Por: Roberto Rodríguez Bermejo
Capitán América: El Soldado de Invierno se desarrolla cronológicamente después de los devastadores
acontecimientos acaecidos en Nueva York con los Vengadores. Steve Rogers (Chris Evans), el legendario Capitán
América, trabaja para Nick Fury
(Samuel L. Jackson) y vive
tranquilamente en Washington D. C.
intentando adaptarse al mundo moderno desde su trabajo en la agencia de
inteligencia S.H.I.E.L.D. Es
precisamente cuando atacan a un colega de la agencia, que se ve envuelto en una
trama de intrigas amenazadoras para el mundo. Con la ayuda de la Viuda Negra (Scarlett Johansson) y nuevos aliados como el Halcón (Anthony Mackie)
y Sharon Carter (Emily VanCamp), alias el Agente 13. Lo que el Capitán América no
sospecha es que su antiguo camarada, Bucky
Barnes (Sebastian Stan), que
presuntamente había muerto en combate en la primera entrega, ha vuelto del
pasado convertido en un frío asesino conocido como el Soldado de Invierno.

Indudablemente, la acción tiene gran relevancia en el film,
dado el tipo de público al que va dirigido el invento; no obstante, el
espectador medio quedará muy satisfecho con un argumento que nos acerca al
thriller tecnológico de espías y que goza de un equilibrio estimulante entre la
línea de diálogos, la acción, las justas gotas de humor, la tensión y el
componente dramático.
Es lógico que la madurez abandere a un personaje añejo y que
los ecos de las novelas y películas de Jason Bourne, Jack Ryan y James Bond
resuenen aquí de forma deliberada, pues por una vez y ojalá que sirva de
precedente, un personaje de la franquicia trata de resolver de manera coherente
amenazas terribles que afectan a la vida real (la seguridad nacional, las
libertades civiles y la paz mundial), una amenaza que surge desde el mismo
corazón de S.H.I.E.L.D., y quién mejor que esta alma súper patriótica para
evitar el caos en la era post-Snowden. Sus poderes son muy rudimentarios y tras
más de seis décadas criogenizado acaba de ser descongelado en un momento en que
en sus país parecía tener claro su destino en el mundo, pero él sabe que la
mayor amenaza para la libertad es el miedo. La trama, en la que también
encontramos resonancias al thriller conspiranóico de los 70 (Los tres días del Cóndor) se aleja mucho
en el tono y la ejecución de la primera entrega, presentándonos a un Capitán
América más gris y humano en consonancia con el espíritu de los tiempos; el
villano cuenta con un irresistible carisma y encanto y Chris Evans se encuentra
cada vez más cómodo en un papel que le obliga a ubicarse en un mundo muy
diferente al que dejó antes de ser congelado.
¿Qué precio tiene la libertad en un mundo donde los buenos
son tan culpables de sembrar el terror como los malos? Ésa es la interrogante clave
que hará que Steve Rogers/Capitán América se pregunte a la vez
¿qué clase de paz han legado él y su generación a la nación? Un enigma doloroso
para alguien que lleva las barras y estrellas hasta en su traje. Un film
entretenidísimo, vertiginoso, de intachable factura técnica y gran frescura
narrativa.
Y eso no es todo. Después de los créditos tendrán una gran
sorpresa así que les recomiendo quedarse hasta el último en el cine.
A mí también me sorprendió, fui al cine esperando nada, y la pela resultó ser buena.
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