidad andina del lugar, sus expresiones culturales y artísticas desde una mirada familiar que no pasa por filtro alguno. De la misma manera, se muestra la intolerancia y violencia como forma de castigo.



En este pueblo rodeado de paisajes que sólo emanan paz, se esconde el más duro e irracional rechazo a las relaciones del mismo sexo. El Perú, aunque lejos de otros países donde se encuentra una intolerancia más brutal, aún no muestra un progreso relevante en cuanto a la aceptación de diferentes sexualidades.

A pesar de no ser evidente al inicio, el ambiente nos da una pista de la latente homofobia de la comunidad a través de la hostilidad con la que se objetiviza a las mujeres y las actitudes de masculinidad tóxica que se muestran.


Álvaro Delgado Aparicio retrata la realidad andina sin maquillaje alguno y de la manera más fiel posible. Muchas actitudes que usualmente se creen en su mayoría erradicadas, se muestran sin escatimar en la crudeza de la realidad: violencia, intolerancia, homofobia y machismo van de la mano en un círculo vicioso que parece nunca acabar.

Segundo elige el silencio como la única forma de lidiar con el secreto de su padre y exterioriza su conflicto interno con su tensa postura y gestos incómodos. El adolescente parece tener sentimientos encontrados, pero al mismo tiempo muestra una ciega determinación por apoyar a su padre cuando se encuentra en el momento más vulnerable. 

El actor no expresa a través de diálogos o acciones, como suele suceder; más bien, dice más cuando no dice nada. Segundo muestra su mundo interno a través de una actitud melancólica y contemplativa.


La relación de Segundo y su padre cambia a partir del punto de quiebre de la historia: cuando se descubre la vida secreta de Noé. La figura paterna pasa de ser admirada por su hijo a ser duramente juzgada y motivo de vergüenza e ira, hasta llegar a la completa humillación. 

Es sólo cuando Noé es víctima del entorno violentamente conservador en el que se encuentra, que a Segundo no le queda otra opción que optar por perdonar a su padre, con el que crea una nueva complicidad muda que los obliga a aislarse en su propio retablo familiar.

La historia se localiza en polos opuestos: tradición y prejuicios. La cinta logra conmovernos y empatizar con una situación que sucede en diferentes partes del interior del país, pero no se suele visibilizar. En ciertos espacios, la vergüenza ajena se traduce en violencia física sin ser mínimamente cuestionada.



Retablo muestra el conflicto social que crean la homofobia y el machismo en un entorno tradicional. No habla sólo del tormento por el que pasa la familia de Noé, sino también de su propia pesadilla: vivir con la carga de transgredir el tabú. Especialmente significativa es la escena en la que Segundo descubre los retablos privados de su padre, donde expresa el sufrimiento de no aceptar su naturaleza y retrata el castigo que cree merecer.

Retablo hace un llamado urgente al respeto hacia la diversidad. La cinta demuestra las diferentes formas que puede tomar la intolerancia, y cómo ésta puede perjudicar a la sociedad, a las relaciones familiares e incluso directamente a uno mismo.



Ficha técnica


Dirección: Álvaro Delgado-Aparicio
Producción: SIRI Producciones
Guióon: Álvaro Delgado Aparicio, Héctor Gálvez
Música : Harry Escott
Fotografía: Mario Bassino
Reparto: Junior Bejar Roca, Amiel Cayo, Claudia Solís, Ubaldo Huamán, Mauro ChuchónMagaly Solier
País: Perú
Idiomas: Quechua, español
Año: 2017
Género: Drama LGBT+
Duración: 95 minutos






*También te puede interesar*

viernes, 28 de agosto de 2015

Actos de redención



Por: Alexiel Vidam

Magallanes (2014), ópera prima de Salvador del Solar, es –desde mi perspectiva-, de lo mejor que ha podido estrenar el cine peruano en los últimos años. No sólo cuenta con una historia que engancha desde el primer momento, sino que –también- visual y actoralmente, es una película bastante bien lograda, con más puntos fuertes que débiles

La historia se inicia con Magallanes (Damián Alcázar), un soldado en retiro que estuviese de misión Ayacucho. Ahora es taxista. Sobrevive a duras penas y carga con un pasado que le atormenta.

