El agua vuelve a
dominar la escena. Lo Imposible nos traslada a Tailandia, durante la Navidad. María (Naomi Watts), Henry (Ewan McGregor) y sus tres hijos,
intentan pasar unas maravillosas vacaciones. Una mañana, mientras se encuentran
en la piscina, un terrible rugido emerge del centro de la tierra, un terremoto
atroz provoca el tsunami más terrible que jamás hemos conocido. María se queda
paralizada por el miedo al ver cómo un inmenso muro de agua avanza por los
jardines del hotel hacia ella. A medida que el agua la va alejando, la mente de
María, en rápida sucesión de recuerdos y sentimientos, lucha contra eso tan
terrible que le impide estar con su familia, convirtiéndola en una desolada
superviviente.
Que yo haya
subrayado que el agua está presente, no quiere que decir que se repita lo ya
visto en otras películas sobre el tsunami. Al contrario. Este filme de Juan Antonio Bayona, transmite
algo completamente nuevo; la novedad nace de su nueva forma de narrar y
carácter más atemperado: imágenes impactantes, pasión explícita y emocionante,
alta tensión narrativa. Bayona maneja la
realidad, la aniquilación, el caos, o lo más terrible: la muerte. La atracción
de los sucesos hace que se perciban muy a flor de piel; el desgarro se siente a
lo largo del filme, los sentimientos fluyen como lava fundida. Bayona
utiliza todos sus elementos de manera espectacular para contar lo que ya se
conocía pero que, presentado así, duele mucho más. La interacción entre la
naturaleza y el hombre, la ferocidad contra la fragilidad, la soledad y la
desesperación por librarse de ella, el amor desesperado y la búsqueda de la
vida arrebatada, son algunas de las claves temáticas y emocionales con las que
juega el director español para trasladar al espectador el universo dramático
que es Lo Imposible.

La película
comienza volando alto y planea alto hasta el final, ayudan al conjunto las
creíbles interpretaciones de un grupo de actores que hace fácil lo dificultoso,
protagonistas bien seleccionados, y los secundarios, al mismo nivel, aportando
actuaciones intensas. Sobre todos ellos, resalta
la actuación de Naomi Watts como María, quien demuestra tener un increíble
magnetismo y una presencia que llena la pantalla, empapándote de sensaciones en
todo momento; hay escenas en que con una mirada te pone el corazón en un puño. Tom Holland se mete en la piel de Lucas,
el hijo de María, y destila delicadeza, dureza, dolor, compasión, a la vez que
una ternura enorme, se ajusta de lleno en el papel dispuesto a hacer todo
lo imposible para conseguirlo.
En Lo
Imposible, la percepción no es otra que la de haber asistido a un
documental brutal de sentimientos desmedidos. Superación, lucha, esperanza. Lo
Imposible traduce con solvencia la historia real de una familia con
suerte.
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