Ese pasado, está vinculado a Celina (Magaly Solier), “La Ñusta”; la chica del Coronel.


Magallanes aún recuerda lo que ella vivió; recuerda los abusos. Por eso decide seguirla y observarla. Quiere ayudarle, pero su método no es ortodoxo: la extorsión.

El drama humano se entremezcla con el thriller policial.

La Ñusta corre entre cerros de tierra, en contraluz con las luces coloridas de la ciudad de noche. Pierde el oxígeno; resucita la escena de su huida. Sentimos su angustia, su furia, su afán desesperado por salir a flote.

Magallanes la persigue, esperanzado en poder liberar esa carga que ha llevado por años. En su afán de cazador-justiciero le acompaña Milton (Bruno Odar); otro ex militar diferente a él. Mientras Magallanes es un perdedor motivado por la culpa, Milton es un sujeto burdo y agresivo, motivado por la ira y la violencia; borracho empedernido, encuentra en la brutalidad un único motor de vida.

Derecha a izquierda: Damián Alcázar como Magallanes
y Bruno Odar como Milton

Su víctima es el hijo del Coronel (interpretado por Christian Meier); un abogado importante, adinerado; nacido en cuna de oro y acostumbrado a la buena vida. Es él quien debe pagar los pecados del padre… de la peor manera.

Una historia dramática llena de personajes redondos, humanos, que van transformándose ante el atropello que les toca vivir.

Christian Meier como el abogado y Federico Luppi como el Coronel

Destaca la actuación de Magaly Solier, siempre natural y entrañable. Ella conquista con su suavidad y su fiereza. Sabe pasar de la joven desgarrada a la mujer fuerte y dispuesta a defender su dignidad hasta las últimas consecuencias. Un lujo también es la presencia de Federico Luppi, legendario actor argentino encargado de encarnar a la sombra del Coronel, este anciano balbuceante, desmemoriado, lisiado y con repentinos ataques de histeria.



La maduración de Magaly Solier en esta película es indiscutible.

La fotografía es otro de los fuertes de la película; aprovecha muy bien los planos cercanos para enfatizar los gestos de los actores –clave en escenas de revelación-, así como los planos más abiertos para mostrar el contraste entre paisajes urbanos de clase alta y baja, creando un violento choque de realidades.



Choque de realidades

Quizás los únicos puntos que no me cuadraron dentro del filme, fueron: la presencia de un policía colombiano, y lo que yo considero una escena muy poco trabajada.

No pienso que Jairo Camargo sea poco convincente en el papel de policía investigador; lo que pienso es que su marcado acento descuadra en un relato muy-muy limeño. Siento que es poco probable que un extranjero se traslade a nuestro país para ejercer de policía, de modo que, o lo preciso era anular el acento, o había que conseguir un actor peruano para el papel. Cierto es que Damián Alcázar y Federico Luppi tampoco son peruanos, pero han sabido neutralizar perfectamente sus entonaciones naturales.

Jairo Camargo como el mayor Medina

Por otra parte, creo que la escena del secuestro fue nada verosímil. Se observa la acción de manera rápida y “fácil”: una tapada de cara y ya está, cuando lo que se espera de ese tipo de situaciones –mínimo- es algún golpe que deje a la víctima totalmente indefensa. Considero que esta escena se vio improvisada, hecha “a la loca”, como si se hubiese estado peleando contra el reloj por acabar de editar, restándole calidad al resto de la construcción tan bien armada.

A pesar de estos puntos, creo que Magallanes es una muy buena película y otro importante avance en el cine nacional de cartelera. De hecho, sentí mucha satisfacción después de verla –dos veces- en el cine, y me animaría por verla una vez más.

lunes, 6 de abril de 2015

Maldito Tiempo Santo



Por: Alexiel Vidam

Como todos los feriados de Semana Santa, me dispuse a ver Madeinusa, cosa que se ha vuelto para mí una suerte de tradición. Desde la primera vez que vi la ópera prima de Claudia Llosa, quedé impresionada por la originalidad de la historia y sobre todo, por esa perspectiva atípica que presenta sobre el Ande. El indígena presentado por Llosa, dista mucho de ser ese hombre ingenuo y dependiente del hombre blanco. Ella nos presenta una visión tan rebelde como polémica sobre el indígena y su tradición.

“¡Tiempo Santo! ¡Tiempo Santo! ¡Es Tiempo Santo!”, quizás la frase más emblemática del filme. La señal de que Dios muere y los hombres son libres de hacer lo que les plazca. Eso lo sabe muy bien Don Cayo, el alcalde de Manayaycuna (“el pueblo donde nadie puede entrar”), quien ha esperado ansiosamente la fecha para cumplir un mórbido deseo. Mientras tanto, su hija Madeinusa se prepara para ser coronada como “Virgencita del Pueblo”; ella será la encargada de vendarle los ojos a Cristo, quien se hallará muerto desde las 3:00 p.m. del Viernes Santo hasta las 6:00 a.m. del Domingo de Resurrección.


Todo en el pueblo parece en orden. Todos acceden gustosos a la ley del bacanal, hasta que su armónico pacto de lujuria se ve quebrantado por la llegada del extranjero: Salvador Ariende, un joven limeño, casualmente varado en Manayaycuna. Su presencia, y sobre todo, su acercamiento con Madeinusa, no serán vistos con buenos ojos…

Del Ande y sus demonios

Madeinusa y Salvador
Como señalaba en el párrafo introductorio, una de las cosas más impactantes de esta película, es su visión siniestra del indígena. Se trata de un ser ajeno a las costumbres occidentales; que juega bajo sus propias reglas y tiene su propia concepción sobre lo bueno y lo malo.

Madeinusa, la protagonista, pertenece a ese cosmos andino; comprende sus patrones, pero es la ficha sublevada del tablero. Ella es un caso peculiar, pues no es que se rebele contra lo que nuestros ojos burgueses juzgarían de inmoral, sino contra la restricción de su propia libertad. Ella sueña con ir a Lima, hacia donde años atrás huyera su madre. Lima es la Tierra Prometida, y Madeinusa, educada bajo las tradiciones de su pueblo, usará lo que esté a su alcance para alcanzarla. El final pega un giro tan brusco, que nos deja sin aliento… Impactados, y hasta un poco traumatizados. No más indios indefensos… No. Éstos son indios de temer.



Sobre la parte estética, creo que cabe resaltar la presencia de bailes y desfiles típicos del mundo andino. Todo se muestra como un carnaval de sensaciones y liberación. Es interesante además cómo se juega con la figura de la Virgen. Madeinusa, la Virgen, personifica una imagen de pureza, pero también de deseo, de discordia, del morbo por corromper lo inmaculado. Su nombre, de inicio, transmite transgresión, al revelar fascinación por lo foráneo (“Madeinusa” –Made in USA- significa “Hecho en Estados Unidos”).


Los personajes, completamente redondos y complejos, son caracterizados en general con excelencia. Destaca Magaly Solier –en su papel debut- como Madeinusa, el personaje más retorcido de la película: una jovencita aparentemente cándida e inocente, que sin embargo carece de ley que no sea la suya. Juan Ubaldo Huamán, por su parte, es quizás el personaje más detestado: Don Cayo, un hombre al que aborrecemos desde el inicio, el que nos causa asco; repugnante, espléndido. Finalmente, Yiliana Chong interpreta a Chale, la hermana de Madeinusa, una muchacha envidiosa pero que a la vez parece no poder olvidar el vínculo de sangre; ella detesta a Madeinusa y a su padre, pero a ratos es incapaz de no identificarse con uno o con otro.

Madeinusa (Magaly Solier) y Chale (Yiliana Chong)

Finalmente, Carlos De la Torre cumple con el papel de "niño bonito" y "limeño desubicado en tierra de nadie". Aunque en un principio su personaje puede no generar mucha empatía por sus aires de pituquito asquiendo -y en eso consiste su rol-, poco a poco nos vamos conectando con su temor a no regresar, y con sus deseos de ayudar a Madeinusa.

En líneas generales, un excelente filme. Véanla.


Ficha técnica

Dirección: Claudia Llosa
Producción: José María Morales, Antonio Chavarrías, Claudia Llosa
Guión: Claudia Llosa
Reparto: Magaly Solier, Carlos De la Torre, Juan Ubaldo Huamán, Yiliana Chong
Países: Perú, España
Año: 2005
Género: Drama
Duración: 100 minutos
Idioma: Español


**Trailer**




**VÉLA TÚ  MISMO**